"Es usted la mujer mas bonita que he visto... lo cual no dice mucho en mi favor", ni siquiera Groucho Marx había perdido el sentido del humor despues del desastre del 29 de la bolsa de Nueva York en el que se arruinó, y hasta ahora la cosa la manteniamos a raya, espectantes ante esta nueva crisis, a la vista de que en nuestro entorno no parece haber grandes afectados, pero viene Pedro de Silva hoy
a pedir "luz y taquígrafos" para que el Banco de España salga de su mutismo y desvele la realidad de la situación de bancos y cajas españolas ante la marea que ha llegado a Europa de quiebras y suspensiones. Nos estabamos conformando con las noticias de que el Banco de Santander seguía "pescando" en las aguas revueltas de la economía inglesa a la compra de entidades en apuros, y tambien a la afirmación del presidente del Gobierno de la fortaleza de nuestro sistema financiero no ha encontrado gran oposición, mas allá de algún chascarrillo ligero, pero lo que llega desde Belgica, Holanda, Inglaterra o Alemania no deja mucho lugar al optimismo. Al final, según Jorge Edwards sobre el crack del 29 y la crisis actual, probablemente no se salve nadie y no consigamos tampoco aprender nada, a todo lo mas, lo que dijo el maestro, "He aprendido de mis errores, estoy seguro que puedo repetirlos".
La seriedad del humor
JORGE EDWARDS
La virtud central del capitalismo clásico era el trabajo. Marx partió de ahí, de esa noción burguesa esencial, para elaborar sus ideas sobre el materialismo dialéctico y el socialismo. El capitalismo moderno estaba relacionado con la revolución protestante, con el calvinismo, con una ética del rigor, del esfuerzo. Hay que leer a los clásicos, desde Adam Smith hasta Max Weber. Y entender a Carlos Marx y a Federico Engels. Pero tengo la impresión de que los teóricos de la economía actual se olvidaron de los autores fundamentales, de los maestros, de los grandes precursores. El valor del trabajo se degradó y se convirtió en el de la especulación, de las burbujas financieras, de la riqueza fácil. He leído y recordado en estos días algunas páginas de humor sobre la crisis de 1929, además de algunas anécdotas reveladoras. Groucho Marx, que no pertenece a la misma familia que Carlos Marx, describe en sus memorias una época en que las acciones de Wall Street, todos los valores bursátiles, subían todos los días. Todo el mundo quería comprar en la Bolsa, y él mismo Groucho fue contagiado por la fiebre especulativa. Cerraba los ojos, ponía un dedo en algún lugar de la lista, compraba la acción respectiva y ganaba. Todos ganaban y compraban como locos. Groucho no sabía, hasta ese momento, que se podía vivir en el lujo, en la opulencia, en la extravagancia, sin trabajar, pero había comenzado a saberlo. Hasta que un día cualquiera, un inversionista cualquiera, un poco preocupado, dominado por un soplo vago de incertidumbre, hizo cálculos y resolvió vender. Otra persona se contagió con su pesimismo, o al menos con su vacilación, con su incertidumbre, y también puso sus acciones en venta. Hasta que la Bolsa de Wall Street, un buen día, o un día negro, para decirlo de un modo más preciso, se derrumbó en forma estrepitosa.
Los gurús y magos de las finanzas se reían de los viejos valores, pero ellos han caído cual saco de papa. Washington llega tarde, con voz alterada y manotazos de ahogado
Los economistas nos hablan en difícil, pero Groucho Marx es tanto o más certero que ellos. Porque Groucho nos habla de la crisis desde adentro, como persona que participaba en el delirio colectivo y que de repente, de un día para otro, perdió hasta la camisa. Hemos vivido rodeados de gurús, de magos de las finanzas, de poseedores de ciencias infusas, de ricos repentinos y que se han reído de los valores tradicionales, y de pronto se han caído al suelo como sacos de papas o de patatas. Me parece que la explicación de un humorista, aunque no tenga terminachos, aunque huya de la jerga técnica, es mejor que muchas otras. Una vez, hace ya largos años, di una conferencia en algún recinto madrileño o de las Islas Canarias, ya no me acuerdo con exactitud, y conseguí que la audiencia se riera a carcajadas. Al final de la charla se me acercó el escritor y ensayista Juan Marichal, marido de Soledad, Solita, Salinas, hija del gran poeta Pedro Salinas, y me dijo las siguientes palabras textuales: "Es que la gente no se ha dado cuenta de que el humor es una cosa muy seria". Leí hace poco una anécdota de Kennedy el mayor, el padre de los hermanos Kennedy. En vísperas de la crisis, Kennedy el mayor po-
seía una cantidad importante de acciones de Wall Street. Una mañana se dirigió a los recintos de la Bolsa y se detuvo en una esquina, en la mitad de su camino, para lustrarse los zapatos. El lustrabotas, mientras le pasaba cera y le sacaba lustre, le hacía comentarios sobre sus propias compras en la Bolsa y sobre las alzas que habían obtenido los títulos suyos. Kennedy el mayor, con sus zapatos relucientes, se dirigió de inmediato a la oficina de sus corredores y les ordenó que vendieran todo. Si hasta los lustrabotas compraban acciones, algo estaba podrido en el Reino de Dinamarca. Vendió todo, y esa decisión de vender a tiempo fue uno de los pilares más sólidos de su futura fortuna. Pero el problema, claro está, consiste en vender a tiempo, y en comprar a tiempo. Parece fácil, pero no lo es tanto. El capitalismo especulativo es uno de los grandes vicios del mundo moderno (para citar al poeta Nicanor Parra). Y el otro, el de los calvinistas, el de los artesanos hugonotes, el de los banqueros de laComedia Humanade Honorato de Balzac, pertenece a un pasado remoto, anacrónico, desaparecido.
