3/24/2009

Hijos de la picaresca

Un articulo revelador del ser ( mejor el estar) de los españoles. Recuerdo que en las milicias, cuando nos robaban el gorro o una manta, si protestabas, encima quedabas de gilipollas. Yo pensaba que hubiera sido una buena ocasión para un poco de educación. Pero claro ¿quien la iba a impartir? En fin, a mi esto no me encajaba. Pero terminabas haciendo lo mismo que todos. Menos mal, que por fin, alguien comienza a interrogarse sobre este asunto, públicamente. Asi que seguiremos otro poco sin perder la esperanza.

Horacio Pérez


ROSA MARÍA ARTAL
Hijos de la picaresca
Una conciencia laxa ante la corrupción, la creencia frente a la ciencia y un atraso educativo secular: tres pies para una mesa que cojea por su erróneo diseño. Alcaldes de todos los partidos son acusados de corrupción, ingresan en la cárcel entre llantos, vítores y aplausos, y, en el 71% de los casos, resultan reelegidos, aumentando incluso sus apoyos. ¿Concedemos los españoles mayor permisividad que otros pueblos a la trampa, el robo, la malversación, el cohecho y todas sus variantes delictivas?

Sin duda, somos hijos de la picaresca, un género literario asociado a las letras españolas que nos ha impregnado el alma. O viceversa. En su tiempo de esplendor -siglo XVII-, la picaresca supuso una auténtica creación porque abordó con crudo realismo la verdad, en contra de las idealizaciones del Renacimiento. La novela picaresca suprime artificios de lenguaje y refleja la sociedad en la que vive: la que distingue a los seres humanos según su cuna y arroja a los abismos al pobre, que sólo puede medrar con subterfugios superiores a los de aquellos a quienes se ve obligado a servir. España de falacia y pandereta, de filfa, patraña y estafa, lerda y falsa, clerical y oscurantista, que nunca concede al pícaro la gracia heroica del triunfo sobre el poder. Su astucia obligada sólo le ayuda a sobrevivir.

Pocos países en la historia han ostentado la hegemonía mundial. España tuvo ese dudoso privilegio durante varios siglos. Lo que otros imperios robaron -tributos y botines de guerra, si se prefiere usar eufemismos- puebla sus museos. Grecia y Egipto se contemplan en el British londinense, y, lo que resta, en el Louvre parisino o en el Vaticano. ¿Y qué fue de los tesoros incautados por España? A partir de esa primera interrogante, nos encontramos a los Austrias dominados por validos o, llegados los Borbones, a la regente María Cristina, que amasó una inmensa fortuna trapicheando, según se le atribuye, con la sal, los incipientes ferrocarriles e incluso la trata de esclavos.

La Segunda República no se libra de despilfarros, falta de organización y corruptelas. Alejandro Lerroux se vio obligado a dimitir de su breve mandato como presidente del Gobierno por los escándalos del estraperlo y el cobro de favores -uno de los pocos a quienes la corrupción le pasó factura-. En realidad, la trayectoria española del siglo XX está llena de casos con nombre propio. Inolvidables Matesa y Sofico en el franquismo; el aceite de colza, con la UCD, y todos los que ya apoya la memoria reciente.

España, pozo de dinero negro, ha hecho de la burbuja inmobiliaria el primer alimento para nuestra fama de corruptos. Extendida por todo el territorio español, prevarica, trafica con influencias, cobra comisiones y adjudica irregularmente. Se la está atajando con múltiples investigaciones y condenas, pero la basura no cesa de fluir. Una comisión del Parlamento Europeo dictaminó en 2007: "El urbanismo que está padeciendo España es un atentado contra derechos fundamentales, movido por intereses bastardos de constructores sin escrúpulos, conchabados con alcaldes de poca monta, enfeudados unos y otros en la codicia y la avaricia".

Si nos atenemos a los datos de la organización Transparency Internacional, ocupamos, sin embargo, el puesto 28 -entre 180- entre los más limpios, con una calificación de notable (6,8). La ciudadanía, en cambio, dice percibir alta corrupción, sobre todo política. Sólo que -y esto es básico- no le importa. Sólo un 2% de los ciudadanos la cita como problema en las encuestas del CIS.

Para los diccionarios de sinónimos, el pícaro es travieso, pilluelo, bribón, tunante, revoltoso o astuto. ¡Dulce benevolencia! Buena parte de los españoles admira a quien se enriquece, sin importarle los métodos.

El desmesurado peso de la Iglesia católica en el Estado español a lo largo de toda su existencia no es ajeno a la aceptación tácita de la corrupción. Influencia clara, cuando aún intenta impedir en España lo que acepta en otros lugares, como el estudio de Educación para la Ciudadanía o una ley del aborto europea. Partimos de dos premisas fundamentales que constituyen la razón de ser la religión: creencia frente a ciencia y juicio, y limpieza del pecado con una penitencia cómoda y solitaria. Los vecinos que vitorean alcaldes presuntamente corruptos no "creen" que lo sean, de nada les sirven las pruebas, les posee la fe. Muchos políticos también participan de esa actitud. Y sobre todo, demuestran pensar que la contrición privada exime de culpa, al margen de la justicia.

Causa y consecuencia, la educación sigue siendo asignatura pendiente de los españoles porque, a pesar del indudable y vertiginoso crecimiento económico, partir del subdesarrollo y la dictadura lastra. Aún presentamos un notable fracaso de instrucción infantil... y evidentes carencias en los adultos. Desde la inocua falta de uso de expresiones corteses y el escaso dominio de lenguas extranjeras, a no pensar en los otros -elemento básico de una formación adecuada-. País bipolar, de excesos y carencias, generador de caspa que no tapa el progreso.

Una llave para el cambio: la búsqueda del bien común. Y con ella, franquear la entrada a una nave que aguarda durante siglos partir hacia una nueva España. Por la borda y con una pesada ancla, habremos de arrojar la picaresca y todo lo que implica. Para enderezar la Historia.

2/26/2009

¡Tirad, que vengo entre moros! ...

Como dice Julian Casanova en su artículo, recorrer el callejero de nuestras ciudades nos descubre nuestra zigzagueante historia de los dos últimos siglos. El caso de Oviedo no es menor y así nos encontramos con un callejero cargado de los "heroes" impuestos por los vencedores de la guerra civil, al lado de los cuales la gesta del humilde cabo Noval, aquel Luis Noval y Ferrao, ebanista de Oviedo que se enroló a principios del siglo anterior para combatir al moro en el norte de Africa, adquiere tintes de epopeya. Su grito de advertencia ¡Tirad, que vengo entre moros! ¡Fuego!¡Viva España! ha pasado a la historia de las gestas militares.

Decía que el callejero de la capital asturiana está especialmente recargado de personajes cuyo mérito principal es pertenecer a aquel bando ganador, y no son pocos los militares a los que se les ha dedicado una calle, plaza o avenida, desde los sargentos a los alfereces provisionales tenemos para casi todos los grados y empleos del ejercito, solo de comandantes (Bruzo, Caballero, Janáriz, Vallespin...) tenemos para mas de un regimiento, pero tambien hay tenientes (Alonso Martínez), capitanes (Almeida), Tenientes coroneles (Teijeiro), coroneles (Aranda), y generales a manta (Primo de Rivera, Yagüe, Sabino Fernandez Campos, y sobre todo al general Fernandez Ladreda, considerado el rey del callejero, porque es raro encontrar alguna ciudad que no le dedicara calle o avenida).
Junto a aquellos "heroes", inventados o no, ocupan un lugar preminente los personajes religiosos, y aqui van desde el obligado santoral (Antonio, Benito, Bernabé, Cipriano, Francisco...) hasta los obispos (Castro), Arzobispos (Guisasola, Lauzurica) y cardenales (Cienfuegos, Inguanzo, Arce Ochotorena), algunos de los cuales bendijeron la "Santa Cruzada" del último dictador.
Hay muchos mas rastros en el callejero que nos avisan de un pasado aborrecible (División azul, la gesta, 19 de julio...) que deberían ser sustituidos por otros que sean ejemplo de modelo de convivencia, de esfuerzo de superación, de valores humanos y respeto hacia el estado de derecho.

La historia que queda en el callejero

El alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, quiere darle a una calle el nombre del fundador del Opus Dei. De nuevo una figura religiosa para ocupar uno de los espacios públicos que el Estado democrático ha despreciado.

