11/25/2006

Asturiano oficial

Con aquello de "la patria es la infancia" de fondo, dice Andrés Trapiello en un articulo reciente que "la infancia es una suave patria sin fronteras donde nadie es menos que nadie, y eso es algo que toda persona noble respeta al llegar a ser adulta (...) la infancia no entiende mas que de un lenguaje propio, singular, el que hace que dos niños de clase, raza, lengua o cultura diferentesque acaban de conocerse en un parque puedan ponerse a jugar juntos formalizando un entendimiento prodigioso e instantaneo" al hilo de la conmemoración de los 50 años de television española, TVE.



Viene a cuento, debe ser que me traiciona el subconsciente al asociar infancia, patria e idioma, de la tan debatida oficialidad del asturiano y la posición encontrada de los que argumentan en uno y otro sentido. Es evidente que falta un debate en profundidad, porque si bien ha habido un gran consenso en la la Ley de promocion y uso, tambien en la creación y mantenimiento de la Academia de Llingua, no lo hay con la normalización impuesta sobre la unificación de las diversas variantes y mucho menos de la oficialidad, o cooficialidad del asturiano. Hay una corriente relativamente novedosa de los favorables a la oficialidad que se basa en asegurar que la oficialidad no supone obligatoriedad, el mismo profesor Llera lo utiliza como argumento. Pero a estas alturas, y vista la experiencia de otras Comunidades respecto a la practica de sus respectivas lenguas oficiales, nadie se cree que aqui no se van a dar el caso de la "inmersión lingüistica" del asturiano, en contra del español, con el "noble"proposito de mejorar la posición de aquel, supuestamente "minorizado". Tal vez, el rechazo hacia estas posturas "oficialistas" viene de la actitud dogmatica de los que las promueven, que ha generado no pocas guerras internas, y que se hacen visibles en la propia ejecutoria de la Comisión de toponimia que ha "oficializado" la toponimia de los primeros diez concejos de Asturias y cuyo resultado no ha dejado a casi nadie conforme. Otra cuestion, tampoco menor, tambien defendida por el profesor Llera, es atribuir como practicantes del Asturiano a la mitad de la poblacion actual de Asturias, lo que no tiene visos de realidad, como minimo es una exageración.
El articulo del profesor Llera resume muy bien los argumentos a favor de la oficialidad.