Lula, el presidente brasileño, nos habló en la Asamblea General de las Naciones Unidas de fiebre especulativa, y Michelle Bachelet, en tonos acusatorios, recurrió a los conceptos de codicia y desidia. Fueron nociones éticas, severas, esgrimidas en la mayor tribuna internacional. Pero el problema de gobernar consiste en conocer la naturaleza humana y actuar para controlarla, encauzarla, llevarla por caminos decentes, de solidaridad, de justicia, de progreso auténtico. Porque si usted coloca a un gato en una carnicería, no puede pedirle que se abstenga de comer la carne. Es necesario, en consecuencia, conocer la naturaleza de los seres humanos, y la naturaleza de los gatos. En mis años de formación, el héroe de la economía moderna, a lo largo y lo ancho del mundo capitalista, era John Maynard Keynes. Parecía que Keynes había sacado al capitalismo de su etapa salvaje, descontrolada, primitiva, y lo había canalizado, moderado, humanizado. En resumidas cuentas, si la crisis derivaba de un estado anterior de libertinaje, los keynesianos aplicaban medidas para salvar en definitiva, en sus componentes básicos, el sistema. Era otra versión de lo que proponía el Príncipe de Salina enEl Gatopardo:cambiar para que todo siga igual. Es lo que sostiene ahora el Gobierno de Washington, pero lo sostiene tarde, con voz alterada y sofocada, con manotazos de ahogado. No hacer nada, dice, es lo peor y lo más peligroso que podemos hacer. Y lo dice mientras hace esfuerzos desesperados para tapar los hoyos, los feroces agujeros financieros, inmobiliarios, hipotecarios, con el dinero de los contribuyentes.
Lo que ocurre es que lo más abstracto del mundo, lo más enigmático del mundo, son las altas finanzas. Se barajan cifras en un tablero electrónico, se hacen fortunas y se deshacen en cuestión de horas, pero, ¿dónde están los respaldos, el oro, el dinero efectivo? Muchas veces, casi siempre, no están en ninguna parte. En laComedia Humana,para volver a Balzac, hay dos especies de personajes: los avaros, los que atesoran riquezas lenta y trabajosamente, los Primos Pons, que guardan una fortuna en muebles, en cristalerías y porcelanas, en cuadros, en luises de oro, debajo de los colchones, en espacios de pocos metros cuadrados, y los barones del primer imperio, los Nuncingen, que especulan y manejan valores puramente abstractos, y que anuncian algunos de los rasgos del capitalismo de este siglo XXI. Algunos comentan, con visible entusiasmo, con acentos triunfalistas, que los fanáticos del neoliberalismo quedaron en evidencia. Quizá sea verdad. Pero tiendo a ver las cosas de otro modo. Toda la economía, en casi todas partes, en Occidente, pero también en China, en Rusia, en la India, había entrado en una forma de delirio, en una fiebre que iba en aumento y que nos contagiaba a todos. Y de repente, por la fuerza de los hechos, por obra de las circunstancias, hemos despertado y nos hemos tenido que restregar los ojos. ¡Adiós, sombras fugaces!, hemos exclamado, como los personajes del drama clásico. Despertamos, aterrizamos en la realidad, y la fuerza, el drama de la experiencia viva y reciente, nos marea y nos perturba. En Chile, dice alguien, estamos más preparados que antes, que en 1982 y en 1929, para resistir la crisis. Más preparados hasta cierto punto, y siempre que las cosas no lleguen a mayores. Pero lo más probable es que no se salve nadie, y que no consigamos, tampoco, al final del tormentoso recorrido, aprender nada.
Dejó dicho Ortega y Gasset que "De querer ser a creer que se es ya va la distancia de lo trágico a lo cómico" (un amigo mas prosaico dice "Don (título) si din (dinero), mis cojones en latín, no tiene relación apenas, pero no importa), y me lo trae un artículo absolutamente sensacional (disculpe la adjetivación pero estoy influido por algunos a los que les quedan cortos todos los adjetivos para calificar sus experiencias) que firma nuestro psicoesteta de guardia, Ramiro Fernández, que no contento con ser un buen peluquero y maestro de peluqueros, incluso de futbolistas y politicos varios, ha encontrado en la discutida teoría psicoestética del "profesor" Muñoz Espinalt (aquel que avanzaba la independencia de Cataluña para el año 2000 y que decía como debian vestirse, que debian leer, que música escuchar y como hablar y comportarse en público los catalanes modernos) su razón de ser profesional y personal.
Nos dice Ramiro que "El espejo es el mejor amigo del hombre (en genérico, supuestamente) y el utensilio que nos presenta la realidad tal cual es", contraviniendo aquello que se decía que lo que devuelve el espejo es la imagen del alma o del espiritu, y que mas tarde descubrimos que el espejo devuelve una imagen alterada por la leyes de la reflexión, y mas tarde alguien advirtió que muchos otros animales son conscientes de su imagen sin saber cual es el grado de consciencia de su misma existencia o muerte. Por si fuera poco, la imagen que nos devuelven los espejos, no ya aquellos azogados de plomo o estaño, sino los perfectos de plata o aluminio, son veneno para el alma de los que sufren desordenes alimenticios, en los que nunca ven una imagen satisfactoria de si mismos.
