4/11/2014

Bajo palio



Faltaba Maruja Torres para cerrar el capítulo de Rouco y los funerales de Estado (católico, por supuesto) de Suarez.  El día que algún político, incluso de izquierdas, se levante en medio de una homilía, o mejor, el día que nuestros políticos, incluido la Jefatura del Estado, todos empezando por la izquierda, dejen  de asistir a actos religiosos “oficiales” y se respete lo previsto en un Estado no confesional las cosas empezaran a cambiar. Mientras tanto, cualquier soplagaitas vestido de payaso, con una gorra absurda y con báculo de plata a cargo de los presupuestos del Estado, se cree con el derecho a decirnos lo que tenemos que pensar.
    

Bajo palio

Con un par de botafumeiros, Rouco Varela brama su apocalipsis. Delante del Rey, de la Patria, del Ejército, de los Presidentes y de la madre que los parió. Habla, y nadie se pone en pie y le grita: "¡A ver si te callas!"

Urkullu censura que Rouco "desdeñe la democracia basada en la voluntad popular"
Cada misa que pasa me gusta más Rouco Varela. Al margen de que tenerle a él delante es como hacer turismo gratuito -un tour guiado por las catacumbas de Roma, o una visita al túnel del tiempo, a Pío XII cuando bendecía los tanques nazis-, verdaderamente es la persona, con o sin faldas, que mejor ha comprendido la España en que vivimos, ésta de la marca de hierro candente en forma de yugo que llevamos grabada a baba mala en nuestros lomos.
Lo que él dice no nos gusta. Pero el hecho de que lo diga, alto y claro, impunemente, antes como capo de la Episcopal y, ahora, como arzobispo almudenero de la capital del Reino -lo pongo con mayúscula por pura corrección en el estilo- debería hacernos reflexionar acerca de lo que hemos llegado a ser, lo que hemos aceptado retroceder desde que la voluntad popular mayoritaria de los votantes, así como la indiferencia de los no votantes, nos puso a los pies del caballo en el que se montó Pablo después de haber sido derribado por aquel noble potro que se lo sacó de encima por fanático.
Con un par de botafumeiros, Rouco Varela brama su apocalipsis. Delante del Rey, de la Patria, del Ejército, de los Presidentes y de la madre que los parió. Rouco Varela habla, y nadie se pone en pie y le grita: "¡A ver si te callas!". Todos aguantan, como cabritos, y ni siquiera el cadáver excelente se remueve en el féretro. No se nos aparece, para consolarnos, el demócrata Tarancón, aquel buen cardenal para quien los de Rouco, futuros mimbres de este régimen, pedían el paredón: Tarancón y su espíritu, por mucho Versalles que le echen a la memoria de Suárez, han sido reducidos a cenizas. Tampoco se nos manifiestan los curas buenos que se curraron su cielo haciendo de obreros y trabajando en las barriadas pobres: han sido aventados, anulados por las huestes del Mefistófeles éste de las enaguas.
Es singular la pachorra con que nuestros prohombres y promujeres escucharon las palabras del arzo-avispa, inmóviles en sus bancos, culos gordos morales y tripas espirituales contentas -aparte de las físicas: la guata, homenaje a Chile desde aquí- mientras, con un hilo invisible, sujetaban los globos de su ego, que se alzaban hacia lo alto de esa fea basílica, tan elocuente y parábola de la oquedad de nuestros días, llenando el espacio de peste a pedos de una calidad indescriptible, y que por tanto no describiré. En su afán por loar la Transición, por adueñarse de ella, por adaptarla a su medida, unos y otros aceptaron una ética y una estética absolutamente franquistas, que tuvieron en Rouco Varela su mejor sinfonía de síntesis.
Aquello no era un funeral. Era un trastero. Sin embargo, esas siluetas polvorientas, sometidas gustosamente a los aspavientos de yihad proclamados por un eclesiástico decrépito pero bien pagado, esos fantasmones, lo queráis o no, están en activo. En sus poltronas gubernamentales, sus bancadas parlamentarias o sus consejos de administración.
Contemplando como nos hundimos, cómo se hunde la libertad, a golpe de sermones y de hostias en la calle.
Más honrado sería que formaran disciplinadamente detrás del monseñor. Y que lo hicieran, todos, bajo palio.