Oficialidad no es obligatoriedad

FRANCISCO J. LLERA RAMO


Vuelvo a leer con estupor las declaraciones del secretario general de mi partido (el socialista) en Asturias sobre la cuestión lingüística asturiana. A la vista de su reiteración, no sólo por él, sino por otros dirigentes del partido y del Gobierno asturianos, es obvio que no son circunstanciales, sino que responden al ideario «oficial» y a la estrategia de competición del mismo, lo que las hacen más preocupantes, si cabe, por el inmovilismo y la cerrazón que denotan. Perdón por mi atrevimiento, pero reivindicar o demandar la oficialidad de una lengua minorizada como el asturiano no es un síntoma de irredentismo nacionalista o de un radicalismo absurdo, salvo que cometamos el gravísimo error ideológico de entregar la defensa de los derechos lingüísticos o la promoción del bilingüismo o la identidad regional a las ideologías nacionalistas, dando por bueno el automonopolio que éstas están tentadas a atribuirse. Perdón de nuevo, pero hablar de una amenaza nacionalista en Asturias vinculada a la reivindicación lingüística, y, por tanto, seguir promoviendo una especie de cruzada local contra tal «molino de viento», es, como mínimo, una solemne majadería, que, por cierto y al contrario, sirve para catapultar a alguno de los preclaros y extremistas ideólogos locales de la misma a otras «gestas nacionales» que poco tienen que ver con los intereses o el ideario socialista. Si el problema fuese el nacionalismo, que lo dudo en nuestro caso, a éste se le discute y combate, democráticamente, de otras maneras, con otras políticas y, desde luego, no dándole por ganados espacios o demandas sociales como ésta. Vuelvo a insistir, una vez más, que toda esta confusión es fruto de una «ensalada ideológica» preocupante, que se está mostrando incapaz de resolver, por pereza intelectual o una suerte de neurosis obsesiva, la cuestión identitaria y lingüística asturiana de una forma pragmática, creativa e inclusiva, siguiendo la estela marcada por el espíritu y la letra de nuestra Constitución y el desarrollo que de la misma viene haciendo buena parte de las comunidades autónomas. Pero, además, bastaría con que nos inspirásemos y recuperásemos el hilo de nuestra vieja tradición ilustrada jovellanista y otras corrientes locales del pensamiento progresista, que nos dieron a los asturianos un puesto en la historia de las vanguardias modernizadoras de nuestra nación.
Uno espera de los partidos, en general, y muy especialmente de su partido, que sean coherentes, tanto en sus principios como en sus políticas, y, además, lo hagan de acuerdo con el diseño democrático de nuestro marco constitucional. La FSA del PSOE, que es y ha sido el principal responsable del autogobierno asturiano, es un partido nacional en su ideario, su ámbito y su estrategia, organizado de forma, más o menos, federal, aunque con asimetrías territoriales evidentes. Refleja en su organización, con mucha probabilidad, mejor que ningún otro la idea de la España «plural» que inspira nuestra Constitución democrática. Pero esta pluralidad tiene sus límites no sólo en la propia Constitución, sino también en el ideario socialista y podría decirse que hasta en el sentido común. En efecto, la pluralidad, para no desbordarse en particularismo egoísta e insolidario, debe tener su tope en la igualdad de derechos de todos los ciudadanos españoles, en la cohesión social solidaria y en la cooperación centrípeta interterritorial. Todo ello viene muy a cuento en las actuales reformas estatutarias y, muy particularmente, en el caso asturiano y su situación lingüística. Pero, en todo caso, en esos principios tan fundamentales no debería haber diferencias entre los grandes partidos nacionales, llamados a alternarse en la responsabilidad superior de la gobernanza avanzada de nuestro sistema constitucional. Ambos han gobernado, gobiernan o han respaldado las leyes de oficialidad y las políticas de bilingüismo, que afectan a más de diecisiete millones de ciudadanos españoles (más del 40 por ciento del total) en siete de sus comunidades autónomas, y son consecuencia obligada del reconocimiento y protección de los derechos lingüísticos previstos en el artículo 3 de la Constitución española y los respectivos estatutos de autonomía.

Sólo la clase política asturiana mantiene la excepcionalidad lingüística de nuestra comunidad. Por un lado, a pesar de reconocer estatutariamente la existencia de la lengua asturiana, de crear la Academia de la Llingua Asturiana y apoyar su acción normativizadora, de aplicar políticas de escolarización en asturiano o de promoción de la creación literaria, de aprobar una ley de Promoción y Uso, de respaldar por unanimidad en la última legislatura el plan de normalización y los sucesivos decretos de normalización bilingüe de la toponimia local; en definitiva, a pesar de reconocer la realidad bilingüe de la sociedad asturiana, nuestra clase dirigente, tanto popular como socialista, mantienen a la lengua asturiana en el «limbo constitucional». Al no comprometerse a aplicar el citado artículo tercero mediante la declaración de oficialidad del asturiano, como han hecho en el resto de comunidades autónomas, le hurtan a nuestra comunidad el derecho al bilingüismo efectivo y, sobre todo, les niegan a más de medio millón de ciudadanos asturianos bilingües la plenitud de los derechos lingüísticos que esos mismos partidos les reconocen a millones de ciudadanos españoles en otras latitudes regionales. ¿Dónde están la igualdad de derechos de todos los españoles, la cohesión interterritorial o la pluralidad nacional prescritas por nuestra Constitución ? ¿No les escandaliza a nuestros políticos este agravio comparativo? ¿Piensan realmente que nos podamos creer que el problema sea la obligatoriedad ? No es verdad, salvo como confuso «engañabobos» para ocultar la propia responsabilidad política, en nuestro caso, o perversa aplicación de una política etnicista excluyente, en algún otro, que la oficialidad implique obligatoriedad para los hablantes, es decir, para los ciudadanos. No es obligación a hablar en asturiano lo que se demanda, sino derecho a poder hacerlo voluntariamente y en igualdad de condiciones y dignidad que el castellano. La única obligatoriedad de la oficialidad es la que nuestro sistema constitucional exige a las administraciones públicas a la hora de desarrollar políticas efectivas de bilingüismo. Sería muy de agradecer, y legítimo exigir, a nuestra clase política que deje de marear la perdiz y sea consecuente y coherente con el reconocimiento estatutario del asturiano y, por tanto, alcance el necesario consenso para que en la próxima reforma estatutaria quede resuelta, de una vez, la plena madurez constitucional de los asturianos y su lengua vernácula.

