11/10/2006

Fundamentalismos


Para Juan José Millás el fundamentalismo religioso a ganado la guerra, porque definitivamente las nuevas normas de seguridad en los aeropuertos no son otro caso que "practicas religiosas" destinadas a humillarnos:

"Cualquier persona con dos dedos de frente sabe que las medidas de "seguridad" adoptadas a partir de este semana en los aeropuertos son una locura. Nada es mas inseguro y humillante que cruzar un arco antimetales descalzo y sujetandose los pantalones ante la mirada irónica o suspicaz de un grupo de uniformados (...) el problema será cuando no nos dejen pasar con toda la masa encefálica o con cantidades de pensamiento superiores a las permitidas por la directiva europea o por Alá..."

Y el caso es que cuando mayores son los aeropuertos, mas lujosos y mas inaccesibles, como las catedrales modernas diseñadas por los arquitectos de moda, en donde entras en un restaurante mas o menos rápido y antes de nada tienes que preguntar como hay que hacer para comer, si el primer plato te lo sirven o has de pedirlo en un mostrador y el resto, menos la bebida y el postre, te lo dispensa una maquina, sin olvidarte que en la caja de la salida debes decirle el codigo de cada uno de los productos y su lugar de origen. Pues, como decia, en un entorno así, desfila una coleccion de pasajeros en calcetines y con bandejas en la mano y una bolsa de plastico donde se ven todos los frasquitos recogidos en los hoteles sospechosos de contener acido bórico, por lo menos.
Total, que tanto entorno de ultimas tendencias arquitectonicas y artisticas no tranquiliza nada y sabiendo lo que nos espera, nos deja tan frios como a Alvite en sus visitas a exposiciones.

"(...) Recuerdo los cuadros que exponía una señora en cierta galería compostelana. Rebosaban colorido pero no pude captar una sola idea en ninguna de aquellas obras. Era como si a la buena señora las pisadas del perro le hubiesen vaciado a boleo sobre el lienzo los tubos de los óleos. "¿Qué te parece este cuadro?", me preguntó la artista adoptando esa actitud casi condescendiente que adoptan los pintores presuntuosos cuando cazan al vuelo a un espectador algo encogido al que suponen dispuesto a la adulación. Mi respuesta, tan sincera como lacónica: "Mi madre tiene una colcha así". Ignoro qué respuesta le dieron las otras personas a las que les hubiese consultado. Al salir de la sala me crucé una sonrisa cómplice con la señora de la limpieza. No nos dijimos nada. Fue una intercomunicación rápida, silenciosa y concreta, suficiente para intuir que la buena de la señora de la limpieza se volvería aquella noche a casa con la frustración de no haberle pasado a toda la exposición la bayeta del retrete empapada en sosa cáustica..."

Salud
P.D.: De ilustracion, un curioso mapa de "la Europa de los pequeños estados".

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