6/13/2013

Una noche con Pepe Bahana

  Con la razón por delante se puede ir a muchos sitios, incluido a la casa de Socorro, o como ahora, al servicio de urgencias del hospital, como cuando otro amigo y yo llevamos al pobre Cesu Sport una mala noche en que se le cruzó un canalla con una navaja (que a la postre resultó cliente de una joven y prometedora abogada de Mieres con la que yo mantenía una intensa relación) y después una novata en el quirófano que no sabía lo suficiente para arreglar aquel costurón sin complicaciones mayores. Aquello fue el derrumbre de nuestro garito por excelencia, donde cantabamos a diario y haciamos planes increibles de viajes a golpe de parche tunero, sin más programa que el día de salida. Aquella saga deportiva de los cuatro hermanos Sport, de los cuales Luis había destacado sobre los demás jugando en el Caudal de Mieres el año de su ascenso a división de plata y fue protagonista de aquel gol extraordinario de cabeza desde el mismo centro del campo, de aquella saga deportiva, decía, acabaron los dos hermanos Cesu y Luis regentando el bar Sport en la recien inaugurada "Via de penetración", de sonoridad más anatómica o fisiológica que erótica, que pasaría a llamarse al poco "Alcalde García Conde", en vano recuerdo a uno de aquellos alcaldes que se fueron sucediendo en la postguerra en el Oviedin mas rancio y autoritario de su larga historia.
Salud camaradas       
 
Los hermanos Sport, Cesu y Luis el 2º y el 4º por la izquierda

Una noche con Max Baer

J. L. Alvite


5/24/2013

Mas "El Quebecuas"

Destinos irrenunciables, orígenes eternos... ¿A que me suena? ¡Ahora caigo! ¡La Unidad de destino en lo Universal! 
Acabaramos...

Quebec y Cataluña: emoción, historia y pueblo

Volvemos a sentir la angustia de la razón ahogada bajo supuestas verdades que se proclaman eternas

Antonio Cazorla Sánchez es catedrático de Historia de Europa en la Trent University (Canadá).

Es bien sabido que el nacionalismo catalán se inspira en el quebequense. Hoy este último es un valor político bastante alicaído, pero en 1980, cuando la opción “soberanista” fue claramente derrotada, y en 1995, cuando la diferencia entre el y el no fue mínima, los referéndos dividieron profunda y hasta traumáticamente a la sociedad canadiense, a la quebequense y a los francófonos. En YouTube están las imágenes del entonces primer ministro y líder del Partido Quebequense (PQ), René Levésque, reconociendo la derrota en 1980 ante una audiencia desolada, entre la que madres y padres jóvenes abrazan a sus hijos pequeños como si quisieran salvarlos, y ya no pudieran, de un naufragio histórico: otra derrota y otra humillación.
 El primer referéndum supuso además una sangría económica y humana principalmente para Montreal. Decenas de miles personas se sintieron sin futuro y se marcharon, sobre todo a Toronto. Este coste económico y humano, y la división social, no importaron demasiado a los nacionalistas, que si acaso radicalizaron sus posturas en cuestiones culturales mientras que las moderaban en temas socioeconómicos. Así, Jacques Parizeau, el líder quebequense en 1995, dijo que la derrota en el segundo referéndum se debía a la combinación de voto inmigrante y dinero (también está en YouTube). Ante estas palabras ¿cómo habrían de sentirse quienes no eran quebequenses “pure laine”? ¿Y la comunidad judía, a la que el antisemitismo, de larga raigambre en el viejo Quebec católico, asocia con la riqueza?
 En términos históricos, el nacionalismo quebequense parte del principio de que el “pueblo” de Quebec fue conquistado por la corona británica en 1759. Es una idea muy semejante a la que juegan los sucesos de 1714 en el ideario y en la simbología del nacionalismo catalán. De entrada, es curioso ver a muchos republicanos emocionarse por unas guerras dinásticas, y aplicar la mentalidad nacional de los siglos XIX (tardío) y XX a realidades del siglo XVIII, que poco tenían que ver con la nación (ni con los derechos humanos o el Estado del bienestar).
El nacionalismo, “progresista” o no, carece de una respuesta aceptable, desde el punto de vista de los derechos humanos, a la diversidad del mundo globalizado. Pero es que el nacionalismo usa a la historia para justificar su necesaria existencia. Sin embargo, los teóricos e historiadores del fenómeno más solventes han mostrado que la historia da una pátina racional a los sentimientos nacionales. Como, entre otros, han explicado Ernest Gellner, Eric Hobsbawn y Benedict Anderson, el discurso nacionalista es ahistórico, remontando las raíces de la patria a orígenes oscuros, cuando no eternos, y utilizando una selección de circunstancias culturales, sociales y económicas para explicar la unicidad de la comunidad nacional y la necesidad de un Estado propio que la defienda del riesgo inminente de desaparición. Porque el nacionalismo también usa uno de los sentimientos más rentables políticamente: el victimismo histórico. Desde éste, la grandeza de la nación se explica por sus méritos y características únicas, mientras que sus miserias vendrían por las indeseadas influencias ajenas.
 Como el caso del PQ y ERC demuestran, el sentimentalismo nacionalista no es patrimonio de la derecha. El gran padre del nacionalismo de izquierdas, el italiano Giuseppe Mazzini, veía a éste como un vehículo natural, a través de los Estados, para conseguir la fraternidad entre los hombres que, ya felizmente realizados en sus patrias, colaborarían con sus hermanos de otras naciones para hacer una humanidad más justa, avanzada y pacífica. Si Mazzini hubiese tenido razón, ni la unidad italiana habría sido llevada por el dúo reaccionario del conde di Cavour y el rey Victor Manuel II ni la alemana por los no menos retrógrados Bismarck y el emperador Guillermo I; tampoco las dos guerras mundiales habrían tenido lugar, o las limpiezas étnicas que provocaron.
 ¿Cómo es que hasta la izquierda nacionalista ha llegado aquí? Durante la Revolución Francesa, en el momento en que los historiadores creemos que cuaja el nacionalismo moderno, las palabras nación, “pueblo” y ciudadanos se convirtieron prácticamente en sinónimos, y en denominadores, de libertad, igualdad y fraternidad. Esta asociación duró poco. Como ha explicado el profesor José Álvarez Junco en el caso español, durante el siglo XIX las monarquías y las élites sociales se nacionalizaron, y la religión también (a la Iglesia la patria le supo a subversión hasta hace un siglo y medio).