Nadie parecía imaginar que las obras de ampliación del museo de Bellas Artes de Oviedo fuera a poner en duda la que se tenía por fecha de su fundación, y todo por el hallazgo de los restos de una fuente cuya cronología romana pone en evidencia los análisis de carbono 14 en los restos orgánicos que la acompañan. A las reacciones iniciales de sorpresa y prudencia por parte de los expertos se han sucedido manifestaciones de todo tipo, alguna de las cuales causan sonrojo, como la del columnista de La Nueva España Javier Neira, que parece que él ya lo intuía e incluso se permitió colarse en la excavación para ratificarlo de primera mano. También la de especialistas que sostienen lo contrario o que ya habian advertido el origen romano de la fuente de Foncalada, hasta ahora único monumento civil del arte prerrománico. Pero la mas llamativa de las reacciones la protagoniza Gustavo Bueno junior, a la sazón hijo de conocido filosofo y intelectual de cabecera del gabinismo ovetense, que habia recibido el sabroso encargo de organizar los fastos de los XII siglos de existencia oficial de Oviedin; para él nada cambia con la descubrimiento arqueologico y "La historia de Oviedo sigue igual, lo que cambia es su prehistoria", se defiende antes de que alguien le venga con que el "Oviedo XII siglos" está en entredicho, pero además se permite reconvenir a "muchos historiadores que pontificaban que el monastario (San Vicente) se hizo en un desierto y empeñados en restar importancia a la romanización".
Mucho mas interesante y esclarecedor el artículo de Javier R. Muñoz sobre las implicaciones de la cronológia romana de la fuente de la Rúa, publicado en LNE.
¿Qué cambia en la historia de Oviedo la fuente de la Rúa?
JAVIER RODRÍGUEZMUÑOZ
La cronología romana de la fuente hallada hace apenas dos meses junto a la calle de la Rúa puede dar un vuelco total a lo que hasta ahora era la historia conocida del Oviedo urbano. No debiera sorprendernos que dentro del espacio que ocupara la urbe medieval, el delimitado por la muralla de Alfonso X, aparezcan unos restos arqueológicos de época romana. En el entorno de Oviedo ya eran conocidos testimonios de esa cronología y, en las dos últimas décadas, con la intensificación de las prospecciones arqueológicas, se han multiplicado.
Cuando a comienzos de los años setenta del pasado siglo, José Manuel González escribió el capítulo de la «Historia preurbana» para «El libro de Oviedo», señalaba que por el futuro emplazamiento de la capital asturiana había pasado una vía romana que comunicaba Asturica Augusta (Astorga) con Lucus Asturum (Lugo de Llanera). Este último lugar era por entonces uno de los yacimientos tópicos de lo romano en Asturias, donde ya desde el siglo XIX se venían produciendo hallazgos fortuitos y, desde luego, uno de los muy escasos núcleos asturianos mencionado en las fuentes documentales.
En los entornos de Oviedo, los restos de mayor entidad eran los de la villa de Paraxuga, descubiertos por el citado José Manuel González y excavados de urgencia antes de que quedaran enterrados definitivamente bajo el edificio de la Facultad de Medicina. En Paraxuga se constató la existencia de un establecimiento del siglo IV-V, que se puso en relación con la vía que atravesaba Oviedo. En época imprecisa se localizó en la iglesia de San Miguel de Liño una estela funeraria romana dedicada a un tal «Cesarón, hijo de Tábalo», y en un muro de contención cerca de la puerta de Santa María del Naranco otra estela dedicada a un personaje llamado Quinto Vendirico por su hijo Agedio. Estas dos estelas, junto con el hallazgo de restos de tégulas (la característica teja romana plana) y ladrillos, hizo suponer que en Liño había existido una villa romana. Otros restos imprecisos y la toponimia nos hablaban también de una notable romanización en la ladera del Naranco y en otras zonas del entorno de Oviedo.
Desde que José Manuel González escribiera el citado artículo hasta la actualidad, la arqueología vino a confirmar su buen ojo arqueológico. En Paredes (Lugones), donde también había señalado la existencia de una villa romana, se excavó hace unos años una necrópolis bajorromana, de la que parte aún se conserva en la zona de aparcamiento del centro comercial Parque Principado. El castro de Llagú, al sur de Oviedo, reveló que además de una potente y larga ocupación prerromana, también fue habitado en época romana, hasta mediado el siglo II. En Priañes, en términos del concejo de Oviedo, se localizaron los restos bastante arruinados de una villa romana con cronología en torno al siglo IV. El puente de Colloto, sobre el Nora, ya hace algún tiempo que se constató que su cronología original era también bajorromana. Posiblemente, el puente de Olloniego también sea en su construcción original de la misma época romana.
