8/02/2010

Pragmatismos

"(...) Es, pues, claro que el Gobierno ha prohibido justamente este espectáculo y que cuando acabe de perfeccionar tan saludable designio, aboliendo las excepciones que aún se toleran, será muy acreedor a la estimación y a los elogios de los buenos y sensatos patricios."

Quien escribía así, referido a la fiesta (?) de los toros, era Melchor Gaspar de Jovellanos, el ilustrado asturiano que apoyaba la Pragmática Sanción publicada por Carlos III en 1785, por la que se prohibian "las fiestas de toros de muerte en todos los pueblos del Reyno, á excepcion de los en que hubiere concesion perpetua ó temporal con destino público de su productos útil o piadoso", ratificada por su sucesor, Carlos IV, en 1790 que prohibía "correr toros que llaman de cuerda por las calles, así de dia como de noche". En 1805, otro real decreto de Carlos IV reiteraba la abolición de las corridas de toros en España y sus territorios de ultramar, aunque se toleraban algunas excepciones con fines benéficos.
Lo cierto es que la prohibición del toreo ha resultado ser un breve episodio en nuestra historia, consecuente con el espiritu humanista de la Ilustración, que también lo hizo desaparecer casi por completo en la vecina Francia, poco tiempo después y coincidiendo con el reinado del liberticida Fernando VII se vuelven a autorizar los toros e incluso se apoya la creación de la Escuela Taurina de Sevilla en 1830. Ya en el siglo XX, la oposición del filófoso Ortega y Gasset a la nueva reglamentación de 1928 por la que los caballos de picar irían provistos de un peto que evitara que los toros les saltaran las vísceras en las acometidas del picador, señala a las claras la actitud esquizofrénica de nuestro inconsciente colectivo respecto a esta sangrante tradición.
Era de esperar que la decisión del Parlamento catalán de prohibir los toros en Cataluña iba a desatar reacciones de todo tipo, y no solo en el ámbito de los aficionados sino también en la derecha mas reaccionaria, que no duda en asociar esta decisión a la necesidad del catalanismo militante de distinguirse de "lo español". Se han oido y leido estos días opiniones de todo tipo al respecto, como la de Jon Juaristi en el ABC, que aprecia en Goya la imborrable identificación del toro y la nación, con ocasión de la guerra contra los franceses, al inefable Antonio Burgos, también en el ABC, comparar la prohibición, llevada a cabo por esos "progres de mierda", de los toros en Cataluña con la retirada de las bolsas de plástico en los supermercados, o la sustitución de las bombillas de filamento por las de bajo consumo, un desproposito que retrata a este pretendido gracioso. Pero no han dejado hasta ahora que se plantee el debate en los justos términos que deben estar en la erradicación de todo espectaculo en que concurran animales donde se les someta a tormento en base a una suspuesta tradición.

Curiosamente, las encuestas mas o menos acertadas que se han hecho estos días señalan que la mayoría de los españoles, pragmático como pocos, están en contra de los toros, o al menos son indiferentes ante el llamado "arte de Cúchares", pero tienen serias dudas sobre la conveniencia de su prohibición, y desde luego hace mucho que se rechaza tal espectáculo con la identidad nacional.
Sobre pragmatismo he leido recientemente un artículo genial de Manuel Vicent, en una serie sobre los cafés del mundo que no tiene desperdicio.


Milagro en el espejo velado, Manuel Vicent

(…) el milagro de A Brasileira se produjo a mitad de los años ochenta del siglo pasado cuando me encontré con la Virgen de Fátima en carne mortal, sentada a un velador ante una taza de chocolate y un bollo. Era una anciana muy elegante. Un fotógrafo portugués me animó a que me presentara ante ella y le preguntara si era la señora que se apareció en Cova de Iria. Así lo hice. Después de cierta reticencia por mi proceder tan intempestivo y habiéndose repuesto de su primera duda, me ofreció la silla a su lado y me contó la historia.

Se llamaba Mary Wilkin y era inglesa. Se había casado en el año 1917 con Roberto Pinheiro, un joven topógrafo de Oporto, al que conoció en Londres. El primer trabajo de su marido consistió en realizar unos cálculos de topografía para abrir una carretera de segundo orden en Cova de Iria, un paraje abandonado del mundo junto a un pueblecito de Fátima. Mary Wilkin, apenas una adolescente, recién casada, pelirroja, vestida de blanco hasta los pies, con sandalias y un chal azul acompañó a su marido y mientras él trabajaba en las mediciones del terreno, ella se perdía por el valle buscando flores silvestres. Era el 13 de mayo cuando le sorprendió a media mañana una tormenta y se subió descalza a un árbol. De pronto se abrió el sol entre dos cúmulos blancos, un rayo le iluminó el rostro y en ese momento, en el silencio absoluto del paraje, sonó el tintineo de campanillos de unas cabras y vio a tres pastorcillos, dos niñas y un zagal, al pie del árbol mirándola. Aquellos niños nunca habían visto a una joven pelirroja vestida de blanco con un chal azul, salvo en la estampa de la Virgen de Murillo que había en la iglesia de Fátima. Traté de que entendieran en inglés. Jugamos al escondite y nada más.

-Ese verano -me dijo Mary Wilkin- volví con mi marido de vacaciones a Inglaterra y de regreso a Portugal en otoño me encontré que a Cova de Iria iban decenas de miles de peregrinos.

Años después en la presentación de un santoral de Luis Carandell junto al padre Martín Patino, conté que este prodigio del café A Brasileira podía considerarse el verdadero secreto de Fátima. Y ante cierto malestar que expresó monseñor, dije que Dios no tenía por qué molestar a la Virgen y hacerla bajar del cielo si pudo haberse servido de una bella inglesa para realizar el milagro.


6/15/2010

Cuatro gatos

Buena nos espera, es lo mismo que el agua nos ahogue y nos corte las carreteras o que, aún peor, nos anuncien que vienen los alemanes al rescate de nuestra maltrecha economía, la avalancha del mundial de futbol puede con todo, ya estamos metidos en la vorágine de las retransmisiones de esa singular tropa que son los periodistas deportivos, una raza especial de periodista que no solo no oculta sus preferencias sino que presume de ellas, enturbiando la información que debería ser aseptica, o al menos no tan parcial como nos tienen acostumbrados. En ninguna parte de los periodicos y del resto de medios, es tan arbitraria, tendenciosa e injusta la información como en el apartado deportivo, y es en el fútbol donde llega a la exceso, tal vez porque este extraordinario juego se dan, como en casi ninguno, la estrategia, la fuerza, el contacto y la inteligencia. Aquel "deporte de caballeros jugado por gente del pueblo", en oposición al rugbi, "deporte de gente del pueblo jugado por caballeros", se ha convertido en el campo de batalla donde se enfrentan barrios, ciudades, paises y hasta regímenes en una contienda no siempre incuenta.
De unos días en Barcelona me traigo buenos recuerdos y en especial de la visita al cafe 4 Gatos (Els quatre Gats), muy cerca de la catedral, en donde aún se respira el sabor de las tertulias de finales del XIX y la mitad del siglo pasado. Un lugar encantador en el que además se puede comer bien sin excesos, y del que me he traido un cartel de Ramón Casas, digno de la colección de curiosidades biciclísticas de nuestro compañero Fico.