JULIÁN CASANOVA 26/02/2009

Los nombres de las calles en España, como las ceremonias conmemorativas, los festejos o los monumentos, son un claro reflejo de nuestra historia zigzagueante en los siglos XIX y XX. Liberales y absolutistas, ya durante el primer tercio del siglo XIX, bautizaron plazas y calles con nombres constitucionales o antirrevolucionarios, según quién ocupaba el poder, pero fue en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX, con el crecimiento y expansión de las ciudades, cuando más ocasiones se presentaron de dar nombres a las calles.

Durante la Segunda República, los símbolos religiosos cedieron paso a otros ritos laicos

Cuando Franco murió, en 1975, era difícil encontrar una localidad sin símbolos de su victoria


Las principales ciudades españolas doblaron su población entre 1900 y 1930. Barcelona y Madrid, que superaban el medio millón de habitantes en 1900, alcanzaron el millón tres décadas después. Bilbao pasó de 83.000 a 162.000; Zaragoza, de 100.000 a 174.000. No era gran cosa, comparado con los 2,7 millones que tenía París en 1900, con la cantidad de ciudades europeas, desde Birmingham a Moscú, pasando por Berlín o Milán, que en 1930 superaban la población de Madrid o Barcelona. Pero el panorama demográfico estaba cambiando notablemente. La población total de España, que era de 18,6 millones a comienzos de siglo, llegaba a casi 24 millones en 1930. Mientras que hasta 1914 esa presión demográfica había provocado una alta emigración ultramarina, a partir de la I Guerra Mundial fueron las ciudades españolas las que recogieron los movimientos migratorios.

La irrupción de la industria y el incremento de la población transformaron el paisaje agreste, de corte medieval, que mantenían todavía muchas ciudades españolas a finales del siglo XIX. Los nuevos callejeros se dedicaron a honrar a los políticos del momento, liberales y conservadores, a nobles, terratenientes y a las buenas familias de la industria y de la banca. Junto a ellos, aparecieron también las glorias de España, los héroes de la Reconquista y mitos medievales, reyes y emperadores. Y como en España no hubo ruptura religiosa en tiempos de la Reforma protestante y el catolicismo se convirtió en la religión del statu quo, hubo una fusión del españolismo con el catolicismo, bien reflejada en los nuevos callejeros, repletos de personajes de raza, militares y santos. Una historia de hombres, con muy pocas mujeres, salvo las más santas y algunas reinas. De las dos primeras décadas del siglo XX procede además el culto masivo a la Virgen del Pilar y el Corazón de Jesús, dos emblemas de la religiosidad popular española que se trasladaron al callejero de numerosas ciudades y pueblos para recordar a sus habitantes la identidad católica.

Con ese crecimiento de las ciudades, apareció una clara división social de espacio urbano, con barrios ricos y bien equipados y otros pobres e insalubres, y germinó también la semilla republicana, anarquista y socialista sembrada ya en la segunda mitad del siglo XIX. Germinó frente a ese bloque social dominante, del que formaban parte los herederos de los antiguos estamentos privilegiados, la aristocracia y la Iglesia católica, junto con la oligarquía rural y los industriales vascos y catalanes. De ese bloque procedía la mayoría de los gobernantes de un sistema político, el de la Restauración borbónica, seudo-parlamentario y corrupto que excluía, con el sufragio restringido o por el fraude electoral, a eso que empezó a llamarse "pueblo", a los proletarios urbanos, artesanos, pequeños comerciantes y a las clases medias. Muchos de los profesionales que formaban parte de estas últimas eran o se harían republicanos, que intentaron acercarse a los obreros, competir con el socialismo y el anarquismo, con los que compartirían ingredientes básicos de una cultura política común, sobre todo a través del racionalismo y de la crítica a la Iglesia, intentos, en suma, de superar la dependencia de la religión católica.

Esas clases trabajadoras aparecieron en el escenario público con sus organizaciones y protestas, pero siguieron excluidas del sistema político y sus principales representantes nunca alcanzaron el reconocimiento y la honra con lápidas, monumentos o nombres de calles. Hasta que llegó abril de 1931, la II República y la quiebra de ese orden tradicional. Entonces, los símbolos religiosos cedieron paso a otros ritos laicos, más o menos reprimidos hasta entonces, y se rebautizaron calles y plazas mayores de pueblos y ciudades. Hubo más nombres de significado republicano (plaza de la Constitución, plaza de la República, calle 14 de abril) que de orientación obrera o revolucionaria, aunque la presencia anarquista, comunista o socialista en la zona republicana durante la Guerra Civil dejó su huella en las calles de ciudades como Madrid, Valencia o Barcelona, las tres capitales de la República en esos tres años, con nombres que honraban a personajes tan dispares y distantes como Durruti, Pablo Iglesias, Marx o Lenin.

Duró poco, sin embargo, esa huella, borrada a golpe de fusil del callejero y de la historia a partir del 1 de abril de 1939. Acabada la Guerra Civil, los vencedores ajustaron cuentas con los vencidos, recordándoles durante casi cuatro décadas quiénes eran los patriotas y dónde estaban los traidores. Calles, plazas, colegios y hospitales de cientos de pueblos y ciudades llevaron desde entonces los nombres de militares golpistas, dirigentes fascistas de primera o segunda fila y políticos católicos. Algunos se repitieron mucho, como Franco, Calvo Sotelo, José Antonio Primo de Rivera, Mola, Sanjurjo, Millán Astray, Yagüe u Onésimo Redondo. Se honraba a héroes inventados, criminales de guerra y asesinos en nombre de la Patria, pero también a ministros de Educación como José Ibáñez Martín, quien, con su equipo de ultracatólicos, echaron de sus puestos y sancionaron, durante la primera década de la dictadura, a miles de maestros y convirtieron a las escuelas españolas en un botín de guerra repartido entre familias católicas, falangistas y ex combatientes.

Cuando Franco murió, en noviembre de 1975, era difícil encontrar una localidad que no conservara símbolos de su victoria, de su dominio y de su matrimonio con la Iglesia católica, en calles y monumentos. Algunos de ellos desaparecieron en los primeros años de la transición a la democracia, sobre todo tras las elecciones municipales de 1979 que llevaron a los Ayuntamientos a numerosos alcaldes y concejales de izquierda. Pero los cambios siempre fueron objeto de disputa y a nadie se le ocurrió aprovechar el callejero para formar o educar a los ciudadanos en una nueva identidad democrática. Muchos políticos de derechas, y sus fieles que les apoyan, siguen defendiendo ahora, pese a la aprobación de la Ley de Memoria Histórica en diciembre de 2007, que no hay que tocar los nombres de las calles, para no herir susceptibilidades o remover los fantasmas del pasado. Los símbolos franquistas, que aparecieron por la voluntad de los vencedores en una guerra de exterminio contra un régimen legalmente constituido, se funden así con otros tradicionales, patrióticos y religiosos, representando una especie de "imagen oficial" de España, mientras el Estado y las instituciones democráticas se desentienden del asunto o no muestran ningún interés por ocupar los espacios públicos con modelos más dignos para las generaciones venideras.

Por eso no es una cuestión irrelevante la polémica suscitada estos días por el empeño del alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, en dar a una calle el nombre de San José María Escrivá de Balaguer. Su primera intención fue rebautizar con el nombre del fundador del Opus Dei la calle general Sueiro, coronel de infantería en julio de 1936 y uno de los protagonistas de la sublevación militar y de la represión en la capital aragonesa. Cuando apareció la noticia, Luisa Fernanda Rudi, presidenta del Partido Popular de Aragón, declaró que ella "no tenía ni idea" de quién era ese general y que mejor sería que los ediles se dedicaran a algo más productivo que cambiar calles de gente desconocida. En definitiva, la ex alcaldesa de Zaragoza no conocía a uno de los golpistas contra la legalidad republicana en su ciudad y el actual regidor decide honrar a un personaje, santo para la Iglesia católica, inextricablemente unido, él y su institución, a Franco y a su dictadura. El catolicismo, y en este caso un tipo de catolicismo no compartido por muchos de sus creyentes, se impone a los valores cívicos y laicos en el territorio de la política democrática. Pura historia de España.


Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza.



2/23/2009

A quien aprovecha...