Fuera de los términos de Oviedo, pero dentro de la zona central articulada en torno a esa vía de Asturica a Lucus, los hallazgos han sido aún más importantes. Al ya viejo hallazgo de la villa Memorana en Vega del Ciego (Lena), de la que se recuperó un completo mosaico que se instaló en el Museo Arqueológico, y varios hallazgos de fines del siglo XIX en Ujo (Mieres), se vinieron a sumar en los últimos años otros yacimientos. Los hornos de fabricación de material de construcción de Venta del Gallo (Llanera), la excepcional y temprana villa de Valduno (Las Regueras); una larga ocupación en el territorio de Lucus Asturum, junto a la destruida y desaparecida iglesia de Lugo; la villa de Veranes, que, aunque conocida desde hacía tiempo, sólo en los últimos años se ha descubierto en toda su magnitud e importancia; la Campa Torres, posiblemente la ciudad prerromana de Noega, pero que fue ocupada por los romanos desde el momento mismo de la conquista, y donde debió de existir un faro romano, en forma de torre, como el de La Coruña. Y, por último, la ciudad de Gijón, cuyas murallas, termas, fábrica de salazones, y otros múltiples hallazgos, nos hablan de una ciudad de gran importancia en el norte hispano en los siglos bajorromanos.
Hay muchos más hallazgos (Beloño, Andallón, Bañugues...), pero no vamos a hacer ahora un mapa de la ocupación romana en Asturias. Hoy nadie con un mediano conocimiento de nuestra historia Antigua puede sostener que Asturias no fue romanizada intensa y extensamente. Clarín no podría empezar hoy su cuento Doña Berta tal y como lo hizo hace ya más de un siglo: «Hay un lugar en el Norte de España adonde no llegaron nunca ni los romanos ni los moros...».
Este largo discurso introductorio nos sirve para hacer ahora una pregunta: ¿Nunca aparecieron restos romanos en el solar del Oviedo medieval?
Y la respuesta es: sí. Pero no los quisimos ver o no los supimos interpretar. Máximo y Fromestano nos vendieron tan bien la historia de su presura de un Oviedo, yermo y deshabitado, que desde siempre se consideró imposible la existencia en ese lugar de otra presencia humana anterior al siglo VIII. En el Museo Arqueológico se conservan al menos dos hermosos capiteles corintios romanos y algún fuste de columna que se supone proceden del palacio de Alfonso III, y que pudieron ser efectivamente aprovechados para este edificio, pero que a la luz de lo que ahora conocemos pudieron ser tomados de alguna construcción romana preexistente en el mismo solar. Hay otro capitel del mismo estilo y procedencia, al parecer, en el Tabularium Artis Asturiensis. Más excepcional aún es el conocido como sarcófago de Ithacio, cuya tapa, labrada en mármol blanco, contiene diversos motivos vegetales y otros que entroncan con el mundo artístico bajorromano y cristiano de los siglos IV-V, y que se encuentra en el llamado Panteón de los Reyes de la capilla del Rey Casto, en la Catedral. Una tradición, que recogió José Cuesta en su pionera Guía de la catedral de Oviedo, y cuya antigüedad se desconoce, dice que en esta urna fueron trasladados los restos de Alfonso III a Oviedo desde Zamora.
Hace ya casi veinte años que en una «Historia de Asturias» (tomo 11 de la Enciclopedia Temática de Asturias), y en el capítulo referido al periodo del Reino de Asturias cuestionábamos la idea generalmente aceptada de que varios restos visigodos que se conservan en las iglesias de ese periodo hubieran sido traídos de fuera. «Resulta inconcebible la idea», escribíamos entonces, «de que tan pesadas piedras formasen parte del botín de las expediciones guerreras asturianas por territorio de la Meseta». Lo mismo podemos decir del valioso sarcófago de Ithacio. No hubo que traerlo de ningún sitio, muy posiblemente estaba allí al lado, junto a otros muchos restos escondidos bajo el subsuelo de la Catedral y de otros antiguos edificios, o que desaparecieron para siempre reaprovechadas sus piedras en otras vetustas construcciones. Debemos concluir en que no hemos sido finos en la apreciación de restos evidentes que teníamos ante nuestros ojos. Pero volvamos ahora al engaño de Máximo y Fromestano. Está fuera de duda de que el documento que recoge el pacto monástico suscrito por el abad Fromestano y su sobrino Máximo, con Montano y los otros monjes, sobre la fundación por ellos del monasterio de San Vicente, es falso. Isabel Torrente ha puesto de relieve últimamente las incongruencias y anacronismos del mismo. Podemos seguir pensando que a mediados del siglo VIII, en 761 si queremos una cifra exacta, unos monjes se instalaron en el solar donde luego creció y se expandió el monasterio de San Vicente. Otros más lo hicieron en el solar de esa vieja colina, de cuyas fundaciones apenas si nos queda la mención del nombre de sus monasterios. Lo que hoy ya no se puede creer es que Máximo encontró aquel lugar desierto. El lugar, que según dice el documento llamaban «Oveto», no era «nemine posidente» (no poseído por nadie) como se dice en él. No era un solar desierto y lleno de maleza que con sus siervos fue desbrozando Máximo, algo había allí, y posiblemente muy importante, aunque en algún momento haya podido estar deshabitado. En realidad, la evidencia ahora constatada de la existencia de un «Oveto» anterior a Alfonso II y a los otros reyes de la monarquía asturiana explica mejor o aclara el porqué de la elección de ese lugar como capital de su Reino. Y también la anterior decisión de su padre, Fruela I, de fundar allí una iglesia dedicada a San Salvador y vivir en ese lugar por algún tiempo, pues no se olvide que el futuro Alfonso II nació en Oviedo. Él mismo lo dice en el documento suscrito el 16 de noviembre de 812, por el que hizo a la Iglesia de Oviedo una generosa donación. Este documento, conocido en la bibliografía medieval como el «testamentum» de Alfonso II, no es más que eso, una donación por la que confirmaba la que anteriormente había otorgado su padre Fruela a la misma Iglesia, «para alcanzar perdón para él y el venidero para nosotros», muy posiblemente, como apunta Isabel Torrente, para alcanzar el perdón por el crimen cometido al haber matado con sus manos a su hermano Wimara, «por rivalidades en torno al reino», explicaba la Crónica Albeldense. Sin justificación ni fundamentación documental alguna, se sostiene por algunos que ese año de 812 fue el momento en el que se fundó o estableció la Corte de Oviedo, de lo que no hay ninguna mención en este testamentum, pese al discurso histórico que le precede.
