9/11/2007

El Café de Nicanor

...estaban Gámez el astronauta, Gastón el flauta, Mari la tetas, el novillero poeta con su mujer, el pobre don Agapito y un camellito sin dientes paisano de un primo hermano de algún pariente lejano de Ana Belén....

Esta es la relación de contertulios de Sabina en el café de Nicanor, y añade que "asociado en sociedad con tales socios, se pueden imaginar que los amores van mal, la salud ni fu ni fa y no van bien los negocios..." que desde luego no es el caso de esta humilde tertulia, mucho mas homegenea si contaramos con alguna fémina en plantilla, burguesa si no fuera por nuestro médico anarquico y afrancesado, decididamente izquierdosa si no fuera por nuestro leguleyo, conservador y descreido, equilibrada si no nos faltara nuestro psiquiatra de cabecera, racionalista si hubiera algún ingeniero mas, despreocupadamente agnóstica si no fuera por nuestro cirujano anticlerical... mas alegre si no nos hubiera dejado nuestro amigo Emilio.
Ante semejante tribuna la propuesta de recorrer el campo de batalla de El Mazucu, donde se libro el final de la guerra civil en Asturias, va a tener seguramente una respuesta poco entusiasta y sin embargo se nos ofrece la oportunidad de conocer de la mano de un especialista los detalles de una batalla dramática, en su setenta aniversario, donde se enfrentaron mas de 33.000 soldados del ejercito de Franco, apoyados por la legión Condor alemana, contra no mas 5.000 soldados republicanos.
En esta dirección http://es.geocities.com/paisajes_guerrilla/mazuco.html se puede encontrar un resumen del libro "La Guerra Civil en Asturias", de Juan Antonio de Blas.

Salud camaradas

9/09/2007

La cosecha del dictador

Cuenta hoy en la prensa Jose Mª Izquierdo una anecdota de la mili: "Un día, el capitán de la compañía dijo todo serio: «No vayan a creer ustedes que la vida castrense es fácil. La responsabilidad es mucha. Los militares tenemos siempre la espada de Demóstenes encima de la cabeza». Hacía tiempo que no se oyen historias de la mili, sobre todo porque ya hace unos años que se decidió acabar con aquel sistema obligatorio del servicio militar que en el mejor de los casos representaba un año perdido en un cuartel recibiendo ordenes absurdas mas propias de aquel ejercito que reflejaba Gila en sus chistes. Por otra parte, la experiencia no estaba exenta de buenos momentos y de anécdotas como la descrita, también de nuevas amistades solidarias en aquel encierro obligado.
Con esto de la mili pasa igual que con la dictadura de Franco, nadie parece recordar que existió a pesar que ha marcado nuestras vidas hasta hace muy poco. Si la desaparición del servicio militar obligatorio obedeció a criterios puramente economicistas y de organización, no olvidemos que la medida fue tomada por un gobierno presidido por Aznar y que la verdadera reforma del ejercito habia sido llevada a cabo durante los anteriores gobiernos socialistas, la dictadura duró casi exactamente lo mismo que el dictador y la transición democratica fue en muchos sentido benévola con las personas e instituciones que habian tenido mucho poder durante el regimen autoritario. En el articulo siguiente sobre los rendimientos de la fortuna amasada por la familia del dictador se explica muy bien este hecho que no deja de asombrar.

La cosecha del dictador

La familia multiplica su fortuna gracias al 'boom' con las tierras regaladas a Franco

LUIS GÓMEZ / MÁBEL GALAZ

Quizá sea un caso único en la reciente historia de las dictaduras. El régimen les dio poder y patrimonio. La democracia les ha hecho ricos y decadentes. En su caso, no hubo exilio. Simplemente, un olvido benévolo. Los herederos de Franco forman ahora una familia desmembrada y multimillonaria que de vez en cuando alimenta la voracidad de la prensa basura. Viven un declive pacífico, pero irremediable. El paso del tiempo les ha convertido en una anécdota.

Los marqueses de Villaverde tuvieron pasaporte diplomático hasta finales de los ochenta
Mientras parte de la familia veraneaba en el Pazo de Meirás, el séptimo nieto, Jaime, uno de los
Francis, el único con el apellido Franco, acaba de comprar un edificio valorado en 12 millones
El penúltimo 'pelotazo' está en 10 millones de metros cuadrados vendidos en Arroyomolinos
Algunas fuentes citan la cifra de 60.000 millones de pesetas, otras llegaron hasta los 100.000. El patrimonio familiar nunca fue auditado. Hacienda no les molestó durante años

Hace unas semanas, como cada verano por agosto, Carmen Franco, la hija del dictador, abrió las puertas del Pazo de Meirás, un histórico inmueble que simbolizó en tiempos el poder austero de su padre. Ahora es un lugar para encuentros familiares, pero la matriarca no ha logrado reunir a demasiada gente. No es extraño. Desde hace unos años, todas las citas familiares se caracterizan por las ausencias. Allí acudió este verano su hija Carmen Martínez-Bordiú con su última adquisición, José Campos. También su nieto Luis Alfonso de Borbón con su mujer, Margarita Vargas, hija de un multimillonario venezolano. Luis Alfonso es la última esperanza de la familia para recuperar una nobleza perdida: sigue postulándose al trono de Francia, una aspiración ridícula de la que participa un núcleo de autodenominados legitimistas franceses. Y no apareció nadie más por el pazo. Los otros Franco estaban ocupados en otras actividades.

Mientras una parte de la familia disfrutaba del verano gallego, el séptimo nieto del dictador, Jaime, pasaba una noche en la cárcel antes de prestar declaración por una acusación de malos tratos. Su novia, una joven llamada Ruth, con la que además de una relación sentimental compartía algún negocio inmobiliario en Barcelona, le denunció tras una bronca tremenda en el hotel Byblos de Fuengirola. El juez decretó finalmente una orden de alejamiento contra Jaime. El nieto pequeño se refugió en sus abogados para no hablar, y el resto de la familia intentó pasar el tema por alto. La inestable armonía familiar de los Franco volvió a romperse con este episodio, mientras la prensa basura especulaba sobre la duración del enésimo matrimonio de Carmen. Alguna otra mala noticia interrumpió la aparente tranquilidad del pazo: unos inspectores de Cultura de la Xunta pretendían acceder al inmueble para inspeccionarlo, aduciendo que sus propietarios estaban obligados a abrir sus puertas al público una serie de días al mes. Si algo no ha pretendido nunca la familia Franco -a excepción quizá de Carmen Martínez-Bordiú- es que el pueblo husmee en sus asuntos.

La resistencia de la hija de Franco a abrir las puertas del pazo ha puesto sobre la mesa el interés por conocer la realidad patrimonial de una familia que, durante los treinta años de democracia, no se ha sentido obligada a dar alguna explicación. La democracia fue tan paciente con los Franco que tanto Carmen como su marido, el marqués de Villaverde, llegaron a disfrutar de pasaporte diplomático hasta bien avanzados los años ochenta. Un hecho tan sorprendente saltó a la luz la tarde del 7 de abril de 1978, cuando Carmen Franco fue requerida por un funcionario de aduanas en el aeropuerto de Barajas. Se disponía a viajar a Lausana (Suiza), pero algo en el interior de su bolso hizo saltar la alarma del detector de metales. El bolso estaba repleto de medallas y condecoraciones labradas en metales nobles, propiedad de su padre. El suceso motivó una denuncia por contrabando. Las medallas fueron regalos recibidos por el dictador, como regalos fueron el Pazo de Meirás, el Canto del Pico en Torrelodones o el palacio de Cornide en A Coruña. Poco hizo la familia para labrarse un porvenir por sus propias manos.

Algunos de estos obsequios fueron extraordinariamente generosos. José María del Palacio Abárzuza, conde de las Almenas, un noble obsesionado por el arte, fue quien regaló a Franco tras la Guerra Civil un palacio de 2.000 metros cuadrados situado en Torrelodones, a las afueras de Madrid. En el Canto del Pico murió Antonio Maura, fue cuartel del ejército republicano, residencia de descanso de Francisco Franco y, finalmente, un suculento negocio para sus descendientes. El palacio fue vendido por la familia en 1988 por 300 millones de pesetas. El abandono y desinterés de la familia Franco facilitó continuos robos de su patrimonio y un incendio cuyas causas nunca se aclararon. Su claustro, reclamado desde hace años por la Comunidad Valenciana, está a punto de devolverse. Del mismo tenor fue otro regalo, el palacio de Cornide, situado en la parte vieja de A Coruña, una casa solariega del siglo XVIII con mucha historia detrás. El palacio fue adquirido por el Ministerio de Educación y Ciencia en 1962 y tres años después llevado a una discreta subasta a la que acudió el conde de Fenosa, que lo adquirió y, al inscribirlo, ordenó que se pusiera a nombre de Carmen Polo de Franco. Y, naturalmente, el Pazo de Meirás, un regalo del pueblo.

Al periodista y escritor Mariano Sánchez Soler se debe la obra más documentada sobre el patrimonio cosechado por la familia Franco (Franco, SA, editorial Oberón). Sánchez desbroza cómo la austeridad del dictador contrastaba con la voracidad de su entorno familiar, que se manifestaba incluso en la recepción de regalos que instituciones y particulares hacían como consecuencia de las famosas recepciones celebradas en El Pardo cada martes. Jamás estos regalos fueron inventariados. La familia siempre consideró que tales ofrendas pasaban a engrosar el patrimonio familiar. Lo mismo hizo con cuanta documentación oficial se manejó en El Pardo, documentación que pasó a formar parte de una fundación privada tras la muerte del dictador, la Fundación Francisco Franco, un hecho insólito que ha llegado a nuestros días. Ni siquiera se tiene la certeza absoluta de que dicha fundación posea en sus fondos toda la documentación que salió de El Pardo, puesto que algunos historiadores han denunciado la venta de documentos en anticuarios. El propio Sánchez reconoce la dificultad de estimar a cuánto ascendió la fortuna de los Franco lejos del poder. Algunas fuentes citaron la cifra de 60.000 millones de pesetas. Otras llegaron hasta los 100.000 millones. Las cuentas nunca fueron auditadas. Hacienda no les molestó durante años.