No está de más echarle una ojeada al patio contiguo donde se debate el origen de tantas desgracias para el Partido Popular, y que menos que el "maestro" de periodistas, Ansón, en su canela fina para que nos ilustre sobre el origen y las soluciones de tanta ignominia. Para ello titula su artículo con la locución latina "Cui prodest..." para dejar claro de donde viene el vendaval (Cui prodest scelus, is fecit), y de paso darle duro a Rajoy, por si acaso va a ser el mas beneficiado en este caso.
Mientras, su periódico de acogida, publica hoy nueva información sobre las implicaciones del anterior ministro de Justicia (ya es casualidad) Michavila, en los negocios del ayuntamiento de Boadilla.
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/02/23/espana/1235382833.html


Cui prodest

EN LAS pasadas elecciones generales, Mariano Rajoy derrotó a José Luis Rodríguez Zapatero en la Comunidad en la que ambos se medían directamente: Madrid. El think tank monclovita decidió que no era de recibo tamaña osadía, semejante vejación. Y acordó desplazar de la presidencia madrileña a Esperanza Aguirre. El periódico adicto ha encendido ya el horno para escabechar a la presidenta de Madrid y facilitar la victoria socialista en las próximas autonómicas (...)

Después había que aprovecharse de las rencillas internas del partido y de algunos casos de corrupción para organizar el aquelarre político. ¿A quién beneficia el zafarrancho encendido? ¿Quién ha tirado los pedruscos y escondido la mano? Cui prodest scelus, is fecit. «A quien beneficia el delito, ése es su autor», escribió Séneca.

No son cortinas de humo para nublar la crisis económica. No. Estamos ante una bien orquestada operación para que Zapatero gane en Madrid las próximas generales, tras despedazar a Aguirre en las autonómicas. Se trata de una operación política de fondo que los sabuesos de Génova, entumecidos por el incienso que derraman en loor de Rajoy, han sido incapaces de olfatear a tiempo. La maniobra zapateresca, cuidadosamente instrumentada, resulta muy peligrosa porque se basa, tal vez, en hechos reales: espionaje y corrupción. El Partido Popular no puede batirse a la defensiva.Si se han producido pasajes de espionaje es necesario depurar desde dentro las responsabilidades, aunque se descubra la trama de las contratas públicas. (...)

Los mastines monclovitas han mordido carne fresca. Basta leer el periódico adicto para comprender que no van a soltar la presa.Están dispuestos a despedazar a un PP exangüe, con sus dirigentes apoltronados en Génova, sin capacidad ni para la denuncia ni para el ataque.

(...) Por el momento, sin embargo, al menos eso dicen las encuestas, Zapatero se está yendo de rositas.De rositas díez pues el nuevo partido, en el que milita el gran Alvaro Pombo, es el único que de verdad avanza en la opinión pública. En todo caso, el espionaje y la corrupción son los dos arietes con los que Moncloa pretende derribar los portones de la Puerta del Sol para gloria y triunfo de Zapatero.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

1/26/2009

Hostias consagradas

Es una suerte tener en Asturias un periodico de referencia como La Nueva España, si no existiera habría que inventarlo, como alguno de los que alli escriben, ayer mismo Javier Neira firmaba un artículo imponente sobre la nueva religiosidad en Oviedo en los años 50, como consecuencia de la cual se edificaron seis nuevas parroquias, entre ellas la de "la Gesta". Hoy trae una noticia de primera sobre la que deberiamos hacer una seria reflexión, se trata del tráfico ilícito de hostias consagradas para usos satánicos (?), producto del robo que supone, según la noticia, el pecado mas común entre los que llegan al tribunal de la Penitenciaría Apostólica.
Ahora nos enteramos, pobres pecadores, que los párrocos no tienen licencia para perdonar todos los pecados de los fieles, y que algunos como los de carácter sexual grave (?) o nombrar obispos sin contar con la Iglesia (??) tienen que confesarse en esa penitenciaría, a la que se supone habrá que ir acompañado por abogado y procurador, para que no te cargen una penitencia desmesurada.
No sabemos si están incluidos en el apartado de "pecados de carácter sexual grave" los revelados estos días por la prensa (por la prensa de los ateos, claro) sobre las andanzas de los prelados en el Instituto Antonio Provolo de Verona, de la orden de la Compañía de María (aunque a ellos parece que les gustaba mas la compañía de José, ahora se defienden diciendo que todo eso es mentira, que los pobres sordos no se enteraron de nada, que solo les enseñaron a rezar mirando a la Meca...).

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/prelado/sodomizo/intento/otros/juegos/sexuales/elpepisoc/20090125elpepisoc_5/Tes


El tráfico de hostias consagradas crece en España

El tráfico de hostias consagradas va en aumento, y uno de los países donde el negocio es más rentable es España, según los datos de la Penitenciaría Apostólica. Las hostias robadas en las iglesias son utilizadas para celebrar misas satánicas y su precio en el mercado es elevado, aunque varía mucho. Las más caras son las consagradas por el propio Papa Benedicto XVI. El robo de hostias es el pecado más común entre los que llegan al tribunal de la Penitenciaría Apostólica, que se ocupa de las faltas más graves confesadas por los fieles católicos que no pueden ser perdonadas por los párrocos. La Penitenciaría Apostólica también ha de intervenir en la absolución de pecados como la violación del secreto de confesión por parte de un sacerdote, los pecados de carácter sexual graves, el nombramiento de obispos sin consentimiento de la Iglesia y en casos de agresión al Papa.

1/20/2009

Papeleo

Definía Ambrose Bierce en su "Diccionario del Diablo" a la Justicia como " Artículo mas o menos adulterado que el Estado vende al ciudadano a cambio de su lealtad, sus impuestos y sus servicios personales", otros son mas directos en su apreciación sobre la justicia, como El Roto en una viñeta reciente; en todo caso nos hemos acostumbrado al enorme retraso de los procesos, a las montañas de papel inutil, al "vuelva usted mañana" de cualquier procedimiento, a las sentencias infames o ridículas, a los errores y despistes..etc. y ahora nos piden que comprendamos que buena parte del deterioro de un poder básico del Estado es debido a la falta de medios y a los exiguos sueldos, nada que ver con una gestión nefasta de los recursos y a la negativa generalizada de actualización tecnológica de los (supuestos) implicados.

Miguel Angel Aguilar hoy en El Pais apunta a algunas claves de este embrollo.

Una de jueces

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR Los jueces parecen convencidos de la necesidad de hacerse oír. Concluyen que sus reivindicaciones necesitan ir acompañadas de un mayor poder de percusión para obtener la respuesta precisa. Por eso andan decididos a utilizar el arma de la huelga de la que se sirven otros empleados, aunque la legitimidad de ese recurso por parte de quienes forman parte de uno de los poderes del Estado ofrezca muchos reparos fundamentales. Mientras llega la hora de los acuerdos o del desafío, el Congreso de los Diputados ha instado al Gobierno a impulsar la Comisión Mixta Ministerio de Justicia-Consejo del Poder Judicial y el diálogo con los sindicatos de funcionarios y secretarios judiciales para encontrar respuesta a las demandas de modernización de la Administración de justicia reclamadas por la sociedad.

También quiere impulsar la compatibilidad de los sistemas informáticos implantados en los juzgados y tribunales, porque sucede que en cada automía se ha informatizado conforme a sistemas que después se han descubierto incompatibles. Es decir, que la incompetencia ha derivado en despilfarro ineficiente. El ciudadano se asombra del impecable funcionamiento informático de la Agencia Tributaria, que a todos nos pide cuentas, mientras ha de sumergirse en el caos cuando es él quien las pide acudiendo a los tribunales en demanda de justicia para su causa. El Congreso ha logrado también que le sea remitido por el Gobierno el proyecto de reforma de las leyes procesales con el objeto de implantar definitivamente la nueva Oficina Judicial. Es de suponer que para terminar con el desbarajuste actual al que se ha llegado con la superposición de cuerpos de carácter estatal, cuyos miembros son asignados a sus puestos por el CGPJ, en el caso de los jueces, y por el Ministerio de Justicia, en el caso de los secretarios judiciales, junto a otros cuerpos que reciben sus emolumentos de sus respectivas haciendas autonómicas. De forma que resulta una oficina judicial ingobernable, donde es imposible advertir un rastro de autoridad.