Hay, en lo que estamos tratando dos conceptos que a veces se confunden y se solapan: 1) el establecimiento de una primera población de forma estable en el lugar que luego se llamaría Oviedo, y 2) la institución de ese lugar llamado Oviedo como sede del trono del Reino de Asturias por parte de Alfonso II. Pero de esto, nos ocupamos en el capítulo siguiente.
¿Qué cambia en la historia de Oviedo la fuente de la Rúa? (y II)
En un momento indeterminado, unos primeros habitantes se instalaron en el solar de lo que fue el Oviedo medieval, y esa primera presencia se mantuvo de forma ininterrumpida hasta consolidar un poblamiento estable, cuyas características urbanas desconocemos totalmente. El hallazgo de la fuente de la Rúa nos viene a decir que eso se produjo, al menos, en el siglo IV de nuestra era.
La entidad del hallazgo, una fuente con cierto carácter monumental, invita a pensar que no fue construida en un descampado, sino que en su entorno había una cierta población que demandaba el servicio que ella prestaba, ya fuera el mero aprovisionamiento de agua o una función religiosa como posible «ninfeo». Vamos a tratar de aclarar mínimamente lo que significa esta palabra, que en estos días se ha repetido más de una vez en boca de arqueólogos e historiadores, pero que para el público en general, incluso para los más ilustrados, es posible que no diga mucho. Un «ninfeo» era un lugar natural o artificial donde existía una fuente y en el que se podía recibir a través del agua las benéficas influencias de las Ninfas. Había «ninfeos» en rincones naturales, como las cuevas, y otros construidos en ciudades, imitando en cierto modo las formas naturales por medio de cúpulas y bóvedas de cañón, como la de la Foncalada, y fuentes adornadas incluso con mosaicos y estatuas, y varios estanques. Nuestras Xanas y fuentes de las Xanas, serían la versión asturianizada de las Ninfas y los «ninfeos».
Que una fuente romana, de mayor o menor monumentalidad, existiera en el solar de Oviedo no nos permite suponer que la población que allí hubiera fuera de una gran magnitud. Podía, en algún caso, pertenecer a una villa más o menos lujosa, pero aislada, sin más población que la del señor y su familia, y los sirvientes domésticos y rurales del establecimiento. Pero la posibilidad de que también la fuente de la Foncalada sea en realidad de la misma época romana abre todo un campo de posibilidades explicativas. La Foncalada, calificada hasta ahora como la única construcción de época altomedieval dedicada a fines públicos que se conoce en España, siempre tuvo una serie de elementos que la separaban del resto de las construcciones del arte asturiano, nombre que cada vez tiene más sentido, y no el de Prerrománico. El edículo de la Foncalada está enteramente construido en sillares de piedra, incluso las dovelas que forman su bóveda de cañón. A su parentesco con otras construcciones similares romanas ya se han hecho muchas referencias. En realidad, el elemento que hasta ahora ha servido para su adscripción al período del Reino de Asturias es la presencia de la conocida como Cruz de la Victoria, con las letras alfa y omega, que corona su frontón triangular, y los restos de la inscripción «Hoc signo tvetvr pivs. Hoc signo vincitvr inimicvs» y «Signvm salutis...», habitual en otras construcciones del reinado de Alfonso III. Pero tales elementos, está claro, pudieron ser añadidos en los siglo VIII o IX a una fuente y edículo ya existentes, para cristianizarla, como se hizo con otros muchos monumentos de carácter pagano.
Aceptada como hipótesis, a la espera que la datación por carbono 14 pueda aclarar definitivamente el tema, que la Foncalada es romana, se ampliaría notablemente el área de extensión de ese primitivo Oviedo romano, lo que nos obligaría a pensar en un tipo de poblamiento de mayor entidad que una simple villa.
Oviedo está emplazado en un cruce natural de caminos, Norte-Sur y Este-Oeste. Ya hablamos antes de la vía que, con dirección Sur-Norte, unía Asturica Augusta (Astorga), la capital del conventus Asturum, y también Legio (León), con Lucus Asturum. Pero también por el entorno de Oviedo debía de cruzar otra vía que enlazaba con el Oriente, aprovechando el pasillo natural que brindaba la llamada por los geólogos depresión mesoterciaria, que se extiende más o menos desde Grado a Cangas de Onís, sin apenas ninguna pendiente. Para servir a esa vía se habría construido el puente de Colloto, en las inmediaciones de Oviedo. Examinado bajo esa consideración de cruce de caminos o de vías romanas, se podría pensar que el Oviedo romano del siglo IV hubiera sido lo que se denomina un «vicus viarii», una aglomeración urbana tejida en torno a ese cruce de caminos, sin formar un centro agrupado densamente, sino con diversos establecimientos dispersos a lo largo de las vías. Una calificación similar fue propuesta por Carmen Fernández Ochoa y otras arqueólogas que excavaron a principios de los años noventa en el área de la antigua iglesia de Santa María de Lugo (Llanera), donde también se daba otra encrucijada de caminos, entre la vía Norte-Sur ya descrita, que proseguía hacia Gijón, y otra que se dirigía hacia el Oeste, a la ciudad de Lucus Augusti (Lugo de Galicia).