Hay cucarachas en África

José Manuel Ponte

Comenzó la locura mediática de los campeonatos mundiales de fútbol, que a todos nos alcanza por mucho que escondamos la cabeza debajo del ala. Los periódicos, las radios y las televisiones dedican amplios espacios al acontecimiento, y han desplazado un ejército de enviados especiales a Sudáfrica, la nación más al sur de lo que hasta no hace mucho se denominaba el "continente negro". Algunos de esos enviados trasmiten emociones propias de un primerizo expedicionario blanco enfrentado a los peligros de la selva. Uno de ellos describió la aparición en el cuarto de su hotel de una cucaracha como si hubiese tenido un encuentro peligroso con una fiera. Tal parece que en España fuese una cosa insólita encontrarse con esa clase de bichos. En las películas sobre África que veíamos de niños, lo normal era que la guapísima protagonista abandonase temerariamente el campamento para dar una vuelta, o bañarse en pelota en un río, sin caer en la cuenta de que era acechada de cerca por un león, un cocodrilo, o una serpiente pitón. Afortunadamente, el chico acudía a su rescate, ahuyentaba o mataba al animal y ella, muerta de miedo y de amor, se refugiaba en sus brazos. Pero nunca supimos que hubiera que salvar a nadie del ataque de una cucaracha, por muy grande que ésta fuera. La decisión de la FIFA de llevar los campeonatos mundiales a territorio africano desató en su momento una gran polémica en los medios occidentales ante el riesgo de que el país anfitrión no estuviese a la altura de esa responsabilidad y la organización adoleciera de graves fallos de seguridad. Al final se impuso el argumento de premiar el espectacular desarrollo del fútbol africano e incorporarlo al sistema, no como elemento exótico sino como miembro de pleno derecho de la comunidad internacional. En los últimos años, las selecciones nacionales africanas tuvieron un destacado papel en las grandes competiciones y los jugadores de ese continente se han convertido en estrellas de las ligas europeas, con el mismo nivel de emolumentos que los grandes jugadores sudamericanos, que eran hasta ahora el vivero de que echaban mano los clubes más importantes. Pese a todo ello, los viejos prejuicios coloniales sobre la superioridad innata del hombre blanco continúan funcionando y los enviados especiales, además de transmitir encuentros peligrosos en el dormitorio con cucarachas de tamaño gigantesco, nos informan puntualmente sobre robos en los hoteles, y sobre los riesgos de salir a pasear de noche por la calle. Cualquiera que conozca Madrid o Nueva York, por no citar otras grandes urbes, sabe que esos sucesos, y otros peores, son cosa habitual y no por ello se echan las manos a la cabeza ni sacan conclusiones descabelladas. Después de los trágicos acontecimientos que se han vivido en los estadios europeos, con decenas de muertos y heridos en tumultos y agresiones, ¿qué le tenemos que enseñar a nadie en punto a civilidad? Todos los fines de semana, en casi todas las ciudades europeas, la policía que pagamos con nuestros impuestos lleva hacia el estadio, fuertemente protegidos, como si se tratase de un rebaño valioso, a numerosos grupos de hinchas del equipo visitante para ubicarlos en una grada especial con la suficiente antelación al inicio del partido. Y lo mismo hacen al final. Normalmente estos honorables ciudadanos dejan tras de sí un reguero de urinarios, vallas y sillas destrozadas. En ocasiones, se produjeron agresiones físicas y hasta homicidios. La memoria es frágil y sólo recordamos, o vemos, lo que nos interesa.

6/03/2010

Papistas

A la luz de la reacción de la prensa israelí, muchas de las cosas que se han oido estos días por aquí sobre el asalto a los barcos con destino a la franja de Gaza muestran que no importan los motivos ni las circunstancias, algunos son mas papistas que el Papa, incluso son mas sionistas que el propio gobierno conservador de Israel, que se niega a dar su brazo a torcer reconociendo que ha cometido un tremendo error de consecuencias imprevisibles. Algunos de los que han apoyado sin ambages la operación del ejercito contra, lo que parece, una misión de ayuda y propaganda sobre la situación de aislamiento de Gaza, pretenden utilizar el argumento falso y sectario que hay que escoger entre la democracia israelí y los terroristas de Hamás, pero la realidad es mucho mas compleja y nunca se llegará a acuerdos justos dinamitando las conversaciones de paz.

Impunidad

M. Á. BASTENIER 02/06/2010

Ni dérapage sobre el terreno, ni historias. Pero aun deplorando la gravísima pérdida de vidas humanas en el asalto israelí a la flotilla turca que se dirigía a Gaza, la cuestión de fondo no cambia. Aunque el asalto se hubiera realizado como un minué versallesco y el pasaje no hubiese sufrido más inconveniencia que la de haber viajado en balde, la operación constituiría una nueva transgresión del Derecho Internacional; la autoatribución del Estado sionista del derecho a actuar contra quien quiera, donde quiera, con cualesquiera consecuencias, por tierra, mar y aire. Israel obra, como decía Edward Said, en la impunidad más absoluta. El Gobierno de Benjamín Netanyahu nunca defrauda al antisemitismo universal.

El Estado sionista se cree con derecho a actuar contra quien quiera, por tierra, mar y aire

Las consecuencias políticas del atropello en alta mar son muy negativas para un país cuya imagen se deteriora a ojos vista; pero ninguna de ellas, aunque no fueran las oficialmente deseadas en cada momento, contradice la política a largo plazo del Estado.

La actuación de un Ejército, cuyo lema es la pureza de las armas, torpedea las conversaciones de proximidad -próximas, pero no cara a cara- entre palestinos e israelíes con intermediación norteamericana. Podrá decirse que sus probabilidades de éxito se expresaban en partículas de protón, pero las partes participaban en la charada esperando que fuese el otro quien rompiera la baraja. Y no causaría por ello disgusto a Netanyahu que los palestinos paralizaran los contactos.

Desploma las relaciones de Israel con Turquía, puesto que tres de los seis buques eran turcos y la expedición tenía el beneplácito de facto del Gobierno de Ankara. Las relaciones entre ambos países ya no serán nunca más lo que fueron porque llueve sobre mojado. El cambio fundamental se produce por la reorientación de la política exterior del antiguo aliado de Israel hacia el mundo árabe, en particular con Siria e Irak, y la mediación para evitar que Irán sufra nuevas sanciones internacionales.

La agresión israelí, en la que murieron varios pasajeros turcos, es por ello combustible para un incendio declarado. Turquía había cimentado una estrecha alianza con Israel a partir de su mutuo renacimiento en el siglo XX, la primera como república sucesora del Imperio Otomano y la segunda como Estado sionista, en medio de un mar árabe hostil, cuando no enemigo de ambos países. Pero también en este caso el sentimiento político israelí puede aprobar que Turquía haya pagado por su traición.

La UE, aparte de tajantes condenas verbales, alguna vez podría mostrar prácticamente su disgusto por el ataque a un convoy en el que viajaban parlamentarios y personalidades europeas. El propósito de la flotilla era sin duda propagandístico y propalestino, pero de una total inocencia humanitaria para provecho de millón y medio de habitantes de la franja. Si es cierto, como Israel asegura, que gracias al corredor terrestre por el que permite que discurra un hilo de suministros Gaza no pasa sed, ni hambre -solo de justicia- ¿qué inconveniente podría haber para que le echaran una mano desde el exterior? Naturalmente, esa es una pregunta retórica porque el Estado sionista lo que quiere es castigar a Hamás por lo que dice que le haría a Israel, aunque difícilmente por lo que hace, que es nada. Pero la salvajada sirve para reiterarle a Europa que su papel es y será insignificante en todo lo que se negocie en Oriente Próximo.

Y también es teóricamente fatal para las relaciones con Estados Unidos porque, además de abortar el viaje que el primer ministro israelí tenía que realizar ayer a la Casa Blanca, marca una nueva demora en los planes para desencadenar la paz que, tenazmente, mantiene el presidente Obama. Pero la intransigencia marítima de Israel equivalía a decirle a Washington que no le impresionaba la severidad de sus recriminaciones; y que no perdiera el tiempo pidiendo lo que no se le iba a conceder.

El gran periodista israelí Gideon Levy escribió el 18 de marzo en el diario Haaretz lo que podría ser una explicación ad hoc, muy terrenal, que son las que valen, de por qué lo que perjudica a Israel no necesariamente contradice los designios últimos de su Gobierno. "Israel no busca seriamente la paz porque la vida del ciudadano es lo bastante buena incluso sin ella; y la ocupación no pone en peligro su futuro". Mientras el coste de mantener la ocupación de los territorios palestinos no sea mayor que el beneficio que, pretendidamente, se derive de retenerlos, no hay ningún motivo para pensar que la paz esté a la vista.

6/01/2010

debate nacional

En un debate improvisado en plena fiesta de San Melchor de Quirós, (¿a quien coño le puede interesar poner de patrono de un club deportivo a un santu que fue descuartizado a los 37 años en Tonkin y canonizado por el papa polaco? con las mismas podía haber escogido al fundador de los Legionarios de Cristo, al tal Marcial Macien, también muy querido del anterior Papa y al menos se dice que esti había hecho deporte de joven...) discutiamos sobre la conveniencia de quemar el monte como método de "explotación racional" de nuestras zonas de montaña; como el argumento más sólido que defendía mi contertulio, apoyando las quemas del monte, era que los ganaderos siempre lo habían hecho así, y las cosas parecían ir bien, mi (elaborada, como suele ser) argumentación técnica y medioambiental en contra no recibió mas que rechazo en función de ser excesivamente teorica, es decir, antes de opinar tendría que dedicarme a la noble tarea de llindar vaques para comprender la magnitud de la benefactora acción de hombre con su medio. Afortunadamente la conversación siguió otros derroteros mas amables, gracias a la sidra y a un DJ empeñado en triunfar entre la concurrencia, la pista de baile hizo el resto y ya no tuvimos que debatir mas allá de lo curiosa que esta fulanita o de lo bien que baila zutanita, y de lo "vertical" que se mantiene aquella otra....
En el panorama nacional tal parece que falta una distracción semejante para dirigir los debates hacia cuestiones menos dramáticas, el futbol y los toros han entrado en la misma espiral que el resto de asuntos polémicos y ya no hay consenso con ninguna de nuestras "glorias nacionales" como antaño, lease Rocio Jurado, Raphael o Julio Iglesias, a pesar de las pocas cosas que los separan, como señala Francisco Bustelo respecto a los dos partidos mayoritarios.