La tabla de reivindicaciones de los jueces tiene elementos coincidentes con los apuntados pero incide en otros asuntos donde asoman trazas corporativistas y cuestiones salariales. Estima el ministro de Justicia, Mariano Bermejo, que el sueldo de un juez puede comenzar en los 3.000 euros mensuales y llegar hasta los 6.000. Son cifras incomparables con las de otros funcionaros como los registradores de la propiedad, cuyas percepciones pueden situarse entre los 60.000 y los 100.000 euros al mes. Es un caso interesante porque el registro funciona, para entendernos, como una franquicia del Estado concedida a sus titulares, sin que genere gasto alguno de los Presupuestos Generales. La impresión del público sobre el funcionamiento de los registros merece una nota muy alta, los retrasos son mínimos y sus sistemas informáticos inobjetables. De ahí que cuando en la pasada legislatura Izquierda Unida presentó una proposición de ley para revisar la cuestión de los Registros se dejaran oír dos escuelas de pensamiento. La de IU para quien estábamos ante un abuso a corregir y la del portavoz del PP que atisbaba en los Registros un original modelo de franquicia conforme al cual podría intentarse la modernización pendiente de otras funciones de la Administración del Estado.

La clave que explica las diferencias entre juzgados y registros reside en la fuerte motivación del registrador frente al desmayo del juez y de los funcionarios de Justicia. Porque, entre tanto, durante estos años se han aumentado las inversiones, multiplicado el número de juzgados, jueces, fiscales, secretarios y funcionarios, se ha mejorado la formación de todos los cuerpos que intervienen en la Administración de justicia, modernizado las infraestructuras, así como los medios materiales y se ha procedido a la informatización, si bien con el empleo de sistemas incompatibles como más arriba se ha dicho. Subrayan los expertos las medidas de la Ley 19/2003 que redefinen auténticas carreras profesionales y promueven nuevas responsabilidades para los diversos cuerpos de funcionarios además de los aumentos retributivos que han sido significativamente más altos en Justicia que en cualquier otro sector de la Administración Pública. Claro que dichos aumentos presentan un rasgo común consistente en que el crecimiento retributivo para nada comporta compromisos de sus beneficiarios en la mejora del servicio público y sigue un modelo lineal que no atiende a las contraprestaciones profesionales exigidas, ni se relaciona con la consecución de objetivos. Sólo la transparencia puede salvarnos. Continuará.    

12/16/2008

Moratorias o rectificaciones

Aunque el ABC lo titula "Una moratoria para Ciudadania en inglés desbloquea el conflicto" lo cierto es que el gobierno valenciano, ante la amenaza de una huelga en todos los sectores de la educación, exceptuando la universitaria, ha rectificado la jaimitada para boicotear la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía impartiendola en inglés, para desesperación de los alumnos y asombro de propios y extraños, ante tanta desvergüenza y burla de la ley. Tenian que haber sido consecuentes con sus principios y hacer como Groucho cuando dijo "No piense mal de mi, señorita, mi interés por usted es puramente sexual", es decir, tenían que haber advertido desde el principio que estaban en contra de esta asignatura como alternativa a la enseñanza de la religión y no que querian reforzar el conocimiento de la lengua inglesa en su escolares. Habrian sido mas honestos si siguieran las indicaciones de la Conferencia Episcopal, que tachó la asignatura EpC como "ataque a la familia" y del Foro Español de la Familia, que llamó a la objeción.

Va a ser todo cosas del lenguaje y donde dice Moratoria debería decir Rectificación, y donde dice :

"el consejero de Educación ha presentado a los distintos sectores educativos un modelo plurilingüe, que con un presupuesto de siete millones de euros sólo para el próximo año tiene como objetivo conseguir que los escolares valencianos logren una adecuada competencia lingüística tanto en castellano como en valenciano e inglés y que incluye la introducción de lenguas extranjeras como lenguas vehiculares...",

debería decir que han fracasado en el intento de disfrazar su ferrea oposición a la nueva asignatura, bajo una terminología pomposa y sin contenido.
Sobre esta moda del lenguaje que no atiende a la comprensión y al ahorro de las palabras, que el define como "Archisílabos", escribe hoy Aurelio Arteta en El Pais.

Archisílabos

AURELIO ARTETAAlgún lector habrá que recuerde la serie que aquí inicié ¡hace ya 13 años! y de la que este artículo es su tercera entrega. Me había empeñado en reunir esas palabras que se van incorporando al uso cotidiano del hablante y que, preferidas por su mayor largura o inventadas a fuerza de estirar el número de sus sílabas, bauticé como archisílabos. Aún siguen rodando, y con tal naturalidad que ya casi nadie reconoce ni usa el vocablo más corto del que procede o al que viene a suplir. Si entonces recopilé cerca de 200, ahí va otro buen puñado de archisílabos que quedaron sin mencionar.

Contagiados de la jerga empresarial, los discursos son cada vez más ampulosos y más faltos de ideas No se hace caso a Orwell, que prefería las palabras cortas a las largas Echemos la red en ese caladero de términos que nacen de pegar a otro la desinencia -ción. Así obtendremos la limitación en lugar del "límite", la estimulación para indicar el mero "estímulo" (lo mismo que la incentivación ha dejado atrás al artificioso "incentivo"), la formulación por la "fórmula" o la capacitación en vez de la "capacidad". La "compatibilidad" de funciones se dobla para algunos en compatibilización, ahí es nada. Somos objeto de actuaciones administrativas, es decir, de algo más que simples "acciones". El médico nos da una citación y no una "cita" vulgar. En la calle no leemos "rótulos", sino rotulaciones, de parecida manera a como el hombre del tiempo anticipa que habrá "lluvias", sí, pero sobre todo precipitaciones.

¿Y por qué volver a los gastados "nombres" cuando tenemos a mano las denominaciones? A ver quién se contenta con una "característica" si puede pronunciar caracterización, o con un "enunciado" teniendo al lado una enunciación o con un rápido "contraste" estando ya dispuesta la contrastación. Les juego doble contra sencillo a que descubren por todas partes individuos con motivaciones, pero sin apenas "motivos". Ya verán cómo la complementación acaba engullendo al "complemento", la expoliación al "expolio" o la exterminación al "exterminio". Quien esto firma ha escuchado renunciaciones en vez de "renuncias" y hace poco dio un respingo al enterarse de que una empresa había alcanzado una mejorización, que no "mejora", de sus resultados. Rizando el rizo, en cierto impreso oficial se escribe exceptuación para señalar una "excepción".

Los verbos ofrecen un buen pasto a la afición archisilabizadora. Ahora nos prestamos a referenciar, para no ponernos a "referir", "aludir", "citar" o "nombrar", que son términos más humildes por más breves (y, en lugar de lo referido, etc., lo referenciado). O a regularizar, cuando a menudo lo propio sería "regular" y hasta "reglar". O a sobredimensionar, para evitarnos "ampliar" o "exagerar", lo mismo que hay que hostilizar al contrario que hasta ahora noslimitábamos a "hostigar". No nos conformamos con el modesto "formar" lo que haga falta y recurrimos en cambio al conformar (y es que la conformación deja en la boca un regusto más rotundo que "forma"). El comportarse de un modo u otro ha vuelto casi ridículo al "portarse", el desvincular debe prevalecer sobre el "desatar" o "separar" y penalizar exhibe el empaque que le falta a "castigar". ¿Y aún no han oído recepcionar para dar lustre a los trillados "recibir" o "acoger"?

George Orwell ya sabía algo de este fenómeno y no dejó de denunciarlo en su día. Lo que pasa es que la regla que dictó para la buena prosa en inglés ("Nunca use una palabra larga donde pueda usar una corta") parece que no vale hoy para el hablante ordinario de español. Ni siquiera para los sumos sacerdotes de la palabra pública, el político y el periodista. Contagiados de la jerga empresarial, solemos priorizar alguna tarea respecto de otras, porque no nos basta con "primar" esa tarea. Pero también nos conviene flexibilizar nuestras posiciones, que es como "adaptarlas" o "amoldarlas" a lo necesario, a fin de no tensionar -o sea, "tensar"- las cosas y evitar esos tensionamientos que antes eran "tensiones". Que a nadie se le ocurra "interactuar" con otros, porque ahora se lleva interaccionar, ni "objetivar" una situación cuando está en sus manos objetivizarla. Les gustará saber que hay quienes se dedican a compartimentalizar sus trabajos. Y en cuanto me entere de qué significa modelizar o sustancializar, se lo cuento.

