12/23/2005

LASTIMA

No es muy justo Millás en este articulo, porque hay muchos en el PP que siguen pensando que el divorcio es malo, el aborto un crimen, los actores españoles nefastos y los catalanes unos enanos cabrones. Es mas, sospecho que Cascos es anti-divorcista y Rajoy no puede ver a los maricones, incluso que no le gusta nada el cava. No se puede acusar alegremente a la gente de poco consecuente, y sino ya ves la que armaron cuando quitaron el caballito de Franco, cuando le dieron el "honoris causa" a Carrillo o la television en abierto a Sogecable. Un respeto.

salud
Alvaro


Lástima
JUAN JOSÉ MILLÁS

Tropezamos tantas veces en la misma piedra porque no escuchamos la voz de la experiencia. Hagámoslo por una vez y concluiremos que el PP adorará en tres o cuatro años el Estatuto tanto como ahora lo detesta. ¿No estuvieron en su día en contra de la Constitución, a la que más tarde convirtieron en un texto sagrado? También se opusieron a la Ley del Divorcio, que Cascos, entre otros cabecillas de ese partido, ha utilizado luego de forma compulsiva. Eso, por no hablar de las firmas que recogieron contra la Ley del Aborto, a la que no tocaron una coma cuando llegaron al poder. Podríamos llenar siete páginas con ejemplos como los señalados, aunque el más conmovedor es que reclamen la vuelta de González y Guerra, a quienes en su día dibujaban con rabo y cuernos. No lo duden, amigos, antes de diez años pedirán la beatificación de Zapatero.

Sabiendo que llegan tarde a todo, parecería inútil discutir. Pero hay que hacerlo, porque se detecta en muchos de sus dirigentes el deseo de tropezar en la misma piedra dos veces, que es lo normal, y no 14 o 15 como vienen haciendo. Es verdad que presentaron ante el Constitucional un recurso contra los matrimonios entre homosexuales, pero lo hicieron de forma clandestina, a la hora de la siesta, para que no trascendiera. Y hasta Esperanza Aguirre cree que fue un error. Esperen a que vuelvan al poder y verán cómo no alteran ni una línea de esa Ley, de la que por entonces muchos de sus militantes habrán abusado tanto como Álvarez Cascos de la del divorcio. No podemos decir quién se casará con quién, porque ni los interesados lo saben. Tal es la ceguera que tienen sobre sí mismos.

Lo malo es que entretanto el pobre Rajoy no puede hablar de vinos sin declarar que brinda con cava en la intimidad; ni de Barcelona sin añadir que no es anticatalanista; ni de sexo sin especificar que no es homófobo; ni de cine sin matizar que no odia a los actores; ni de árabes sin apostillar que no es racista; ni de religión sin jurar que respeta a los agnósticos. A este paso no podrá hablar de ciclismo sin jurar que no aborrece la Vuelta. Y todo por negarse a repasar no ya la historia de España, que, de acuerdo, es muy larga, sino la de PP, que se resume en un par de folios. Lástima.

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