Por otra parte, Carmen Fernández Ochoa viene insistiendo en los últimos años en la importancia del enclave urbano de Gijón en la bajorromanidad. Numerosos restos arqueológicos confirman esa opinión y el reciente hallazgo bajo el claustro del antiguo convento de las Recoletas-Fábrica de Tabacos reafirma lo ya supuesto. Gijón desempeñaría un importante papel, junto con Asturica Augusta, en la parte astur, en esos siglos del final del Imperio romano, en el mantenimiento de la llamada «via annonaria», por la que se aprovisionaba a las legiones romanas que luchaban en el limes (frontera militar) germano, en un pulso mantenido durante siglos y que al final terminaría con la entrada o invasión de los llamados pueblos bárbaros.
Todo lo anterior es pura hipótesis, pero desde luego va siendo hora de que los historiadores revisen sus ideas sobre la historia de Asturias en los siglos de transición entre el mundo antiguo y el medieval. Porque, pese a todo lo que se viene descubriendo, sigue todavía latente la idea de que los astures eran un pueblo muy bárbaro y atrasado, según la descripción que de ellos hizo el geógrafo griego contemporáneo de la conquista, Estrabón, y que, pese a que fueron conquistados, la romanización no pasó de ser un barniz superficial. Claudio Sánchez Albornoz, en su notable historia del Reino de Asturias, calificó a los asturianos que poblaban la zona donde se produjo el levantamiento contra los árabes como «bravos montañeses mal romanizados y peor sometidos a los godos». Y no hace tanto tiempo que los profesores Barbero y Vigil sostuvieron con gran aceptación la tesis de que en la zona limítrofe entre cántabros y astures, articulada en torno a Covadonga y Cangas de Onís, se había formado un poder autónomo que fue el primero que se levantó contra la invasión musulmana. O, para no insistir en lo mismo, la obstinación de muchos historiadores, incluso asturianos, en negar al primer rey, Pelayo, su naturaleza asturiana.
El conocimiento cada vez mayor del período romano y de los oscuros siglos siguientes debe hacer cambiar muchas de las cosas que se han escrito sobre la historia del Reino de Asturias.
Pero volvamos ahora al segundo punto que planteábamos al final de la anterior entrega de este artículo, el referido a la instalación en Oviedo del «solio del trono», es decir, al momento en que Oviedo se convirtió en sede de la corte y asiento del trono, reinando Alfonso II. Ningún documento ni crónica concretan ese momento. La crónica de Alfonso III, en sus dos versiones, rotense y a Sebastián, dice que Alfonso II «fue el primero que estableció en Oviedo el trono del reino», en año que no precisan. Y una denominada «Nómina de los Reyes Católicos leoneses» que acompaña a la crónica albeldense dice que Alfonso el Casto «fundó Oviedo».
Antes que en Oviedo, la Corte había estado en Pravia, donde la asentó Silo, según referencia aportada esta vez por la crónica albeldense. Pravia está en el medio de una zona donde son muy abundantes los restos de la presencia romana, algunos de los cuales todavía alcanzó a ver Juan Antonio Bances y Valdés a comienzos del siglo XIX, e hizo de ellos una memorable descripción titulada «Noticias históricas del concejo de Pravia», que fue publicada por la Academia de la Historia un siglo después, en 1911. Pravia, por otra parte, es muy posible que haya sido la Flavionavia que citan las fuentes romanas.
Cuando Alfonso II, que había desempeñado un destacado papel en la corte de Silo en Pravia, accedió al trono y decidió trasladar éste a Oviedo, su decisión sólo podía tener como fundamento, por lo que hasta ahora sabíamos, el cariño que a ese lugar tuviera por haber nacido en él. Fuera de motivos sentimentales, tal decisión siempre resultó un tanto extraña, ya que parecía ilógico elegir como sede de la Corte un lugar casi deshabitado y desprovisto de toda infraestructura, cuando existía no muy lejos una población como Gijón, que, por lo que hoy sabemos, estaba dotada de unas muy sólidas murallas y numerosas edificaciones que podían servir de asiento sin ningún esfuerzo a la Corte de Alfonso II.
Está claro que no sabemos casi nada de lo que era y había en Oviedo a fines del siglo VIII, cuando Alfonso II accede al trono. Pero, desde luego, no debía de ser un lugar casi yermo, en el que sólo se alzaban una iglesia dedicada a San Salvador y un pequeño oratorio dedicado a San Vicente, con muy pocas construcciones anexas. Tenemos que pensar que había mucho más, aunque buena parte de ello debió de resultar muy dañado tras las incursiones que sobre Oviedo hicieron los hermanos Ibn Mugait, reinando en Córdoba Hixem I. Y ahora volvemos al tema de cuándo se instaló la Corte en Oviedo. Ya dijimos que ningún documento ni crónica señalan año alguno, y, desde luego, no fue el de 812. Pero podemos pensar con bastante fundamento que Alfonso II se instaló en Oviedo ya desde el comienzo de su reinado. Los citados hermanos Ibn Mugait dirigieron sus campañas estivales de 794 y 795, lógicamente, contra la capital del Reino, Oviedo, porque allí esperaban encontrar al rey asturiano, y consecuencia de ello fue la destrucción, al menos, de la iglesia de San Salvador fundada por Fruela, y suponemos que de buena parte de lo que sería entonces la capital del Reino.