Llevo años indagando el misterio de que la gente, tan poco dada a vicios intelectuales, se pase el día disfrutando en medio de abstracciones como éstas que colecciono. Porque habrán notado que las personas ya no gozamos de "crédito" (salvo del bancario, en todo caso), sino de credibilidad, ni cometemos "faltas", "delitos" o "deslices", sino como mucho irregularidades. Donde antes se palpaba el "peligro", ahora todo se carga de peligrosidad, lo mismo que el pedante ya no relata un "hecho" sino más bien una facticidad. ¿Qué había en nuestra relación personal, afectividad o un simple "afecto"?; y el temblor colectivo que aquel día nos invadió, ¿era de "emoción" o de emotividad? Cuando algún engranaje de nuestro organismo falla, ¿hemos sufrido una "disfunción" o suena mejor una disfuncionalidad? Quizá no me crean, pero hay estiramientos verbales que convierten al "significado" (ya travestido como significación) en pomposa significatividad y al "atractivo" de alguien o de algo en una atractividad irresistible...

No piensen que hemos agotado la cosecha de archisílabos. Se reproducen a diario. Cuando se informa de que una manifestación ciudadana tuvo un seguimiento de tantos miles, quiere decirse que suscitó una "respuesta" o "adhesión" así de numerosa; hay muchas comisiones llamadas de seguimiento porque esta voz le gana en sílabas a "control", que es el cometido encargado a tales comisiones. Tampoco hacemos "méritos", sino merecimientos, unos méritos más largos; y una "acogida" muda con frecuencia en acogimiento. Cualquier "aumento" del número de parados o de algún índice económico queda al instante transformado en incremento. Para no abrumarles, me aceptarán en fin que el adjetivo existente (y no digamos lo realmente existente) o está de más o equivale a "real" y "presente". Claro que mi versión de todo esto, más que "aproximada", resulta tan sólo aproximativa...

Así las cosas, rebosantes de términos ampulosos, nuestros discursos se vuelven a un tiempo más largos de palabras y menos sobrados de ideas. Váyase lo uno por lo otro, dirán los necios, aunque me temo que lo uno busca tan sólo encubrir lo otro.

Aurelio Arteta es catedrático de Filosofía Moral y Política de la UPV.

11/21/2008

Generación espontánea

Dice un refrán castellano "las cosas en su momento y los nabos en adviento" es lo que debió pensar Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid, para ilustrarnos en el 33 aniversario de la muerte del dictador con su peculiar memoria histórica sobre el pasado de otros partidos politicos, ya que el suyo, los liberales conservadores, por no llamarlos la derecha tradicional, todo el mundo sabe que son puros y de generación espontanea. Nada que ver con aquellos desalmados de otros tiempos que al poco fueron alcaldes y devotos de Maria, como el matarife Rafael Medina (en la imagen con el mono blanco) cuando dirigía una partida de falangistas en la retaguardia andaluza a la busqueda de victimas que colgar con los ganchos de carnicero.

Que bien retrató Umbral a la entonces Ministra de Cultura:

"Tiene mi dama cara de roedor
cuerpo de malvestida, maldesnuda
y tiene achares de mujer cornuda
que se muere de amores sin amor.

Tiene nuestra ministra su bravura,
frígido ministerio del calor,
tiene cuerpo y no tiene, tiene horror,
porque es que a nadie se la pone dura.

Ministra de la cosa, y un palor
de visita pesada y de cuentera,
rancia y envejecida primavera,
su cultura ha llegado a Campoamor.

Tiene mi dama jeta cuartelera.
No se la folla ni el Comendador."


La Presidenta Historiadora

Esperanza Aguirre es muy observadora. Se ha dado cuenta de que el PSOE es un partido centenario y, claro, tiene una larga historia. Tan singular descubrimiento ha llevado a la presidenta de la Comunidad de Madrid a denunciar que en sus sedes haya retratos de los líderes históricos socialistas, de Pablo Iglesias a Largo Caballero, Julián Besteiro o Indalecio Prieto. Asustada, la pobre, de que semejantes criminales aún tengan un hueco en algunas paredes, nos ha recordado que fueron los socialistas, aquéllos, éstos y los próximos, se supone, quienes mataron a Calvo Sotelo. Siguiendo la estela de los deplorables cesaresvidales, píosmoas y otros falsificadores, ha tenido la osadía de repetir la patraña de que fueron ellos quienes provocaron la Guerra Civil, y no los golpistas Franco, Mola o Queipo de Llano.
En el PP no tienen retratos de gente tan malencarada como aquella, que formaron Gobiernos elegidos por los votos de los ciudadanos. Ca. Allá no los necesitan. Para qué, si tienen en persona al presidente fundador del partido, que puede empapelar las paredes de Génova con sus retratos junto a Franco, de cuando una y otra vez fue ministro con el dictador.
Y si en la transición todos perdimos la memoria, y se ha llamado don Manuel a Fraga Iribarne, y así va aseguir,afortunadamente, no parece oportuno que nadie del PP dé a ningún partido lecciones de historia de la democracia. Porque entonces tendremos que recordar a la presidenta historiadora, de vista avezada pero memoria frágil, que ahí donde hoy asienta ella sus reales, el dirigente comunista Julián Grimau fue defenestrado por la policía franquista en 1963, antes de ser fusilado. Esposado y golpeado, alguien le tiró por una ventana de la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol, sede de la actual presidencia de la Comunidad de Madrid. Y el encargado de inventarse un surrealista salto voluntario para justificar cómo se rompió la cabeza y las dos muñecas aquel famoso detenido fue, cosas de la vida, el actual presidente fundador de los populares, don Manuel Fraga Iribarne.
Lo dicho, todo olvidado. Pero callen, por favor, quienes tanto y tanto tienen para callar.

11/04/2008

Reinonas

En medio de la polvareda levantada por las declaraciones intimas de la reina Sofia en el libro de Pilar Urbano "La reina muy de cerca", alguien comentaba que "Al menos se han quitado la máscara... basta de tanto márketing con la Casa Real, dejad que se expresen, veréis lo que duran cobrando de nuestros bolsillos...".
Yo tambien creo que la discreción es una virtud escasa y que como alternativa la neutralidad no está mal y si bien ya nos imaginabamos que la Reina Sofia no era marxista leninista, como dijo una columnista del ABC echandole la culpa a la relatora del libro, tampoco tenía porque cumplir el modelo de lo que entiende Rosa Montero hoy en El Pais por una "abuela convencional y conservadora", porque conocemos a muchas abuelas convencionales que entienden mejor que ella, y con mas caridad, la marginación y el desprecio hacia los homosexuales, los conflictos y tragedias que encuentran solución en las interrupciones del embarazo y las ayudas al bien morir. Que desde luego, porque lo han sufrido, se ponen en el lugar de las mujeres maltratadas sin ambages y por supuesto hace tiempo que dejaron de creer que la iglesia catolica o las otras dan una explicación convincente de la vida o del mundo, mas allá de un consuelo personal comprensible.
Va siendo hora que a esta familia que hemos heredado de otros tiempos le cantemos algo para que se vayan poniendo en situacion....

Que bonita es La Zarzuela
con sus parterres y tejos
aún mas bonita sería
con su inquilinos lejos

10/27/2008

Crisis

Hay veces que oyendo a algunos politicos me viene a la cabeza la frase de Oscar Wilde "un tonto nunca se repone de un éxito" y esta pasada semana he tenido tiempo de acordarme del genio irlandes despues de las declaraciones del expresidente español, Jose Maria Aznar (al que sin duda se le atribuye algún éxito, aunque solo sea en su fortuna personal), con su petulancia habitual, exponer sus teorias sobre el cambio climático y su condición de "ecologista razonable", en contraposición a los "ecologistas catastróficos" que representan a los "nuevos comunistas" que nos quieren imponer el pensamiento único sobre la dramática deriva del medio ambiente. Y es que en medio de esta crisis global que nos aflige, vamos descubriendo algunas de las actitudes que la han originado. Muy interesante la reflexión de Ignacio Escolar en los "Siete pecados del capitalismo", en donde señala algunos de los motivos de la crisis, tal como el mercado de futuros, Los paraisos fiscales, la avaricia de directivos y la codicia de los especuladores, la crisis alimentaria en el marco del cambio climático y las dudas sobre la fiabilidad de los indicadores del desarrollo.


