3/21/2017

Simon... y Garfunkel



Según el diccionario, La simonía es, en el cristianismo, la pretensión de la compra o venta de lo espiritual por medio de bienes materiales. Incluye cargos eclesiásticos, sacramentos, reliquias, promesas de oración, la gracia, la jurisdicción eclesiástica, la excomunión, etc. La palabra simonía deriva de un personaje de los Hechos de los Apóstoles llamado Simón el Mago, quien quiso comprarle al apóstol Simón Pedro su poder para hacer milagros y conferir, como ellos, el poder del Espíritu Santo, lo que le supuso la reprobación del Apóstol: «¡Que tu dinero desaparezca contigo, dado que has creído que el don de Dios se adquiere a precio de oro”.

Salud camaradas
 

Nestor Álvarez, Pedro Outeiro, Uxía Salgueiros, Xan Dopico. Así, hasta nueve. El cura de la extensa parroquia de Outeiro Baixo va proclamando los difuntos por los que aplica la Eucaristía. Cada fin de semana acude también a otras dos parroquias a su cuidado. En ellas relacionará otra decena de difuntos. Aproximadamente, veinte almas podrán ser aliviadas o sacadas del Purgatorio en virtud de las tres misas. Los familiares de cada uno de los difuntos han encargado la misa a Don Rodolfo Vales, previo correspondiente "estipendio". Años atrás, los encargos se hubieran repartido entre una docena de curas. Hoy, sólo hay uno en la comarca,