Alfonso II, según cuentan todas las crónicas, llevó a cabo en Oviedo una importante labor constructora, al menos en lo que se refiere al núcleo articulado en torno a la actual catedral, donde levantó de nuevo la iglesia dedicada a San Salvador, otra en honor de Santa María y una tercera a la memoria del mártir San Tirso. Según la crónica albeldense, «todas estas casas del señor las adornó con arcas y con columnas de mármol, y con oro y plata, con la mayor diligencia y, junto con los regios palacios, las decoró con diversas pinturas». Y también edificó fuera de Oviedo, como cuenta la crónica de Alfonso III, «distante del palacio casi un estadio, una iglesia en memoria de San Julián Mártir, poniendo alrededor, aquí y allá, dos altares decorados con admirable ornato. Mas también los palacios reales, los baños, los comedores y estancias y cuarteles, los construyó hermosos, y todos los servicios del Reino los hizo de lo más bello».
Las crónicas dan cuenta de las más admirables construcciones de Alfonso II, las realizadas en piedra, pero el Oviedo de entonces debía de ser mucho más y, a lo que parece, no había nacido de la nada. Los monjes de San Vicente para defender su parcela inventaron una bella historia, pero qué lejos de la verdad parece ahora. Oviedo ya no tiene fecha fija de fundación, el año 761, sino un pasado mucho más lejano e interesante que esperemos se pueda perfilar en los próximos años.
Me pasa un habitual del local de la tertulia una nota en una servilleta referida al locutor estrella de la cadena radiofonica de la Conferencia Episcopal, COPE, Federico Jimenez Losantos, que mas que una evidencia es una gregería, si atendemos a los problemas judiciales que le ha ocasionado utilizar el insulto y la maledicencia en su programa de radio.
En las antípodas sobre la forma de entender el periodismo, y la estética, del mencionado locutor está Manuel Vicent que nos deleita cada semana desde El Pais con sus crónicas, y ahora con un especial sobre las imágenes que cambiaron nuestra vida que dedica la última semana a La Tierra, con un artículo que no me resisto a copiar.
Adiós a la Tierra MANUEL VICENT
El 17 de febrero de 1600, en Campo dei Fiori de Roma, los servidores del Santo Oficio descargaron un carro de leña a media mañana para preparar la hoguera donde iba a arder Giordano Bruno, condenado por blasfemia, herejía e inmoralidad. Todo lo que había dicho este filósofo en su cátedra para merecer el fuego había sido que la Tierra ya estaba en el Cielo, puesto que navegaba por el espacio. En la tolerante ciudad de Venecia se creía a salvo, pero fue juzgado por la Inquisición, encerrado en las mazmorras del Vaticano durante siete años y finalmente entregado por el papa Clemente VIII al brazo secular para que lo mandara al infierno, puesto que no se retractaba. Lo que no sabía Giordano Bruno es que la tierra navega por el espacio a treinta kilómetros por segundo, una velocidad pareja al fanatismo y a la maldad de algunos hombres, como sabe cualquiera en nuestros días. Cuando las cenizas de Bruno fueron aventadas, Galileo tomó su relevo en el excitante enigma de los astros. Uno de sus primeros trabajos consistió en perfeccionar el telescopio holandés y cuando consiguió una lente de veinte aumentos convocó al Consejo de Venecia en la cima del campanile de San Marcos y la enfocó hacia la luna para mostrar a los clérigos y prebostes civiles los accidentes geológicos que había en su superficie. Este descubrimiento echó abajo la teoría física aristotélica que consideraba los astros como esferas celestes, puras, perfectas e inmutables. Galileo fue condenado a la hoguera y sólo un falso arrepentimiento de última hora le libró de convertirse también en un excelente asado. Durante la Edad Media todo lo que se conocía del hombre se sabía a través de Dios, centro del Universo, pero en el Renacimiento el hombre ocupó su trono. El humanismo volvió la mirada a la antigua Grecia. El Pantocrator de las iglesias bizantinas fue sustituido por el David de Miguel Angel, los científicos comenzaron a enfrentar los experimentos a los dogmas y los astrónomos por su parte ensancharon el concepto del universo cada vez más profundo y misterioso. El impulso del humanismo duró varios siglos, hasta que finalmente una máquina rompió la atracción de la Tierra y puso al hombre a flotar por el espacio con los mismos movimientos neumáticos del feto en una nueva placenta. La carrera espacial de rusos y norteamericanos no era sino la fuerza centrífuga de la humanidad, que de forma ciega la impulsaba a abandonar el vientre de la madre. La llegada del hombre a la luna el 20 de julio de 1969 fue realmente otro Renacimiento. La huella de Neil Armstrong sobre el polvo lunar era la señal que marcaba el inicio del fin de la naturaleza carbónica del hombre. El humanismo había terminado. A partir de esa bota de astronauta los metales comenzarían a ser inteligentes. Los replicantes estaban al llegar. Las naves que ardían más allá de Orión eran los reflejos de la hoguera de Giornano Bruno, que en forma de rayos T iban a alcanzar muy pronto la puerta de Tannhäuser. La imagen de la Tierra vista desde fuera como un ente extraño ha revolucionado la conciencia humana. Somos pasajeros de una nave que navega por el espacio sometida a unas leyes inexorables del universo. Alrededor de la Tierra flotan ahora 6.500 instrumentos metálicos, algunos de los cuales aun son humanos