11/12/2013

Sumision



“(…) Sin duda, lo que llamamos civilización occidental moderna y lo ésta se esforzó en lograr, se fundamenta por un lado, en las tradiciones griegas y romanas en lo civil, y por otro en las tradiciones judeo-cristianas en su ideología y base religiosa. Los abusos mencionados anteriormente (relativos a la discriminación secular de la mujer en las sociedades cristianas)  llevaron a que a medida que el mundo se fue modernizando, las mujeres salieran a las calles a reclamar por sus derechos organizadas en movimientos feministas de pensadoras, educadoras y activistas. El péndulo se balanceó para el otro lado y entonces las mujeres exigieron la igualdad absoluta de derechos y la liberación de tantos años de machismo y abusos. En muchos de los países laicos de hoy en día, la mujer tiene la igualdad de derechos en muchos aspectos, pero al mismo tiempo, esa igualdad la ha expuesto a una agresividad inmoral y materialista que la considera como un objeto sexual a la venta. La ruptura de la unidad familiar y la propagación de la inmoralidad sexual, el aborto, la homosexualidad y los desvíos criminales han causado reacciones adversas dentro de la sociedad, en especial por parte de los religiosos o conservadores, que no pueden ir contra la corriente. En este contexto y con el legado que nos deja la historia, voy a presentar las características de los derechos de la mujer en el Islam y brindaré respuestas a algunos errores de concepto comunes, para demostrar que es mejor seguir la guía de Dios que dejar que el hombre y la mujer se guíen entre sí según sus caprichos.” (para mas información http://viveislam.islammessage.com/Article.aspx?i=111 )

Es evidente que la controversia entre la Iglesia católica y el Islam, sustanciada por el Papa Benedicto XVI en una conferencia sobre Razón y Fe no va más allá que denunciar la conversión forzada y la difusión de la fe por medio de la violencia, que se considera irracional pues “la conversión debe pasar por la razón”. Por lo que se ve, otros aspectos de la práctica  religiosa de ambas culturas son menos distantes que lo señalado por el Papa Benedicto. Para muestra lo que se mantiene sobre las mujeres en el Islam actual y lo que declaran “nuestros” obispos en cuanto se “descuidan” un poco. Como aquel de Tenerife sobre los adolescentes que desean los abusos y “si te descuidas te provocan”. Lo último viene de otro (arz) obispo mediático que ha autorizado la publicación de un libro que propone a la mujeres casada la sumisión como suprema muestra de obediencia y generosidad. Por cierto, nunca había oído hablar del “aoristo pasivo” y ahora que lo he leído, no lo entiendo. Y yo que creía que el griego era una perversión… ( con sumisas, por supuesto ).      



Al obispo de Tenerife le provocan
"Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece". En estos términos se ha referido al abuso de menores el obispo de Tenerife Bernardo Álvarez en una entrevista que publica el diario local La Opinión….

El Arzobispo de Granada y las “sumisas” 
La editorial Nuevo Inicio, una iniciativa directa del Arzobispado de Granada, ha editado un libro titulado 'Cásate y sé sumisa', de la autora italiana Costanza Miriano, en el que por 16 euros se enseña la "obediencia leal y generosa, la sumisión". Esta editorial ha editado el libro no exento de polémica como parte de su responsabilidad en relación con la dignidad cultural de la fe, según detalla en su página web. La editorial está presidida por el arzobispo Javier Martínez, famosos por sus declaraciones públicas contra el aborto, y el mismo que en una homilía dijo que la mujer que aborta "mata a un niño indefenso" y, por tanto, "da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar" de su cuerpo.

La publicación, que según adelantan algunos medios regionales Costanza entregó al Papa Francisco, inaugura una colección sobre la vida experimentada a través de los ojos de la mujer y desde la fe cristiana, según detalla el Arzobispado de Granada. Mientras el secretario general del Partido Popular andaluz, José Luis Sanz, ha apremiado este lunes al Arzobispado de Granada a "rectificar" y retirar el libro por considerarlo un "auténtico despropósito", éste no ve razones para hacerlo.
(…) Según informó el propio Arzobispado el pasado mes de septiembre, que recogía el resumen del libro, la autora "está casada, es sumisa -al menos le gusta decirlo- y tiene cuatro hijos". "Es católica y, por tanto, (casi) siempre está de buen humor. Es periodista y trabaja en la redacción de los telediarios de la RAI-3. Habría estudiado también filología clásica, pero, dado que de vez en cuando le asalta la duda de si el aoristo pasivo es o no un insecto particularmente desagradable, lo único que puede añadir a su currículum es que ha corrido varias maratones -lo cual le ha venido muy bien para llevar una familia numerosa-, que fue delegada de clase, que descubre y elimina los piojos a mano y que es capaz de darle el pecho a un bebé, de corregir -mal- los deberes a un niño y de quemar una empanada, las tres cosas a la vez".