En este proceso, el nacionalismo democrático quedó marginado por el éxito de un nacionalismo de privilegio y exclusión, que alcanzó su máxima expresión en la ideología imperialista. La idea de “pueblo” se convirtió en un sinónimo de tribu dotada de unas características raciales, culturales y lingüísticas, supuestamente inmutables a lo largo de la historia, que la separaban de los demás. Esta lógica exige que los derechos del “pueblo” y los de su “cultura” estén por encima de las identidades y elecciones personales de los individuos, y de las realidades de la calle. Por eso hoy el nacionalismo, “progresista” o no, carece de una respuesta aceptable, desde el punto de vista de los derechos humanos, a la diversidad del mundo globalizado, empezando por las migraciones. Por ejemplo, según el PQ, la defensa de la identidad quebequense exige uniformidad. En consecuencia, la de Quebec ni es ni podrá ser jamás una sociedad multicultural (aunque en realidad sí lo sea, y mucho). También en Quebec y en Cataluña es frecuente oír hablar de los derechos de la lengua, como si las cosas tuvieran derechos o éstos fuesen más importantes que los de las personas.
En el siglo XXI, malo es que los políticos nacionalistas crean que existe “el pueblo” y que se tenga que imponer la uniformidad cultural; pero peor es aun cuando se erigen en intérpretes y administradores de la voluntad, la única posible, que supuestamente ese “pueblo” desea realmente y necesita. El “pueblo” puede haber estado dormido, dicen, pero ahora hablará con voz única para aceptar finalmente su destino irrenunciable. Por eso, por ejemplo, el PQ repite que hará otro referéndum en cuanto pueda, hasta que el “pueblo” quebequense despierte del sueño producido por el trauma de la violación histórica de 1759 y dé la respuesta buena. Después ya no podrá votar más “volver” al Canadá. Por eso muchos nacionalistas catalanes no parecen reparar en los costes humanos, políticos, económicos, culturales y emocionales que pueden tener para los ciudadanos de Cataluña y de España el día de la redención nacional pendiente desde 1714.



Hemos entrado en una dinámica que tiene visos de acabar otra vez con vencedores y vencidos. Y así perderemos todos.

Malo es también cuando hay gentes que sienten que deben ser salvadas o cuando se pide la atención de la opinión pública internacional, sean lo que sean ambas cosas. Así, desde la última Diada (una tradición inventada hace algo más de cien años) hemos visto miles de personas en las calles de Barcelona pidiendo “Freedom for Catalonia” y dándonos ante el mundo, a ellos y al resto de los españoles, un “Goodbye Spain”, y hemos visto a los políticos subirse a esta ola. Parecerá moderno y europeo, pero es un espectáculo triste ver tanta historia, diversa, compleja, buena y mala, reducida a simplezas (expresadas en una lengua extranjera, como si los dos idiomas de Cataluña no fuesen bastante buenos) y dirigida a gentes a quienes, a diferencia de los españoles, todo esto importa poco o nada. Desgraciadamente, aún hemos oído cosas peores de las bocas de quienes deberían saber qué están haciendo: como los planes para un ejército catalán, o, por citar al nacionalismo contrario, sombras de intervenciones militares.
La historia de España y de Cataluña es muy distinta de la de Canadá y de Quebec. Sin ir más allá, la nuestra abrasa con rescoldos aún calientes, la de estos últimos no. Muchos de quienes lean estas líneas habrán vivido el final del franquismo y el nacimiento de, lo sabemos, nuestra imperfecta democracia. Desde entonces, aprendimos a respirar más tranquilos, sabiendo que éramos cada vez más libres y diversos. Creíamos haber dejado detrás la cuestión de si estábamos condenados a caer repetidamente en nuestras viejas pesadillas; y empezamos a practicar el no excluir a nadie. Sin embargo, parece que ahora volvemos a sentir ese viejo sentimiento tan nuestro: la angustia de la razón ahogada bajo supuestas verdades que se proclaman eternas. Aquí nos han llevado errores, prejuicios y ambiciones de muchos, nacionalistas o no; pero, pase lo que pase ya, parece que hemos entrado en una dinámica que tiene visos de acabar otra vez con vencedores y vencidos. Y así perderemos todos.