Francisco J. Llera Ramo es catedrático de Ciencia Política y director del Euskobarómetro en la Universidad del País Vasco, miembro de la Academia de la Llingua Asturiana, autor de las dos encuestas sociolingüísticas de Asturias y, más recientemente, de «El asturiano en Gijón».

1 comentario:

Astur dijo...

No creo que falte un debate en profundidad. La cuestión es que hay dos posturas claramente encontradas: una, que defiende la oficialidad del asturiano y otra, la defendida por los ineptos políticos que nos gobiernan, que se cierran en banda y que intencionalmente asocian asturiano con términos como ‘imposición’, ‘obligatoriedad’ y nacionalismo. Por otro lado, cuando dices que hay una corriente que se basa en asegurar que la oficialidad no supone obligatoriedad, está claro que así es. La gente puede hablar lo que le venga en gana. Si yo quiero hablar chino, nadie me va a obligar a hablar otra cosa. ¿O es que se ha dejado de hablar castellano en Barcelona? ¿Y en Eibar? ¿Y en A Fonsagrada? Yo creo que no y nadie, siendo honesto, haría tales afirmaciones simplemente porque en esos lugares el catalán, vascuence y gallego son cooficiales con el castellano. Sin embargo, la diferencia, como argumentaré más tarde, con Asturias, es que allí la gente puede elegir libremente qué quiere hablar sin que la tachen de ‘paleta’ o la miren como si fuese un extraterrestre. En Asturias sólo hay una lengua oficial impuesta: el castellano.

Respecto a la normalización, hay gente que confunde (incluyendo tu caso) normalizar con escribir tal como se habla (¡Dios nos salve de tener que escribir como hablan los andaluces!). Efectivamente, la normalización del asturiano se ha planteado intentando respetar las variantes, pero no se puede satisfacer a todo el mundo (a mí no me gustan términos como ‘güisqui’ o ‘cederrón’ que aparecen en el DRAE, por ejemplo). Y la presunta falta de consenso se debe más a sus detractores que a los que defienden un uso escrito de la lengua asturiana. Es el típico argumento para desprestigiar una lengua. Y sin embargo, la gente se queda tan pancha con la normalización de la RAE, a pesar de que ya hace mucho tiempo que no representa lo que realmente se habla en la calle, ni tiene por qué hacerlo. La norma escrita es eso, una norma con la que podamos entendernos los hablantes de una lengua, para que haya una ortografía y una gramática que sea aceptada por todos. Y está claro que no es lo mismo aceptar la normalización propuesta por la RAE, que ya existe desde 1715 y con la ventaja de ser una lengua de prestigio, que la normalización del asturiano hecha por la ALLA, que existe solo desde 1981 y con todas las cortapisas a las que ha tenido que enfrentarse. Y no me negarás que el castellano tiene muchas más variantes dialectales que el asturiano, empezando por las hablas andaluzas, continuando por las extremeñas, murcianas, riojanas, etc. sin olvidar las de Latinoamérica, de forma que a veces resulta difícil entendernos en el habla. Ese manido argumento referido al asturiano no sirve.

Tu argumento sobre la “inmersión lingüística” es más del tipo: ¡Qué viene el coco! ¡Qué miedo! ¿Cuál sería el problema si así se diera? Precisamente la Comisión Europea presentó hace poco, para el Día Europeo de las Lenguas, el 26 de septiembre de este año un informe que puedes leer (en inglés) en el siguiente enlace:

http://ec.europa.eu/education/policies/lang/doc/multireport_en.pdf

En él se pone como modélicos los sistemas educativos de Galicia, Cataluña, País Vasco y Comunidad Valenciana, con lo que aún suponiendo que en la lejana posibilidad de que se diese tal caso, no habría ningún problema. Es más estaría reconocido por un organismo no viciado por prejuicios seculares y que valora el multilingüismo como herramienta básica para la Europa del futuro, siendo las lenguas regionales un pilar de ese multilingüismo. Respecto a tu ironía sobre el “noble” propósito y la lengua “supuestamente “minorizada”, realmente muestra tus prejuicios contra la lengua asturiana al suponer que una recuperación de la lengua se haría en contra de la lengua castellana y no en situación de complementariedad. En Luxemburgo, por poner un ejemplo, el sistema educativo se realiza en tres lenguas: luxemburgués, francés y alemán, además del inglés como lengua extranjera. Es el país más rico de la UE y uno de los más ricos del mundo. No creo que la oficialidad del luxemburgués cercene las posibilidades del francés y del alemán. Al contrario, permite a la población no hablar ni escribir un pastiche como se hace aquí en Asturias, que no es ni asturiano ni castellano. Si planteamos las cosas desde la confrontación, está claro que la vamos a encontrar. Con la oficialidad se trata de sumar, no de restar.