Los sucesivos Gobiernos democráticos pasaron de puntillas por esa riqueza obtenida aprovechando la influencia de un apellido. Algunas investigaciones independientes documentan cómo durante años la familia, a veces a espaldas del propio dictador, acumuló sociedades patrimoniales y testaferros que ocultaban inmuebles, aparcamientos, fincas solariegas y, naturalmente, palacios. La propaganda glosó que los Franco vivían del modesto sueldo de Franco como capitán general, pero esa versión quedó al descubierto a su muerte. Máxime cuando el Gobierno franquista, con el dictador enfermo, aprobó en las Cortes el futuro sueldo de Carmen Polo como viuda de jefe de Estado. Al morir en 1988, cobraba 12,5 millones de pesetas repartidas en 14 pagas, cuatro millones más que Felipe González, por entonces presidente del Gobierno.

El elenco de los Franco se divide entre quienes han procurado llevar una vida discreta y quienes no han podido evitar ser protagonistas de algún escándalo. Los siete nietos de Franco forman una familia en la que cada uno va a lo suyo. Carmen, la nietísima, ha confesado que se ven poco, pero que cuando lo hacen lo pasan bien. Su proyección mediática es indudable y a fuerza de divorcios ha logrado tener un caché caro. "Me gustaría hacer una película con Almodóvar", ha llegado a decir, antes de participar en el concurso televisivo Mira quién baila. Todavía espera una oportunidad, pero mientras tanto ha interpretado en la vida real un papel que bien podría inspirar al director de cine: una separación del duque de Cádiz poco después de morir el dictador; una fuga a París para convivir con el anticuario Rossi, con quien se casó y tuvo una hija, a la que siguió otra relación con un arquitecto italiano, y, por último, una boda de sainete en Santander con José Campos, un cántabro bonachón, de quien dicen se enamoró porque "le hacía reír".

La vida pública de Carmen contrasta con el estilo de vida de Mariola. Pocas son las imágenes de la segunda de las nietas, arquitecta y esposa de Rafael Ardiz. Algo similar ocurre con Merry, quien tras protagonizar una boda mal vista con Jimmy Giménez Arnau, con quien tuvo una hija, se marchó de España para vivir con un norteamericano al que como a ella le fascina la meditación. Quizá a quien más le espante la vida pública es a Arantxa, la nieta pequeña, a quien se vio por última vez en la boda de Carmen con Campos, hace algo más de un año, con un rostro matizado por el bisturí.

En un momento dado, los Franco quisieron convertir en el cabeza de familia al nieto mayor, Francis, quien modificó el orden de sus apellidos para poder ser llamado Francisco Franco y así perpetuar ese nombre. También heredó, por deseo expreso de Carmen Polo, el título de señor de Meirás, concesión en la que el entonces ministro de Justicia, el socialista Enrique Múgica (hoy Defensor del Pueblo), miró para otro lado. Pero Francisco Franco, nieto, tampoco tuvo suerte en sus avatares sentimentales y económicos. Salió mal su matrimonio con María Suelves, biznieta del conde de Romanones, con quien tuvo dos hijos. Un hijo suyo, Juan José Franco Suelves, mató por accidente de un disparo a un compañero de caza. Y él mismo tuvo un altercado con la justicia chilena a consecuencia de una estafa. Su posición como gestor del patrimonio de la familia fue un fracaso, por lo que fue discretamente colocado en un segundo lugar. El mayor de los nietos vive ahora con su segunda mujer, Miriam Guisasola, en un espléndida casa valorada en 12 millones de euros. Las desgracias parecen menos si van acompañadas de un buen patrimonio que soporte, incluso, una mala gestión. Entre las numerosas propiedades de los Franco (unas 50 sociedades, algunas de ellas ya extinguidas, mueven esa fortuna), una ha adquirido especial importancia. Se trata de la finca de Valdelasfuentes. Esa propiedad ha permitido a la familia dar el penúltimo pelotazo. Sita entre las localidades madrileñas de Móstoles y Arroyomolinos, fue adquirida en los años sesenta en una operación en la que intervinieron Carmen Polo y el marqués de Villaverde, con el conocimiento del propio Franco.

Era una finca rústica de casi 10 millones de metros cuadrados, que se dedicó durante años a labores agrícolas y ganaderas. Franco gestionó en ratos libres esa finca, que llegó a ser muy productiva, lo que motivó que se hablara de ella como "la SA de SE (su excelencia)". Sobre la finca, el teniente general Francisco Franco Salgado Araújo llegó a escribir en Mis conversaciones privadas con Franco: "Es una finca espléndida, donde se cultivan infinidad de productos. Tiene además ganado. Tuvo la suerte, además, de encontrar agua. Dentro de unos años tendrá un valor incalculable". No sin razón.

A la muerte del dictador, la finca sufrió la gestión de Francis. Se despidió a decenas de empleados y, a falta de mejor dedicación, pasó a ser escenario del rodaje de películas. Entre ellas, La escopeta nacional, de Berlanga, pero también algunas de terror y otras de contenido erótico. La finca fue objeto de posteriores recalificaciones, donde han entrado a formar parte del negocio algunos constructores madrileños, y ha permitido a la familia hacer caja.

Ninguno de los herederos de Franco ha demostrado ser un mago de las finanzas. Sin el paraguas de El Pardo, ninguno ha destacado profesionalmente. Se han limitado a vivir de las rentas, como algunos ex socios de la familia consultados por este periódico. "Con esas fincas y esos inmuebles es muy difícil no hacer dinero tal y como se ha movido el mercado inmobiliario en España", afirma uno de ellos, quien reconoce que los Franco "se limitaban a buscar buenos socios para sus sociedades y que éstos fueran quienes emprendieran las gestiones". El patrimonio lo ha soportado todo: la mala gestión, el descuido y cierto despilfarro. Carmen Franco llegó a manifestar en 1978, en una de sus escasas declaraciones públicas: "Los Franco no tenemos ninguna gran fortuna, ni fuera ni dentro de España". Las más de 4.000 viviendas que se proyectan edificar sobre una parte de Valdelasfuentes dan una idea del potencial que pueden tener su patrimonio. Valdelasfuentes es el penúltimo pelotazo de los Franco: la fortuna acumulada en dictadura se multiplica en democracia.La cosecha del dictador

8/30/2007

El hombre que plantaba árboles

Valle de Caleao, Caso. Foto: A. Alvarez
Dejó Martin Luther King una frase que resume su esperanza en el ser humano y en la posibilidad de cambiar las cosas: "Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un arbol", que en su acepción literal se ha vuelto una necesidad urgente a la vista de lo que está pasando con nuestros bosques, y con nuestro medio natural en general. La repeticion de incendios en bosques, que han tomado durante los ultimos años naturaleza de catastrofe por la amplitud y los daños causados, los casos recientes de las Islas Canarias y en el Peloponeso griego demuestran la incapacidad de los poderes publicos y de la sociedad que deberia presionar en ese sentido, para invertir esta tendencia y tomar en serio una cuestion que se ha vuelto vital en un futuro a medio plazo. En un informe reciente sobre los incendio en España, la organización Greenpeace señalaba a los culpables del desastre, con datos objetivos que no dejan lugar a dudas, el "ranking" de protagonistas lo encabeza el agricultor, como responsable del 31 % de los incendios provocados, seguido del ganadero, con el 21,5 %, es decir que mas de la mitad de los incendios en el monte estan provocados por un tipo especifico de agricultor y ganadero de ese medio rural. El resto de incendios se atribuye a un grupo diverso entre los que estan los cazadores, los imprudentes, los movidos por intereres madereros, urbanisticos u otros, tambien debidos a piromanos o asociales. Naturalmente las asociaciones agrarias y ganaderas han protestado de los resultados de este estudio aduciendo que ya ha habido un cambio de mentalidad respecto a estos comportamientos y que los que hacen el estudio son "urbanicolas" que desconocen el medio rural, pero cabría preguntar si ese cambio de mentalidad se ha sustanciado en la defensa efectiva del bosque que consideran suyo, tal como nos cuenta la extraordinaria historia del pastor Elzeard Bouffierd.

Salud

El hombre que plantaba árboles

Por Juan José Hoyos

¿Cuál es la persona más extraordinaria que usted ha conocido? Cuando los editores de una revista le hicieron esta pregunta, Jean Giono tenía 58 años y había escrito casi todos sus libros. Había sido soldado del ejército francés, había estado preso dos veces y había conocido a grandes hombres de las letras y la política en Francia y Europa. Sin embargo, en su respuesta, no mencionó a ninguno de ellos. Recordó a un viejo campesino de Provenza llamado Elzéard Bouffierd, que conoció cuando tenía 18 años.

Giono nació en 1895 en Manosque, una pequeña ciudad de Provenza, situada en las montañas de los Alpes, en el sur de Francia. Su padre era un zapatero de origen italiano y su madre, una lavandera. En 1939, cuando ya era un escritor conocido en Europa, Giono fue encarcelado por negarse a combatir como soldado en la Segunda Guerra Mundial. En 1944 fue apresado de nuevo por su supuesta colaboración con el gobierno de Vichy. Al salir de la cárcel, en el país donde se proclamaron los Derechos del Hombre, se le prohibió publicar sus obras por varios años. Giono regresó a Manosque y siguió escribiendo. Entonces ya sabía, como dice uno de sus personajes, que la felicidad del hombre está en un pequeño valle.

Jean Giono conoció a Elzéard Bouffierd en 1913, durante un largo viaje a pie por las montañas de los Alpes. El paisaje que entonces vieron sus ojos eran unos páramos secos donde sólo crecían algunos arbustos. Luego de caminar tres días buscando agua, encontró un caserío en ruinas donde no había rastro de vida. Caminó cinco horas más y sólo halló hierbas leñosas. De pronto adivinó a lo lejos una silueta. Cuando se acercó, vio que era un pastor con un rebaño de ovejas. El hombre le dio agua de su cantimplora y lo llevó al aprisco. Tenía algo más de 55 años y vivía en una casa abandonada que había reparado con sus manos. Con ellas también había cavado un pozo de donde sacaba el agua para él, sus 30 ovejas y su perro. La casa estaba limpia y ordenada. El pastor hablaba poco. El pueblo más cercano se hallaba a un día y medio de camino y estaba habitado por cuatro o cinco leñadores que cortaban los árboles para fabricar carbón de leña que luego llevaban en camiones a las ciudades. En la región soplaba un viento seco y frío que según la gente provocaba suicidios y ataques de locura. Mientras descansaban, el pastor fue a buscar una bolsa y echó sobre una mesa un montón de bellotas.