La España agitada

FRANCISCO BUSTELO 01/06/2010

La agitación política tan grande que padece España se ha recrudecido últimamente por causa de las medidas contra el déficit público que ha tomado el Gobierno y por la suspensión del juez Garzón, pero en realidad ya existía antes, desde hace años, cuando menos desde 2004. Y es que en España sucede algo insólito, que no se da en otros países avanzados, a saber, el fiero y poco civilizado enfrentamiento entre el partido que gobierna y el principal partido de la oposición.Aflora hoy un trasfondo histórico que la Transición soterró malamente

La Transición fue imperfecta. El franquismo quedó impune a la fuerza

Tal cosa, digo, es insólita, puesto que uno es de centro-izquierda y el otro de centro-derecha, con lo que, pese a las apariencias, la distancia ideológica que los separa en cuestiones de fondo es pequeña. Nada de lo que antaño dividió tanto a los españoles: democracia, monarquía, propiedad privada, Estado de bienestar, alianzas exteriores, es hoy motivo de discrepancia. Como mucho, hay diferencias sobre el Estado de las Autonomías, aunque no parecen irreductibles. Tampoco en materia económica se explica por razones de peso la gresca continua, cuando llegar a acuerdos sería casi necesario y muy conveniente para todos.

¿Por qué, entonces, esas acerbas descalificaciones mutuas? A decir verdad, en cuanto se analizan, ninguna de ellas se tiene en pie. Lo prueba el que, una tras otra, se vayan desmoronando acusaciones que en su momento se presentan como hechos incontrovertibles, para luego olvidarse con rapidez y verse sustituidas por otras que se anuncian igualmente terribles y definitivas.

Recuérdese, por ejemplo, lo que, según el Partido Popular, ha hecho el Gobierno desde 2004: no aclarar los atentados del 11-M, negociar traidoramente con ETA, usar a policías y jueces para inventarse casos de corrupción, enfrentarse con Estados Unidos y aliarse, en cambio, con Gobiernos populistas de América Latina, acabar con el espíritu de la Transición y volver a la mentalidad frentista de finales de la Segunda República, ser el principal culpable de la crisis económica y no tomar medidas para atajarla o bien tomarlas, pero todas ellas equivocadas. Ante tanto vituperio, quizá con la atenuante de ser el agredido, el PSOE reacciona con talante parecido. Según él, el PP se niega a aceptar el resultado de las urnas, está influido por el autoritarismo de sus ancestros, no se distancia suficientemente del dinero, está plagado de corruptos, no dice más que vaguedades, solo sabe descalificar.

Rebatir tamañas afirmaciones no merece la pena, pues son falsas o bien exageraciones tan burdas que se caen por su propio peso. Si fuesen ciertas, como ambos partidos representan con sus votos a más de las trescuartas partes de la población, resultaría que los españoles nos identificamos mayoritariamente con quienes en uno u otro lado son antidemócratas, sectarios, mentirosos, ineptos y corruptos. Excuso decir que en tal caso habría que apresurarse a borrar a España de la lista de países desarrollados.

La situación, por fortuna, no es tan grave, aunque sí parece que algo falla en nuestra convivencia. ¿Por qué? Descartadas las interpretaciones genéticas o psicológicas por carecer de toda base científica, una posible explicación podría ser que el pasado está más presente de lo que se creía. Existiría así un trasfondo histórico que solo habría quedado malamente soterrado con la Transición y ahora ha aflorado.

Esa sería la verdadera memoria histórica, la que nos impide olvidar que los españoles vivieron durante 200 años duramente enfrentados entre sí. Absolutistas y liberales, patriotas y afrancesados, moderados y progresistas, conservadores y revolucionarios, librepensadores e integristas, sindicatos y patronales, nacionalistas españoles y nacionalistas "periféricos", rojos y azules, casi no hubo esfera en que no hubiera conflictos, por lo general enconados y más de una vez a muerte. Sin esos antecedentes, ¿cómo se explicaría, por ejemplo, el mucho enojo que suscita en tanta gente de derechas el que la izquierda gobierne, con independencia de que lo haga bien o mal y aunque esa izquierda sea nada radical?

¿Qué cabría hacer? Por lo pronto no echar más leña al fuego, pues la que arde es más que suficiente. Quizá si se tuvieran más presentes los enfrentamientos heredados del pasado, se actuaría con más prudencia. Ni Garzón debería haber intentado condenar al franquismo judicialmente, ni mucho menos un juez del Tribunal Supremo debería haber incoado una causa contra él por supuesta prevaricación, ni el Tribunal Constitucional debería anular, como parece que podría hacer, buena parte del Estatuto de Cataluña.

¿Cómo habría que proceder entonces? El franquismo, por ejemplo, ha sido sobradamente condenado por la historia y está tan muerto y enterrado como sus protagonistas. Es cierto, sin embargo, que nuestro pasado es muy peculiar, pues la transición a la democracia, donde se encuentra el principio de nuestra convivencia actual, fue imperfecta y, aunque desmontándolo, hubo que dejar por fuerza impune al franquismo.

¿Tendría sentido rebobinar la historia y condenarlo judicialmente? Yo creo que no, tanto más cuanto que franquistas hoy no existen, salvo grupúsculos de los que ni se sabría si no fuera porque algún magistrado atiende a sus demandas. Además del tiempo transcurrido, hubo y hay personas de relieve que fueron franquistas y luego contribuyeron decisivamente a traer la democracia. Sin ellas (junto a la tal vez excesiva pero inevitable generosidad de la izquierda), no hubiera sido posible la reconciliación. Baste citar al propio Rey, a Adolfo Suárez, a Fraga, al tan homenajeado Samaranch... Claro que el franquismo cometió crímenes. No es que no mereciera una condena judicial, que sí la merecería, es que tal cosa nada añadiría a nuestra historia ni contribuiría a mejorar nuestro presente. Más bien lo empeoraría, al aumentar el enfrentamiento entre izquierda y derecha.

A mí no hace falta que nadie me recuerde lo que fue la dictadura del Caudillo, pues como antifranquista activo padecí cárcel y exilio. A mí lo que me alegra es que, pese a lo que dicen algunos, el franquismo sea cosa del pasado. No veo, pues, la necesidad de que un juez o tribunal diga ahora que hubo crímenes. Claro que los hubo desde el comienzo mismo, con la sublevación contra un Gobierno legítimo.

Como también los hubo durante la Guerra Civil en el lado republicano, por más que algunos digan, con su parte de razón, que no se puede comparar lo que ocurrió en uno y otro bando, aunque solo sea porque la guerra duró tres años y la dictadura casi 40 y porque la represión franquista fue planificada y la republicana en buena medida fruto del caos. Es muy cierto, además, que las "fuerzas del orden" saben reprimir más y mejor que las "hordas marxistas", pero en materia de crímenes ningún balance, sea cuantitativo o cualitativo, exime de culpa a nadie.

Otra cosa muy distinta es que, como se ha repetido muchas veces, se ayude a los familiares a recuperar ¡70 años después! los restos de quienes fueron asesinados y enterrados en cunetas o fosas anónimas. Todo lo que el Gobierno y las Comunidades Autónomas hagan en este sentido será poco y lo inexplicable es que se haya tardado tanto.

Terminaré con una nota optimista. Si el Partido Popular pierde por tercera vez consecutiva las elecciones generales de 2012 tendrá que renovar a su personal y con ello variará muy probablemente su línea política. Si, en cambio, gana, una vez en el poder tendrá que olvidarse de todo afán descalificador, pues tarea no le faltará. Claro que en este último caso correspondería al PSOE una difícil y meritoria labor: no comportarse en la oposición como hace hoy el PP. Entonces España dejaría de ser un país inútilmente agitado.

Francisco Bustelo es catedrático emérito de Historia Económica y rector honorario de la Universidad Complutense de Madrid.

5/05/2010

Civismo

"Pobres de aquellos que observen la realidad de España sólo a través de los medios de comunicación", dice hoy en un artículo Elvira Lindo y me temo que esa realidad impuesta o traducida por los medios de comunicación es la que impera en el mundo actual, de tal forma que nuestras democracias se han convertido en sistemas mediaticos que distorsionan la realidad en función de sus interesas, ideologías o mercados. Los ciudadanos, o mejor, los consumidores nos limitamos a elegir el medio y poco mas, y para eso consumimos información que nos ratifique en nuestras convicciones sin pararnos a pensar que la pluraridad exige el respeto a las ideas de los demás. De nada vale advertir que en el mundo real hay mas de dos opiniones, mas de un deporte o de una religión, los "medios" nos traen su realidad y punto.
Sobre la defensa del civismo en la politica y el respeto a las ideas de los contrarios ha hablamos magistralmente Obama en un reciente discurso, que parece reflejar con exactitud, a pesar de las diferencias, lo que sucede aqui.