5/14/2013

Mas olivos son necesarios

Es bueno recuperar la memoria de lo que sentiamos, supongo que la mayoría, durante la transición respecto a Europa y su papel ejemplar y salvador, no vaya a ser cosa que entre los "euroburócratas" y los enemigos de lejos nos convirtamos con la marea de la crisis en euroescépticos con tendencia a aislarnos y recuperar nuestros antiguos vicios aldeanos y cainitas, y el resurgir del espiritu guerracivilista animado por nuestra santa iglesia católica y romana. Por eso bien venido el recordatorio de hoy de Miguel Angel Aguilar en El País y la carta de nuestro contertulio Arturo en La Nueva España sobre la polémica creada por la retirada de la estatua del Tte. Coronel Teijeiro, propiciada por su antiguo grupo municipal y en la que ha terciado valiente, idealista y un punto lírico muy de agradecer. 
Salud camaradas  

Me quedo con el olivo

De nuevo la Guerra Civil es centro de discusión municipal


La polémica está servida; de nuevo, la Guerra Civil es el centro de discusión municipal, porque a algunos se les ha ocurrido la feliz idea de reclamar la reubicación a su lugar de origen de la estatua del teniente coronel Teijeiro. Nadie pide que se mantenga, sino -y aquí está el disparate- que se reponga. Piensen en el paisaje urbano de esa zona de nuestra ciudad, felizmente modificado para prestar atención, ya no a la estatua de ese militar foráneo, salvador de unos y verdugo de otros, sino un centenario olivo plantado en medio de una glorieta, sin que a nadie se le hubiera ocurrido que, en vez de la polémica estatua, mejor luciera en su lugar una rama de ese olivo que simbolizara la paz hurtada, luego generosa pese a ser más luchada que la propia guerra. Por eso me quedo con el olivo.
Porque al árbol, siempre digno, incluso tras la podredumbre, le ocurre en ocasiones como al olmo del poeta «que con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido». Por eso me quedo con el olivo. Porque un Dios ha elegido un monte con un huerto de olivos para rezar en su última noche. Por eso me quedo con el olivo. Porque no quiero perder ni a Muñoz Seca, ni a García Lorca. Por eso me quedo con el olivo. Porque entre Millán Astray y Unamuno no cabe la menor duda. Por eso me quedo con el olivo. Por que no sea mero voluntarismo el deseo de que haya cada vez mayor número de versos libres en una derecha ultramontana. Por eso me quedo con el olivo.
Hacer Europa o sufrirla

Rafael Jorba, que recibe hoy el premio de Periodismo Diario Madrid, citaba a Albert Camus en su columna de La Vanguardia diciendo que “el papel del escritor es inseparable de deberes difíciles, porque por definición no puede ponerse al servicio de los que hacen la historia, sino de los que la sufren”. Esa misma prescripción, sobre al servicio de quién deben estar, es del todo aplicable al periodista y, muy en particular, al que se ocupa de la construcción europea. Porque su tarea no es la de ponerse al servicio de quienes a escala nacional o comunitaria se encuentran al frente del proyecto de la UE sino de quienes sufren su abandono. Porque, hasta hace unos años, de la UE nos venían los fondos estructurales y los de cohesión, las ayudas a la agricultura y, sobre todo, los buenos ejemplos cívicos tanto en el plano de las libertades como en el de la convivencia democrática; mientras que ahora nos llegan procedentes de Bruselas, en funciones activas de ventrílocua de Berlín, instrucciones terminantes para que ajustemos el déficit y la deuda pública, a base de recortar gastos y de emprender reformas legales de todas clases, que siempre terminan apretando el cinturón a los mismos pasajeros, los trabajadores más desfavorecidos.

 Cuando la Transición, estuvimos de acuerdo en que España era el problema y Europa, la solución. El objetivo más deseado era la adhesión a un proyecto del que habíamos estado excluidos desde su puesta en marcha con los Tratados de Roma firmados el 26 de mayo de 1957. Después de la II Guerra Mundial hubo una consideración diferenciada para vencedores y vencidos, pero incluso a estos últimos se les convirtió en beneficiarios de las ayudas generosas del Plan Marshall norteamericano y se les sumó como firmantes del Tratado de Washington, que dio origen a la Alianza Atlántica el 4 de abril de 1949, y de los de Roma, de los que trae causa la Comunidad Europea. En cambio, para el régimen franquista se habilitó una tercera categoría separada, la de enemigo pendiente de vencer, habida cuenta de su contumacia en anclarse, emboscado en eufemismos varios, en la atmósfera del nazifascismo derrotado, luego transfigurado de nacional sindicalismo en nacional catolicismo. Coloración todavía añorada por el cardenal arzobispo de Madrid Antonio María Rouco Varela. Era en aquel Madrid de aquellos tiempos cantados por Celia Gámez, cuando el titular de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado, aducía estadísticas propias, según las cuales bajo el sistema del yugo y las flechas iban al cielo muchos más españoles. En ese empeño de empujar a la salvación eterna al mayor número, el ministro aplicaba toda clase de censuras y prohibiciones, al punto de que uno de sus colaboradores, Florentino Pérez Embid menendezpelayista con algún reflejo liberal, le dijo: “Gabriel, déjales que se condenen, carece de sentido salvarles a la fuerza”.

