De la profusión y a menudo arbitrariedad de los callejeros de nuestras ciudades y pueblos proviene aquella anécdota de Santiago Ramón y Cajal, por la que un vecino del ilustre investigador, el doctor Mata, colgó una advertencia, molesto por las continuas confusiones:
no vive ningún Cajal
A lo que Ramón y Cajal respondió con otra nota:
cierto médico poeta
que al fin de cada receta
pone "Mata" y es verdad
Sobre el callejero y sus coincidencias escribe hoy Espinás en El Periodico.
Hablan las placas de las calles
Tengo un nomenclátor de Barcelona entre cuyas páginas guardé hace tiempo una lista de raras coincidencias. No sé si desde entonces los nombres de las calles han cambiado; alguno quizá ha desaparecido tragado por una avenida, pero el juego es sorprendente.
En el nomenclátor puede comprobarse cómo se conectan las calles. Algunos contactos son naturalísimos: calle de Avellaners y calle de Ametllers, y la calle de Cardenera se une a la de Pasarell. Huelga decir que la lógica preside el encuentro de la calle de Sagristans con la de Capellans. Aún hay otro ejemplo: a la calle de la Estrella Polar se entra –no podía ser de otro modo– por la calle de las Nebuloses. Y, claro, a la plaza del Firmament se accede por la calle de los Satèl·lits.
Estremece un poco descubrir que las calles del Isard y del Castor, simpatiquísimos animales, van a dar a la rambla del Caçador.
Más de una vez he confesado que me gusta mirar placas y rótulos. Los hay pintorescos, como el de un callejón de un pueblo andaluz. El callejón me recibió en la entrada con esta placa: calle de Salsipuedes. No entré. Acababa de empezar un viaje y no quería correr riesgos. Y cuando, en París, realizaban obras en la calle de Lenin, pusieron este aviso: «Calle de Lenin, cortada, excepto para los vecinos de la calle de Karl Marx». Es para pararse y meditar. Según el cartel, solo los ciudadanos marxistas podían tener acceso a la revolucionaria calle de Lenin.
Volviendo a Barcelona, una revelación más: a la calle del Negoci se entra por la calle de la Confiança. Quizá esto ya es anticuado. Pero en Gràcia encontramos la gran lección: a la calle del Progrés se entra por la de la Llibertat.
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