11/07/2013

Provincialismo



Alguien dijo hace poco, como explicación de la crisis de la prensa, que los ciudadanos no se fían de los medios de comunicación y que no están dispuestos a pagar por la información. El fenómeno más acentuado es la polarización de ciertos medios, que parece sustituir a los propios partidos políticos y a los gobiernos  marcando el calendario y las políticas a seguir. No hay más que asomarse a las páginas de La Nueva España y contemplar el espectáculo infame de la manipulación informativa que cada día nos ofrece.Sobre esto escribe hoy Miguel Angel Aguilar y Manuel Vicent en domingo pasado. La guinda la pone la genial viñeta de El Roto.

Que pasen ustedes un buen día    


¿Vuelve la Anti-España?

En las elecciones de febrero de 1936, de los 473 escaños del Congreso de los Diputados el Partido Comunista de España logró 17 y Falange Española ninguno. Solo seis meses después, en julio, se produjo la sublevación de algunas unidades militares que degeneró en guerra civil. Entonces, fueron esas dos formaciones las que, a pesar de su insignificancia parlamentaria, terminaron polarizando el enfrentamiento entre las dos Españas y las dos Catalunyas que se combatían. Desde el principio, la guerra necesitó de esas palabras que carga el diablo y galvanizan a los combatientes. De ahí que quienes luchaban bajo las bendiciones eclesiales optaran por descartar que tuvieran enfrente a otros españoles de diferentes ideas o afinidades. Imaginaban que su lucha era la de la bestia y el ángel, conforme la describía en su poema el primer José María Pemán, a la altura de 1938.
En un lado, el de la Cruzada, combatía España. En el otro, sus enemigos, la Anti- España, la conspiración judeo-masónica-bolchevique, que debía ser erradicada de la faz de la tierra y aniquilada. El 1 de abril de 1939, el último parte del cuartel del generalísimo concluía diciendo “la guerra ha terminado”: Empezaba la victoria. La concordia hubo de esperar a que la convocara don Juan Carlos al ser proclamado Rey, porque solo quiso serlo de todos los españoles. La paz reconciliadora solo llegó con la Constitución de 1978. Han pasado 35 años y ahora son visibles los intentos de volver al lenguaje de la España auténtica y de la Anti-España. La puja decidida de prietas las filas pretende un dicasterio vigilante que mantenga su particular sentido de la ortodoxia. Las unidades de la Brunete mediática compiten entre sí para ganar el campeonato de la desmesura, sin dejar espacio a la reflexión inteligente. En vez de desactivar la desafección observable en Cataluña respecto de España; en vez de tomar posiciones “a favor de Cataluña en España”; en vez de evitar que prenda también otra desafección generalizada en el resto de España hacia Cataluña, pugnan por exacerbar los peores sentimientos y abonar el campo de los secesionistas.
Algunos medios pugnan por exacerbar los peores sentimientos y abonar el campo de los secesionistas
Siguiendo una actitud mimética, en Cataluña también se ha intentado trazar otra divisoria cainita entre los buenos catalanes, independentistas por supuesto, y los réprobos, resistentes a sumarse a la piña deseada. Por eso, como señalaba un buen amigo periodista en su telegrama a Artur Mas, el Molt Honorable President de la Generalitat, causa espanto que se creara de urgencia el pasado julio un registro oficial de adhesiones a las políticas impulsadas por el Gobierno de Cataluña. Su propósito declarado era recabar información y datos personales de los comulgantes adheridos, que se mantendrían en secreto hasta que conviniera hacerlos públicos. Es el Todo por la Patria, cualquiera que sea su perímetro. Parece seguir el precedente del certificado de adhesión al Movimiento Nacional, imprescindible en el régimen de Franco. Un sistema acreditado para distinguir entonces a los buenos y malos españoles y que iba a ensayarse ahora para hacer lo mismo con los catalanes. Ayer se anunciaba la renuncia a ese intento y debemos celebrar todos que se haya desistido del disparate.
Vienen enseguida los intérpretes totalizadores, que disponen de pizarra en las cabeceras relevantes. Suben al estrado y presentan en términos monolíticos las actitudes prevalecientes en Madrid o en Barcelona. Hablan, por ejemplo, de la prensa de Madrid caracterizándola a partir de sus expresiones más arriscadas. Las perciben como una amenaza, pero deberían saber que esa amenaza antes expandirse y vadear el Ebro hace sentir sus efectos más inmediatos sobre quienes están avecindados en Madrid. Porque quienes viven y trabajan en la Villa se sienten avergonzados cuando se elige a los alistados en las filas del exabrupto como si fueran sus abanderados indiscutibles e indiscutidos. Madrid es ancho y ajeno a esa barbarie dialéctica. Tiene múltiples circuitos para la atribución del prestigio social, en modo alguno cristaliza en la abyección sino que reconoce la inteligencia sintiente, conforme a los esclarecimientos de Xavier Zubiri. Conviene distinguir bien en vez de extraviarse siguiendo algunos señuelos, que la convertirían en el destino natural de los improperios proferidos en defensa propia.
Porque los valedores de la españolez están siempre estrechando el perímetro de su particular España y ampliando el de sus sospechas para incluir allí a cuantos actúan con conciencia y criterio propio sin atender a la servidumbre que les querrían imponer. Así son etiquetados con la estrella de la Anti-España, por ejemplo, el vicepresidente de la Comisión Europea Joaquín Almunia, el juez del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo Luís López Guerra o el padre de la Constitución Miquel Roca. Quien les estigmatice lo hace también a todos nosotros. Vale.