Apagada la lucecita de El Pardo, aquí cumplimos de manera impecable la tarea de recuperar las libertades y de establecer la democracia, conforme a una Constitución, la de 1978, que nos homologaba a los países con quienes queríamos caminar en un proyecto común. Pero tampoco, concluidos esos deberes, nos dieron facilidades en parte alguna y hubimos de emprender una negociación larga y exigente hasta nuestra incorporación, firmada junto con la de Portugal el 1 de junio de 1985, que cobró efecto el 1 de enero de 1986. A partir de entonces, reventando el pronóstico aciago de que seríamos un lastre sureño, nos convertimos en fervorosos europeístas y cundieron las iniciativas españolas concebidas como soluciones de ámbito europeo del calado de la ciudadanía común o de fondos de cohesión decididos en el Consejo de Edimburgo en diciembre de 1992. Apoyamos todas las buenas causas, el despliegue de los Pershing y los Cruissing, la reunificación de Alemania, que otros preferían mantener dividida, los tratados sucesivos, la moneda común, el acuerdo de Schengen, la creación del Eurocuerpo. Así, convertidos a la religión del progreso indefinido en la que nos instruyó el Cristóbal Montoro de la primera época, supimos el fin de los ciclos en economía. De ahí que nos aplicáramos a rentabilizar el exceso de liquidez de los alemanes que se pusieron a rebufo de nuestra burbuja inmobiliaria. Otra cosa es que pasáramos del prestigio de la escasez al del desfalco en un mar sin orillas del Partido Popular que prometía impunidad indefinida.
Ahora Berlín promete al presidente Rajoy continuidad si nos aplica castigos aún más severos. Europa pasa de ser una ventura, a ser un sufrimiento. Mientras nos empobrecernos hasta que puedan comprarnos a precio de saldo, el avance hacia una auténtica Unión Monetaria Europea requerirá legitimidad democrática y rendición de cuentas conforme al debate del próximo viernes en la Fundación Carlos de Amberes.

 

 

4/22/2013

Parecidos razonables

Dicen que el dominico Girolamo Savonarola tardó días en quemar, de tal forma que fue introducido en la hoguera varias veces hasta que por fin aquellos huesos y tendones quedaran reducidos a cenizas y arrojadas al Arno. Manuel Vicent compara al Cardenal Rouco con Savonarola, un parecido tan razonable como el que tiene el propio cardenal Rouco con Paco Clavel, pero aquel que inventó la "hoguera de las vanidades" donde los florentinos arrojaban sus pertenencias mas preciadas, atacaba por igual a los sodomitas y a la corrupción de los Medecis, al igual que condenó el lujo y tambien la depravación del Vaticano, lo que al final le costo la vida. Nuestro cardenal Rouco es más modesto, se conforma con todo sin entrar en detalles tan nimios como el paro, los desahucios o las bolsas de pobreza. A Rouco no le van a condenar por hereje ni le darán garrote vil en la plaza mayor, pero cada vez es más urgente la revisión del concordato con la Iglesia Católica, que ponga de una vez para siempre cada cosa en su lugar.
Salud camaradas

La hoguera
Manuel Vicent

Rouco Varela es lo que nos faltaba para alegrarnos la vida, un Savonarola de tercera sobrevolando la crisis con alas de cuervo.

Después del carnaval inmobiliario cuya hoguera de cemento ardió durante 20 años, sobrevino, de pronto, sin esperarlo, el miércoles de ceniza. Desde entonces, va ya para un lustro, este país está celebrando a diario un ratonero entierro de la sardina. En plena desmoralización general se suceden los analistas aciagos de esta jodida cuaresma económica, que parece no tener fin. Los amos no aportan ninguna solución, salvo más látigo todavía. A este panorama de penitencia colectiva se acaba de incorporar la voz oscura y agorera del cardenal Rouco Varela exigiendo su tajada. Perdona a tu pueblo, Señor, no estés eternamente enojado. Era lo que nos faltaba para alegrarnos la vida, un Savonarola de tercera, sobrevolando la crisis con alas de cuervo. Por lo visto no basta con la lacra social del paro, con la tragedia de los desahucios, con la pobreza que llama a la puerta de la clase media. Los obispos persisten en introducir el tormento de la moral en la conciencia de los católicos españoles con su exigencia fanática frente a la homosexualidad y el aborto, obcecados en clavar estos dos clavos por la cabeza, cuando ya no significan ningún problema para la mayoría de los ciudadanos. El último día de carnaval de 1497, en la plaza de la Señoría de Florencia, se realizó una inmensa hoguera en la que se quemaron las máscaras, disfraces, perfumes, cosméticos, pelucas, adornos y espejos. También ardieron libros obscenos de Boccaccio, cuadros de mujeres hermosas, incluso alguno de Botticelli. En el momento de prender fuego sonaron las trompetas, luego en el silencio de las llamas se oyó en la plaza la potente voz del dominico Savonarola, que avivaba aquella hoguera de las vanidades con furiosas invectivas contra el lucro, la sodomía, el despilfarro y la corrupción de los políticos. No viene al caso que el papa Borgia, años después, prendiera a aquel inquisidor y lo condenara a ser combustible en otra hoguera. También ahora, después del carnaval del cemento, en nuestro país está ardiendo en la plaza pública la hoguera de la pasada fiesta, pero nuestro Savonarola no habla del lucro, de la corrupción y el despilfarro. Mientras parte de la Iglesia, movida por caridad con los pobres, les imparte sopa, la jerarquía, movida por el fanatismo, se dedica a dar estopa.

A. Alvarez

   

3/13/2013





















Arbeyos y bagels
Hoy me contaba un amigo que ya había probado este año unos arbejos estupendos, y al preguntar extrañado que ya hubiera arbejos de temporada le contestaron que eran de Marruecos, lo que siempre nos lleva a pensar el escaso conocimiento que tenemos de nuestros vecinos del sur, de su cultura y forma de vida, más allá de nuestros prejuicios a lo que no son ajenas las respectivas religiones. Claro que cada uno lo supera a su manera, como el caso de los supermercados Mercadona, que han tenido que reconocer que buena parte de su éxito reside en la compra de productos como el aceite marroquí, que no concuerda mucho con el discurso populista y patriotero de su dueño. Pero ya sabemos como son estos "empresarios de éxito", como Diaz Ferrán y compañía.
Para aprovechar la coyuntura, aqui va un buena receta de arbeyos, la del desaparecido Bar Mieres donde se comía muy bien y en serio. Va después un artículo de Elvira Lindo sobre la dieta mediterranea y sus personales "tentaciones" gastronómicas, ahora que la chica se ha hecho insufriblemente neoyorquina, y que encuentra en esos bollos rellenos de salmón y crema llamados bagels motivo de abandonar nuestra dieta mediterranea tradicional, enriquecida en nuestra tierra con el jamón, la carne y los embutidos indispensable para acompañar tanta verdura, legumbre y hortaliza. Y por último, si vais a Buenos Aires no deberais dejar de probar un buen asado, o dos. Lo demás, al gusto.