Don Rodolfo
es argentino, con abuelos gallegos. Regentaba una parroquia importante en la provincia de Buenos Aires. Vino a España a conocer sus raíces y sus parientes. El obispo le ofreció prestar sus servicios en Outeiro. Sólo tres meses, el tiempo que pretendía quedarse en nuestro país. Pronto descubrió que aquel puesto era una mina. Había que explotarla. Pospuso su retorno a Argentina. Ya van ocho años. En la parroquia bonaerense ganaba suficiente para una cómoda vida, incluso teniendo consigo a sus padres. Pero ésta de Galicia es mucho más rica y apetecible.
La proverbial veneración galaica a los difuntos lleva, todavía hoy, a importantes dispendios. Una cadena de actos religiosos a cargo de uno a varios sacerdotes. Cuantos más sacerdotes asistan, más valor espiritual, más influencia en beneficio de las almas por las que se celebran los sufragios. Funeral de "corpore insepulto", entierro, responsos, misa "de salida", misa "de luto", funeral de "cabo de año", misas mensuales o semanales. Así, durante años o siglos. Hay fundaciones de misas que traen origen de varios siglos atrás.
Por todos esos actos religiosos se abonan unos honorarios. La Iglesia los llama "estipendios". Hay unos aranceles, pero los curas prefieren recurrir a "la voluntad". Es más rentable. Saben que el pueblo es generoso con los difuntos. Si acuden varios sacerdotes, aunque se trate de única misa o único funeral, cada uno de los clérigos recibe lo mismo que si fuera él solo quien oficiara. El "estipendio" mira la intención, no el trabajo o la molestia, que podría "facturarse" a parte, particularmente cuando el oficiante ha tenido que venir de lejos.
En la comarca pastoreada por Don Rodolfo la población se ha reducido, pero han sido muchos los que dejaron este mundo en los últimos años. Eso hace que no hayan disminuido los actos por esos difuntos. El problema surgió cuando el cura no podía atender a todos los feligreses con la diligencia y puntualidad demandadas. La cola de encargos nominales se alargaba demasiado. Para más, si la misa debía ser en domingo, no había modo de complacer a la mayor parte de los devotos.
Don Rodolfo, además de ser un experimentado cura de 50 años, fue un buen estudiante de Teología. Aprendió que la misa tiene un valor infinito y que cada una de las celebraciones tiene virtualidad para beneficiar a miles de sujetos. Le costó unas semanas catequizar a sus feligreses. Sobre todo, logró convencer a cada uno o una que le encargaba misas por sus deudos. Una misa - insistía - puede ser ofrecida a intención de varias personas o familias. Nada impide que la misa valga igual por el eterno descanso de una docena de difuntos para cuya celebración se haya dado el correspondiente "estipendio". La cuantía la deja a voluntad del donante, pero sugiere 50 euros, que todos aceptan o incrementan. Ahora no hay espera. Si la próxima semana es el sexto aniversario de la muerte del abuelo, nada impide que el cura lea su nombre al comienzo o en el ofertorio de la misa dominical. Lo hará juntamente con otros nombres de difuntos. Siempre, naturalmente, previo "estipendio". Todos contentos.
La inveterada costumbre eclesiástica y la actual legislación canónica amparan estos "estipendios" manuales u honorarios. Son retribuciones en negro. Se acumulan al sueldo que los curas reciben del Estado a través de la Conferencia Episcopal. Por lo demás, está claro que Don Rodolfo obvia el canon 948 del C.I.C. Pero sabe que las normas eclesiásticas son mutables, han variado y variarán. Y que los fieles tienen derecho a ser atendidos en circunstacias de extrema escasez de sacerdotes.
Don Rodolfo es un buen administrador de sacramentos. Es también una buena y ejemplar persona. Vive frugalmente. Por todo recibe una compensación dineraria. Misas, bautizos, comuniones, bodas, entierros. Y, sobre todo, funerales. En su comarca y fuera de ella. Gana mucho dinero, pero no lo ahorra. Al menos, no en España. Lo sobrante, que es mucho, lo envía a Argentina. Según él, para fines sociales. Cruza el charco al menos una vez al año, cargado de euros, dólares o pesos. Durante el mes de su ausencia, un amigo, albañil de profesión, atiende a sus tres parroquias. Los feligreses atestiguan que Antón dice la misa igual que Don Rodolfo, incluida la homilía. No lee las intenciones de donantes. No confiesa. Nadie sabe decir si consagra el pan y el vino, aunque reparte la comunión a la manera tradicional. Acepta "estipendios", aunque los reserva para el cura, quien, a su regreso, los contabilizará para próximas misas.
Hace poco menos de dos mil años, un tal Simón ejercía la magia en Samaría con gran éxito. "Todos lo seguían y decían: éste es el poder del gran Dios. Y se adherían a él". Simón, al ver que Felipe lo aventajaba en su oficio, se hizo cristiano y se adhirió a él. Más aún. Viendo Simón que Pedro y Juan lograban maravillas con la imposición de las manos, intentó comprar el "numerito" a Pedro. Ésta fue la reacción de Pedro. "Sea ese tu dinero para perdición tuya, pues has creído que con dinero podía comprarse el don de Dios. No tienes en esto parte ni heredad, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad y ruega al Señor que te perdone este mal pensamiento de tu corazón porque veo que estás lleno de maldad y envuelto en lazos de iniquidad" (Hechos 8, 9-23).
Desde entonces – también antes - se negocia con lo espiritual. Dinero y dominio (a veces también sexo) son los negros ingredientes de las instituciones religiosas. Pláceme aludir a dos hitos históricos. En nuestra Iglesia, después de las escandalosas investiduras medievales – política y corrupción - nunca erradicadas, el cenit de la simonía se alcanzó en el siglo XVI. La masiva venta de indulgencias para construir la basílica de San Pedro colmó el vaso de la paciencia de muchos eclesiásticos responsables. Fue la espita que alejó de Roma a Lutero y sus secuaces protestantes. La Contrareforma no supo poner remedio. Aún hoy se "venden" indulgencias, bendiciones, intenciones, oraciones, sufragios, milagros. Y hasta hace pocos años, comprábamos la Bula toledana que nos autorizaba a comer carne los viernes sin cometer pecado.

Aguas mayores



Nada nuevo, excepto para los directivos de Adif y consiguientemente los políticos implicados. Algún día haremos un monográfico sobre esto.
  La primera piedra, en febrero de 2004. El entonces ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, y el titular de Economía,
el también asturiano Rodrigo Rato, en el acto de instalación de la primera dovela de la Variante. 

Una «chapuza total» que llevó a que la variante hiciera aguas

La geóloga Beatriz González apunta a que la precipitación en iniciar las obras en Pajares multiplicó los problemas por no hacer un estudio hidrogeológico previo