4/06/2010

Contradicciones

Hoy 6 de abril dice mi calendario que es San Diógenes, el de la enfermedad supongo, y además esta cita: "Un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama", con lo que, dado que es mi cumpleaños, estoy salvado porque la mi muyer lleva tiempo cumpliendo a la inversa y debe estar a punto de bajar de los cincuenta.

Hoy sale en El Mundo un artículo sobre el "sexo castigado" y acaba con este párrafo:
"Que la Justicia está llena de contradicciones lo saben hasta Julián Muñoz o Jaume Matas. En Suecia, también. En dicho país escandinavo la prostitución es legal pero utilizar los servicios de una prostituta, no. Y es sólo un ejemplo. Si queréis reíros un poco os recomiendo que le echéis un vistazo a esta página. Se llama ‘Dumb laws’ (leyes idiotas) y consiste en una recopilación de burradas legales que aparecen en los códigos penales de muchos países, principalmente de los Estados Unidos de América. Por ejemplo, sabed que en Arizona no se pueden tener más de dos dildos (consolador sin pilas) en casa. Algo es algo, porque en Georgia los juguetes sexuales están prohibidos. En Lousiana, es ilegal practicar sexo con una vaca y en Florida con un puerco espín. Sin embargo, en el Estado de Virginia, es legal tener sexo con un animal, siempre que éste pese más de 40 libras. No sólo encontramos leyes absurdas que hacen referencia a prácticas sexuales poco habituales. En Arkansas, el sexo oral está considerado como ‘sodomía’ (o sea, malo, malo) y en Florida y en Georgia, es ilegal. Incluso dentro del matrimonio. Normalmente estas leyes se encuentran durmiendo el sueño de los justos en el código penal, aunque, de vez en cuando, algún abogado se encarga en volver a invocarlas en algún proceso complicado de divorcio, por ejemplo. Ya sabéis, te acusan de prácticas sexuales anti-natura y te quedas sin el rancho de Colorado. Una putada..."
De Gürtel hablaremos mañana.
Salud
P.D.: "Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta.".
Ana Botella – Sra. de Aznar

3/23/2010

Confeseme con un cura

(Como dice la canción asturiana, "Confeseme con un cura, que guapu llera, pusome de penitencia que lu quisiera, y yo lu quise, y yo lu quise, porque la penitencia de amor tien que cumplise, y desde ahora, y desde ahora, prefiero morir martir de amor que dormir sola...")

Los hijos de los clérigos son sobrinos, o lo que es lo mismo, Filii nominantur nepotes, que como dice Celso Alcaina es, mas que una broma, una norma que viene de la Baja Edad Media. En tanto se suceden las denuncias sobre los abusos de miembros de la Iglesia, hoy mismo se amplia la información sobre el régimen de terror que ha imperado, según una denuncia reciente, en la supuesta institución modelo de Los Niños Cantores de Viena, o el reciente caso del clérigo español detenido en Chile con material pedófilo, que día a día muestra a las claras la red de silencio, ocultación y complicidad que las autoridades eclesiasticas han tenido con los curas pervertidos, olvidando que, a parte de pecado, esta perversión es un delito que deja cicatrices muy profundas en sus víctimas.

El artículo del teólogo Celso Alcaina relata su experiencia en los años pasados en El Vaticano y el profundo desaliento de comprobar que "La Iglesia nunca ha sido un Estado de Derecho".

Filii nominantur nepotes (Los hijos de los clérigos son sobrinos)

Celso Alcaina, 22 de marzo de 2010 a las 11:51

(Celso Alcaina).-Sentada en mi sofá, sin mirarme a los ojos, me lo espetó: "Monseñor, que pena que haya regresado sin su sobrinita; aunque se dice que es hija suya". Aprovechó los pocos minutos de ausencia de mi madre, ocupada en la cocina. Era Pasqualina Fois, sarda, 46 años,"doméstica" de monseñor Umberto Cassani. El mío y el suyo eran apartamentos contiguos, en la primera planta del Palazzo del Sant'Uffizio.

Desde hacía un año, mi madre estaba conmigo. En mis primeras vacaciones como oficial del Vaticano, ella observó, preocupada, mi aspecto enfermizo. Carencia de cuidados. A sus 65 años se empeñó en ir conmigo a Roma, dejando atrás casa y marido. Decidimos que le acompañara Pilar, 8 años, hija de mi hermano Gervasio. Mamá se sentiría más acompañada en un país desconocido, entre desconocidos, con idioma desconocido. A la niña le encantó la aventura. Durante un año convivimos los tres.

A mi función de oficial, añadía las labores de padre. A diario, llevaba a Pilar al cercano Colegio del Gianicolo y la recogía. Aprendió el italiano. Hizo amigos/as. Fue recibida y acariciada por Pablo VI, una vez conmigo y otra también con mis padres. Al regresar de las siguientes vacaciones veraniegas, sólo me acompañó mi madre. Mi hermano y cuñada no soportaron quedarse nuevamente sin su pequeña. Ésta se disgustó ostensiblemente. Durante meses tuvo pesadillas relativas a mi y al mundo romano. (Pili es hoy madre de un adolescente, abogada y profesora. No me importaría haber sido su padre. Un besazo, sobrina).

Me sentí incómodo con las palabras de Pasqualina. Las atribui a una nueva acometida libidinosa de una mujer hipersensual ante un bombón de 34 años. Ella pertenecía a una singular hermandad italiana de sirvientas del clero: “ausiliari del clero”. En esa asociación ingresaban mujeres libres cuarentonas. Era la edad recomendada por el Concilio Tridentino. Necesitadas de afecto y sexo, con frecuencia lograban ambas metas con sus “amos”. También, un sueldo, un cierto prestigio y algún poder. Se aburría con mons. Cassani, un amable septuagenario que había sido Capo Ufficio, jefe de la sección matrimonial de la Congregación. Pretextando ayudar a mi madre, había ido colándose en mi casa de la que había obtenido una llave. Era una excelente cocinera. A espaldas de su patrón, nos deleitaba haciéndonos probar sus guisos y postres. En confidencias anteriores, había presumido de haber sido la “doméstica” y amante de mons. Jacques Martin, diplomático, entonces arzobispo Prefecto de la Casa Pontificia y más tarde Cardenal. Según ella, mons. Martin la sustituyó por María, otra “ausiliare”, también sarda, a la que conocí y traté. Pasqualina, aunque lo disimulaba, odiaba a su sucesora en el apartamento (y en la cama?) de mons. Martin. Con éste llegué a tener amistad. Me atendió cada vez que le pedí un favor para alguien que visitaba el Vaticano y pretendía acercarse al Papa. En unas tres ocasiones, mi madre, mi sobrina y yo salimos a los “castelli romani” con mons. Martin y mons. Cassani acompañados de sus respectivas “ausiliari”.

Días después de la conversación del sofá, mi sorpresa fue mayor. Mi colega y amigo alemán Herman Schwedt me convenció de que cuanto me había dicho Pasqualina tenia fundamento. Suele acontecer. El interesado es el último en enterarse. El cotilleo sobre mi supuesta paternidad era real. Pero no era una excepción. Mons. Plenteda, notario del Santo Oficio, Mons Lancciotti, Mons. Çertö, los tres con domicilio en el Palazzo, también tenían “sobrinos/as” adolescentes. El citado mons. Cassani tenía un hijo, Paolo, casado y con dos niñas. A Paolo, a su esposa Livia y a las dos niñas de entre 6 y 8 años, los conocí y traté media docena de veces en sus visitas al padre clandestino, “tío” para la sociedad hipócrita y “bien pensante”. Se trataba de un caso real y verificado. Mons. Cassani me lo había contado todo, todo y todo. Conservaba un emotivo recuerdo de su amante, ya difunta. Trataba a Paolo y a sus nietas como un responsable cariñoso padre y abuelo.

En los restantes siete años fui conociendo casos y más casos de curiales con “sobrinos/as” y con “ausiliari”. Supe que dos “sobrinos” del Cardenal Federico Tedeschini ocupaban cargos relevantes en el Vaticano. Tedeschini había sido Nuncio Apostólico en España. Era un impresionante “mister” en físico, en talento, en diplomacia. Dicen que traía de calle a las mujeres. Murió en 1959. Su muerte ocasionó importantes problemas hereditarios al Vaticano y a sus parientes. Nunca me encontré con sus hijos. Me contaban que se parecían tanto a su “tío” Cardenal como lo hacen tres gotas de agua.