Bon apetit 
Arbeyos con jamón 
Ingredientes para 4 personas aprox.
2 kilos de arbeyos (guisantes), aproximadamente (hay que tener en cuenta que 1 kg., después de desgranado, queda en 400 gr., aprox.).
—Caldo preparado con trozos de pollo, hueso, etc.
—200 gr. de jamón cortado en tacos o dados.
—Una cebolla pequeña.
—3 tomates de tamaño mediano.
—3 dientes de ajo.
—1 pimiento verde.
—Unas ramas de perejil.
—Aceite.
—Sal.

Preparación
Se prepara el caldo y se cuela.

Los guisantes, sin lavarlos, se cuecen en el caldo preparado, procurando que estén siempre cubiertos, pero sin exceso, para que no suelten la piel. Se sazona ligeramente con sal (hay que tener en cuenta que el jamón aporta mucha sal), se cuecen a fuego lento hasta que estén tiernos. Pueden prepararse previamente para no perder tiempo a la hora de servirlos. Se fríe la cebolla y el pimiento verde, todo picado, con muy poca cantidad de aceite. Cuando esté tierna, se agregan los ajos y el perejil picados y, enseguida, los tomates. Se deja hacer a fuego lento y se pasa por el pasapuré. Esta salsa se echa en los guisantes y se cuecen lentamente, mezclándolo con cuidado de no estropearlos, aproximadamente un cuarto de hora. En una sartén, se pone aceite (el fondo ligeramente cubierto) y se fríe el jamón muy despacio, sin dejar de removerlo, durante poco tiempo; enseguida se agrega el aceite y el jamón, a modo de sofrito, en los guisantes y se cuece un poco más, siempre muy despacio. Se comprueba de sal y se rectifica, si hace falta. Han de quedar ligeramente caldosos.
Se sirven, si se desea, acompañados de rodajas de huevo duro.
Fuente: Receta típica del concejo de Mieres extraída de la Guía de Mieres (edit. Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Mieres, año 2001) y cedida para su publicación por el desaparecido Bar Mieres.


Dieta y tentación

Los que no conocen el menú mediterráneo desconocen que lo mejor de nuestra dieta es que de vez en cuando nos rendimos



Este artículo consta de dos partes bien diferenciadas y un sutil hilo que las une. Lo advierto para aquellos que piensen que la relación entre una parte y otra está traída por los pelos. ¿Y?

1) Está ese individuo con mala baba que después de soltarte una grosería se apresura a darte una palmadita en el hombro y te dice, “¡pero que era broma!”. No solo te ofende sino que te acusa de carecer de sentido del humor. Así ocurre en algunas ocasiones con ciertos personajes que se presentan a sí mismos como humoristas. Si uno escribe un artículo en The Wall Street Journal que lleva por título, Our Inalienable Right to Snarf Junk Food (Nuestro derecho inalienable a atiborrarnos de comida basura) y lo firma como Joe Queenan, escritor y humorista, está sin duda protegiéndose de aquellos lectores que puedan considerarle un ignorante sin ninguna gracia. Como en algunos asuntos confieso que carezco de sentido del humor, lo primero que se me vino a la cabeza cuando leí su columna fue el verso machadiano, “desprecia cuanto ignora”. La de Queenan es una broma muy manida entre aquellos a los que se les llena la boca con la palabra libertad cada vez que se habla de instruir a las familias para que alimenten bien a sus hijos. Son esos mismos que apelan a la libertad para defender que cada cual se financie su propio sistema de salud cuando sobrevengan la diabetes, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares. ¿Eligen los pobres ser obesos? Leyendo la diabólica manera en que esa comida está preparada para convertirse en adictiva, una se da cuenta de que no existe tal libre albedrío. Al señor Queenan le da miedo, si el Gobierno “comunista” de Obama impone una monacal dieta mediterránea, verse privado de la sagrada libertad de engrasarse los labios en Hooters, ese lugar lleno de ceporros que quieren comer alitas de pollo servidas por señoritas con unas tetas como globos. Para rematar esta tronchante columna, el humorista aventuraba que quizá si la gente en España se llenara la boca de comida basura no tendría el 27% de paro. ¡Festival del Humor!