L.O.
Redacción 16/03/2017 05:00
Dice el refrán «vísteme despacio que tengo prisa» y probablemente muchos de los retrasos interminables en la apertura de la variantes de Pajares --con una constante posposición de fechas que no parece tener final y que Fomento se resiste a fijar en el futuro-- tienen que ver paradójicamente con la precipitación a la hora de iniciar las obras. Así se desprende de una serie de informes de Adif sobre las modificaciones de los trabajos que revelan que los imprevistos tanto sobre la realidad geológica de las profundidades que tenían que horadarse y en particular el corte de acuíferos bajo la cordillera dispararon los retrasos y también los sobrecostes. Tal y como adelantó La Voz de Asturias, sólo los problemas del agua supusieron hasta 260 millones de euros en gastos adicionales. 
Para la geóloga y profesora en la Universidad de Oviedo Beatriz González fue «una chapuza total, ellos querían hacer la obra cuanto antes pero un estudio hidrogeológico serio lleva tiempo, hasta uno, dos o tres años porque tienes que ver cómo se comporta el agua, sus flujos, en función de las lluvias, de las épocas de sequía y eso lleva tiempo». Pero no se hizo. Al menos antes de comenzar los trabajos. Después, una vez que comenzaron a horadarse los acuíferos y que el agua empezara a inundar las obras sí se llevó a cabo y además, según González, «uno muy bueno» pero insiste en que en el primer momento en que se detectó el problema deberían haberse parado las obras para tratar de paliar a tiempo un problema que se prolongó en toda la longitud de los túneles.
Los documentos de los informes de inspectores sobre las obras de las distintas uniones temporales de empresas que se repartieron las obras recogen episodios de sorpresa sobre los materiales encontrados en las excavaciones y sobre el caudal inesperado de aguas con que se topan.  En uno de esos informes, fechado en el 26 de enero de 2007, el inspector de Adif propone modificaciones del proyecto que inicialmente no iban a utilizar tuneladoras porque se esperaba una formación pizarrosa que después hubo que cambiar por la «acumulación de nuevos datos geológicos-geotécnicos y a la reinterpretación de datos ya existentes». En el mismo documento se señalan «problemas graves» debido a que el agua encontrada aparece acompañada de lodo «que provoca que los sistemas de bombeo no funcionen adecuadamente», además añade que la magnitud de ese caudal resultaba excesiva para la capacidad para la que esos sistemas «fueron diseñados».
 
 
A juicio de Beatriz González esto no es normal. «Antes de hacer cualquier obra hay quehacer una cartografía geológica, un mapa de que se hace a partir de afloramientos en superficie y en casos como este con sondeos para ver la profundidad que hay y eso es un trabajo elemental en geología». En todo caso la profesora apunta que los responsables de las obras «sabían con con certeza lo que se iban a encontrar porque en la documentación previa sí se hicieron algunas cosas y está en el proyecto constructivo que se atravesarán acuíferos». 
Si el agua resultó un problema enorme en las profundidades de los túneles, terminó siendo uno de mucha mayor envergadura en la superficie. Todo ese agua que se vertía en el interior dejó de fluir hacia arroyos y manantiales hacia la vertiente leonesa, lo que ha terminado por provocar un conflicto que ha llevado a varios ayuntamientos de uno y otro lado de la cordillera a recurrir a la justicia europea. «Los ríos están alimentados por acuíferos, por eso no se secan cuando no llueve», explicó Beatriz González, quien destacó que la imprevisión sobre este punto transformó esos arroyos de ríos ganadores (es decir a aquellos que se alimentan de los acuíferos) en perdedores (ahora esos rios son los que alimentan los acuíferos) «se ha hecho un trasvase de la cuenca del Duero a la cuenca norte, y eso es ilegal. Además seguramente no se pueda revertir».
Pero el caso es que los túneles están ya horadados, de uno a otro lado de la montaña, ¿tienen solución las filtraciones de agua? «Si en el momento en que se detectó el primero se hubiera parado la obra podrían haberse inyectado un determinado cemento para impermeabilizar determinados tramos. Ahora, con todos los acuíferos cortados, es mucho más complicado, se pueden reducir los efectos, se podrá minimizar, pero no se puede revertir», destacó la geóloga quien afirmó que ante las primeras denuncias por la posibilidad de que esto pudiera ocurrir realizadas por colectivos ecologistas, la respuesta del Ejecutivo es que se trataría en todo caso, de algo «puntual que terminaría cuando terminaran las obras». 
A todo ello, la geóloga sumó que los problemas del «argayón», los deslizamientos de terreno en el talud de la boca norte y que aún no se han detenido, también eran previsibles. «Se sabía desde los estudios que se hicieron para la autopista del Huerna, se desaconsejaba esa zona para la carretera y luego hacen un trazado de ferrocarril, pero ya estaba en ese estudio geológico».