Enseguida se puso a mirarlas y a separar las buenas de las que estaban pequeñas y agrietadas. Las contaba de diez en diez. Cuando completó cien, cerró la bolsa y se fueron a acostar. Al día siguiente, Giono le pidió permiso para quedarse en la casa un día más.

Sentía que la presencia del pastor le daba paz. Esa mañana, el hombre mojó la bolsa con las bellotas, sacó el rebaño del aprisco y lo llevó a pastar. Como bastón, llevaba una vara larga de hierro. Giono lo siguió. El pastor dejó las ovejas en el fondo de un valle, bajo el cuidado de su perro, y caminó hacia una colina. Allí clavó su barra en la tierra, hizo un agujero, enterró una bellota y luego la tapó. Estaba plantando encinas. Giono le preguntó si la tierra era suya. Él dijo que no. Le preguntó si sabía quiénes eran sus dueños. Él dijo que no. Suponía que era una tierra comunal pero dijo que no estaba interesado en conocer los propietarios. Y siguió plantando bellotas. Giono recordó cuando era niño y su padre lo llevaba a pasear por el campo los domingos. Antes de salir, llenaba de bellotas sus bolsillos y luego las plantaba en la tierra a medida que caminaban.

Después del almuerzo, el pastor buscó el saco y echó sobre la mesa otro montón de bellotas. Mientras las separaba, se pusieron a conversar. Hacía tres años que plantaba árboles en esa tierra de nadie. Había sembrado 100 mil árboles. De ellos, habían nacido 20 mil. Las plagas acabaron con la mitad. Quedaban vivos 10 mil. El pastor se había ido a vivir a esos campos de soledad con sus ovejas y su perro, después de la muerte de su mujer y de su hijo. Como no tenía ocupaciones importantes y vio que la tierra moría por falta de árboles, resolvió ponerse a sembrar semillas. Dijo que si Dios le daba vida, en 30 años habría sembrado tantos árboles que esos 10 mil iban a ser como una gota de agua en el mar. Además, estaba haciendo un semillero de hayas y pensaba sembrar abedules en los terrenos húmedos.

Al día siguiente, se despidieron. Corría el año 1913. Un año más tarde estalló la Primera Guerra y Giono fue reclutado por el ejército francés. Tenía 19 años. Cinco años después, cuando acabó la guerra, el muchacho volvió a Provenza. El paisaje era igual, pero más allá de las casas abandonadas una capa de niebla cubría un bosque de oteros. Pensó que el pastor había muerto. En pocas horas vio que no. Estaba vivo, pero había cambiado de oficio. Ya no tenía sino cuatro ovejas, pero en cambio había construido 100 colmenas.

Y ni siquiera se había enterado de la guerra. Las encinas que había plantado ya eran más altas que él. Había un bosque de mas de 10 kilómetros de largo. Los dos caminaron en silencio por entre los árboles durante todo el día. Cuando regresaron, Giono vio correr agua por algunos lechos de arroyos que antes estaban secos. Por todas partes brotaban los sauces, la hierba, las flores, la vida. El milagro había sucedido despacio, sin provocar ruido. Nadie se había dado cuenta, ni siquiera el gobierno francés o los cazadores.

Desde 1920, Giono visitó cada año al pastor. En un solo año, plantó 10 mil arces. Todos murieron. Al año siguiente, abandonó los arces y plantó hayas. Todas sobrevivieron. El hombre seguía trabajando en completa soledad. Tal vez por eso perdió la costumbre de hablar. En 1933 lo visitó un guardabosques del gobierno para notificarle que era prohibido encender hogueras al aire libre para defender el bosque. Por esa época, a los 75 años, el viejo caminaba 12 kilómetros diarios para sembrar hayas. Para no tener que regresar el mismo día, hizo una casa de piedra en ese lado de las montañas. En 1939, cuando estalló la Segunda Guerra, algunos comerciantes de madera empezaron a cortar las encinas para usarlas como combustible, pero los árboles estaban tan lejos de la carretera que la explotación no era rentable. El pastor tampoco se enteró de esa guerra porque se hallaba a 30 kilómetros monte adentro sembrando más árboles. La última vez que Giono vio al pastor fue en junio de 1945, después de salir de la cárcel. El viejo tenía 87 años. Cuando recorrió en bus la carretera que ahora iba hacia las montañas, no reconoció los lugares por donde había caminado cuando era joven. Ya no había vientos secos. Soplaba una brisa suave que sonaba como un rumor de agua en las copas de los árboles. Las casas abandonadas habían sido reconstruidas y el pueblo tenía 28 habitantes. Había una fuente de agua junto a un tilo. Había jardines. Giono continuó el viaje a pie. Por el camino vio campos de cebada y centeno. En los valles habían sembrado pastos. En los bosques había árboles de más de 7 metros de altura. Y habían aparecido varias aldeas. Por los caminos corrían niños. Sin saberlo, más de 10 mil personas recién llegadas le debían la felicidad a Elzéard.

Elzéard Bouffierd murió tranquilo en 1947 en un hospicio de Banon. Jean Giono también murió en paz en su pueblo de los Alpes en 1970. "El hombre que sembraba árboles", la historia que escribió para una revista hablando de la persona más extraordinaria que había conocido en su vida, sólo se publicó en Francia en 1983.

8/27/2007

La Felicidad

(Lecturas veraniegas, por el Profesor Maurer)

"La felicidad no es algo que sucede. No es el resultado de la buena o mala suerte o el azar. No es algo que pueda comprarse con dinero o con poder. No parece depender de los acontecimientos externos, sino mas bien de como los interpretamos", lo que parece una obviedad no solo no lo es sino que contradice muchas de nuestras practicas habituales sobre la busqueda de la felicidad. La cita resume algunas de los principios que mantiene el psicólogo norteamericano de origen transilvano Mihali Csikszentmihalyi (se pronuncia "chicks send me high" según él mismo) desarrollados en libros como "Flow. The psychology of optimal Experience", que ha incorporado a la psicologia moderna el termino "Flujo" referido a ese momento en el que las personas se sienten concentradas y disfrutan de ello. En una entrevista reciente se intentaba dar algunas claves para afrontar esa busqueda de la felicidad con ciertas garantias:

- Evitar la soledad, es decir conseguir una vida social agradable
- Tener una relación plena, sexual tambien.
- Optimismo y gratitud ante lo que nos rodea, lo que nos permite perdonar a los demás.
- Mantenernos activos, especialmente haciendo cosas que se nos den bien
- Tomar las cosas con calma
- Disponer de libertad de eleccion, aunque con ciertas limitaciones pues es a menudo penoso tener que elegir entre muchas opciones.

En estas estabamos cuando hoy en El País nos cuenta Millás la historia de aquel que se deprimió haciendo alguna de esas cosas absurdas buscando la felicidad donde no estaba.

Una depresión merecida. Juan José Millás
Escribió un lector para informarme de que la vida era absurda, aunque sin precisar con relación a qué. El caso es que hace un año, según relataba en su correo, decidió atravesar Canadá en bicicleta. Hasta aquí, todo normal. El mundo está lleno de gente que hace el Camino de Santiago a pie, cruza el Atlántico en barca de remos o se bebe una caja de cervezas sin respirar: hay constancia de todo ello en el Libro Guinness de los récords, cuya lectura le sume a uno en profundas reflexiones. Lo que le ocurrió a nuestro comunicante es que a mitad de camino se cruzó con otro individuo que estaba llevando a cabo la misma hazaña, pero en patinete.
El hombre comprendió entonces, como en una revelación, lo absurdo de su proyecto y volvió a casa en avión. Desde entonces no encontraba placer en nada, no era capaz de fijarse objetivos ni de ilusionarse con nuevos propósitos. Le pedí que tratara de imaginar que Dostoievski y Flaubert se encontraban (al modo en que él se había cruzado con el del patinete) cuando uno trataba de escribir El idiota y, el otro, Madame Bovary. ¿Habrían sentido la misma sensación de absurdo? Quizá sí, me respondió, pues en el fondo no es más disparatado pretender cruzar Canadá en bici que intentar escribir una obra maestra. Le contesté que merecía estar deprimido y eso fue todo, porque dejamos de escribirnos.



8/19/2007

La (de) Lopez Pereira

"A continuación escucharemos una canción típica del folclore argentino, recopilada por un gran investigador y antropólogo, el licenciado Gustavo Pérez y Alonso. Como buen científico, Pérez y Alonso cultivaba la duda filosófica, se cuestionaba todo constantemente, cultivaba la duda; sin ir más lejos, firmaba sus libros en vez de "Pérez y Alonso", "Pérez o Alonso". Leemos en uno de los ensayos de este autor: "El estudioso debe dudar siempre. A veces, sin embargo, después de dudar demasiado ante algún detalle, me invade una sensación de inoperancia, de ineficacia... más bien de inoperancia... o de ineficacia". Y aquí, sigue diciendo Pérez y Alonso, formulo tres interrogantes; uno: "¿la duda significa un estímulo para la indagación, o un obstáculo inhibitorio?"; dos: "en tanto herramienta filosófica, ¿es epistemológicamente plausible, o implica un eufemismo agnóstico?" y tres: "perdón, ¿de qué estábamos hablando?". Los discípulos de Pérez y Alonso lo recordarán siempre anotando en su cuaderno la canción que entonaba esa anciana de 108 años, a quien él mismo había encontrado en una de sus tantas excavaciones arqueológicas. O también, en el ejercicio de la duda, al bautizar esa misma canción vacilando entre dos posibles títulos: "Añoranzas" y "Nostalgias". Les Luthiers interpretarán ahora esa misma canción; lleva por título "Añoralgias". Esta zamba es el reiterado lamento del que ha debido abandonar su terruño y lo evoca con la emoción de la distancia."