Es una tortura. Déjalo ahora que estás a tiempo”, dijo Philip Roth a un camarero que le enseñó su novela
2) Los detractores de la dieta mediterránea no saben que las comidas tienden al remate marinero: unos cuantos barquitos de pan en el plato para apurar el aceite. La crueldad del humorista era expresada en The Lancet de esta otra manera: “Los españoles están azotados por la crisis pero tienen la esperanza de vida más alta de Europa”. Los nihilistas argumentarán, “¿para qué vivir más?”. Por desgracia, el nihilista español da el coñazo durante más años que el nihilista americano, que muere en la flor de la vida con la cabeza hundida en un Big Mac. Los que no saben de qué va esto del menú mediterráneo desconocen que lo mejor de nuestra dieta es que de vez en cuando nos rendimos a las tentaciones. Mi tentación no es exactamente una hamburguesa sino los bagels con queso crema y salmón de los delis. Un bagel es ese bollo que pasadas cinco horas está duro como una piedra. Uno podría suicidarse atándose un bagel al cuello y tirándose al Hudson. Por ejemplo. Mi lugar favorito para esta tentación es el Barney Greengrass, sobre el que ya he escrito en otras ocasiones pero que siempre ofrece nuevas y jugosas historias. Los camareros tienen a gala ser un poco bordes como prueba de autenticidad —al estilo de los camareros de La Mallorquina, en Madrid— pero a mí siempre me tratan como a una reina. Uno de ellos, Julian Tepper, es un joven escritor que hace un año me dejó las galeradas de una novela, Balls, llamada así porque trata de un hombre que tiene cáncer en un testículo. Ahora publica la segunda, pero hace unos meses fue el protagonista de una anécdota que transpasó las fronteras del viejo Barney’s hasta llegar a las secciones de Cultura de periódicos europeos. Julian contó en la revista The Paris Review cómo Philip Roth, cliente de la casa, apareció un mediodía para comerse sus habituales huevos revueltos con salmón, cebolla y bialy, otro bollo parecido al bagel. El camarero Julian, admirador de Roth, hizo acopio de valor y se atrevió a darle una copia de su libro. “Balls”, dijo Roth, “no sé cómo no se me había ocurrido a mí”. Dicho esto, trató de disuadir al joven de dedicarse a la literatura. Le describió el futuro que le esperaba como un infierno en el que la mayoría del material se desecha porque no es suficientemente bueno. “Una tortura. Ahora que estás a tiempo”, le dijo, “déjalo”. La crónica de Julian se reprodujo de esa manera vírica e incontenible que provoca la red y acabó en las páginas de The Guardian. Incluso hubo alguna escritora, como Elisabeth Gilbert, que ironizó sobre las exageradas palabras con las que el maestro describía al alumno los sinsabores del oficio. Por fortuna, las palabras de Roth no hicieron mella en este joven atractivo y entusiasta que podría escribir mil historias sobre la peculiar clientela de Barney’s si no fuera porque el dueño quiere que los clientes sigan teniendo en este pequeño comedor un lugar en el recogerse y llenar el estómago con sopas de pollo y pescados ahumados que protegen contra el frío extremo del invierno. Comida grasa, rotunda, pero no basura. La comida de los inmigrantes de Europa del Este. La de los antepasados de Roth, a la que el viejo e iracundo escritor es f

Pornografía gastronómica en Buenos Aires

Si uno quiere entrar en éxtasis con un 'hot pastrami' o un bagel con salmón el sitio es La Crespo








Esta pequeña tienda de delicatessen abrió hace poco más de un año en el barrio porteño de Villa Crespo.
En un episodio reciente de la extraordinaria serie Louie, Louis CK tiene una primera cita con una librera neurótica que alcanza su punto más alto durante una cena en el mostrador de la centenaria tienda de delicatessen neoyorquina Russ & Daugthers. La escena, pura pornografía gastronómica, muestra, en un remedo de la relación sexual que los personajes no van a tener, su éxtasis al degustar las delicias que se venden en el lugar: salmón ahumado de Noruega, arenque holandés con crema y cebolla, bagels con queso blanco, wasabi y huevas de trucha, babka de chocolate...
Como toda pornografía, las imágenes de estas exquisiteces inflaman un deseo que no pueden satisfacer. Para colmo, en Buenos Aires (aunque en Argentina se encuentra la comunidad judía más grande de toda América Latina) no hay una tradición de delicatessen judía (como la tienda de Nueva York): nuestro equivalente más ubicuo es su opuesto, la charcutería al estilo español o italiano (aquí llamada fiambrería), que vende principalmente variedades de jamón, embutidos y quesos. ¿Qué se puede hacer, entonces, en Buenos Aires, ante la urgencia de un bagel con salmón o un hot pastrami? La respuesta más razonable es correr a La Crespo (Thames 612), un pequeño local de Villa Crespo (el que fuera el barrio judío de Buenos Aires, a veces llamado amigablemente Villa Kreplaj) que abrió hace poco mas de un año para aportar al paladar porteño los mismos platos que los inmigrantes judíos del fin del siglo XIX llevaron al Lower East Side neoyorquino, y que luego se convertirían en uno de los pilares de la gastronomía de Nueva York.
Se trata de un local pequeño, con pocas mesas (como en toda tienda de delicatessen, los clientes suelen comprar para llevar), un mostrador con dos heladeras y varias pizarras; la que preside el local ofrece en grandes letras blancas la especialidad de la casa: “Hot pastrami”. Este es el característico sándwich de pastrón (que, según dicen, fue creado por los dueños de la legendaria Katz's Deli de Nueva York), aquí preparado según una receta propia por la dueña del local, la chef Clarisa Krivopisk. Mucho más reparador que un mes de terapia con el mismísimo Freud, este sándwich incluye 170 gramos de pastrami, mostraza de Dijon, pepinos agridulces y cebollas caramelizadas, todo dentro de un firme pan negro multicereal.
El otro sándwich imperdible es el bagel con salmón: entre las dos rodajas tostadas a la perfección, crocantes por fuera y esponjosas adentro, descansa una porción contundente de salmón ahumado con cebolla, alcaparras y queso crema con cebolla de verdeo. Otras especialidades de la casa son el arenque con crema, el hígado picado con huevo y los knishes de papa y el kippe (carne picada envuelta en trigo burgol). Los dulces son una mezcla de comfort food norteamericana, representada en un aclamado cheesecake, con repostería francesa que incluye la tradicional Tarte Tatin, marquise de chocolate, mousse o macarons. El trato cálido y familiar es una ventaja de esta deli sobre sus pares neoyorquinas. No hay desventajas.
Abierto de martes a viernes de 11.30 a 21.00; sábado y domingos de 12 a 17.