Curiosamente, sólo dos meses antes de dejar el Vaticano vine a conocer de boca de Franca, la doméstica de mi amigo Schwedt, que ambos mantenían vida afectiva de pareja desde hacía ocho años. Herman era uno de mis mejores amigos. Varias veces había estado a cenar o a charlar en su apartamento, situado fuera del Vaticano, aunque en sus cercanías. Herman, prudente y cauto, daba por supuesto que yo lo había adivinado. Franca, una siciliana de su misma edad, no pertenecía a la hermandad de “ausiliari del clero”. Fue reclutada por Herman en el Colegio Teutónico cuando ambos tenían 33 años. Ella era camarera. Nunca pude comprender mi escasa perspicacia en este caso. Monseñor Herman Schwedt permaneció nueve años en el Santo Oficio. Después de haber defendido una excelente tesis doctoral en la Universidad Gregoriana sobre Rosmini, se casó con Franca. No tienen hijos, sí sobrinos, esta vez sin comillas. Viven en Limburg, con estancias prolongadas en Sicilia y en el Alto Adige. El obispo de Limburg lo nombró archivero de la diócesis, cargo en el que se jubiló recientemente. Sigue investigando y escribiendo en prestigiosas revistas de tema histórico. Con posterioridad a mi descubrimiento, otro de mis colegas, el estadounidense mons. Richard Malone me aclaró que el affaire Schwedt era conocido incluso por los superiores del Santo Oficio. Y es que nada se prohibe y se castiga si no hay una denuncia formal o no salta a la opinión pública. Lo importante es ser cauto, no ser casto.

Los casos relatados se contraen a la Curia romana. No pretendo ser exaustivo. Los cuento tal y como los experimenté. Siempre que me adentré en la intimidad de mis interlocutores descubrí un affaire que tenía que ver con la afectividad y con el sexo. Tuve ocasión de comentar y valorar esta constatación con amigos colegas curiales. Y concluíamos que el carácter de la persona que tenía cubierta su afectividad y sexualidad mejoraba o no se agriaba. Ello era más importante y evidente en el ejercicio de la autoridad.

Era el año 1969. En la Sección Disciplinaria, llamada por nosotros Sección Criminal, un caso tenebroso de un arzobispo del continente americano. No se le investigaba por “sobrinos”. Supuestamente tenía más de uno. Era por corrupción de menores. El Promotor de Justicia instruia la causa. Él me resumió la positio que todavía debía completarse con documentos y testimonios. El Papa no suele enterarse de esos casos hasta que la causa está muy avanzada. Por lo demás, el Papa, cuando anuncia un Consistorio y preconiza a nuevos Cardenales, no consulta previamente al Santo Oficio, como sí lo hace para el nombramiento de obispos. Pues bien, el arzobispo encausado fue preconizado Cardenal. Ese mismo día, su causa fue archivada. Ignoro si fue eliminada del Archivo y quemada. Un velo cubrió para siempre las presuntas vergüenzas – léase delitos- del arzobispo.

Durante tres de mis ocho años en el Vaticano, actué de comisario-juez para las reducciones de sacerdotes al estado laical. Más de mil casos pasaron por mis manos. La mayor parte de ellos no suscitaba especial curiosidad. Clérigos que se habían enamorado. Otros que, además, esperaban un hijo de su novia o ya lo habían tenido. Algunos no comulgaban con la institución eclesiástica y buscaban fuera de ella una aproximación al mensaje de Jesús. Pocos habían perdido toda fe en el Cristianismo. Pero tuve un caso sobre mi mesa que me impactó. No era europeo. Siete hijos (sobrinos) con diversas mujeres. Había practicado sexo desde los seis años, iniciándose con su prima de doce. Tenía 34 años. Pretendía casarse con la actual novia y madre de su último bebé al que decía adorar. Sin comenarios.

Con intervalos de algunos años, en tres ocasiones, yo había sido alumno del Pontificio Colegio Español. Año tras año, un compañero seguía allí. Superaba los 40 años. Bastante mayor que el resto de alumnos. Decía que preparaba su tesis doctoral. Era muy resevado, pero correcto. Ya en el Palazzo, la bomba explotó. Me llamó la atención su nombre en grandes caracteres sobre una carpeta del Promotor de Justicia. No daba crédito a cuanto estaba leyendo. Solicitación en confesión, absolución de cómplice, abuso de menores, violación, hijos (sobrinos) de varias mujeres. Estuve deprimido un mes. En mis esporádicas visitas al Colegio seguí viéndolo. Celebraba la Misa en una casa de religiosas. Eso decía. No podía regresar a su tierra, en el interior de la península. Había que disimular el destierro. La diócesis lo becaba en Roma por tiempo indefinido.

Filii nominantur nepotes. Los hijos de clérigos serán sobrinos. No es una broma. Tampoco, un dicho popular. Era una norma legal que viene de la Baja Edad Media. Ya Gregorio VII, el monje Hildebrando de Soana, había allanado el camino. La secular corrupción de la Iglesia romana le sirvió de pretexto. Dominante hasta el extremo, con una fuerte personalidad y un insuperable fanatismo monjil. En 1074 impuso el voto de celibato a todo candidato al sacerdocio. A pesar de ello, muchos clérigos desobedecieron durante siglos. Las Decretales de Gregorio IX (1234) y las Extravagantes de Juan XXII (1320) recogen el aforismo en forma poco definida. El origen, el meollo, está en las herencias patrimoniales. Las riquezas acumuladas por obispos, abades y altos clérigos iban a parar a sus hijos, fraccionando haciendas. Era una etapa en que lo patrimonial se confundía con lo institucional. Los reyes legaban a sus hijos un país, un trozo de teritorio, una ciudad, un condado. Los eclesiásticos legaban a sus hijos cuanto habían recaudado intuitu muneris. ¿Solución? Nueva monstruosidad. Los hijos de los clérigos se considerarían sobrinos, no hijos. Los sobrinos no heredan. El patrimonio quedaría donde estaba. En la diócesis, en el convento, en la parroquia. De ahí a imponer radicalmente el celibato va poco trecho. Si los clérigos no pueden tener hijos, no pueden casarse. Si, no obstante, los tuvieren, no serán hijos, son sobrinos. Además, cometen sacrilegio. Puede que también barraganía. El Concilio Tridentino lo tuvo fácil. El celibato obligatorio se universalizó.

Claro que el que hace o dicta la Ley está por encima de la Ley. Dentro de la Iglesia lo hemos visto y lo vemos cada día. La Iglesia nunca ha sido un Estado de Derecho, donde todos, incluidos los mandatarios, estarían sujetos al imperio de la Ley. En el período anterior a las leyes comentadas era bastante normal que los Papas y obispos fueran hijos de Papas u obispos. San Inocencio I fue hijo del Papa Anastasio I. El Papa San Silverio era hijo del Papa San Hormisdas. Juan XI era hijo del Papa Sergio III. Otros Papas fueron hijos de obispos o de presbíteros: San Dámaso I, San Félix, Anastasio II, San Agapito I, Teodoro I, Marino I, Bonifacio VI, Juan XV. Incluso después de la ley del celibato obligatorio, en los siglos XV y XVI, fueron varios los Papas que engendraron hijos, bien siendo Papas, bien en su anterior condición de obispos: Inocencio III, Alejando VI, Julio II, Paulo III, Pío IV, Gregorio XIII. Sus hijos/as, al menos algunos/as, no se llamaron sobrinos/as ni sufrieron las exclusiones legales.

Las Leyes de Toro son una compilación realizada por voluntad testamentaria de Isabel la Católica. Fueron promulgadas por Juana Iª de Castilla (la Loca) en 1505. Son 85 leyes que recogen y actualizan el corpus legislativo de la Corona de Castilla en los anteriores siglos medievales. Tanto en la nueva regulación del Mayorazgo como en el completo derecho hereditario, se toca a los hijos de clérigos. Se les niega lo que a otros vástagos se les reconoce. Así, la Ley IX excluye a los hijos sacrílegos (hijos de clérigos ordenados in sacris y de frailes o monjas que hayan profesado) de la herencia de sus padres, trátese de testamento o ab intestato. También, por donación o venta. Por supuesto, quedan excluidos del Mayorazgo del que también son excluidos todos los clérigos, frailes y monjas. La exclusión es amplia y taxativa. Los hijos de clérigos y de frailes o monjas tampoco pueden heredar ni percibir bienes de los parientes de su padre y madre. Es verdad que algunos comentaristas suavizan esta exclusión cuando se refiere a la madre y/o a sus familiares, pero se trata de opiniones minoritarias y contaminadas por ideas y sentimientos posteriores. No sólo el hijo sacrílego sufría las consecuencias de su irregular concepción. En circunstancias singulares, la madre que hubiere tenido ayuntamiento con clérigo, judío o moro, era llevada al patíbulo.

3/16/2010

Donde esté una buena corrida...