(Versión teatral espectáculo "Luthierías" Teatro Comedia, Córdoba, Argentina, Octubre, 1982. Narrador: Marcos Mundstock - Recitante /CN: Carlos Núñez Cortés)

Como si fuera una historia creada por el grupo Les Luthiers, tal como relataban la introducción para la Zamba Añoralgias, tambien llamada Zamba Catástrofe, las vicisitudes que ha pasado la zamba "La Lopez Pereira" no tiene nada que envidiar la escacharrante fantasia de los compañeros de Marcos Mundstock. Para empezar el propio título no se corresponde con la la letra ni con su amargo sentido, dado que se trata de una cancion de amor no correpondido y el tal Lopez Pereira no es otro que el doctor Carlos Lopez Pereira, abogado y magistrado que en los primeros años del siglo veinte salvó de la carcel al musico Artidorio Cresseri, que dio muerte a la infausta víctima de sus celos. Se cuenta que en una reunion, "alzados ya los ánimos", el propio Lopez Pereira le pidió a Artidorio que ejecutara esa "chilena" que tanto le gustaba y entonces este le dedicó su composición bautizandola en su homenaje con el titulo original : "Chilena dedicada al doctor Carlos López Pereira". Los versos actuales se atribuyen al legendario payador uruguayo Juan Francia, al menos las tres primeras estrofas. La posterior batalla judicial que ha tenido la cancion son dignas de un culebrón interminable, pero lo cierto es que se trata de una las mas reconocidas banderas del folklore salteño y argentino, que ha sido versionada por los grupos y cantores mas tradicionales, tanto que Los Fronterizos acostumbraban a cerrar sus actuaciones con ella. Tambien esta zamba ha servido de protagonista en un cuento del escritor chileno Augusto Alvarado, recluido en la prisión de la Isla de Dawson, en la provincia de Magallanes, por la dictadura militar chilena.

La López Pereyra
Por Augusto Alvarado

Yo quisiera olvidarte / me es imposible mi bien, mi bien tu imagen me persigue, / tuya es mi vida, mi amor también, y cuando pensativo yo solo estoy / deliro por la falsía con que ha pagado tu amor, mi amor.

En 1872 nació en Salta el músico Artidorio Cresseri, autor de letra y música de la zamba "La López Pereyra", expresión emblemática del folklore argentino hecha popular, entre otros grandes del folklore, por “Los Chalchaleros” y “Los Fronterizos”. Escrita a finales de la década de 1910, su título original fue: "Chilena dedicada al doctor Carlos López Pereyra", título que no es casual pues el padre del músico formaba parte de esa legión de salteños que comerciaban con vastas regiones de los países andinos. El arriero, que llevaba hacia esos sitios mulas engordadas en los valles salteños, retornaba con monedas de plata, artículos traídos de España, modismos, elementos de música y baile y hasta con mujer. Del Perú trajeron la vidala, mientras que la zamba antigua procede del norte chileno. En los descansos del largo y fatigante sendero, los arrieros podían entibiar el alma y apaciguar las penas recitando y cantando coplas inspiradas o aprendidas en el camino. A los once años, Artidorio comenzó a viajar acompañando a su padre a esas tierras, lo que determinó que se quedara luego residiendo en Tarija y desde allí comenzó a viajar a Sucre, familiarizándose con la música y los bailes andinos.


Yo quisiera tenerte / a mi lado todo el día de mis ocultos amores / paloma te contaría pero es inútil mi anhelo jamás, jamás, / vivo solo para amarte callado y triste llorar, llorar.

Tenía más de sesenta años de vida la zamba y había transcurrido más de un siglo desde el nacimiento del músico cuando la escuché por primera vez. Lo que había nacido cerca de los Andes altiplánicos llegó hasta la patagonia, viajando en las guitarras de los modernos arrieros, en las mochilas de los estudiantes, en los infinitos fogones de la Patria Grande. No la conocí en un instante feliz pues un par de días después del golpe militar del 11/09/73 fui detenido en mi domicilio por una patrulla militar. “Mi coronel Gallardo quiere hablar con usted…abríguese por las dudas” me dijo el suboficial a cargo. La conversación con el coronel duró quince meses, sin duda un diálogo largo…a veces tortuoso. Entonces conocí a mi primer compañero de cárcel en los calabozos de Carabineros, en la calle Tomás Rogers de Puerto Natales. Se llamaba Rubén Cárdenas y era funcionario del Ministerio del Trabajo. Estábamos en celdas contiguas y después de los saludos y averiguaciones de rigor comenzamos a conversar de temas diversos. Me contó que formaba parte de un conjunto folklórico del magisterio, pues su esposa era profesora. A René le encantaban la música y el canto. “¿Quieres escuchar algo?”, preguntó “es una zamba que estoy aprendiendo en estos días…te va a gustar”. Y haciendo con su boca sonidos como de bombo a manera de introducción comenzó a desgranar los versos sentidos:


Yo bien sé que no me quieres / pero eso no es un motivo me privas de tus miradas, / mi alma, sin ellas no vivo, voy a ocultarme a una selva solo a llorar, / pueda ser que en mi destierro tus ojos negros pueda olvidar.

Rubén y su zamba fueron como un anticipo de lo que vendría. Porque entre tanto dolor e incertidumbre la música nos acompañaría como amiga fiel en los coros, en las guitarras, en las veladas artísticas que supimos organizar en los escasos resquicios de libertad que lográbamos conseguir. Nunca volví a saber de Rubén Cárdenas. Esa fría noche de septiembre, nieve incluida, nos sacaron violentamente de los calabozos y enfrentaríamos nuestra primera sesión de torturas. Durante todo el tiempo escuché sus gritos. Al amanecer me regresarían a la celda pero mi vecino no volvió. Su canción, sin embargo, me acompañó en esa etapa interminable y aún hoy, casi treinta años después, la recuerdo como portadora del maravilloso mensaje de la música.


En una noche serena / al cielo azul miré, miré, contemplando a las estrellas / a la más bella le pregunté, era ella la que alumbraba mi amor, mi amor, / para pedirle por ella al Dios piadoso resignación.

Grande fue mi sorpresa al descubrir que más de un compañero, en isla Dawson u otros lugares de confinamiento, entonaría las estrofas de la querida zamba. Tal vez fue la mención al destierro, o a la selva, o simplemente por la belleza y el amor que despierta su poesía, “La López Pereyra” se grabó en nuestro corazón para siempre. Gracias, Artidorio Cresseri, hijo de Salta y de Nuestra América por dejarnos esa fiel compañera con ritmo de zamba que no ha envejecido, ni envejecerá jamás.

8/15/2007

Carbayones y los otros

Nada mas arido, aburrido y esteril que el dia a dia de la politica local de esta region nuestra, empeñada a sacarle rendimiento electoral a los estereotipos mas manidos, no importa lo ridiculas que puedan parecer algunas posiciones si se traducen en votos. Para muestra, el buen resultado electoral que ha dado el supuesto "Cerco a Oviedo" para la actual corporación de Gabino de Lorenzo. Al margen de errores de bulto del gobierno regional, que promueve una confusa politica de descentralización administrativa, inconsistente con lo que prevee la administración electrónica, el empeño principal de la actual corporacion de Oviedo, que se ha convertido en el portavoz del Partido Popular a nivel regional por ausencia del titular, es trasladar un mensaje de victimismo y éxitos de sus politicas, como contraposición a los de la vecina poblacion de Gijón y a la propia administracion regional. Tal es asi que al divulgar datos sobre la presencia de turistas o la asistencia a congresos en Oviedo, se hace como contraposición a los que se dan desde Gijón. Si hay que hacer el ridículo multiplicando las cifras del turismo de congresos hasta triplicar los datos oficiales de Barcelona se hace y el "sofisticado" (como dijo otro, refiriendose a las pocas luces y aún menos formacion del concejal) teniente de alcalde que ahora lleva el área de turismo en Oviedo aprovecha de paso para asegurar que los turistas que pernoctan en Gijón tienen como Oviedo uno de sus principales destinos.
Por su parte desde Gijón se han limitado a argumentar que ellos tambien existen, que el conceja de turismo confunde congresistas con forofos de Alonso y que estan de acuerdo en esa descentralización, cuando es para ellos claro, y como ahora, con humor y mala leche por parte de su alcaldesa en artículo prólogo de las fiestas de Begoña que representan la semana grande, "La Semanona" como les gusta decir a nuestros vecinos, en el que desliza con no menos "sofisticado" humor los habituales topicos sobre los carbayones.

Salud


Breviario de la Semana Grande

PAZ FERNÁNDEZ FELGUEROSO Entre las obras de Gervasio Roberto de Jovellanos, sobrino tercero de don Gaspar Melchor de Jovellanos, los eruditos han hallado en fechas muy recientes un curioso «Breviario de la semana grande gijonesa», obra menor del pariente del ilustrado gijonés, aunque no por ello menos trabajada y erudita. Los Jovellanos, que eran pensadores abiertos a todos los temas, no sólo se ocuparon de ingentes asuntos relacionados con el porvenir de Asturias, sino también de las pequeñas cosas que afectaban a sus convecinos. La Ilustración concebía al ser humano como un todo y el Estado, el Ayuntamiento en este caso, es el encargado de procurar a los ciudadanos y ciudadanas bienestar en todos los campos. La semana grande gijonesa, la «semanona», como ya la llamamos, está tocando a su fin, pero este breviario de ánimo jovellanista y en clave de humor es útil para todo el año y, en su caso, como guía para las «semanonas» venideras.
Don Gervasio Roberto de Jovellanos quería, con esta obra de madurez, definir algunos conceptos básicos de lo playo, y, en este sentido, su breviario sigue siendo de gran utilidad. Como alcaldesa de la ciudad, me ha sido dado el privilegio de acceder a este raro documento, algunas de cuyas entradas transcribo a continuación por orden alfabético, con ánimo de deleitar a foriatos y naturales, deseando a todos un estupendo fin de fiesta y un mejor verano de 2007.
- Abierto: adjetivo que se aplica con razón al alma y el ser de los gijoneses, máxime en estas fechas.