1/22/2013

Tengo una novia que finge...

Donde esté un buen partido de tenis que se quite la política ¿o no?


A la vista del público que asiste a un espectáculo deportivo está claro que la motivación de los deportistas es distinta con según que espectadores y espectadoras. La señorita de la melena morena y gafas oscuras y su compañera rubia, tienen la actitud adecuada, interés, implicación, pasión... Sin embargo las de la fila posterior, primera fila del palco de autoridades (vease la profusión de flores y de "autoridades") no tiene actitud positiva, están mas bien en otra cosa, la alcaldesa mirando al lado contrario de donde sucede la jugada y la vecina, infanta para más señas, distraida tras las gafas, como aquella novia de Javier Krahe que ponía cara de esfinge cuando hacía el amor ("Tengo una novia que finge que no tiene orgasmos, y, al reprimir sus espasmos, al sofocar su laringe, me pone cara de esfinge. Finge, finge, finge, que yo lo sé, yo sé que finge...").
Pero a lo que iba es al mal uso que se hace del exacto lenguaje del tenis, que ha llegado hasta nosotros deformado por nuestra secular carencia de conocimientos en idiomas extranjeros. Para paliarlo, este artículo pone en claro los terminos correctos que debemos aplicar en adelante.


Salud y República

El que importó el tenis desde Inglaterra no sabía inglés

En mi opinión cada uno puede hablar como quiera. Ahora bien, me atrevo modestamente a sugerir que, como criterio general, se tenga en cuenta que deberíamos utilizar los términos que estén aceptados mayoritariamente por la comunidad tenística hispanoparlante. Lógicamente debe primar el español sobre el inglés, siempre que esté traducido correctamente y el término inglés no esté ‘superextendido’ y/o consolidado.
Siguiendo estos criterios propongo una lista de términos específicos de tenis y comentaré otros que creo que no están siendo bien utilizados tanto por los tenistas como por los periodistas:
Mi propuesta de utilización correcta de términos tenísticos es la siguiente:
SI-SI
Wild Card -Invitado
Tie break -Muerte Súbita
Sacar -Servir
Romper el servicio -Brekear (es más corto que en español)
Derecha * -Drive * (En inglés forehand)
Mango -Grip
Golpe ganador -Winner
SI -NO
Globo -Lob
Partido -Partida
Falta de pie -Foot fault
Passing shot -Pasante
Ejercicios (de pista) -Drills
W.O (Walk Over) -No presentado
Smash* (o smatch) -Remate * (En inglés overhead)
Liftar* -Top Spin *

En cuanto a los términos marcados con un asterisco y en negrita – Drive, liftar y smash- tengo una teoría, creo que lógica y novedosa, aunque no muy científica:
Sospecho que algunos españoles fueron a principios del siglo XX o incluso más tarde a Gran Bretaña y de allí importaron el deporte del tenis y algunos de los términos que allí se utilizaban. Como no debieron aprender muy bien el inglés ‘se inventaron o reciclaron’ algunas palabras de forma incorrecta, que curiosamente han cuajado en la forma de hablar de los tenistas de habla hispana.
Drive en inglés se dice forehand
Pondré varios ejemplos: Para el golpe de derecha los tenistas de habla inglesa utilizan el término ‘forehand’. Curiosamente aquí a la derecha también se le llama drive, nada que ver con ‘forehand’. Si a un inglés le decimos que vamos a pegar un drive no nos entiende. En este caso me parecen válidas ambas opciones ya que están extendidos tanto el erróneo drive como la derecha.
Liftamos mal pero liftamos
Y un anglosajón tampoco nos entendería si le decimos que vamos a liftar la bola. Para ellos pegar con efecto liftado es jugar con ‘top spin’ que es el efecto que hace que la bola bote alto y que es el contrario al ‘back spin’ o cortado. En este caso me parece bien que se siga utilizando el verbo liftar porque no hay un equivalente en español que defina esta forma de golpear la bola.
No rematen por favor
Tampoco los ingleses utilizan la palabra smash para el golpe similar al saque que se pega por encima de la cabeza con la bola en movimiento. Ellos lo llaman ‘overhead’. En este caso yo me inclino por Smash que aunque realmente no es correcto es el más extendido. Overhead no lo entiende nadie y el remate aunque la Escuela Nacional de Maestría de Tenis lo fomenta a mí ‘no me entra’ y me suena muy futbolístico.
Vamos, que los ‘cachondos’ que ‘importaron’ el tenis a la península se ‘inventaron’ varios términos que los tenistas ‘locales’ se ‘tragaron’ ante su desconocimiento tanto de la lengua de Shakespeare como del deporte que patentó el Mayor Wingfield en 1874.
Evidentemente no soy nadie para imponer nada. Como decía al principio, que ‘cada uno hable como quiera’. Si el emisor consigue transmitir su mensaje al receptor de una manera clara y fácil y este lo recibe (Iba a decir recepciona pero me suena de un pedante …) correctamente y lo entiende pues ya tenemos el objetivo cumplido…
En Argentina para decir que ‘La pelota ha botado en la línea’ dicen ‘Che, la bola picó el fleje’ y nos entendemos ¿no?.