Aunque la actualidad manda en la cosa local con la elección de un nuevo alcalde en Siero, después del desbarajuste del PSOE a la hora de elegir al sucesor de Corrales Montequin, y que pone en evidencia hoy en LNE el antiguo alcalde socialista Manolo Villa desde su retiro de Valdesoto, repartiendo collejas a unos y otros, (de Montequin a los arribistas, la FSA, Piti y los renovadores o el "diputadísimo" de Lugones, y al propio nuevo alcalde, No-val) hay que echar mano de lo que dijo el sabio : "donde esté una buena corrida que se quite la política, el fútbol... (y los toros, decía otra más), porque hay otro debate de mas enjundia alrededor de lo que se ha dado en llamar "Fiesta Nacional", iniciado en Cataluña pero que tiene la virtud de hacer enseñar la patita a algunos sobre su nacionalismo excluyente y sus convicciones democráticas, al tiempo nos permite leer lúcidas reflexiones como la de Fernando Savater en El País.

Rebelión en la granja

La civilización humana se basa en el maltrato de los animales. La polémica sobre los toros no revela acercamiento a la naturaleza, sino el predominio humanista de la compasión y la hipocresía

FERNANDO SAVATER 16/03/2010

Lo que diferencia el actual episodio del enfrentamiento entre taurinos y antitaurinos en el Parlamento catalán de otras fases de ese cíclico y antiguo debate es que por primera vez parece plantearse efectivamente la abolición de las corridas de toros en una región española. De modo que lo que se discute -o se debería discutir- no es tanto si ese espectáculo es una fiesta artística, portadora de tales y cuales valores, o por el contrario una muestra de barbarie anticuada, sino si debe o no ser prohibida para todos, la acepten o la rechacen. Es perfectamente imaginable que haya personas que sientan desagrado y repugnancia por las corridas pero que consideren abusiva su prohibición; incluso puede haber aficionados contritos que, reconociendo su gusto por ellas, admitan la necesidad de suprimirlas para verse libres de tan pecaminosa tentación, siguiendo el criterio de Pérez de Ayala: "Si yo mandase en España, suprimiría las corridas... pero como resulta que no mando, no me pierdo ni una".

¡No falta ya más que los Parlamentos decidan lo que es moral y lo que no lo es!

Nadie le pregunta a la merluza si quiere donar su cogote a las sociedades gastronómicas

De modo que ahora el viejo debate alcanza un nivel efectivamente político, como también es político su trasfondo. No ha sido ciertamente Esperanza Aguirre la primera en politizarlo, como aseguran los que siempre miran la realidad con un ojo abierto y otro cerrado: aunque las argumentaciones escuchadas en el Parlament no sean de corte nacionalista, sin una motivación de fondo nacionalista no habría habido iniciativa popular ni probablemente ésta hubiera llegado al punto actual. Lo resume muy bien un chiste aparecido en La Razón: un litigante muestra un rehilete, con el palo decorado con el característico papel rizado rojo y gualda, explicando: "Esto es una banderilla; la parte de abajo causa heridas leves al toro y la parte de arriba hay que reconocer que ha causado esta comisión". Claro que mejor que el debate sea en último término político, pues para eso se lleva a cabo en un Parlamento, que moral, como absurdamente suponen algunos. ¡No falta ya más que los Parlamentos decidan lo que es moral y lo que no lo es! Como parece que había quedado claro en otros casos -por ejemplo, el del aborto- el Parlamento no está para zanjar cuestiones de conciencia individual, sino para establecer normas que permitan convivir morales diferentes sin penalizar ninguna y respetando la libertad individual. Ahora, por lo visto, hay quien reclama del Parlament precisamente lo opuesto...

Lo digo porque en lo tocante a la moral, que es cuestión a la que he dedicado cierta perpleja atención durante bastante tiempo, no hay tanta unanimidad respecto al trato debido a los animales como algunas almas delicadas parecen suponer. Existen más razonamientos éticos en el cielo y en la tierra de lo que la filosofía de Peter Singer supone y no es lo mismo ser bueno que ser guay, aunque el matiz diferencial pueda resultar difícil de captar hoy en países como el nuestro. El repudio de la crueldad (no digamos "innecesaria", porque si fuese necesaria ya no sería crueldad) y del maltrato animal es moneda corriente en los moralistas desde Tomás de Aquino, pero en cambio hay menos unanimidad a la hora de establecer qué diferencia a esas prácticas perversas de otras formas del empleo humano de las bestias. Y ahí es donde esta discusión se hace desde un punto de vista teórico más sugestiva: ¿qué hemos hecho y qué hacemos con los animales?, ¿en qué medida la relación con ellos ha configurado nuestra civilización e incluso nuestra "humanidad"?

Para empezar a comprender estos asuntos es imprescindible retroceder bastante en el tiempo. Digamos hasta el comienzo de la historia. El desarrollo de la sociedad humana se basa desde el principio en la utilización de animales para nuestros fines: nos han servido de alimento ("todo lo que nada, corre o vuela... ¡a la cazuela!"), de fuerza motriz tirando de carros o haciendo girar norias, de transporte y de arma de guerra (¡los escuadrones de Alejandro, los elefantes de Aníbal!), sus pieles curtidas nos han vestido y nos han calzado, han arado los campos, han defendido nuestras casas y nuestros rebaños (¡también formados por animales!) y -supongo que lo más humillante de todo- nos han servido de pasatiempo en circos y otros espectáculos, nos han hecho zalemas como mascotas de compañía y han trinado en jaulitas a la espera de su alpiste. Por no mencionar a los que han donado involuntariamente -y a veces aún vivos- sus cuerpos a la ciencia para el avance de la medicina, la cosmética y hasta la astronáutica (¡Laika, pionera del Sputnik!). Nos han sido imprescindibles para evitar males mayores: el antropólogo Marvin Harris justificó que los aztecas se comiesen a sus prisioneros por la ausencia en su territorio de mamíferos de talla suficiente para poder convertirse en fuente de proteínas y Jared Diamond explica el rezago de ciertas poblaciones africanas por carecer de bestias domesticables que pudiesen servirles para el transporte o la carga. Si tantos y tan variados empleos son formas de maltrato, hay que reconocer que la civilización humana se basa en el maltrato de los animales.

De modo que resulta un poco risible el argumento abolicionista de "que le pregunten al toro si le parece arte que le piquen o le den la puntilla". Tampoco nadie le pregunta a la merluza si quiere donar su cogote a las sociedades gastronómicas o a los bueyes si quieren tirar del arado. Ni a perros, gatos o caballos de carreras si quieren ser castrados por nuestro bien. Porque en el caso del debate actual debe quedar claro que no se trata de introducir en nuestra cultura las corridas, sino de prohibir una práctica secular. ¿Que no sería hoy admisible iniciarlas? Imaginemos si aceptaríamos con los valores vigentes empezar a criar animales para alimentarnos con ellos. Me parece estar oyendo a quienes contemplasen corretear a unos pollos o a unos terneros: "¡Qué ricos son! ¿Verdad? Me refiero a que parecen sabrosos...". Reconocemos que en los mataderos o las granjas avícolas industriales los bichos no lo pasan nada bien, pero se arguye que en tales lugares no se venden entradas para el espectáculo. Sin embargo, el argumento se vuelve contra lo que intenta demostrar, pues si fuera verdad que los espectadores disfrutan con el sufrimiento animal frecuentarían esos dignos establecimientos en lugar de las plazas de toros. Otros se escudan en que no es lo mismo sacrificar animales para atender nuestras necesidades que para satisfacer diversiones o lujos. Pero, como señaló Valéry, "tout ce qui fait le prix de la vie est curieusement inutile". El asunto de fondo sigue siendo el mismo: ¿tenemos derecho o no?, ¿es crueldad o no?

La preocupación por el bienestar de los demás seres vivos obtuvo el patronazgo de notables ilustrados -Montaigne, Jeremy Bentham, Schopenhauer...- pero también el refrendo de algunos que mostraron humanitarismo con las bestias y bestialidad con los humanos: las primeras leyes europeas protoecologistas de protección de la Madre Tierra y de los animales fueron dictadas por el vegetariano Adolf Hitler. En cualquier caso, la sensibilidad hacia el sufrimiento de otros vivientes es un signo de la modernidad. A ella se deben medidas piadosas como el peto de los caballos de los picadores (impuesto por el dictador Primo de Rivera) o el suavizamiento de los obstáculos más peligrosos en la carrera del Grand National de Liverpool. No son desdeñables, pese a que ello implica que los animales van desapareciendo de nuestras vidas urbanas -circos, zoológicos- para hacerse sólo presentes virtualmente en los documentales de la televisión. Es una tendencia que continuará y que sin duda también acabará mañana afectando las corridas de toros, si no son abolidas. No revelan acercamiento a la naturaleza, sino el predominio humanista de dos instancias desconocidas en ella: la compasión y la hipocresía. Ambas, en su dialéctica perpetua, espiritualizan nuestra vida. Yo me quedo con el arrebato de Nietzsche en la plaza Carlo Alberto de Turín, abrazado llorando al cuello del viejo caballo fustigado por su cochero. ¿Síntoma de locura o comprensión abismal de la irreductible desdicha de existir?