- Abismo: profundidad grande que separa a las fiestas de Gijón de las de otras ciudades que no citaremos.

- Abusón: que se aprovecha de otros en semana grande, metiendo gato por liebre y garrafón por destilado. Es una especie cada vez más rara en Gijón.

- Alegría: sustancia energética que emana de los gijoneses durante estos días y los siguientes, ya sople el nordeste y haya sol, ya caiga el orbayu. // Circo.

- Bledo: cosa de poco valor que mide lo que en Gijón importan ciertas polémicas estériles y aldeanas protagonizadas por abusones.

- Bonito: hermoso pescado que llena de ventriscas el agosto playu y genera sobremesas imperiales.

- Bostezar: acción que puede verse raras veces durante los festejos del verano gijonés.
- Cachondo: gijonés en general. // Aplicado a las señoras puede ser malinterpretado.
- Calcetu: lugar en que se guardan los ahorros del año para pasarlo bien en agosto.
- Dedu: lo que se moja en saliva y se expone al aire para saber si sopla nordeste y va a despejar.

- Dolor: sentimiento generalizado que se siente al final de la semana grande.

- Escalerona: altar de los playos en el que se hacen ofrendas de Nivea a San Lorenzo.

- Foriatu: persona que pide «sidriña» y cree que esto es Santander. Bien admitidos, en todo caso.

- Gijón (del alma): ciudad abierta a todos los vientos, a todos los mares y a todos los bares.
- Gijonés, -a: vecino de Gijón. Criado con sidra, orbayu, sorna y tolerancia a partes desiguales. Puede ser de nacimiento o de adopción.
- Hípico: lugar donde, en agosto, saltan los caballos por obligación, y los apostadores, por decepción.

- Ifigenia: amiga de mi tío Gaspar Melchor. Un poco seria.

- Jovellanos: familia bien, culta y apañada a la que pertenezco y de la que, me parece, se va a hablar mucho en Gijón en los siglos venideros.

- Junón: ser acodado en la baranda playera que otea cabos, golfos y otros relieves.

- Mandil (dar el): lo que hacemos en Gijón en cuanto sale el sol.

- Muro: calle mayor de la gijonesidad peripatética. Escaparate, circuito, solárium, deambulatorio, carril-bici y lo que surja.

- Noche: espacio de tiempo con magia contenida y estrellas de pólvora por encargo que separa el 14 y el 15 de agosto.

- Nordeste: viento inventado en Gijón con el que Eolo pone las banderas tiesas y los ánimos altos. Brisa que refresca mejor que la Coca Cola.
- Ñocla: crustáceo tan apto para el consumo como para el insulto (v. g.: carañocla).
- Oviedo: capitalÉ

- Playu: gijonés de pata negra, nacido preferiblemente el día de San Pedro o de Begoña, conocedor de donde acaban y empiezan todos los barrios de Gijón.

- Tostaderu: síntesis gijonesa del culto al sol y horror de los dermatólogos. Muy poblado en agosto y fechas próximas.

El breviario del ilustrado Gervasio Roberto incluye más acepciones que explican a la perfección el humor y el sentir de esta ciudad. Quedan en el tintero las definiciones de babayu, pazguatu, ovetense, cachón, tarabica o ratubobu. En sucesivas entregas seguiremos profundizando en esta singular y gijonesa obra.

Buen verano a todos, en nombre de Gijón. Con todo amor y con todo humor.


8/10/2007

Al Norte

Dice Javier Cercas en un articulo reciente, referido a nuestra condicion de padres permisivos que maleducamos a una generación de hijos consentidos :

"Tienen razón los ex progres, se empieza renunciando al viejo y entrañable sopapo y se acaba cediendo a los niños el sillón, y en los casos mas dramáticos, el mando a distancia. Es cierto que ello está generando entre los padres una ola de solidaridad con los infanticidas; no es menos cierto que los resultados de la educación permisiva que padecen nuestros hijos no son siempre catastróficos, al menos para sus padres. Sin ir mas lejos, yo antes odiaba la comida japonesa; ahora la adoro. Yo antes odiaba la PlayStation, diabolica invención a la que, como cualquier ex progre atribuia la violencia, la incultura y la deshumanización de nuestra sociedad; ahora la adoro, además de juzgarla altamente educativa. Yo no habia visto en mi vida una serie de televisión, y ahora no me pierdo una noche Camera Café ni, los jueves, Polonia. Yo habia ignorado siempre los arcanos del baloncesto, y ahora reto a quien quiera a discutir conmigo la última alineación de Houston Rockets. Así que no todo es catástrofe: ser un padre permisivo permite, si no ser mejor padre, sí por lo menos ser en parte hijos de nuestros hijos (...) Por lo demás, no hay que ser un pedagogo genial para comprender que en teoria el secreto de la educación consiste en no ser autoritario ni permisivo, sino en ejercer una autoridad afectuosa y tolerante, pero la realidad es que ni siquiera pedagogos y ex progres saben como llevar ese secreto a la práctica. Y si lo saben, peor que peor, no se a que demonios esperan para contarnoslo... "

Un reflexion para ir tirando en este mundo complicado de ser padres, y madres, en tiempos de cambio entre la estricta enseñanza de nuestra adolescencia y la libertad que ha asentado treinta años de constitución democratica, a medio camino entre la caduca enseñanza de los dogmas religiosos y fascistas y las esperanzas puestas en la Educación para la ciudadania.

Como pronto retomaremos nuestra tertulia quincenal, a la que algún contertulio ha anunciado nueva incorporación, no tanto para cubrir el hueco de nuestro insustituible Emilio como para ampliar el registro de opiniones, es bueno conocer lo que se hace por esos mundos para mejorar el entendimiento y debatir sobre las cosas que nos preocupan o divierten y aprender de las opiniones de los demás, y de sus argumentos. Una de las inicativas mas novedosas que he conocido la lleva a cabo un asturiano singular, Angel Arias, (http://amarias.blogia.com) Ingeniero de minas, pintor, escritor, tambien hostelero a su manera, hombre del renacimiento que en su restaurante de Madrid, Al Norte, en pleno Madrid de Los Austrias, organiza tertulias mensuales, los primeros lunes de cada mes, sobre los temas mas diversos, que van desde El tiempo libre y el ocio, Educación y politica educativa en España, el Sentido del humor o la amistad, a otros como el Agua y la ordenación del territorio. En la pagina del restaurante, de comida mas que correcta, (http://www.alnorte.es) se pueden encontrar las actas de las tertulias organizadas hasta ahora. Un iniciativa que pretende "Contribuir al entendimiento y a la cordialidad ciudadana", pura cultura tertuliana que compartimos.

Salud

8/01/2007

Querido Emilio

Imposible describir la sensación que recorrió la plaza del pueblo cuando alguien, un amigo, comunica que acababa de morir Emilio. Va a pasar mucho tiempo para desligar ese momento, no por esperado menos dramático, y la terraza veraniega del cafe La Fresneda. Habrá otros momentos para hablar de su gran humanidad y la generosidad con que se entregó a todo lo que hizo en este su pueblo, otros lo harán mejor, ahora tendremos que asumir su perdida como amigo inmejorable, contertulio apasionado, compañero de rutas montañeras y de jornadas gastronómicas, y siempre cercano cuando lo necesitabas.

A. Alvarez

MURIÓ EMILIO

Recojo de mi mesita de noche un libro de poemas que a mi mente vienen tras la noticia de la muerte de Emilio Fernández. Al igual que entonces, cuando la pluma de Machado lo describía, bajo el sol de fuego, ahora, cae Emilio un tarde horrible del mes de Julio. Me resisto a admitir que así sea y así, también recurrente, llega a mi mente el poema que Sabina escribió a José Hierro, cuando yacía moribundo:

“Que se Joda la Puta desdentada que tenemos que hablar de muchas cosas”

Pero no ha sido posible. Los consejos, las máximas, como las de aquel Séneca Televisivo de nuestra infancia, no volverán a surgir de sus labios callados para siempre.

Hoy es un día triste para todos los vecinos de la Fresneda. Se ha ido un hombre bueno, un gran amigo, un asturiano que no ha hecho honor al dicho que recuerdo de Juan Uría Ríu o, tal vez, de Sánchez Albornoz:

“Asturiano: Loco, vano o mal Cristiano”.

Ninguna de esas características adornaba la personalidad de Emilio Fernández.

De los últimos 18 años de vida de Emilio, aquellos que hace que lo conocí, recuerdo que nos deja en la Fresneda un bagaje de trabajo desinteresado que ha fructificado, ya hace tiempo, en una escuela de Fútbol, idea por el pergeñada y en la que, en principio pocos creían. Un equipo de Montaña que para el alcanzó su quinta esencia cuando emocionado divisó, tras largas jornadas de camino agotador, la Catedral de Santiago, sabedor que la siguiente Jornada abrazaría al Santo y rezaría ante él. Las fiestas del Club de Campo, con los Corderos asados el días del maratón de Padell – por cierto recuerdo como me eliminó en una final cuando él Jugaba con Roberto, el profesor de Tenis, y yo lo hacía de pareja de Saucedo -. Nuestras tertulias de los jueves, que amenizaba con la discordia, en todo caso, siempre amena, con Álvaro Álvarez. No puedo olvidar, su pregón, cargado de ironía y sarcasmo, acompañado en la Gaita por su gran amigo Santi Pintado; y más próximos, viene los recuerdos del final de sus días, acompañado siempre de Fico, de quien dijera, con el sarcasmo, por cierto muy asturiano que consiste decir lo contrario de lo que piensas:

“Con Fico no pues contar pa na, son los fiestas del Pueblu quedé pa tomar un vasu con él, salgo a la plaza y encuentrulu subiu nun globu”

El último recuerdo que me queda, amable y simpático como todos los de él, define perfectamente su estilo: Paseábamos Cristina y yo por el parque cuando lo vimos acompañado de Teyi; y le dije:

“Acompáñanos a la Plaza Blanca que es la fiesta de la plataforma vecinal”

A lo que contestó:

“Yo las únicas plazas blancas que conozco son La Casa Blanca y El Santiago Bernabeu “

Lo echaremos mucho de menos.