11/21/2012

L'infanza di Gesù

El nuevo libro del Papa Ratzinger nos descubre una realidad sorprendente en la que se prescinde de la imagen idílica del niño en el portal rodeado de la  mula y el buey y una estrella en lo alto anunciando la buena nueva. De eso nada, dice Ratzinge, en el portal no había animales (?) y la estrella, una supernova. Cagate lorito, de un plumazo nos deja sin iconografía para nuestro nacimiento, ya solo nos va a quedar el "caganer" catalán, previsiblemente independiente para las Navidades del año próximo, y el arroyo de papel de plata con las lavanderas en sus tareas. Afortunadamente  no toca un ápice la doctrina de fe sobre la virginidad de María o la intervención del Espiritu Santo en la concepción de Jesús, que son según él,  Historia, historia real, acontecida, historia interpretada y comprendida con base a la Palabra de Dios”.  Una curiosa forma de hacer pasar por historia real detalles imposibles de comprobar y creencias religiosas.
Lo de la campaña para las elecciones en Cataluña va camino de convertirse en profesión de fé, tanto en los autenticos deseos independentistas como en la honorabilidad de los propios dirigentes de CIU sobre sus dineros en bancos suizos y su procedencia.
  
Salud y República

¿Una mayoría indestructible?

En la fase final de la campaña, sucede que los que infunden miedo a disentir de la ola populista se presentan como víctimas

Artur Mas, candidato de la coalición Convergencia i Unió (CiU), se lanzó el 29 de septiembre a la búsqueda de una “mayoría indestructible”, que considera necesaria para llevar a cabo el referéndum y la subsiguiente secesión de Cataluña. Pero las mayorías en democracia carecen de esa virtualidad, están por su propia naturaleza sometidas a los agentes de la erosión, se oxidan, se alteran, cambian de sentido. Las mayorías que se llamen indestructibles quedan fuera de los sistemas democráticos, donde se forjan como suma de voluntades individuales sometidas a mutación. La negación de ese margen de oscilación es ajena a las democracias. Allí, ningún resultado está predeterminado y los electores tienen la capacidad de ejercer su derecho inalienable a enviar a los partidos a la oposición o al gobierno según sus cambiantes preferencias

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Son otros sistemas bien conocidos, originados en caudillismos y totalitarismos varios y especializados en la tergiversación electoral mediante candidaturas únicas y otras simulaciones falsarias, los que se sustentan en mayorías indestructibles. Se conciben para durar milenios, piensan haber descubierto el movimiento continuo, como sucedió entre nosotros, pero resultan en el caso más favorable incapaces de sobrevivir a sus fundadores, desaparecidos los cuales surgen inevitables los fenómenos de la desestalinización, desmaoización, desfranquización y así sucesivamente. En democracia ninguna opción partidista se vota de una vez para siempre. La libertad de opción regresa intacta al elector concluido el periodo establecido, para que reconsidere a favor de qué contendiente quiere echar su papeleta.
Ya se sabe que las campañas electorales producen excitaciones que empujan hacia posiciones en el borde de la irracionalidad, donde cunde la preferencia por las exageraciones y la descalificación de los adversarios, con escasa consideración a los electores y a sus intereses directos, que muchas veces desaparecen en la polvareda de la propaganda sectaria. El cruce de acusaciones distorsiona la realidad y se opta por rehuir los esclarecimientos reclamados con la invocación de la santidad de los propios objetivos. Se cumple así la leyenda de aquella viñeta de El Roto de que “una buena bandera lo tapa todo” y se ocultan las consecuencias que subrayaba esa otra según la cual “los sueños de la nación producen exilios”.
Como sucede con los periódicos y otros medios de comunicación, que andan siempre exigiendo transparencia y ofreciendo opacidad, los partidos contendientes en las elecciones sospechan de la honradez de sus rivales, pero guardan ominoso silencio sobre los abusos registrados en sus propias filas, que han tenido buen cuidado en pasar por alto sin procurar remedio. Porque los partidos, a los que tanto se incita al consenso para buscar las mejores salidas al interés general, prefieren mantener abiertas sus hostilidades, que solo deponen en casos excepcionales, cuando calculan los beneficios mutuos derivados de la oscuridad, a costa de los contribuyentes.
Por eso, muchas veces el antagonismo es luminoso y, como sucedía con las antiguas máquinas de proyección cinematográfica, de la chispa del arco voltaico que cerraba el circuito entre ánodo y cátodo salía 
 a la  luz merced a la cual los espectadores veían la película en el patio de butacas. Mientras que, cuando se anula la diferencia de potencial, es decir, cuando se opta por el consenso encubridor, todo queda a oscuras y los espectadores ciegos para seguir la cinta. Como decía Cuco Cerecedo, los gánsteres que discuten en un garaje por el reparto del botín huyen juntos en el mismo coche al oír la sirena de la policía. Nos falta saber qué sirena se oyó el 25 de febrero de 2005 en el Parlament, pero el presidente Maragall, denunciante de las comisiones del 3% en las adjudicaciones de la obra pública durante los Gobiernos de Pujol, y el denunciado Mas, entonces líder en la oposición de CiU, convinieron ese día un apagón indefinido. La amenaza de Mas fue que dejarían de ser posibles las cosas importantes que requerían un cierto círculo de confianza entre PSC y CiU. Así que, en aras del nuevo Estatuto, Maragall pulsó el interruptor y fuimos a negro.
Ahora, en la fase final de la campaña, sucede que los que infunden miedo a disentir de la ola populista, los que han inducido el silencio de los discrepantes, los que han engrasado con subvenciones la adhesión inquebrantable de los medios de comunicación, se presentan como víctimas. Porque, como escribió Orwell, “el buen nacionalista, además de rehuir la desaprobación de los errores cometidos por su propio bando, desarrolla una notable capacidad de sordera para percibirlos”. Atentos.