3/05/2010

Reir, reimos pero lo que cae no es agua


Es sorprendente, acaso no, que una diputada con pretensiones como Rosa Diez, de Unión, Progreso y Democracia, ( a saber lo que entiende ella de esos conceptos tan elevados) suponga que insultando a los gallegos recurriendo a los mas burdos tópicos va a tener rentabilidad electoral, con el mismo criterio podría aludir a la tacañería catalana, a la ignorancia castellana o la desidia andaluza, pero como dice Anxel Vence hoy en El Faro de Vigo, meterse con los gallegos sale gratis, aunque ellos saben que no es agua lo que cae y se lo toman con filosofía, como gente inteligente que son.

Salud

No es lluvia, que es orina

Anxel Vence

Aunque la ciencia haya descubierto recientemente que el semen gallego es el de mejor calidad de la Península (y parte del extranjero), ello no impide que los naturales de Galicia, lejos de alardear, padezcan un grave déficit de amor propio. O de autoestima, para decirlo en la jerga actual. Sufrimos en efecto los galaicos una muy merecida fama de coitadiños que nos lleva a interpretar que llueve cuando alguien orina sobre nuestras cabezas.

Con lo mucho que descargan al año las nubes de este reino es natural que a veces no sepamos discernir si lo que cae es agua o algún menos noble producto de la micción, naturalmente. Sólo así se entiende la escasa –por no decir inexistente– reacción de la ciudadanía a las últimas afrentas propinadas a los gallegos por algunos de quienes ejercen tareas de mando y representación en España.

Basta con hacer un sencillo ejercicio de imaginación. Supongamos, por ejemplo, que el Gobierno de España boicotease abiertamente una ley del Parlamento de Andalucía mediante el recurso al Tribunal Constitucional tras impulsar en Galicia un texto análogo. Conjeturemos que, a mayores, una diputada racialmente española –y no de las de Merimée– despreciase al presidente Zapatero, a su colega gallego Feijóo y al líder de la oposición, Mariano Rajoy, argumentando que todos ellos son "andaluces en el sentido más peyorativo del término". Nada cuesta figurarse la irritación y el rebumbio que tales puyas desatarían sin duda entre los aludidos.

Por fortuna para nuestros compatriotas y –a pesar de ello– amigos del sur, esas dos hipótesis resultan puramente imaginarias y desde luego inimaginables. A ningún político con algo más de dos dedos de frente se le ocurriría cavar su tumba electoral agraviando de tal modo a un reino que, como el andaluz, cuenta con más de seis millones de votantes a menudo decisivos para la gobernación de España.

Con Galicia y los gallegos hay barra libre, sin embargo. El Gobierno que tantas mercedes presupuestarias dedica a Andalucía y Cataluña –territorios de copioso censo electoral– no duda en enmendar aquí toda una ley aprobada por el Parlamento autónomo como la que pretendía la regulación de las cajas de ahorro galaicas. Cualquiera diría que se trata de desautorizar la voluntad de los representantes elegidos por la tribu de Breogán para sustituirla por un oscuro chalaneo a dos bandas; aunque tal vez no convenga tomarse las cosas tan a pecho.

Ciertamente, la Cámara con sede en Compostela no es en modo alguno un órgano de soberanía, pero aun así la actitud del Gobierno recuerda de manera un tanto enojosa a la "doma" de Galicia por los Reyes Católicos. "En aquel tiempo", contaba el historiador Jerónimo de Zurita, "se comenzó a domar aquella tierra de Galicia, porque no sólo los caballeros de ella, sino todas las gentes de aquella nación eran unos contra otros muy arriscados y guerreros".

Poco ha de quedar de ese espíritu temerario y algo insurgente que Zurita atribuía en el siglo XVII a los gallegos del XV, transformados ahora –por lo que se ve– en gente de gran mansedumbre a la que parecen resbalarle por igual los agravios comparativos del Gobierno y las afrentas a secas de una simple diputada. Lo único que permanece invariable a lo largo de los siglos es la abierta colaboración que, entonces como ahora, prestan algunos de los barones con mando en plaza de este reino a los propósitos del poder central.

Esquinada en el mapa, carente de poder económico y con apenas dos millones y pico de votantes que nada pesan en la balanza electoral de España, parece natural que Galicia se resigne a admitir que llueve cuando en realidad está cayendo sobre ella un chaparrón de orines. A nadie debiera extrañar, por tanto, que se haya reabierto la veda de los chistes de gallegos que ahora cuentan las ministras, las parlamentarias y hasta el propio Gobierno. Reír, se los reímos; pero que conste que lo que cae no es agua.

2/23/2010

"Non calentare Cascos..."

Sí, sí, la familia es uno de los principios básicos. A mí [el divorcio, el aborto y las relaciones prematrimoniales], son temas que no me escandalizan. Lo que ocurre es que en función del código ético de cada uno, hay una serie de problemas que luego hay que resolver a nivel de la sociedad general. Para mí el principio es que la familia es indivisible. Lo que no se puede es hacer una regulación normal en el divorcio, cuando ni siquiera se respeta esa libertad individual de las personas a elegir su estado familiar. El Estado ha de tener un código ético que es defender la familia indivisible (…) Contra lo que estoy es contra la forma de divorcio aprobada en España.

Esto que parece sacado de las catacumbas del franquismo , las peroratas del padre Peyton (el del rosario en familia) y la madre (que la parió) Pilar Primo de Rivera y Saenz de Heredia, es una perla de una entrevista a Alvarez Cascos en la Hoja del Lunes de Gijón en 1981. Buena parte de la prensa conservadora dan como hecho que Cascos se presenta a candidato en Asturias con el beneplácito de Rajoy y el voto en contra de Cospedal, pero en el PP de aqui no saben si reir o llorar, excepto sus mas fervientes admiradores, Pelayo Roces y poco más, el resto estan acojonados porque saben que el señorito Cascos les tiene ganas. Ya se que que lo del Ministerio de Igualdad da para largo, aunque al fin sabremos el mapa de la "terra incógnita" (para algunos es inutil,como decía el mas listo de mi barrio "al que no sabe joder, hasta los pelos le molestan") y de hecho se han empeñado en que sobre ministra, ministerio y las rumberas feministas, pero el año que queda para las elecciones municipales y autonómicas puede ser divertido y sorprendente.

Salud

P.D.: No se como sonará esto desde la optica de nuestro tertuliano destacado en el caribe mas pobre, destruido por un pequeño ajuste de placas tectónicas y una historia de desidia, abandono y explotación. Cuando el gran terremoto de Lisboa, de 1755, en el que murieron supuestamente mas de 100.000 personas (se dice que Lisboa tenia unos 375.000 habitantes, muchos murieron y tambien unos 4000 en España, 400 en Lepe...) los obispos, siempre caritativos, lo atribuyeron a un castigo divino por los pecados del mundo, y se originó un debate entre Voltaire y Rousseau sobre Dios y su existencia y magnanimidad. Pero se salió fortalecido porque el cataclismo fue el inicio de la sismología moderna, que nos permite entender mejor la naturaleza y su dinámica, que la final será lo que nos salve de la ignorancia, de la barbarie y de las religiones.

Los martes, ni te cases ni te embarques,
como mucho, una tertulia...

2/19/2010

Flores de papel

"No dejes que la realidad (o la verdad) te arruine una buena noticia, o...un buen negocio", es lo que debieron pensar en la Fundación Gustavo Bueno (Gustavo Bueno y sus vástagos) cuando en la parcela en construcción del Museo de Bellas Artes aparecieron los restos de una fuente rómana del siglo II, que echaba para atras unos siglos el montaje de los XII de Oviedin, que habían preparado con esmero para el ayuntamiento. Hoy sabemos además que el ayuntamiento les pagó a esta generosamente subvencionada fundación mas de 800.000 euros, que ellos a su vez subcontrataron a la empresa de una de sus hijas, y que por la exposición que instalaron en el café Español pasaron no mas de 7000 visitantes, por lo que tuvo que adelantarse su cierre. Lo que se llama un negocio redondo, para la Fundación, y ruinoso para la cosa pública, pero como los actuales gestores de la City, aquellos que acusaron al último alcalde socialista de dejar 2000 millones (de pesetas de la época) sin gastar, son liberales de nuevo cuño y lo público está de más, pues que carge con el mico.

Como tenemos que ir acostumbrandonos a que la información municipal está cada vez más en el apartado de sucesos, el artículo de Alvite viene que ni pintao.