Los siete pecados capitalistas
Ignacio Escolar

1- La lujuria especuladora
Un barco petrolero tarda más de cuatro semanas desde que sale del Golfo Pérsico hasta que llega a Estados Unidos. En ese tiempo, puede que la carga se haya devaluado tanto que el dueño del barco se arruine con el trayecto, que haya pagado por el crudo un precio mayor en el puerto de origen de lo que cobrará cuando llegue a la refinería. Para evitar este riesgo -en el petróleo y en otros mercados de materias primas-, se inventaron los contratos de futuros: una fórmula que consiste en pactar de antemano el precio de venta del pedido para una fecha determinada. Cuando se cierra el contrato, ni el comprador ha pagado ni el vendedor ha entregado la mercancía; pero el compromiso es igual de firme.
En aquel momento parecía una buena idea. El problema vino después, cuando los especuladores se aprovecharon de este mercado ideal para los trileros, pues se puede vender y comprar lo que aún no se tiene. Si apuestas con cientos de millones de dólares en el mercado de futuros a que el petróleo subirá, en efecto, el petróleo sube y tú ganas; en economía las profecías tienden a cumplirse si hay dinero suficiente. Los mismos inversores que primero crearon la burbuja punto com y después la burbuja del ladrillo, consiguieron elevar el precio del barril de crudo de 40 hasta 140 dólares en solo cuatro años. Impunemente.

2- La pereza de los reguladores
Por suerte, la burbuja del petróleo explotó a mediados de este verano. ¿La razón? Un pequeño cambio en la regulación de la SEC (el organismo que controla la bolsa estadounidense) obligó el 14 de julio a los especuladores que estaban jugando a la baja contra la cotización de los bancos a que respaldasen sus apuestas con acciones, por lo que tuvieron que sacar su dinero del mercado de futuros del petróleo para no perderlo en banca. Desde esa medida, que no buscaba atajar la burbuja petrolífera sino proteger a los bancos de los caníbales, el precio del crudo no ha dejado de bajar. El 14 de julio, cada barril costaba 144 dólares. El viernes rozó los 60 y sigue cayendo, pese a que la OPEP ha recortado su producción un 5%. Si basta con un pequeño cambio regulativo, tan sencillo que ni siquiera se vota en ningún Congreso, para evitar comportamientos tan dañinos para la economía mundial como la burbuja del petróleo, ¿por qué tanta pereza a la hora de evitar la especulación?
Han tenido que temblar las catedrales de Wall Street para que la mayoría de los organismos reguladores, también la CNMV española, se atreviesen a prohibir determinadas prácticas especulativas. De momento, estas restricciones son temporales, aunque en el debate mundial sobre el nuevo capitalismo muchos piden que sean permanentes. Para ello hace falta un paso previo, tal vez el único que se dé en la cacareada cumbre del 15 de noviembre: la puesta en marcha de un organismo supranacional para vigilar la economía globalizada. Alguien con algo más de prestigio internacional que el FMI.

3- La envidia del paraíso fiscal
Una cadena es tan débil como su eslabón más débil. En un mundo donde las fronteras existen para las personas pero no para el dinero, de poco vale que el G20 se comprometa a asumir nuevas normas si no aísla a un G40 del que apenas se habla: los 40 países ladrones, los 40 paraísos fiscales. Según la OCDE, en estas cuevas piratas se esconden de los impuestos entre 5 y 7 billones de dólares, una cifra que equivale al 13% del PIB mundial. La mitad de las multinacionales que cotizan en el español Ibex 35 tienen empresas en estos paraísos fiscales, con lo que eluden pagar impuestos a ese mismo erario público al que ahora piden ayuda. En los últimos 20 años, el dinero que guardan estos países se ha multiplicado por seis. Curiosamente, la distancia entre los sueldos de los altos directivos y los trabajadores ha crecido en ese tiempo en una proporción similar.

4- La codicia de los directivos
En 1980, un alto ejecutivo estadounidense ganaba de media 42 veces más que un trabajador. Hoy gana 364 veces más: en solo un día lo que los demás en todo el año. El problema no es solo la desigualdad social, que también. Lo más preocupante es que se premie a los ladrones y a los inútiles. En palabras de la canciller alemana, Angela Merkel, “comprendo que gane mucho quien hace mucho por su empresa y sus empleados; pero ¿por qué se debe ahogar en dinero a los incompetentes?”. Es lo que a veces pasa cuando la retribución del primer ejecutivo está supeditada al corto plazo de la bolsa y no al largo plazo de la empresa. En muchas ocasiones (Enron es el ejemplo más sonado pero no el único), los fuegos artificiales que tanto gustan a los inversores bursátiles van contra los intereses de la propia compañía. A la larga, la cotización bursátil también se hunde. Pero suele ser después de que el alto directivo haya vendido sus stock options.

5- La gula de los inversores
Lo que es bueno para el directivo no es bueno para su empresa. Lo que es bueno para el especulador del petróleo no es bueno para la economía mundial. Lo que es bueno para el vendedor de hipotecas subprime no es bueno para el banco que presta el dinero. En todos los fallos del capitalismo que ahora han aflorado hay un elemento común: una distorsión perversa en el sistema de recompensas donde no se premia al que genera riqueza sino al que la destruye.
El capitalismo ha funcionado sobre una premisa que suele ser cierta: del egoísmo individual se obtiene un progreso colectivo. La ambición de los empresarios también es buena para los trabajadores, pues todos ganan aunque sea en menor medida. Sin embargo, el castillo de naipes se hunde cuando se premia al pirómano, cuando la recompensa del que da préstamos hipotecarios a gente sin trabajo no está supeditada a que esas hipotecas se paguen sino a vender todas las posibles -su comisión iba en ello-. Lo mismo sucedía en el siguiente nivel, donde el que respaldaba estas hipotecas subprime tenía como negocio agruparlas con otras miles y venderlas en el mercado. Que se cobrasen o no tampoco era su problema. Tampoco era problema de las agencias de calificación, que estuvieron garantizando la salud del sistema hasta dos minutos antes del hundimiento; por algo cobraban de los mismos bancos a los que avalaban. No era problema de nadie y ha acabado siendo problema de todos.
Aunque las subprime es el pastel más famoso, no es el único tóxico que ha engullido el mercado en estos últimos años de dinero fácil y hambre financiera voraz. El capital se empachó porque no sabía qué comía: el mercado de derivados consistía en vender paté de cerdo como si fuese foie gras de oca; cuestión de una bonita etiqueta. Funcionó bastante bien hasta que a alguien se le ocurrió mirar qué había dentro de la lata.

6- La ira del planeta
Dice José María Aznar, y no es el único inconsciente, que ahora que los bancos van mal no hay dinero para salvar el planeta. La realidad es la contraria, pues detrás de uno de los fenómenos más preocupantes de la economía están precisamente los desastres generados por el cambio climático en la agricultura mundial. La crisis alimentaria es un problema económico en su realidad más cruda, pues aquí no se pierden ahorros sino vidas humanas. La lucha contra la contaminación es, en realidad, el mejor ejemplo de los males del capitalismo: solo se soluciona con regulación estatal, hace falta coordinación internacional, sus beneficios son indudables y, en resumen, nunca lo abordarán aquellos que solo piensan a corto plazo, aunque sea la inversión más rentable, con diferencia. ¿Hay acaso alguna mejor que salvar el planeta?

7- La soberbia del PIB
¿Un país más rico es un país mejor? No siempre. Según los datos del PIB, México está a punto de superar a España. ¿Es un país como México, donde hay familias que pierden su casa porque no pueden pagar las letras de una licuadora, un país mejor que España? México también es el país desarrollado donde mayor es la brecha entre ricos y pobres, según el último informe de la OCDE que se presentó hace unos días. Por desgracia, la desigualdad, la educación o la sanidad no cuentan con indicadores tan precisos como la inflación, el paro o el PIB. Los datos económicos son difíciles de esconder. Sin embargo, los indicadores de desarrollo humano no son homogéneos ni sistemáticos, los políticos pueden apostar a que, con una buena campaña publicitaria, hasta la sanidad pública más deteriorada pasará por buena.
Una vez más, es un problema de recompensas. Lo que es bueno para el PIB no siempre es bueno para la sociedad, de poco sirve que aumente la riqueza si solo se benefician de ello los que ya son ricos, los mismos que nunca lo pasarán verdaderamente mal por mucho que se agrave la situación económica. En España, por ejemplo, la crisis va por barrios. Esta semana abrirá en la milla de oro de Madrid la exclusiva joyería neoyorquina Tiffany’s. Los hay que siempre desayunarán con diamantes.