Fdo: ARTURO GONZÁLEZ GONZÁLEZ DE MESA

7/29/2007

Recondita armonia


Cuando ayer noche resonaba en todo el patio central aquello que cantaba Mario Cavaradossi:

"Recondita armonia, di bellezze diverse!...
E bruna Floria, l'ardente amante mia...
E te, beltade ignota,
cinta di chiome bionde!
Tu azzurro hai l'occhio,
Tosca ha l'occhio nero!
L'arte nel suo mistero
le diverse belleze insiem confonde;
ma nel ritrar costei
il mio solo pensiero,
il mio solo pensiero,
Tosca, sei tu!

chocaba con el entorno majestuoso y escasamente armonico del enorme patio central del mayor edifico construido en España, que duplica el espacio construido por el monasterio de El Escorial., bajo el auspicio de aquel ministro de la dictadura, Girón de Velasco, fundador de las JONS, de imponente físico y verbo fogoso y amenazador, que comenzaba sus discursos con retorica combativa donde la hubiera.

"Camaradas combatientes de Castilla: Que Dios os guarde, camaradas. Que Dios os conserve la juventud con que dais brillo a vuestras canas primeras. Camaradas de Castilla: Viejos amigos, hermanos de la hora dramática, hijos de la gleba y de la majada, que Dios os guarde para la prole, para la Patria y para la Historia..."

Lo cierto es que la representación de Tosca en el patio central de la antigua Universidad Laboral de Gijón fue un éxito, sino musical si al menos de publico y como anticipo de lo que se pretende para un futuro cercano con el desmesurado edificio, construido a la gloria de la dictadura franquista. Para los que no conocian el viejo edificio recordaran la sorpresa, después de atravesar el atrio corintio dispuesto alrededor de un patio rectangular con 10 columnas de granito de mas de diez metros, el enorme patio tan grande como la plaza de San Marcos de Venecia, donde habian dispuesto el escenario, utilizando como fondo la espectacular fachada de la iglesia y la torre giralda con ascensor renovado.

Para volver a la realidad nada mejor que el articulo de hoy de Manuel Vicent en El Pais, con el que estoy de acuerdo sobre sus preferencias a la hora de elegir como destino futuro una tertulia en el mas allá.

Salud
Al


Tertulia. Manuel Vicent
Luís Buñuel dejó dicho que después de muerto le gustaría salir del sepulcro cada diez años para comprar el periódico, leerlo en el velador de un café y una vez enterado de lo que pasaba por aquí, volver de nuevo a la tumba. Todos tenemos un designio secreto para la eternidad. Unos prefieren la absoluta oscuridad de la nada, conscientes de que si en la otra parte de la tapia existe algo, sin duda, será mucho peor de lo que ofrece este mundo. Algunos señoritos esperan que el cielo sea una prolongación de la finca de caza que poseen en la tierra, en la que ciertos bienaventurados se hayan convertido en venados de catorce puntas y los ángeles en perdices blancas a merced de sus rifles y escopetas. Muchos se conformarían con que el más allá fuera un lugar bueno o malo, pero donde se pudiera aparcar. A otros no les importaría ir al infierno si allí hubiera un garito de jazz y el fuego no licuara el hielo del whisky que uno podría tomar oyendo en directo a Charlie Parker. Por mi parte estaría dispuesto a acelerar el tránsito hacia el otro lado si en algún punto del universo pudiera montar a mi gusto una tertulia con amigos muy escogidos, inteligentes y simpáticos, entre los que, por supuesto, estaría Buñuel. La peña tendría algunas reglas. No se le preguntaría a nadie si estaba vivo o muerto, si había sido ya juzgado, salvado o condenado. Cada contertulio se sentaría a la mesa con la única condición de que se tomara la eternidad con buen humor y mucha calma. Durante cuarenta años he pertenecido a una tertulia de cómicos, periodistas, jueces, pintores y algunos fantasmas. Cada uno traía noticias de su oficio y con ellas se formaba una realidad poliédrica de teatros, tribunales, periódicos, pinturas y fantasías, sin otra esperanza que la de seguir hablando sentados hasta el final de la vida. Sería muy divertido continuar con esta tradición en el otro mundo. Unos llegarían con noticias del paraíso, otros con la experiencia del fuego eterno. La última novedad, llena de glamour, sería siempre la que se produjera cada noche en el espectáculo del infierno, aunque cada diez años se esperaría a que Buñuel regresara de la tierra con el periódico leído. Puesto que en la eternidad el tiempo se comprime en la punta de una aguja, cualquier catástrofe futura ya habría sucedido. Ninguna noticia de sangre o de estupidez acaecida en nuestro planeta tendría allí el menor interés, pero todos los contertulios guardarían silencio cuando Buñuel diera los resultados de las ligas de fútbol.

7/25/2007

La chica del gangster (y IV)

J.L. Alvite
En el sucio asunto de la trata de blancas, el remordimiento es una sensación que se confunde a menudo con la higiene. Es frecuente que las prostitutas latinoamericanas tengan una estampa de la Virgen colocada de manera bien visible sobre la mesita de noche de la alcoba en el que ejercen su oficio. Lo hacen convencidas de que en la extrema situación en la que viven, el pecado no es más que un gaje del oficio, y que, dadas las circunstancias, nada puede haber de malo en un trabajo en el que el precio que el cliente paga por el cuerpo, no incluye en absoluto derecho alguno sobre el alma. Me dijo de madrugada una fulana en un garito: "La limpieza ha hecho por mi conciencia mucho más que mis oraciones. Rezar después de haberme acostado con un hombre me alivia algo la conciencia, pero puedo asegurarte que mi alma queda más limpia cada vez que estreno bragas". Casi treinta años entre las chicas del arroyo me han ayudado a comprender que hay un fondo de razón en ese parentesco entre la conciencia y la higiene. La primera vez que me acosté con una fulana en "La Luna", comprendí que la intimidad sexual en aquel lupanar comportaba menos riesgos que remangarte la camisa en algún ambulatorio. Cuando "Baretta" inauguró "La Fuente", dotó al establecimiento de un moderno gimnasio para que las chicas pudiesen aliviar el estrés y distender los músculos, dos cosas que tanto contribuyen a disipar la sensación de sordidez moral que por lo general acarrea el ferroviario cansancio que inevitablemente produce el catre. Como ocurre con Äudrey Hepburn en la secuencia de la bañera de "My Fair Lady", en el caso de "La Fuente" las chicas de alterne modifican la apariencia de su destino añadiéndole a la acidez de sus vidas un puñado de sales de baño y esa algodonosa y celestial sensación de alivio que suele producir la crisálida espuma del gel. Como me dijo en una ocasión Manolo Rifón en "La Dama del Lago", "estas chicas, amigo mío, saben que Dios es más tolerante con los pecados que huelen bien". A juzgar por su desarrollado sentido de la limpieza, supongo que "Baretta" es de la misma opinión. "La Fuente" se llama así por el llamativo surtidor de agua que hay en su vestíbulo, donde destaca también la presencia de un reluciente coche de los años treinta cuya propiedad la propaganda oficiosa del club atribuye al mismísimo Alfonso Capone. Se supone que la higiene no tiene por qué estar reñida con la historia. Es bien sabido que Al Capone poseía gustos refinados y detestaba la ordinariez, pero es evidente que no se andaba con miramientos si a los postres de un exquisito banquete se le antojaba el criminal capricho de reventarle a un comensal la cabeza con el bate de beisbol. Una norma no escrita del hampa dice que desde el punto de vista moral la sangre es menos escandalosa cuando se empapa con una toalla limpia. En los burdeles de Ricardo Calvo Cobas el jabón estaba a veces más sucio que las manos, pero en los locales de Manuel Crego Gómez no había una sola macha que no desapareciese al soplar en ella. Sabe "Baretta" que los daños publicitarios causados al burdel por una redada policial no son nada comparados con el devastador efecto que ocasionaría la noticia de que alguien haya incubado allí su jodida gonorrea. Personalmente estoy casi seguro de que "Baretta" jamás comprometería sus manos en un ajuste de cuentas. En "La Luna" la contundencia corría a cargo de un discreto servicio de vigilancia muy del agrado de los clientes, que no querrían volver de madrugada a sus casas con un problema de dinero agravado por la sórdida publicidad de un hematoma en el rostro. Menos delicado para estas cosas, el bueno de Ricardo solía implicarse en el jaleo y procuraba que no hubiese una sola tunda en la que no se hubiesen notado sus manos. Una noche le dije que si no mejoraba el ambiente y no remitía la sangre de las peleas, me tomaría más en serio la posibilidad de ir a su local a tomarme las copas vestido con un chubasquero encarnado. Ricardo encajó le comentario con una incómoda sonrisa y no dijo nada. Una madrugada, creyendo que eran las de mi automóvil, le cortaron las cuatro ruedas de su coche a un guardia civil que me había llevado hasta allí. Lo nuestro se puso imposible y llegué a temer por mi vida. Espacié mi presencia mientras la Guardia Civil lo freía a multas por infracciones al horario de cierre. Al poco tiempo dejé la sección de sucesos y me retiré de la prostitución. No he vuelto a ver a Ricardo Calvo Cobas ni a "Baretta". Tengo noticias de que Ricardo anduvo a ratos por prisión, delegó algo de mierda en un par de testaferros y se hizo construir en A Muiña una gran casa en la que la lluvia no da recorrido el tejado. En cuanto a "Baretta", solo sé de él que todavía circula por ahí la leyenda de que en los tabiques de su casa de la playa hay tanto dinero emparedado, que si se la destruyese un seísmo, necesitaría el coche de Capone y el camión de las mudanzas para llevar el escombro al banco.