Respirar

Esa algarabía insustancial que transportan las ondas electromagnéticas forma en el espacio una capa venenosa contra la que de nada sirve ponerse una mascarilla

Dijo el Buda Gautama a su discípulo: ya tienes tarea para hoy, inspira, espira, inspira, espira. El Buda nació en Nepal en el 563 antes de Cristo y puede que en aquel tiempo el aire de ese país del Himalaya fuera tan puro como las palabras que pronunciaban los sabios. Pero hoy ese ejercicio de respiración hay que tomarlo con cautela, y no porque en este planeta no existan parajes todavía incontaminados, valles verdes con cascadas, ínsulas extrañas y jardines secretos. En cualquiera de estos lugares uno puede sentarse en posición de la flor de loto sobre una alfombra y respirar lenta y profundamente para absorber hasta el fondo de las entrañas toda la energía vital que transportan los iones del aire. Mas, por desgracia, ese aire en apariencia tan limpio está ahora muy viciado, no por el monóxido de carbono y otros gases tóxicos, sino por las ondas electromagnéticas que emiten la radio, la televisión, las tabletas y teléfonos móviles, que se expanden esféricamente por todo el universo no sin dejar en suspensión en la atmósfera toda la basura moral que producen los deseos frustrados la humanidad. Parece que esa contaminación es inocua porque no se ve, pero con la respiración uno inhala el parloteo estúpido de la gente, el sexo rudo, los rebuznos fanáticos, los exabruptos e insultos, los espionajes y acosos y todas las pesadillas de los visionarios. Esa algarabía insustancial que transportan las ondas electromagnéticas forma en el espacio una capa venenosa contra la que de nada sirve ponerse una mascarilla. Algunos exquisitos se creen a salvo de semejante ponzoña porque no mandan ni reciben mensajes por móvil, ni tienen Twiter, ni Facebook, ni WhatsApp y apagan la radio y la televisión en cuanto salta cualquier estupidez que pueda ensuciar su mente. Aunque ese ciudadano sustituya un programa basura o el gallinero insufrible de una tertulia política por los conciertos de clarinete de Mozart, no se librará de la peste que esos medios dejan atrás cuyo efecto es más tóxico que el monóxido de carbono. Se trata de un veneno de acción lenta que anula las defensas y sin darse cuenta uno pierde la autoestima y se ve envuelto en la mierda. Inspira, expira, inspira. Tiempos aquellos del Buda Gautama cuando el aire puro solo estaba impregnado con el pensamiento de los sabios.

10/10/2013

Doblaje o subtítulos



 Hay quien piensa que la obligatoriedad de doblar todas las películas en España, una norma de 1941 (tercer año triunfal) copiando la establecida en la Italia de Mussolini en defensa de la lengua, nos ha relegado en el conocimiento de los idiomas extranjeros, especialmente el inglés, y de hecho somos el único país de la comunidad iberoamericana que sigue doblando el cine que viene de afuera. Claro que en todas partes cuecen habas, y en Catalunya a calderaos, porque no hace mucho (2010) han aprobado una ley que obliga a las distribuidoras a doblar al catalán el cine extranjero, también, como aquella ley de Mussolini, para proteger el idioma de Greuges de Caboet, Ramon Llull, o de Milá y Fontanals.     