10/07/2008

Fracasados

De la inolvidable Mafalda del dibujante Quino nos queda un personaje que ha resultado ser el mas querido por sus lectores, se trata de Felipe, el mejor amigo de Mafalda, el mas imaginativo, soñador, despistado y perezoso de cuantos acompañan a la protagonista, que se reconocia un fracasado de nueve años al que sus defectos podian mas que su voluntad. tambien con el que mejor se identifica su autor.

Escribe hoy Miguel Angel Aguilar sobre el fracaso de que nuestra economía no tenga hasta ahora ningún gran banco con graves problemas, ni siquiera aportemos nada propio al itinerario de quiebras que se está produciendo en toda Europa.


El prestigio del fracaso

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR

En busca de alivio y de razón, algunos han dado en aceptar que "de Wall Street ha venido un barco cargado de... crisis". Es una versión actualizada de aquel juego de palabras infantil referido al emporio cubano. Entonces, el estribillo era "de La Habana ha venido un barco cargado de...", y la obligación de los participantes sucesivos consistía en encontrar un vocablo que empezara por la misma letra que el elegido por quien fuera el primero en responder. Pero residenciar las causas fundamentales de la crisis en lugares distantes desazona en nuestro país. ¿Por qué escudarse en las hipotecas subprime y en otros juegos malabares con las acciones, en los ocultamientos de las pérdidas, en las trampas de las auditoras, en los manejos de las agencias de rating y en los fraudes de los gestores más respetados, cuando se puede imputar directamente el origen de todos los desastres al presidente Zapatero?

Así lo ha visto el líder del principal partido de la oposición, Mariano Rajoy, en sus intervenciones sucesivas durante las sesiones de control al Gobierno en el Pleno del Congreso de los Diputados, aferrado cada miércoles a que sólo hay un problema: el presidente Zapatero. Como si su antagonista fuera capaz sin más ayudas de desencadenar la que estamos viendo en Wall Street. A Rajoy le asiste en estos trances su consejero áulico, Cristóbal Montoro, quien en línea con Francis Fukuyama, proclamó hace años el fin de los ciclos en economía, se apuntó al mito del progreso indefinido y sostuvo que los ingresos del Estado se multiplican en la misma proporción en que se reducen los impuestos. Inútil que John Kenneth Galbraith escribiera en La economía del fraude inocente (Editorial Crítica. Barcelona) que el comportamiento de la economía y, en especial, la secuencia y duración de auges y recesiones no puede ser previsto y que no existe indicios de que la reducción de impuestos tenga algún efecto positivo sobre la recesión.

Porque, además, está comprobado que los directivos y accionistas no se gastan la renta adicional derivada de la reducción fiscal y, por lo tanto, la medida carece de efectos sobre la economía. Sucede, amigo Montoro, que el único remedio fiable para la recesión es una demanda sostenida por parte de los consumidores. De donde pudiera ser que, vía rebajas impositivas, haya más dinero disponible para quienes no lo gastan; mientras, al mismo tiempo, se proyectan privaciones para quienes sí lo harían. Así que, como escribe Galbraith y tenemos averiguado, la recesión exige un flujo constante de poder adquisitivo, especialmente para los más necesitados, que son los que con más seguridad gastarán. Otra cosa es que, pese a estar garantizado el efecto positivo, las medidas que favorecen ese flujo son rechazadas por quienes las consideran una compasión inútil.

De otra parte, es de conocimiento general que el sistema financiero se basa en la confianza y que ningún banco sería capaz de resistir una ola de pánico que precipitara a la totalidad de sus cuentacorrentistas ante las ventanillas de las sucursales para retirar sus depósitos. ¿Qué banco sería ese cuyos activos líquidos superaran el pasivo que ha sabido captar? De modo que la quiebra de la confianza del público sobre la disponibilidad permanente que tiene de retirar sus fondos de cualquier institución financiera acarrearía su quiebra instantánea. Por eso, sorprende que Montoro, en su día ministro de Hacienda con el inolvidado Ánsar, es decir, supuesto conocedor de la dinámica del sector, dijera el domingo que el PP propone crear un aval de 30.000 millones de euros para reforzar el fondo de garantía de depósitos. Una manera de sumar incertidumbre que resulta muy de agradecer. Todo ello en línea con la emisora Intereconomía y la bendita Cadena Cope, que vienen propiciando desde sus antenas la caída de alguna Caja de Ahorros para que dé comienzo el ansiado festín.

Volvamos al título de esta columna, El prestigio del fracaso, sobre el que teorizó en su día Oscar Peyrou. Nada produce más entusiasmo entre nosotros, y por eso al conmemorar el centenario del desastre en 1998 estuvimos a punto de incurrir en otro de semejantes proporciones. Se desploman los bancos de más campanillas, los que andaban objetando nuestra modesta economía. Lo hacen en Estados Unidos, en Gran Bretaña, en Francia, en Irlanda, en Holanda y aquí se diría que cunde el desánimo porque las gentes se preguntan qué país de tercera es el nuestro, incapaz de hacer aportaciones en ese itinerario de quiebras. Claro que nada debe descartarse por completo. Tal vez lo que se precisa es que nos unamos en un esfuerzo mayor hasta que logremos incurrir en algún desastre de relieve. Recordemos el entusiasmo que suscitaron las dificultades de la peseta cuando bordeaba el límite de oscilación del sistema monetario europeo. Las emisoras se ocupaban de la cuestión con los mismos tonos anhelantes dedicados a la búsqueda del gol en un partido de la selección. Todo sea por Montoro. Tal vez así se faciliten las movilizaciones sociales que anima.


9/30/2008

La Bolsa o la vida

"Es usted la mujer mas bonita que he visto... lo cual no dice mucho en mi favor", ni siquiera Groucho Marx había perdido el sentido del humor despues del desastre del 29 de la bolsa de Nueva York en el que se arruinó, y hasta ahora la cosa la manteniamos a raya, espectantes ante esta nueva crisis, a la vista de que en nuestro entorno no parece haber grandes afectados, pero viene Pedro de Silva hoy
 a pedir "luz y taquígrafos" para que el Banco de España salga de su mutismo y desvele la realidad de la situación de bancos y cajas españolas ante la marea que ha llegado a Europa de quiebras y suspensiones.  Nos estabamos conformando con las noticias de que el Banco de Santander seguía "pescando" en las aguas revueltas de la economía inglesa a la compra de entidades en apuros, y tambien a la afirmación del presidente del Gobierno de la fortaleza de nuestro sistema financiero no ha encontrado gran oposición, mas allá de algún chascarrillo ligero, pero lo que llega desde  Belgica, Holanda, Inglaterra o Alemania no deja mucho lugar al optimismo. Al final, según Jorge Edwards sobre el crack del 29 y la crisis actual, probablemente no se salve  nadie y no consigamos tampoco aprender nada, a todo lo mas, lo que dijo el maestro, "He aprendido de mis errores, estoy seguro que puedo repetirlos".

La seriedad del humor

JORGE EDWARDS 

La virtud central del capitalismo clásico era el trabajo. Marx partió de ahí, de esa noción burguesa esencial, para elaborar sus ideas sobre el materialismo dialéctico y el socialismo. El capitalismo moderno estaba relacionado con la revolución protestante, con el calvinismo, con una ética del rigor, del esfuerzo. Hay que leer a los clásicos, desde Adam Smith hasta Max Weber. Y entender a Carlos Marx y a Federico Engels. Pero tengo la impresión de que los teóricos de la economía actual se olvidaron de los autores fundamentales, de los maestros, de los grandes precursores. El valor del trabajo se degradó y se convirtió en el de la especulación, de las burbujas financieras, de la riqueza fácil. He leído y recordado en estos días algunas páginas de humor sobre la crisis de 1929, además de algunas anécdotas reveladoras. Groucho Marx, que no pertenece a la misma familia que Carlos Marx, describe en sus memorias una época en que las acciones de Wall Street, todos los valores bursátiles, subían todos los días. Todo el mundo quería comprar en la Bolsa, y él mismo Groucho fue contagiado por la fiebre especulativa. Cerraba los ojos, ponía un dedo en algún lugar de la lista, compraba la acción respectiva y ganaba. Todos ganaban y compraban como locos. Groucho no sabía, hasta ese momento, que se podía vivir en el lujo, en la opulencia, en la extravagancia, sin trabajar, pero había comenzado a saberlo. Hasta que un día cualquiera, un inversionista cualquiera, un poco preocupado, dominado por un soplo vago de incertidumbre, hizo cálculos y resolvió vender. Otra persona se contagió con su pesimismo, o al menos con su vacilación, con su incertidumbre, y también puso sus acciones en venta. Hasta que la Bolsa de Wall Street, un buen día, o un día negro, para decirlo de un modo más preciso, se derrumbó en forma estrepitosa.