Flores de papel
J.L. Alvite

En mi época de redactor de sucesos, al gitano Dimas Jiménez Gabarri le gustaba que escribiese sobre él. A cambio de algún dinero me contaba en exclusiva sus delitos. Solía rondar la puerta del periódico o me esperaba en los locales donde yo solía tomar las copas a deshora. Le gustaba beber una mezcla de ron, güisqui y ginebra que casi lo dejaba sin voz con cada trago. «Una vez maté a un hombre cerca del hotel Atlántico en A Coruña, pero los detalles te van a costar cinco mil pesetas, periodista». «No puedo darte tanto dinero. Me estás empobreciendo, ¿sabes?», le dije. «¡Un asesinato! ¡Te hablo de un asesinato! ¿Cuántos asesinatos cuentas cada año en tu puto periódico? Con saña, ¿comprendes?, clavándole unas tijeras hasta ensangrentar el codo. ¿El motivo? No sé… creo que fue un arrebato; estaba algo pasado de copas… Si quieres, podríamos ponernos de acuerdo en los detalles». «Estás borracho, Dimas. Aunque trajeses contigo el cadáver, no sabría si creerte. Además, un asesinato con tijeras no se cotiza tanto. Esa sangre sólo es costura, ¿comprendes?, una verdadera mariconada. ¿Cómo es que llevabas encima unas tijeras?». El gitano esperó a recuperar la voz después de un trago. «Flores. Hago flores de papel. Cosas del psicólogo de la cárcel. Cree que me puedo reinsertar vendiendo jodidas flores de papel. Según mis cálculos tendría que vender ocho mil flores cada día para pagarme la comida. ¿Y a quién cojones puede venderle ocho mil flores un gitano? ¡Y de papel! ¿Cómo demonios quieren que renuncie a ser un delincuente? Tendría que vender cada flor al precio que cuesta un libro. ¿Te imaginas? Viviría del papel, como vives tú, aunque casi ni sé dibujar mi nombre». Aquella noche me armé de dignidad y no le compré su crimen al bueno de Dimas. Él se puso furioso y estrelló el vaso contra la botellería del bar. Se le humedecieron los ojos. «¡Por el amor de Dios, Dimas!, ¿por qué te pones así? No puedo pagarte lo que pides, eso es todo. No me lo permiten ni mi bolsillo ni mi conciencia. Tus miserias me están arruinando. Duermo mal cada vez que pienso que me cuestas más dinero que mi propia familia». Dimas se largó dando tumbos y yo esperé a que el tipo del bar calculase los desperfectos. La factura fue tan elevada que, sinceramente, me volví a casa pensando que me habría salido más barato que el gitano asesinase allí mismo al camarero.

1/25/2010

El suplicio tirrénico

Acababa de leer un artículo referido al drama de Haiti y la referencia por comparación al suplicio tirrénico, aquel que aplicaban los etruscos atando mano con mano, boca con boca, a un desgraciado con un muerto, en abrazo hediondo, hasta su muerte, cuando alguien me pasa una imagen de otro tiempo, inédita dicen, en la que Franco aparece rodeado de 4.601 cadáveres, hasta aqui nada nuevo, en este caso perdices cobradas en una montería, allá por los lejanos años 50 del siglo pasado, a la que había asistido la flor y nata del régimen maloliente, entre los ministros del momento, la nobleza habitual y corifeos varios, a los que nos quisieron atar de por vida cual suplicio etrusco. Ni siquiera Berlanga y Rafael Azcona pudieron imaginar semejante matanza, a base de miles de disparos y negocios bajo manga.

1/15/2010

Glosolalia

Releyendo sobre el embrollo de Mrs. Robinson, la esposa del Ministro principal de Irlanda del Norte, que ha propiciado la dimisión de este, a cuenta del escarnio público de las relaciones adúlteras con al menos tres amantes distintos y el cabreo, "mas allá de la ira" del tronante pastor Ian Paisley, "protector" de esa parte del gobierno Unionista que rige en el Ulster, aparece la estricta militancia en la secta pentecostal de la susodicha, desde la que ha condenado la lasitud de Hilary Clinton perdonando el adulterio de su marido, como la homosexualidad, o la relajación de costumbres, para la que no duda en utilizar la observancia de la literalidad del mensaje bíblico, que propuso Lutero. Otra caracteristica curiosa de esta rama protestante pentecostal es la valoración de la glosolalia como método de acercamiento al éxtasis, el lenguaje del éxtasis como se la ha denominado, el don de las lenguas en otras interpretaciones, que desde el punto de vista médico es una enfermedad que afecta al habla y que trata de adjudicar significado a palabras inventadas.


Robinsón. Jose Luis Alvite

No seré yo quien se escandalice porque a los sesenta años de edad la diputada irlandesa Iris Robinson haya tenido una aventura sexual con un muchacho de diecinueve, ni creo que haya motivos para compadecer al joven Kirk McCambley suponiéndole arrastrado hasta el catre de su amante por una inferioridad emocional que lo haya convertido luego en víctima de una seducción que en modo alguno considero reprobable. Si fuésemos sinceros reconoceríamos haber soñado alguna vez con una situación semejante y no nos importaría admitir que si no sucumbimos como el joven McCambley, no fue por decencia, sino por ese eufemismo de la dignidad que es la cobardía. Personalmente he sentido siempre devoción por las mujeres maduras y solo lamento no haber caído en todas y cada una de las tentaciones que me salieron al paso cuando las mujeres que me doblaban la edad estaban todavía de buen ver. Aún ahora me tienta evocar los buenos tiempos y reincidir. Si no lo hago no es porque le haya dado la espalda a las oportunidades, sino, lisa y llanamente, porque tener ahora un lío de cama con una mujer que me doble la edad solo seria posible seleccionando con una pinza en las narices el cadáver femenino más fresco del cementerio. Es obvio que en materia de relaciones sexuales no hay que dejar las ocasiones para cuando ya no se presenten, del mismo modo que, si lo que pretende es triunfar, al atleta no le conviene dejar el esfuerzo de correr para después de la carrera. Nunca entendí que haya que renunciar a los placeres por temor a que sean delito o porque supongamos que son pecado, obsesionados con mantener esa empobrecedora rectitud moral que nos oprime en un angustioso margen de maniobra entre los dictados de la ley y las advertencias de la religión. Mi gran lucha no ha sido nunca esa y la verdad es que en mi relación con las mujeres mi pudor y mi conciencia han sido siempre menos determinantes que mi bolsillo. En cuanto a la edad de mis amantes, he preferido siempre a las mujeres maduras, sobre todo a las de cuarenta y tantos años, no sé muy bien por qué, tal vez porque nunca me sentí a gusto en una alcoba en la que mi anfitriona fuese más ágil que su gato y más joven que sus muebles. También influye mucho esa laxante serenidad que las mujeres alcanzan con los años y que se manifiesta en los momentos más delicados, como cuando ella te hace creer que tu torpeza la rejuvenece, o en ese instante de sublime indecisión en el que el silbido de su cafetera en la cocina te libra de una excusa que en el mejor de los casos solo serviría para empobrecer con retórica tu falta de habilidad en cama. Al principio me preocupaba por conocer su bagaje cultural y trataba de intuir el calado que podía esperar en su conversación, pero no tardé en darme cuenta de que la mujer madura me ahorraba muchos trámites y que lo natural antes de sucumbir a la tentación de acompañarla de madrugada a su casa no era conocer de antemano los títulos de su biblioteca, o las firmas de sus cuadros, sino saber si al amanecer pondría reparos a la sugerencia de preparar café. No hará falta advertir que la mujer madura tiene sobre sus colegas más jóvenes la ventaja astronómica de que es capaz de perder la cabeza en cama sin que por ello pierda en absoluto el sentido de la orientación, de modo que aunque se le hayan ido por la boca las frases más obscenas que jamás pensó decirle a la cara a un hombre, en cambio en ningún momento olvida donde dejó las gafas. Tienen por otra parte las mujeres maduras la doble cualidad de que así como te ayudan con sutileza a entrar en su cama, con la misma delicadeza te facilitan luego la retirada. Y sobre todo, son comprensivas y jamás te confesarán abiertamente que las has defraudado entre las sábanas. En el peor de los casos, y después de una experiencia poco satisfactoria, en la próxima ocasión que te tropieces de madrugada con ella no te rechazará por torpe o por inútil, sino, simplemente, porque su despensa se ha quedado sin café. No sé como lo hacen, pero tratándose de sexo la franqueza jamás les despinta los labios. Una mujer que me doblaba la edad me dijo hace veinte años: “Ni tú eres un atleta sexual ni yo soy una diosa en cama y por eso ambos hemos fallado esta noche. Y lo cierto es que las mujeres como yo nos podemos permitir la elegancia de callar la verdad gracias a lo bien que los hombres como tú mienten al contarlo”.