7/23/2007

Esperanzas

Comparto con Javier Marias la esperanza en la gente que nos rodea, a los que señala como "Los valiosos ocultos", como contraposición a lo que aparece en la televisión y en los medios de comunicación en general, cuya imagen es decepcionante y a menudo lamentable. Nos contaba un amigo, profesor de un conocido instituto de Oviedo, sus avatares con la "tropa" de adolescentes y sus experiencias de varios años en la enseñanza. Aún a pesar de defectos importantes en el sistema educativo, nos trasmitia su convencimiento de que tenía una mayoria de alumnos muy buenos que contradicen lo que se suele oir por ahi sobre la juventud de ahora y su predisposición a afrontar responsabilidades.



Los Valiosos Ocultos, Javier Marias
....Y sin embargo la vida real, o personal, o privada, no tiene mucho que ver con todo eso, por lo menos la mía y las de quienes tengo cerca. Bien es verdad que en ella uno ve también hordas de descerebrados reales que, sobre todo en estas fechas, apenas saben articular más de una palabra, y ésta suele ser "¡Fiehta, fiehta!", independientemente de su edad, condición y sexo. Pero también estoy harto de conocer a personas valiosas que jamás hablan de nada de lo que nos inocula o cuela sin cesar lo público, sino de sus intereses o problemas particulares. Gente sosegada, bienhumorada, culta, educada, inteligente y prudente, atenta a su propia vida, afanosa por saber más, con buena voluntad y curiosidad infinita. Y no son sólo amigos de siempre, sino personas nuevas que me escriben o con las que me encuentro, a las que acabo de conocer y que me producen una impresión excelente, aunque el trato sea breve. Y también estoy harto de descubrir a jóvenes -en esta época en la que tantos parecen cafres; bueno, como en todas- que tienen todas las trazas de ir a convertirse en ciudadanos valiosos y responsables, deseosos de hacer bien lo que les toque en suerte (no siempre van a poder elegir, bien lo saben), indiferentes a la notoriedad y la fama, sobre todo si son mal ganadas. ¿Dónde están, me pregunto al poner la televisión o la radio o abrir los diarios? ¿Por qué aquí nunca aparecen, o muy raramente? Es tan abrumadora la vociferación de lo público, y tanta su capacidad de incitación a la mímesis en los más cortos de luces, que a veces no parece existir más realidad que la que los medios muestran, cuando la suya es por fuerza una visión sesgada, incompletísima. Esas personas valiosas son precisamente las que, por su discreción y sentido del ridículo, no se presentarían nunca a un concurso o a un reality show, ni acudirían a un programa de despellejamiento, ni dirigirían unos "informativos" a mayor gloria suya (el pudor se lo impediría), ni seguramente escribirían arbitrariedades en prensa como las que yo mismo escribo (y otros muchos, no crean). ¿O bien es que, en cuanto accedieran a estos medios, o a la política, o al obispado, se contagiarían de nuestra vileza? Imposible saberlo, y hay que dar gracias por ello. Porque mientras exista esa gente discreta, con sus intereses veraces, a gusto en su anonimato, con su atención centrada eminentemente en su vida particular y en su trabajo, sin más ambición que la de su propio mejoramiento, este país y este mundo no estarán aún condenados.

JAVIER MARÍAS

La Chica del Gangster III


La Chica del Gangster III J.L. Alvite
Cuando conocí al rústico capo de la prostitución compostelana, la chica del gángster era una muchacha portuguesa ruidosa e impulsiva que administraba aquel sórdido tugurio en A Muiña como si fuese una granja de cerdos en cuya planta superior, curiosamente, vivía un sacerdote jesuita. La chica del gángster se llamaba Cecilia y ni siquiera cerraba la boca para tragar saliva. Desde luego, ni ella era la hermosa Virginia Hill, ni, por supuesto, el gángster era Benjamín "Bugsy" Siegel, el brutal pero elegante guaperas que fundó en Las Vegas el Hotel Flamingo y murió tiroteado en una mansión de Beverly Hills después de haber fracasado en el intento de convertir a su chica en una glamurosa estrella de cine. Por su actitud simplemente tosca Ricardo Calvo Cobas era más parecido a Capone que al juicioso Johnny Torrio, aunque no tuviese su liquidez ni su reconocida distinción de gourmet, seguramente porque Compostela tampoco era el ajetreado y luctuoso Chicago de "La Matanza de San Valentín" y también porque la residencia de Calvo Cobas en A Muiña distaba entonces mucho del selectivo confort del que gozaba Capone en su casa del barrio de Cicero. Conocí en el fango de la prostitución a pocos personajes cultos o simplemente delicados, pero Calvo Cobas jamás podría haber sido uno de ellos. Frecuentaba ambientes suburbiales o explícitamente indecentes y nadie recuerda haber cenado con él en cualquiera de los magníficos restaurantes de la ciudad. De haberlo hecho, estoy seguro de que la rancia mierda de sus uñas habría sido el plato más abundante del menú. Bien sabe él que a pesar de nuestras desavenencias jamás le desee la muerte, pero supuesto que Calvo Cobas cayese víctima de sus malos pasos, dudo mucho que le ocurriera como al gángster Albert Anastasia, que murió tiroteado una mañana mientras lo afeitaban como a un marqués en la barbería del Hotel Sheraton de Nueva York. De manera más coherente con sus rudimentarias costumbres de hombre con poca clase, podría ocurrirle que cayese desplomado sobre un plato de fideos con mozarella, como le sucedió a Joe "The Boss" Massería en el "Nuova Villa Tammaco" de Coney Island cuando Charlie "Lucky" Luciano se levantó oportunamente al baño dando tiempo a que en su ausencia, Siegel, Genovese y Lansky acribillasen a su compañero de mesa. Calvo Cobas podría haberse estrenado en el hampa con una chica a la altura de sus posibilidades económicas pero su falta de estilo hizo que se arrimase a Cecilia y que lo suyo con ella durase hasta que la robusta portuguesa se dio a la fuga llevándose con ella a Portugal los ahorros de su jefe y amante. Al capo de A Muiña le habrían ido las cosa de otro modo si se hubiese inspirado a tiempo en el comportamiento de Manuel Crego Gómez, "Baretta", que se ha dado siempre la habilidad que un hombre necesita para que sean otros los que se manchen las manos con las cosas que toque él. Cuando "Baretta" estrenó en Guísamo su flamante "La Luna", sus visitas al local se producían con la misma distancia y discreción que si solo fuese uno de tantos clientes del próspero negocio. Jamás hacía alardes de dinero ni la menor ostentación de su éxito empresarial. A los pocos meses de haberse instalado en Guísamo, compró un restaurante que funcionaba casi sin clientela al otro lado de la carretera. Quienes le conocíamos bien sabíamos que no hacía aquel despliegue de dinero por aparentar prosperidad, sino para blanquear en la contabilidad del nuevo negocio la negritud de las inconfesables ganancias obtenidas en "La Luna". "Baretta" no solía mancharse las manos con nada, y mientras frecuenté su trato, juraría que procuró tenerlas siempre más limpias que cualquier cosa sucia que tocase. Aquel escrupuloso sentido de la profilaxis hizo que "La Luna" prosperase con una clientela entre la que nunca faltaron importantes personajes de la vida social coruñesa y que la patrulla de la Guardia Civil se tomase allí sus copas a última hora de la noche con la misma confianza moral y reglamentaria que si estuviesen haciendo tiempo en la cantina del cuartel. Sus buenos modales y la discreción con la que lucía el dinero ayudaron a revestir la imagen de "Baretta" de un aura de legalidad y decencia, convirtiéndolo en un mafioso casi tan invisible como Meyer Lansky, aquel judío amigo de "Lucky" Luciano, de "Bugsy" Siegel y de Vito Genovese al que solo el cáncer fue capaz de pegarle un tiro cuando ya era un octogenario lacónico y prudente que había sobrevivido a los de su generación gracias a su sabia costumbre de emplear la serenidad y el sentido común para darle largas a la muerte. Como había hecho mucho antes Lansky con su amante Carmen durante su exilio en Cuba, "Baretta" supo mantener en todo momento su vida sentimental separada de los oscuros avatares de su oficio, sin duda a sabiendas de que hay pocas sensaciones tan dolorosas como pillarse los huevos al cerrar a oscuras el libro de la contabilidad del negocio. En eso, "Baretta" me recuerda mucho a Dion "Deany" O´Banion, aquel fino mafioso irlandés de hace más de ochenta años, que después de una criminal noche de lenocinio, se quitaba de encima el penetrante tufo de las fulanas estilizando por la mañana el aroma de las orquídeas con sus propias manos en la floristería que le servía de tapadera. Por desgracia para él, a Dion O´Banion lo mataron en su negocio de flores unos tipos que él creyó que habían ido allí a comprar unas coronas para el entierro de Frankie Merlo...

7/21/2007

La Chica del Gangster II

Segunda entrega del relato, novela negra de calidad y crudamente real, que nos ofrece Jose Luis Alvite sobre el submundo de la prostitución, del que a menudo se tiene una idea superficial que no va mas alla de la diversión y el deseo. Con la descripció que Alvite hace de sus protagonistas se cumple lo que dijo otro gallego, Manuel Rivas, "las personas (?) que cometen delitos mas o menos abominables, las que tiene tendencia al abuso y al matonismo, o aquellas que actúan condicionadas por mayores prejuicios de sexo y raza, suelen tener una opinión excelente de sí mismas. Una extraordinaria autoestima, a prueba de criticas".