Salud camaradas


¿Habla usted mi idioma?

Los doblajes ponen en la boca de los actores algunas frases que no se usan en el mundo real

Algunas cosas solo suceden en el cine. Por ejemplo, mantener una agradable conversación telefónica y colgar sin decir “hasta luego”. O ir a un gran edificio en coche y aparcar justo a la puerta. O que todos los teléfonos empiecen con 555.
Los traductores del cinematógrafo han desarrollado también un séptimo arte de hablar. Así, escuchamos con frecuencia a los actores algunas frases que casi nunca oímos en nuestra vida cotidiana.
Cuando alguien no está de acuerdo con algo, suele decir a este lado de la pantalla: “No estoy de acuerdo”. O “no lo veo, chico”. O “ni de coña, maja”. O “ni hablar”. En cambio, si actuase ante una cámara diría: “No creo que sea una buena idea”.
Sabemos que los doblajes obligan a resolver un sudoku en el que juegan el movimiento de los labios y lo que se decía en la lengua original. Pero da la sensación de que algunos guionistas han tomado carrerilla y aplican esas extrañas fórmulas incluso a las obras rodadas en español.
Así, oímos a menudo en el cine: “¡Que te den!”. ¿Que le den qué? En el español de España se aprecia que falta algo. Además de lo que usted ha pensado, podría completarse así: “Que te den morcilla”.
En muchas películas, alguien cae rodando por las escaleras —propinándose un golpe en cada peldaño— y le pregunta quien le espera abajo para recogerlo amorosamente y reconfortarlo: “¿Te encuentras bien?”. Y el espectador tendrá ganas entonces de pensar: “Coño, ¿no ves que se ha caído por las escaleras?, ¿cómo se va a encontrar?”. Claro, porque el espectador, si estuviera al pie de la escalinata de mármol por la que se ha derramado el torpe protagonista, preguntaría en ese caso: “¿Te has roto algo?”; pues ha quedado claro que bien del todo no puede encontrarse.
Hay que entender todo eso, no es fácil traducir un diálogo con el metrónomo del movimiento bucal
Por el contrario, alguien se merece una felicitación por ese hallazgo tan exclusivamente cinematográfico que se pronuncia cada vez que se encuentran dos personajes en una selva, o similar: “¿Habla usted mi lengua?”. Merece elogio, digo, porque la fórmula sirve para cualquier idioma original en que se haya rodado la película y para cualquier lengua a la que se traduzca; pero si el otro no habla su idioma, ¿cómo va a entenderle la pregunta? Usted dígale “buenos días” y ya le contestará “buenos días tenga usted” si es que ha entendido su lengua. Si no la entiende, la misma cara le va a poner que si preguntara “¿habla usted mi lengua?”; y si la entiende se ahorrarán preámbulos y entrarán ya en materia después del saludo inicial.
En la vida real, alguna gente no sabe cómo decir que no. Debieran ir más al cine. Si alguien le propone a un amigo que cruce la montaña para encontrarse con su primo, pongamos por caso, puede recibir esta respuesta: “Cruzar la montaña no es una opción”. O sea, el actor dice de esa guisa lo que a este lado de la pantalla expresaríamos de otro modo: “No se puede cruzar la montaña”, tal vez porque alberga peligros insondables o porque sencillamente no se puede cruzar la montaña.
Si se hubiera rodado una película sobre el torero Rafael El Gallo, su famosa frase “lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible” la habrían formulado de otra manera: “Lo que no puede ser no puede ser, y además no es una opción”.
En algunas películas, lo que a este lado de la pantalla llamamos “funeral” se denomina “servicio religioso” (aunque no quede muy claro qué servicio recibe el muerto); y si alguien obtiene un éxito no gritará “¡bien, bien!”, o “¡qué suerte!”, o “¡de puta madre!”, sino “síiii, síiii, síiii”. Y si va a suceder una catástrofe, quien se da cuenta de lo que se avecina gritará horrorizado: “¡Ooooh, Dios mío!”. Y el que esté a su lado agregará: “¡Maldita sea, maldita sea!”.
Hay que entender todo eso, porque no debe de resultar fácil traducir un diálogo con el metrónomo del movimiento bucal.
Siempre será mejor la versión original subtitulada, claro; pero solo si tenemos la suerte de no encontrarnos muchas faltas de ortografía en sus textos. Porque, ¡ooooh, Dios mío!, a veces parece que en los subtítulos tampoco hablasen nuestra lengua.