En relación con el artículo, sobre la infección urinaria tras una biopsia de próstata, han sido varias las personas que me han preguntado sobre la prostatitis aguda, y me han aupado a escribir sobre ello, así que aquí estoy.
Descrita por primera vez en 1815 por Legneau, la descripción de la presentación clínica, junto a la anatomía patológica, se llevó a cabo en 1906, por Young, Gereghty y Stevens.
Más frecuente en hombres jóvenes -es el diagnóstico urológico más común en menores de 50 años, y el tercer diagnóstico en orden de frecuencia en mayores de 50 años-, la sintomatología general se basa fundamentalmente en fiebre alta. No son raros los episodios de bacteriemia -presencia de bacterias en sangre-, con escalofríos, mialgias -dolores musculares- y sensación de quebrantamiento general. Existen síntomas de dolor perineal -región anatómica que se encuentra entre el ano y el escroto-, irradiado a pene, con molestias rectales y en parte baja de abdomen y espalda. Unido a todo esto es característico un síndrome miccional intenso, como expresión de un cuadro agudo de irritación vesical, con marcado aumento en la frecuencia miccional, escozor al orinar y ocasionalmente hematuria -presencia de sangre en la orina.
Este cuadro clínico se puede complicar con episodios obstructivos, más o menos completos, que llegan incluso a la retención aguda de orina -imposibilidad para la micción-, precisando de la colocación de una sonda vesical.
Los factores de riesgo que permiten la colonización de la próstata por bacterias patógenas son: a) reflujo intraprostático -orina que retrocede de la uretra y se introduce en el interior de la próstata-; ello puede ser producido por una dificultad para que salga la orina a través de la uretra, como ocurre en la hiperplasia benigna de próstata, en la estenosis de uretra -zonas de estrechez- o incluso en una fimosis acusada; b) relaciones sexuales anales sin protección; c) sondas vesicales; d) manipulaciones uretrales; e) biopsias transrectales -a través del recto-, y f) alteraciones inmunitarias.
Para su diagnóstico merece la pena realizar una ecografía, y es obligado un cultivo de orina que nos demostrará la presencia de la bacteria -en ocasiones existe más de una-, y los antibióticos que van bien para atajar la infección -antibiograma.
La evolución, con un tratamiento antibiótico adecuado, suele ser la curación y resolución del proceso. Bien es cierto que la próstata posee una especie de barrera -al igual que la placenta y el cerebro- que hace que los antibióticos penetren con dificultad, por lo que el tratamiento se debe mantener durante un mínimo de cuatro semanas. Para los síntomas clínicos ayudará la toma de antiinflamatorios, siempre y cuando sean pautados por el médico que trate el caso en particular.
Habrá que evitar alimentos irritantes, como los picantes, al igual que el café y el alcohol.
Con todo ello, alrededor del 5% de los casos de prostatitis bacteriana aguda pueden evolucionar hacia la prostatitis crónica. Pero éste es ya otro tema, que podrá ser enfocado en una futura ocasión, si ustedes no se me aburren.

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