De cínicos y mentirosos está El Mundo lleno



Como se que os gusta el debate y el merecumbé, aquí va una pequeña muestra de lo que se guisa en la prensa canalla sobre la propuesta de Podemos de suprimir la santa misa de la programación de la televisión pública. Es triste y razonable, pero comprensible a la vista del estado del socialismo histórico, que sea Podemos el que abandere esa lucha por la laicidad y también esperable que las huestes eclesiales iban a responder con todo la artillería contra semejante afrenta. Ya lo dijo Gabilondo no hace mucho, la Iglesia (la auténtica, no cualquiera) no quiero esto y lo otro, lo quiero todo… en consecuencia, cada batalla es una guerra y no nos engañemos, armas las escogen ellos.

Salud camaradas


De votos
  • ARCADI ESPADA
16/03/2017 03:09
La renovación de la vida pública pasa por la necesidad de que los nuevos actores examinen las viejas rutinas. Así el partido Podemos y la retransmisión de la misa dominical por la cadena pública. Es razonable que hayan pedido su supresión. Aún recuerdo con melancólica nitidez cuando a las 12 en punto, y en Radio Nacional de España, el gran Luis del Olmo interrumpía sus programa y proclamaba solemne: "Es la hora del Ángelus". El espacio público no es la suma de las opiniones privadas sino de aquello que tienen en común las opiniones privadas. Ni la religión ni cualquier otra forma de adoctrinamiento deben tener cabida. Mucho más, técnicamente considerado, cuando la Iglesia católica tiene infinidad de recursos y posibilidades para airear la llamada palabra de Dios.
La propuesta del partido Podemos tiene, además, una loable capacidad preventiva. La inmigración, genéricamente considerada, solo ha traído beneficios salvo en un asunto concreto, que es precisamente el religioso. La mayoría de inmigrantes llevan consigo extravagantes creencias, no necesariamente católicas y mucho peor que las católicas, sobre la proclamación del mundo, que incluso en el Occidente aún tenuemente religioso pertenecen al dominio de las fábulas entrañables. Si hay misa católica en la televisión pública no se ve por qué deberían vetarse allí las ceremonias de cualquier otra religión. Y espero que en este punto a nadie se le ocurra aludir la audiencia y caer en la blasfemia de pasar a dios por el share.
En términos estrictamente estéticos la religión es la más exitosa de las ficciones basadas en hechos reales, siendo, en este caso, el hecho real la muerte. Hay millones de personas interesadas en sus prácticas concretas y por lo tanto es natural que estas personas reciban su satisfacción. Pero siempre y cuando el estatuto ficcional quede preservado. En términos éticos, no puede haber dudas de que la televisión pública debe informar sobre los actos y las ceremonias religiosas y sobre sus protagonistas y sus disputas. Así lo hace con la política. Pero todo eso es muy distinto de la retransmisión semanal de un mitin. Conozco algún socialdemócrata que en su ontológica doblez estaría dispuesto a transigir con la misa, siempre que pudiera escribir las homilías del capellán, al modo como el Gobierno escribe el discurso del Rey. No es mi caso. Yo quiero una Iglesia libre, pero en su sitio. Por las mismas razones que las diabólicas tetas de Rita Maestre no deben violentar la eucaristía, tampoco no debe la eucaristía desbordar el espacio reservado a la doctrina, que en la tele pública se organiza en temporada de voto y etiquetado con la palabra propaganda.

