1/09/2008

El caganer en bata

Cuando el Consejero de Sanidad dijo aquello (tambien que habia que ir "llorados al trabajo") seguro que no estaba pensando en aquel médico que tenía la "costumbre" de marchar a casa con el papel higienico del trabajo, aunque este mismo tiene otras costumbres mas gravosas para la propia administración sanitaria, y sobre todo para la víctima, como robar a sus pacientes. Tampoco debería estar pensando en aquel otro que desde la ventana del consultorio se exhibia desnudo para sorpresa y escandalo de sus vecinos, ni siquiera en el caso mas reciente de aquel que puso en jaque a toda su consulta, ante el delirio de creerse superman, ni en el interminable anecdotario que registra nuestra sanidad pública. Lo que es seguro es que las palabras del Consejero han sido excesivas e inoportunas y comprensible la reacción de algunos profesionales ante la falta de aprecio hacia su trabajo por parte del máximo responsable de la politica sanitaria, tal vez en este articulo reciente del doctor Rendueles, un habitual en la prensa regional que ha escrito un interesante artículo sobre la Psiquiatrización del mal, relativo a un caso de agresión sufrido por él mismo a manos de un supuesto enfermo mental, se olvida entre los "problemas pavorosos" que tiene la sanidad en Asturias el referido a la percepción que los ciudadanos tienen del sistema publico, de sus medios, organización y personal, y a su valoración por separado.

El "Hipermobbing" y el Consejero de Sanidad
GUILLERMO RENDUELES

La muy celebrada ocurrencia navideña del señor Quirós respecto a la obligación de que los trabajadores sanitarios acudamos a nuestras labores «cagados, desayunados y con el periódico leído» es, a la vez, anacrónica e hipermoderna. Hace unos años, corría un par de horas cada domingo -preparaba la maratón de Madrid- con Juan, un amigo que había trabajado en el antiguo Banco Gijón. Alguna vez, teníamos que interrumpir la carrera y buscar un escondite donde deponer; a propósito de esos incidentes, Juan me contaba cómo un casposo jefe de negociado del banco que le amargó su juventud, cada vez que tenía que ir al baño, le hacía literalmente el mismo reproche -hay que venir cagados a trabajar- con el que el señor Quirós nos exhortó a los sanitarios en su discurso. Pero, curiosamente, cuando se escucha el sufrimiento en el trabajo en los grandes supermercados o en los centros logísticos, el obrero posmoderno se queja con extraño patetismo de cómo es imposible la autoestima, si el jefe te controla los esfínteres. Se escucha cómo humilla a la cajera de un supermercado, o a un teleoperador, el diálogo con su supervisor, cuando le pide que le sustituya para ir al baño.

Los animosos editores de «Traficantes de sueños» acaban de publicar un interesante libro, «La empresa total», de Renato Curcio (sí, el antiguo dirigente de las Brigadas Rojas), que describe la reciente microcontrarrevolución laboral, que ha puesto en manos de las gerencias el control total sobre la fuerza del trabajo. Las formas de mando y las técnicas de gestión de los «recursos humanos», los mecanismos de captación y la destrucción de las resistencias, la asfixiante atmósfera de indefensión y aislamiento son desveladas con rigor por Curcio. Y cuando se quita el velo a esas nuevas relaciones de dominio, se descubre que ese sufrimiento laboral que los posmodernos reducen a la individualidad con el nombre de «mobbing» no es sino una característica general del trabajo. Por ello, si se quiere conservar el término para describir ese sufrimiento generalizado de la mayoría de los trabajadores, habría que hablar de «hipermobbing» (...)
Si el señor Quirós fuese un político ilustrado, hubiese dedicado su discurso navideño a los tres problemas pavorosos que tiene su ministerio. La economía sanitaria de esta autonomía está quebrada y nos situará en la necesidad de un nuevo tributo. La pirámide de población asturiana es la peor del planeta, y eso incluye tanto al personal sanitario como a las necesidades sanitarias de los usuarios. El gorrón -el «free reader» de los repipis- es la figura dominante en el imaginario popular asturiano que busca ventajas y tutela en todas las instituciones sociosanitarias sobrecargándolas hasta lo inservible. Mostrarse humilde, pedir indulgencia y tiempo para cambiar esa catastrófica situación indicaría prudencia o, al menos, maquiavelismo en el señor Quirós. Dedicar su discurso navideño a eludir esos problemas y centrarlo en imponer disciplinas taylotistas y provocar a los licenciados con exigencias burocráticas para acceder a la carrera profesional refleja, en cambio, una voluntad de conflicto que no dudo que desencadenará en breve una huelga médica. Camino del dichoso baño, me tropecé, unos días después del dichoso discurso quirosiano, con un compañero de trabajo. Aunque pertenecemos a colectivos bastante opuestos -él se presentó en las listas del sindicato médico, y yo, en las de la Corriente Sindical de Izquierda-, nos reímos al constatar nuestra común voluntad de desobediencia usando el papel higiénico en horas de trabajo.


Guillermo Rendueles es psiquiatra en la red sanitaria pública de Gijón

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace años, un eminente urólogo pronuncio la misma frase que la tan celebrada, actualmente, del Consejero de Sanidad. "A trabajar hay que venir cagados". Era el mismo que lanzaba los bisturis en el quirófano cuando las cosas no iban bien. Hoy es la frase del Consejero la que toma relevancia en los mentideros sanitarios y no sanitarios. No voy a enjuiciar si la frase fué dicha en el lugar y momento mas adecuado.Tampoco voy a valorar el tinte mas o menos escatológico ni si ha sido sacada de contexto, como se suele decir ahora, cuando has metido la pata. Pero lo que sí me atrevo a afirmar es que tiene una alta carga de razón, sobre todo si en el punto de mira del Consejero estaba el estamento médico. Nadie duda del terreno, altamente sensible, que se pisa cuando se habla del desarrollo de la tarea sanitaria y mas, cuando ese quehacer es del médico. Palabras como abnegación, vocación, ministerio, entrega, sacrificio......son evocadas habitualmente cuando se toca la fibra sensible del estamento. No seré yo quien abdique de tan altas atribuciones en mi desarrollo profesional pero sí me atrevo a denunciar el status de "vaca sagrada" que disfruta el médico, voy a concretar, el médico hospitalario en lo que concierne a una mínima exigencia de disciplina laboral. No conozco ninguna empresa, pública o privada, en la que a los estamentos de alta cualificación se les permita, desde las instancias gestoras, un nivel tan alto de indisciplina. Podria argumentarse, y se hace, que se transige a cambio de una mayor disponibilidad (se cobre por la exclusividad), de un trabajo mas cualificado que el resto de trabajadores (el concepto de "productividad" es mas elevado para el estamento médico), de una "mala conciencia" de la Administración Sanitaria en la valoración de la Atencion Continuada (la hora de un especialista se valora con 14 euros)............Pero todo esto que es y puede ser objetivo de ningún modo puede justificar una flexibilidad horaria que repèrcute en la atención a los pacientes. Este es otro cantar. Si el Consejero se refería a este cantar, y creo que la partitura era esta, en la misma y en clave de do mayor debe figurar la escatológica frase: ".....HAY QUE IR CAGADOS.....".Saludos. Ramón.

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