Siguiendo el hilo, la actitud dogmática creo que parte del frente antioficialidad. Quienes defienden la oficialidad de la lengua asturiana simplemente quieren que se cumpla con la Constitución Española de 1978, que reconoce el derecho a la oficialidad de las lenguas regionales en su contexto geográfico. Los problemas de la Junta de Toponimia han venido más bien por parte de vecinos mal informados y prejuicios políticos. Un topónimo como Llugones en Siero, por ejemplo, no es tan radicalmente diferente de Lugones y sin embargo se puede armar la marimorena.

Por último, la encuesta del profesor Llera se basa en criterios cientificos. Dices que ‘no tiene visos de realidad, como mínimo es una exageración’. ¿Pruebas que lo avalen? ¿Datos estadísticos contrastados? No valen las tertulias de café. Si yo me voy a Alemania y me relaciono exclusivamente con españoles, puedo llegar a afirmar que el alemán no se habla mucho en el país. Con el asturiano pasa lo mismo: si yo siempre hablo en castellano, no voy a oír asturiano, evidentemente. Por otro lado, no siempre lo que se oye en la calle es lo que se habla en casa. La falta de prestigio a la que se ha sometido el asturiano hace que haya gente que no lo hable de puertas para afuera por vergüenza, pero no significa que no lo hable en otros contextos. En todo caso lo que acabas de decir es una tautología, afirmas una verdad que tenemos que aceptar cual dogma, sin argumentarlo.

Lo que está claro es que el asturiano hoy no es oficial por motivos políticos y se usan prejuicios seculares y se explotan hasta la saciedad en un ejercicio de racismo lingüístico para no hacerlo. Sin embargo, existen criterios científicos y por cuestión de dignidad y derechos humanos que van en sentido favorable a la oficialidad.

Será por eso que el sábado hubo 20.000 manifestantes a favor de la oficialidad, de varios partidos políticos, y representantes de la cultura y del arte, además de mucha gente anónima. Y qué curioso. Si la manifestación hubiera sido por otro motivo, habría salido en primera plana, pero como era por la oficialidad, ocupó espacios de “Cultura” y hasta de “Espectáculos” de la prensa ‘regional’, mientras que la prensa nacional en su mayor parte la ignoró. Sin embargo, una manifestación de cien personas en Logroño contra ETA o cuestiones mucho más peregrinas como lo que lleva vestido la princesa, son mucho más “importantes” para los medios de comunicación. ¿Quién es el que manipula? ¿Quién es el imparcial?

En tu blog haces de la imparcialidad una especie de bandera. Siento decirte que no he visto tal en este artículo. Un imparcial analiza todos los puntos de vista. Yo estoy a favor de la oficialidad, está claro, pero no creo que tenga que ser motivo de enfrentamiento lingüístico si no queremos. Creo que es una cuestión de dignidad. No se trata de ser igual o más que los demás. Se trata de defender un patrimonio cultural como conservamos el prerrománico, la catedral de Oviedo o el bosque de Muniellos. Se trata de un derecho fundamental como el que la mujer pueda votar y abortar o que los homosexuales puedan casarse. Nadie obliga, pero tampoco se prohíbe. Con el asturiano es lo mismo. Ni más ni menos.

Siento haberme extendido tanto, aunque como dices que es un ámbito de debate, ahí tienes motivos para reflexionar. No me gusta soltar tanto ‘rollo’, pero la complejidad del tema lo exigía. Como ves, he escrito en castellano para no que no tengas que ‘esforzarte’ por leer en otra lengua normalizada que, por lo visto, parece que no tiene derecho a su existencia. Es una pena que no haya podido tener la oportunidad de estudiar en esa lengua, que es la mía materna, y todo lo que sepa de su expresión escrita haya tenido que ser vía autodidacta. ¿Quién impone a quién?