La X de los partidos
  • LUIS MARÍA ANSON
16/03/2017 03:09
"A misa solo van cuatro viejas beatas. Los templos están vacíos. Basta con retirar la asignación presupuestaria a la Iglesia para aplastarla definitivamente", le explicó el entorno sabio de José Luis Rodríguez Zapatero al presidente por accidente. Dicho y hecho. La partida en favor de la Iglesia Católica desapareció en los Presupuestos Generales del Estado a partir de 2007. Dejando a un lado la atención religiosa que es lo más importante, la ingente labor de la Iglesia en lo social, en lo benéfico, en lo asistencial, en lo educacional, en lo cultural, quedaba sin atención directa. "Y que no se diga que somos sectarios, que los ciudadanos y ciudadanas decidan si aportan el 0,7% a la Iglesia en sus declaraciones a Hacienda rellenando con un aspa el casillero correspondiente".
El fiasco de los anticlericales ha sido mayúsculo. 7.347.612 contribuyentes trazaron la X en la declaración a Hacienda del último ejercicio para dedicar a la Iglesia el 0,7% de sus impuestos, porcentaje ridículo, por cierto, que el PP de Montoro no se ha molestado en incrementar hasta el 1,5. Teniendo en cuenta que una de cada cinco declaraciones son conjuntas, el número de contribuyentes, según la estimación de Laura Daniele, se cifra en 9.000.000 y la cantidad que beneficia a la Iglesia resulta superior a la que recibía antes de la maniobra zapatética. Los vaticinios de los anticlericales se movían en el voluntarismo. La realidad nada tiene que ver con lo que ellos proclamaban. Los templos se llenan cuando se celebran oficios destacados. Once millones de personas acuden a misa todos los fines de semana. Cerca de dos millones de jóvenes rodearon al Papa en Madrid en la celebración de la eucaristía, las procesiones de Semana Santa en toda España abarrotan calles y plazas y el 80% de los padres de familia solicitan estudios de religión para sus hijos. Esa es la realidad incuestionable que el histerismo sectario y anticlerical se niega a reconocer.
He reiterado en muy varias ocasiones que los partidos políticos y los sindicatos, zarandeados por el descrédito, solo empezarán a regenerarse democráticamente con la aprobación de una ley que diga: "Ningún partido político, ninguna central sindical podrá gastar un euro más de lo que ingrese a través de las cuotas de sus afiliados". Pero seamos generosos. Añadamos a esos ingresos el 0,7 que, en un casillero abierto al efecto en las declaraciones de la renta, permita a los ciudadanos señalar con una X al partido de su preferencia o dejar el espacio en blanco. Lo mismo que se ha hecho con la Iglesia Católica. Hoy, de forma directa o indirecta, el dinero público paga el 90% de lo que derrochan los grandes partidos políticos. Que sean los ciudadanos los que decidan voluntariamente si destinan el 0,7 a su partido preferido o si dejan en blanco el casillero. Igual, igual que se hace con la Iglesia Católica.
La financiación de los partidos políticos es el escándalo que no cesa. Aparte de los suculentos renglones presupuestarios que ellos mismos se atribuyen por muy diversos conceptos, como se han convertido en gigantescas agencias de colocación para enchufar a parientes, amiguetes y paniaguados, como gastan de forma desmesurada, como tienen la sartén por el mango de las licencias y las concesiones, caen muchas veces cuando alcanzan el poder en las mordidas que, del 3% al 20% y a veces más, vertebran la larga caravana de la corrupción.
Luis María Anson, de la Real Academia Española

2/16/2017

Dromómanos



Jean-Martin  Charcot, considerado el padre de la neurología moderna, documentó un caso de una persona que había caminado durante mucho tiempo sin recordar por qué lo había hecho ni como había llegado tan lejos, un caso similar a otro caso anterior, protagonizado por un hombre llamado Jean-Albert Dadas que llegó al hospital de Burdeos físicamente exhausto y que no sabía como había llegado allí después de haber caminado a lugares tan alejados como Praga, Viene o Moscú. Solo existen unos pocos casos de Dromomanía documentados, que así se llama a la inclinación excesiva u obsesión patológica por trasladarse de un lugar a otro. La Asociación de Psiquiatría Americana la definió a principios del siglo XX dentro de una serie de psicopatías con el nombre de Travelling Fuge,  o sea, fuga viajera. Una característica que suele acompañar a esta pulsión viajera es que el sujeto adopta una o varias identidades diferentes en el trayecto, lo que nos lleva a pensar que esa curiosidad médica decimonónica tiene una continuación en los tiempos actuales con las imágenes de gente atractiva que se coloca al borde de cascadas y que dice que la vida solo vale la pena si viajamos;  para algunos especialistas, las personas que quieren viajar sin cesar son los que tienen vidas mediocres sin objetivos en la vida. Que cosas…

Sin relación aparente, porque los que viajan en este relato de Almudena Grandes lo hacen conscientemente y con un fin, solo les pesa no tener diez años menos.

Salud camaradas   



Dos escalas en Estambul

Cuando empezó el embarque, las filas de sus asientos los separaron. Ella volaba en una ventana de la fila 39; él, 20 filas más adelante.