La Chica del Gangster II J.L. Alvite

Nunca entenderé que el negocio de la prostitución tenga que mezclarse con el crimen organizado para conseguir resultados económicos saneados. Solo la voraz e insaciable codicia de algunos empresarios ha podido llevarles desde el despacho del atento director del banco, hasta el anónimo y tedioso patio de la cárcel. Aun sin aliarse con las redes del crimen a escala industrial, el negocio del sexo es inevitablemente rentable y no se puede concebir el catre sin el dinero, del mismo modo que resulta difícil entender las flores sin las abejas. Aunque se limitase a explotar los aspectos puramente hosteleros de sus negocios, Manuel Crego Gómez, "Baretta", podría permitirse los lujos más exóticos y sofisticados. Todos sus locales funcionan con la apariencia de hoteles en los que siempre está colgado el cartel de "completo" gracias a que se suelen alojarse allí las chicas de alterne, que pagan cada mes una importante cantidad de dinero por tener derecho a cama y tres comidas diarias. Con semejante índice de ocupación, cualquier empresario del sector turístico daría saltos de alegría. Pero no ocurre así con los inversores del negocio de la prostitución, que a la contabilidad del hotel añaden la escabrosa recaudación que suele dejar en caja el sórdido negocio del alterne y el catre. Perciben un porcentaje en las consumaciones de las chicas, el total del importe de las copas de los clientes y una cantidad fija por cada vez que cualquiera de sus pupilar utiliza su cama para acostarse con algún acompañante. Con razón se decía hace más de doce años que en su casa de la costa coruñesa, "Baretta" había hecho duplicar algunos tabiques para emparedar allí una fortuna cuya cuantía sería difícil de explicar en los impresos de la declaración de la renta. No me consta que el comentario fuese algo más que una razonable fantasía, pero lo mismo se decía de Ricardo Calvo Cobas, otro de los grandes del negocio en Galicia, un tipo tosco, soltero y divertido que pasa por ser uno de los mayores propietarios de terrenos en el área de Compostela. Por si el dinero no era bastante fianza para sanear su vida social, Calvo Cobas se hizo amigo personal de José María Caneda cuando la S. D. Compostela daba la impresión de ser un globo que solo podría pincharse con las alas de los ángeles. Se dice que "Baretta" quiso ampliar su dominio en el sector y que para ello le hizo a Ricardo Cobas una oferta que el turbio empresario de San Lázaro por lo visto rechazó casi sin haberla entendido. Igual que a "Baretta" en el 2001, tres años más tarde la Policía le echó el guante a Calvo Cobas con motivo de la "Operación Transilvania". Quienes le conocen bien -y yo creo haberle conocido como el que más- suponen que a Calvo Cobas la cárcel no le produce una especial sensación de ostracismo y que encaja los barrotes como si fuesen ropa entallada. De hecho, la primera vez que le recluyeron en la prisión pontevedresa de "A Parda", aprovechó el prolongado relajamiento penitenciario para dirigir desde su celda la construcción de la güisquería "San Lázaro II", en cuya explotación se calcula que, cuando el euro era todavía un cuento de hadas, obtenía beneficios anuales del orden de más de cien millones de pesetas. Calvo Cobas se hizo construir luego en A Muiña, la barriada que le vio nacer, una mansión llena de puertas y retretes de la que en broma dicen sus amigos que incluso tienen chimenea los armarios, el extintor y la nevera. Calvo Cobas careció siempre de la elegancia y el saber estar de su colega Crego Gómez, que solía moverse en ambientes que le habrían venido anchos a Ricardo, un tipo muy trabajador y muy amigo de sus amigos, pero cuya falta de sensibilidad y de modales haría creíble que fuese capaz de cortar el jamón con el cerdo todavía vivo. Quienes tuvimos un trato cercano con Calvo Cobas, habremos de reconocer que se trata de un hombre cuyos impulsos, a veces criminales, no hacen sino encubrir una infancia sin resplandores en medio de una familia numerosa en la que él sigue siendo el retrato más luminoso de lo que para alguien con sus principios podría ser el éxito. Al contrario que su colega "Baretta", el carnal empresario de San Lázaro es un hombre sin formación académica, con un lenguaje directo y a veces contundente, capaz de interrumpir cualquier sosegada racha de felicidad sacando de detrás de la barra el bate de béisbol con el que se ha encargado de seleccionar una clientela que acude a sus negocios convencida de que si hubiese el menor altercado, el bueno de Ricardo Calvo Cobas no tendría inconveniente alguno en limpiar personalmente la sangre con las hojas del cuaderno en el que arrastra bajo la luz de un flexo las cuentas del ir y venir de sus chicas, que, dicho sea de paso, sienten por el jefe una extraña mezcla de admiración y desprecio, sin duda sabedoras de que si alguien les tocase un pelo, el rudo soltero del hampa reaccionaría como si el faltón de turno se hubiese propasado con su caja registradora. Realmente conocí a pocos hombres con tanta capacidad para el dolor. A veces creo que no me mentía el tipo que una madrugada me contó que cuando caía enfermo, a Ricardo Calvo Cobas le ponían las inyecciones con un tojino...

7/20/2007

Relatos de Verano

A la baja actividad veraniega de nuestra tertulia quincenal hay que ponerle un relleno , como hace la prensa para seguir vendiendo papel sin que se note demasiado que desaparecen las noticias habituales en manos de becarios y becarias que bastante tienen con redactar pequeñas historias costumbristas y de nulo interes mas que para el protagonista y su familia, que vienen de tal o cual provincia castellana a tomar las agua a la bonita playa de Gijón, Antromero o el Sablon ("parez mentira que seas de Llanes, y que te bañes en el Sablón, si te bañares en Puertu Chicu, serias llaniscu de corazon" canta Kiko Butifarra por estas fechas.
Si a las vacaciones judiciales, que tiene peso en la tertulia casi tanto como las sanitarias y las funcionariales, les sumamos ese "veraneo clásico en una aldea de mar, tipicamente cantábrica..." en palabras de Serrat, plantearemos alguna minitertulia a salto de mata para ir preparando la apertura del nuevo curso tertuliano, que se promete jugoso, al menos desde el punto de vista gastronómico, si Vicente no se echa atras de su promesa culinaria.
El primer relato se lo encargamos a nuestro amigo Jose Luis Alvite, aficionado a la publicación por capitulos, que seguimos ahora en El Faro de Vigo y que no decepciona con su maestria para contar historias sordidas y tiernas.

LA CHICA DEL GANGSTER I J.L. Alvite
A finales de febrero del año 2001 se presentó en Madrid a los medios informativos la Asociación de Empresarios de Locales de Alterne, ANELA, que nacía, según sus promotores, para dignificar el ejercicio de la prostitución, lo que suponía ponerse del lado de quienes luchaban contra el proxenetismo, la ignominia sexual y la dudosa higiénica moral de un sector productivo en el que solo era sensible el somier del catre, sin descuidar los redactores fundacionales un claro alegato en favor de convertir el sexo profesional en una noble actividad económica sometida a las correspondientes obligaciones laborales, sanitarias y fiscales, reduciendo la odiosa trata de blancas a una especie de dulce gimnasia de mantenimiento. En la publicidad de la asociación se proclamaba ya en aquel momento un rotundo "No a la retención de mujeres". El eco informativo fue entonces más grande de lo que los asociados esperaban y al ciudadano medio aquella brisa cargada del jabón y dignidad le pareció una verdadera y grata revelación. Seis meses más tarde, una operación policial se encargó de demostrarnos que "Anela" solo era un vistoso folleto turístico y que debajo de aquella sutil capa de dignidad y gel de baño seguía agazapado el sórdido y próspero negocio mafioso de toda la vida. En la redada que la Policía practicó a mediados de julio en varias ciudades españolas, se detuvo, entre otros, a mi viejo conocido Manuel Crego Gómez, que no solo aparecía implicado en oscuros asuntos criminales, sino que, por otra parte, resultaba ser el secretario general de "Anela". Manuel Crego Gómez, alias "Baretta", había nacido en Vila de Cruces (Pontevedra) y no era ningún desconocido en el hampa de la carne. Antes de proyectarse como propietario de los clubes "La Luna", "Olimpo" y "La Fuente", regentó "O Cruceiro" en Ponte Ulla, cerca de Compostela, donde empecé a relacionarme con él hace algo más de veinte años, cuando Manolo no había cumplido los treinta, vivía con su pareja en la compostelana calle Fernando III El Santo y alternaba de madrugada en los mejores círculos de la bohemia compostelana procurando que su aspecto no delatase su turbia profesión. Compensaba su corta estatura con unos modales más largos que sus brazos y una generosidad que le hizo ganarse a no pocos amigos. Fuera del antro que regentaba a medias con el odioso Suso Táboas, "Baretta" nunca se metía en problemas y solía moverse en solitario, jamás acompañado de mujeres, plantado siempre en el extremo de la barra más cercano a la puerta, con ese agudo sentido que los hampones con clase tienen de la discreción y de la seguridad. Si he de ser sincero, para mantener las distancias Manolo Crego no necesitaba insinuar su indudable capacidad para la violencia. Le bastaba con su aspecto resuelto y aquel aplomo rebosante de gentileza y de salud. Lo cierto es que conocí de madrugada a seminaristas más impulsivos que aquel tipo lacónico y moreno que empezó a perderme parte de su encanto natural cuando supe que se rizaba el pelo. También se resintió su imagen cuando saltó lo de aquella chica portuguesa retenida con malos modos en el local que "Baretta" regentaba en Ponte Ulla. El incidente sirvió de paso para que mi relativa amistad con Manolo Crego empezase a resquebrajarse. Rosalía Maria da Silva, alias "Marta", era una de las dos docenas de chicas de su negocio, pero en cierto modo, era también "mi chica". La publicación de un reportaje sobre lo que le ocurría a "Marta" desencadenó una intervención de la Guardia Civil, que no pasó de ser suave pero liberó a la cautiva. Rosalía se marchó de camarera a una parrillada en Xinzo de Limia y mis relaciones con "Baretta" entraron en el principio de la cambiante oscuridad que, con diversas alternativas, las marcaría para siempre. Sabedor de su aversión a mi trabajo en la prensa, una madrugada que coincidimos de copas en la elegante penumbra de "Tifanny", dirigí la mirada a la joyería que lastraba sus manos y le dije: "No dudo de que puedas acabar conmigo a tiros, pero albergo la esperanza de que, por culpa de llevar tanto hierro encima, a ti te fulmine en cualquier momento un puto rayo". "Baretta" encajó el mal gusto de aquella broma si pestañear. He de reconocer que su entereza estaba muy lejos de ser vulnerable a mis frases. Aquel tipo iba ya camino de escalar los peldaños que le llevarían a lo más alto del negocio y había adquirido el aplomo que solo a veces tienen los tontos y los muertos. Cuando me recuperé del sudor que me produjo haberle desafiado con la premonición del "puto rayo", pensé que el implacable "Baretta" era sin duda la clase de hombre al que incluso la ira le enfriaba la cabeza...