Los gurús y magos de las finanzas se reían de los viejos valores, pero ellos han caído cual saco de papa. Washington llega tarde, con voz alterada y manotazos de ahogado

Los economistas nos hablan en difícil, pero Groucho Marx es tanto o más certero que ellos. Porque Groucho nos habla de la crisis desde adentro, como persona que participaba en el delirio colectivo y que de repente, de un día para otro, perdió hasta la camisa. Hemos vivido rodeados de gurús, de magos de las finanzas, de poseedores de ciencias infusas, de ricos repentinos y que se han reído de los valores tradicionales, y de pronto se han caído al suelo como sacos de papas o de patatas. Me parece que la explicación de un humorista, aunque no tenga terminachos, aunque huya de la jerga técnica, es mejor que muchas otras. Una vez, hace ya largos años, di una conferencia en algún recinto madrileño o de las Islas Canarias, ya no me acuerdo con exactitud, y conseguí que la audiencia se riera a carcajadas. Al final de la charla se me acercó el escritor y ensayista Juan Marichal, marido de Soledad, Solita, Salinas, hija del gran poeta Pedro Salinas, y me dijo las siguientes palabras textuales: "Es que la gente no se ha dado cuenta de que el humor es una cosa muy seria". Leí hace poco una anécdota de Kennedy el mayor, el padre de los hermanos Kennedy. En vísperas de la crisis, Kennedy el mayor po-

seía una cantidad importante de acciones de Wall Street. Una mañana se dirigió a los recintos de la Bolsa y se detuvo en una esquina, en la mitad de su camino, para lustrarse los zapatos. El lustrabotas, mientras le pasaba cera y le sacaba lustre, le hacía comentarios sobre sus propias compras en la Bolsa y sobre las alzas que habían obtenido los títulos suyos. Kennedy el mayor, con sus zapatos relucientes, se dirigió de inmediato a la oficina de sus corredores y les ordenó que vendieran todo. Si hasta los lustrabotas compraban acciones, algo estaba podrido en el Reino de Dinamarca. Vendió todo, y esa decisión de vender a tiempo fue uno de los pilares más sólidos de su futura fortuna. Pero el problema, claro está, consiste en vender a tiempo, y en comprar a tiempo. Parece fácil, pero no lo es tanto. El capitalismo especulativo es uno de los grandes vicios del mundo moderno (para citar al poeta Nicanor Parra). Y el otro, el de los calvinistas, el de los artesanos hugonotes, el de los banqueros de la Comedia Humana de Honorato de Balzac, pertenece a un pasado remoto, anacrónico, desaparecido.

Lula, el presidente brasileño, nos habló en la Asamblea General de las Naciones Unidas de fiebre especulativa, y Michelle Bachelet, en tonos acusatorios, recurrió a los conceptos de codicia y desidia. Fueron nociones éticas, severas, esgrimidas en la mayor tribuna internacional. Pero el problema de gobernar consiste en conocer la naturaleza humana y actuar para controlarla, encauzarla, llevarla por caminos decentes, de solidaridad, de justicia, de progreso auténtico. Porque si usted coloca a un gato en una carnicería, no puede pedirle que se abstenga de comer la carne. Es necesario, en consecuencia, conocer la naturaleza de los seres humanos, y la naturaleza de los gatos. En mis años de formación, el héroe de la economía moderna, a lo largo y lo ancho del mundo capitalista, era John Maynard Keynes. Parecía que Keynes había sacado al capitalismo de su etapa salvaje, descontrolada, primitiva, y lo había canalizado, moderado, humanizado. En resumidas cuentas, si la crisis derivaba de un estado anterior de libertinaje, los keynesianos aplicaban medidas para salvar en definitiva, en sus componentes básicos, el sistema. Era otra versión de lo que proponía el Príncipe de Salina en El Gatopardo:cambiar para que todo siga igual. Es lo que sostiene ahora el Gobierno de Washington, pero lo sostiene tarde, con voz alterada y sofocada, con manotazos de ahogado. No hacer nada, dice, es lo peor y lo más peligroso que podemos hacer. Y lo dice mientras hace esfuerzos desesperados para tapar los hoyos, los feroces agujeros financieros, inmobiliarios, hipotecarios, con el dinero de los contribuyentes.

Lo que ocurre es que lo más abstracto del mundo, lo más enigmático del mundo, son las altas finanzas. Se barajan cifras en un tablero electrónico, se hacen fortunas y se deshacen en cuestión de horas, pero, ¿dónde están los respaldos, el oro, el dinero efectivo? Muchas veces, casi siempre, no están en ninguna parte. En la Comedia Humana, para volver a Balzac, hay dos especies de personajes: los avaros, los que atesoran riquezas lenta y trabajosamente, los Primos Pons, que guardan una fortuna en muebles, en cristalerías y porcelanas, en cuadros, en luises de oro, debajo de los colchones, en espacios de pocos metros cuadrados, y los barones del primer imperio, los Nuncingen, que especulan y manejan valores puramente abstractos, y que anuncian algunos de los rasgos del capitalismo de este siglo XXI. Algunos comentan, con visible entusiasmo, con acentos triunfalistas, que los fanáticos del neoliberalismo quedaron en evidencia. Quizá sea verdad. Pero tiendo a ver las cosas de otro modo. Toda la economía, en casi todas partes, en Occidente, pero también en China, en Rusia, en la India, había entrado en una forma de delirio, en una fiebre que iba en aumento y que nos contagiaba a todos. Y de repente, por la fuerza de los hechos, por obra de las circunstancias, hemos despertado y nos hemos tenido que restregar los ojos. ¡Adiós, sombras fugaces!, hemos exclamado, como los personajes del drama clásico. Despertamos, aterrizamos en la realidad, y la fuerza, el drama de la experiencia viva y reciente, nos marea y nos perturba. En Chile, dice alguien, estamos más preparados que antes, que en 1982 y en 1929, para resistir la crisis. Más preparados hasta cierto punto, y siempre que las cosas no lleguen a mayores. Pero lo más probable es que no se salve nadie, y que no consigamos, tampoco, al final del tormentoso recorrido, aprender nada.

Jorge Edwards es escritor chileno.

 

9/15/2008

Psicoestetas

Dejó dicho Ortega y Gasset que "De querer ser a creer que se es ya va la distancia de lo trágico a lo cómico" (un amigo mas prosaico dice "Don (título) si din (dinero), mis cojones en latín, no tiene relación apenas, pero no importa), y me lo trae un artículo absolutamente sensacional (disculpe la adjetivación pero estoy influido por algunos a los que les quedan cortos todos los adjetivos para calificar sus experiencias) que firma nuestro psicoesteta de guardia, Ramiro Fernández, que no contento con ser un buen peluquero y maestro de peluqueros, incluso de futbolistas y politicos varios, ha encontrado en la discutida teoría psicoestética del "profesor" Muñoz Espinalt (aquel que avanzaba la independencia de Cataluña para el año 2000 y que decía como debian vestirse, que debian leer, que música escuchar y como hablar y comportarse en público los catalanes modernos) su razón de ser profesional y personal.

Nos dice Ramiro que "El espejo es el mejor amigo del hombre (en genérico, supuestamente) y el utensilio que nos presenta la realidad tal cual es", contraviniendo aquello que se decía que lo que devuelve el espejo es la imagen del alma o del espiritu, y que mas tarde descubrimos que el espejo devuelve una imagen alterada por la leyes de la reflexión, y mas tarde alguien advirtió que muchos otros animales son conscientes de su imagen sin saber cual es el grado de consciencia de su misma existencia o muerte. Por si fuera poco, la imagen que nos devuelven los espejos, no ya aquellos azogados de plomo o estaño, sino los perfectos de plata o aluminio, son veneno para el alma de los que sufren desordenes alimenticios, en los que nunca ven una imagen satisfactoria de si mismos.