SE VIERON por primera vez mientras hacían cola para abordar un vuelo a Estambul, en la terminal 1 de Barajas.
En realidad, ella le vio primero, aunque, una vez establecido el contacto, él fue más insistente. Los dos tenían aproximadamente la misma edad, a uno y otro lado de la barrera de los 50, y ambos viajaban en turista. Ella, profesora titular en una universidad pública, estaba acostumbrada. Él, arquitecto, se había quedado sin plaza en bussiness por la ineficacia de su nueva secretaria, que sólo había podido conseguirle una salida de emergencia a cambio de un precio, eso sí, incomparablemente inferior del que habría pagado por volar acostado.
Ninguno de los dos iba a Estambul, ninguno de los dos lo sabía. Por eso, él pensó que era una pena coincidir con una mujer tan atractiva en un vuelo con escala, y ella lamentó no haberse encontrado con aquel hombre tan interesante en el segundo tramo de su itinerario, un vuelo de casi 12 horas. Cuando empezó el embarque, las filas de sus asientos los separaron. Ella volaba en una ventana de la fila 39; él, 20 filas más adelante.
Mientras intentaban dormir, con resultados dispares, cada uno se acordó del otro con las mismas palabras, qué pena
La escala en Estambul no era muy larga, un par de horas en un aeropuerto casi desierto de madrugada, pero él salió primero y se fue directamente a un bar, donde se tomó dos whiskys seguidos con la esperanza de atontarse lo suficiente para dormir en su vuelo a Japón. Como había wifi gratis, se quedó hasta el último momento, y cuando se sentó en su salida de emergencia, ella ocupaba ya otra ventana, aún más al fondo. Mientras intentaban dormir, con resultados dispares, cada uno se acordó del otro con las mismas palabras, qué pena. Ella no llegó despierta a la cena, pero se espabiló a las cuatro horas. Justo cuando él acababa de dormirse por fin.
No coincidieron en las colas de inmigración. En la cinta del equipaje sí, apenas un par de minutos. Sus maletas salieron casi a la vez, pero sus trayectorias divergieron en la aduana. En la terminal de llegadas, sin embargo, casi tropezaron al dirigirse con idéntica decisión hacia el mismo cartel. Los dos se apellidaban Rodríguez, pero el conductor que sostenía un folio con ese apellido le estaba esperando a él.
–¡Vaya! –ella sonrió antes de imaginar el pésimo aspecto que tendría después de un viaje de 18 horas–. Qué casualidad.
–Sí –él le devolvió la sonrisa mientras pensaba que tenía muy buena cara–. Nos apellidamos igual.
En ese momento, una pequeña comitiva de profesores japoneses se la llevó, casi en volandas, hacia otra puerta de salida. En el último momento, giró la cabeza para mirarle y volvió a sonreír. Él maldijo su suerte en silencio, porque en otras ciudades del mundo habría tenido alguna posibilidad de coincidir con ella, en Tokio no. Tokio era demasiado grande, los trayectos en metro demasiado largos, los lugares donde comer extraordinariamente bien tantos, que pensó que nunca la volvería a ver. Eso era lo mismo que pensaba ella en el coche del director del congreso que la había invitado.
Los dos durmieron seis noches en Japón y, en efecto, no se vieron. Pero los dos tenían billete para volver en el mismo vuelo, siempre con escala en Estambul.
Los dos durmieron seis noches en Japón y, en efecto, no se vieron. Él estuvo todo el tiempo en la capital. Ella fue a Kioto y regresó el mismo día en el que él hizo una excursión a Kamakura. Pero los dos tenían billete para volver en el mismo vuelo, siempre con escala en Estambul.
La segunda fue mucho peor, y no sólo porque era bastante más larga, sino porque llegaron molidos después de doce horas y pico de vuelo y con seis horas de menos, que al llegar a Madrid serían ocho. Allí, al abordar el segundo tramo de su viaje de vuelta, volvieron a verse, pero estaban tan cansados que ninguno de los dos reaccionó. Un rato después de despegar, sin embargo, él se levantó, la buscó y la encontró dormida. Volvió a su asiento, escribió una nota y la dejó, junto con su tarjeta de visita, encima de su bandeja.
Hola, decía. Hace 10 años no habría parado hasta conseguir ligar contigo, pero estoy machacado, demasiado cansado para hacer nada mejor que esto. Me encantaría que me llamaras, un beso.
Al volver a su asiento, cruzó los dedos mientras reconocía, a su pesar, que el problema no eran las horas, sino la edad.
Al despertarse, ella vio la nota y sonrió, pero cuando fue a buscarle, él se había quedado dormido.