9/14/2005

AMERICANOS

Dice Juan José Millás que en EEUU no te pueden ejecutar si tienes gripe o te ha hecho un esguince. Primero te curan, como es lógico. En algunos Estados tambien te libras si eres tonto, aunque te miden el coeficiente intelectual cada mañana, de manera que si un día lo tienes alto, te gasean.
Siempre parece que exageramos con los americanos pero ya empezó la propia Santa Madre Iglesia Catolica poniendo como patrona de America, Perú y Filipinas (?) a Santa Rosa de Lima, cuya día celebramos hoy, aquella desventurada enemiga del amor propia, empeñada en producirse daño para ofrecerlo a Dios y al que el demonio la molestaba con violentas (?) tentaciones, tanto que pedia en sus horas finales "Señor, aumentame el sufrimiento..." (y despues creemos que son los ingleses los que han inventado la disciplina inglesa, aquello del sado/maso que tanto excitaba a Felipe II). Su beatificacion por el Papa Clemente X (nada que ver con el Papa Clemente de El Palmar de Troya, que este de aqui reinó con el nombre de Gregorio XVII) la primera beatificacion americana, la convirtió, pretendidamente, en modelo y guia de la juventud americana. Así son. Aunque los estereotipos no suelen ser buenos, por eso se quejaba Alfredo Urdaci amargamente en su libro de memorias: "se ha hecho un retrato de mi en el que no me reconozco, el de un falangista ultracatólico y del Opus Dei. No soy de la Obra, aunque tengo amigos alli que valoro mucho. Tampoco soy un ultra, nunca he levantado un brazo mas que para pedir un taxi". Tenemos que estar contentos, algo hemos ganado, estos que vociferan, antes eran los que ladraban.
De cualquier forma, volviendo a los americanos, dice uno que "las personas mas criticas que conozco con América son americanos. Cien por cien americanos, como Michael Moore, Noam Chomsky o Gore Vidal. No conozco a nadie mas critico ni mas americano que Gore Vidal" lo que desmonta un poco el estereotipo al uso (que era lo que queriamos demos-demostrar, que dirian los Luthiers).


salud
Alvaro
P.D.: Tan americano era Jorge Negrete cuando, en su lecho de muerte, dijo a los Panchos: "Ustedes, que han sido unos bandidos en esta vida, que se han bebido todo y han hecho las barbaridades mas grandes, mira lo saludables que estan; y a mi, que me he abstenido de todo, viene a tocarme esta desgracia", menuda letra de bolero.


José Luis Alvite
Ya sé que los americanos son un pueblo joven sin la cultura de la Vieja
Europa. Un fulano me confesó de madrugada en el Savoy su fascinación al
descubrir que los griegos habían conseguido las ruinas de la Acrópolis sin
emplear la aviación. Hay tipos superficiales que creen que después de
Lincoln la figura histórica más consistente de los Estados Unidos es Dick
Tracy. También escuché por ahí que en una confusa visión de lo que es moral
y lo que es higiénico, algunos gobernadores habían prohibido fumar en la
cámara de gas. Son cosas que se dicen y no se comprueban. Un matón que
trabajó para la Mafia en Chicago me dijo en el 74 en el Savoy que, en un
arrebato de refinamiento, Al Capone se había hecho construir un barco que
aparentase un hogar, o sea, ropa y madera por todas partes, «así que el muy
idiota ordenó que incluso el ancla fuese de roble de Los Apalaches». Capone
empezó en el hampa por abajo, pronto tuvo guardaespaldas y acabó sus días
convencido de que era un tipo elegante sólo porque en Palm Beach las armas
se las llevaba un «caddy».
«El arpa de hierba» no la escribió Truman Capote mojando en tinta los
dados, y el teatro de Williams o de Miller es algo más que un ventilador
sudado y un toque de carpintería. Pero circula por ahí que en Norteamérica
pocos saben escribir y que la mayoría aprendió a leer en sus antecedentes
penales o en el horario de misas del corredor de la muerte. Pero algunas
cosas de Poe parecen escritas con una mezcla de sangre y lejía. Fred
Astaire era el esqueleto del aire y en «Perdición» el rostro de Barbara
Standwyck tenía esa escabrosa dulzura penal que asoma al rostro de las
mujeres cuya sonrisa es una carrera en las medias. Y también eso es
América, aunque para muchos, los norteamericanos son únicamente un pueblo
inocente y aniñado cuya idea de la dignidad humana es que en las
ejecuciones el alcaide se quite el sombrero y le regale a la hija del reo
un marquito de plata con el recibo de la luz.

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