vestidos de amianto. Desde la órbita terrestre preparan nuestro futuro hogar en otros planetas, pero alguno de estos metales inteligentes está destinado a vigilar todavía nuestros pensamientos y son capaces de contar los pelos que cada uno de nosotros tiene en el fondo de la nariz, muy cerca del cerebro. Desde esa altura la humanidad es sólo una aventura bioquímica que se mueve sobre una película infinitesimal de la superficie de la Tierra, que ha brotado en su piel como un eczema. Por otra parte nuestra soledad es absoluta. La estrella más próxima de nuestra galaxia está a cuatro años luz, pero en nuestra mente existen miles de millones de planetas donde los monstruos de la vida son nuestros congéneres hermanados en la química universal. Después de ver la Tierra en una visión extracorpórea la conciencia colectiva ha generado una nueva forma de pensar. Nada que no sea global, planetario y universal tiene ya sentido. Todos los sueños de la humanidad se disparan hacia las galaxias y al mismo tiempo han instalado en el fondo de nuestro cerebro un principio insoslayable: en esta nave o nos salvamos todos o perecemos todos. Este pensamiento nuevo, que se deduce de la cosmonáutica, podría convertir a esta nave, dentro de la atmósfera, junto con los animales, bosques, mares, ríos y montes una categoría metafísica, de modo que la Tierra recobraría la idea de perfección con que Aristóteles dotaba a las esferas celestes. Todo empezó en el Campo dei Fiori de Roma donde ardió un profeta de los astros.
En francés suena mas fino que nuestro hispánico "el comer y el rascar todo es empezar" que nos trae la memoria de nuestro pasado no tan lejano de necesidad y de hambre, aún así ya se han instalado algunas modas que vienen, como no, del rico norteamericano que tiene que ver con hacer supuesta fiesta con la comida, pero no usada para celebración y disfrute sino como derroche y desperdicio, como es el caso de las fiestas montadas usando como armas arrojadizas los tomates o el vino. No importa que sean sobrantes de cosecha o que se importen en mal estado especialmente para ello, el hecho es el significado que tiene utilizar un alimento de esta manera cuando sabemos la crisis alimentaria que vive el planeta, agravada con la globalización. Un amigo dice que antes por aqui tirabamos la cabra desde el campanario y ahora la empredemos festivamente a tomatazos, osea que algo hemos ganado, pero no hacemos mas que copiar esa deleznable moda de los concursos disparatados de a ver quien come mas perritos caliente en menos tiempo, o mas pizza, hamburguesas, helados o lo que sea.
Cada vez se oyen mas voces advirtiendo de la situación insostenible en que se ha convertido el mal reparto de los alimentos en un mundo globalizado, y menor no es la opinión del británico de origen indú Raj Patel que ha escrito sobre la evidente paradoja de que obesos y famélicos representan a los pobres del mundo mas que nunca, tanto los 800 millones de famélicos como los mas de mil millones de obesos que pueblan los paises desarrollados, entre los que está España con merecimientos, tienen cada vez menos acceso a los alimentos mas adecuados.
Cuando el vegetarianismo es cosa de ricos.
RAJ PATEL
Cuando proliferan las pruebas de que la producción industrial de carne es perjudicial para el medio ambiente, de que el planeta no puede soportarla de manera equitativa, de que es un derroche de recursos, de que acelera el calentamiento global y de que propaga todo tipo de enfermedades graves, podríamos caer en la tentación de instar a todo el mundo a que se haga vegetariano. Y la idea presenta bastantes ventajas.
Las investigaciones demuestran que los ovolactovegetarianos y los vegetarianos estrictos (los que no ingieren huevos ni leche) generan menos emisiones de carbono que los carnívoros. En Estados Unidos, donde alrededor del 2,5% de la población no come carne, existe una gran diferencia entre el nivel de emisiones anuales de CO2 de los vegetarianos y el de la población media. Según un estudio reciente, la dieta habitual estadounidense aporta casi 1,5 toneladas más de CO2 que la vegetariana, y dejar de comer carne y hacerse vegetariano podría reducir hasta en un 6% las emisiones productoras de efecto invernadero que genera EE UU. Los vegetarianos también pueden alardear con suficiencia de su salud. Diversos estudios han demostrado que tienen menos posibilidades que el ciudadano medio de morir de un derrame y de enfermedades cardiacas. A este respecto, uno de los estudios que utilizó una muestra más numerosa fue el realizado en el Reino Unido, que comparó a 33.883 carnívoros con 31.546 vegetarianos. Según esa investigación, era más probable que los primeros fumaran y que tuvieran sobrepeso. Sin embargo, y esto debería darnos que pensar, según otras investigaciones, en otras enfermedades los vegetarianos y los carnívoros igualmente preocupados por su salud presentan indicadores bastante similares. El factor que debería disparar las alarmas es el de los "igualmente preocupados por su salud", porque apunta que el vegetarianismo no se distribuye de manera aleatoria por la sociedad, que ser vegetariano tiene que ver con otros tipos de comportamientos saludables. Y los datos avalan esta afirmación.
En Estados Unidos, según datos demoscópicos recientes, existe una relación entre el tipo de empleo y la dieta. Los trabajadores manuales suelen comer más carne, en concreto ternera, que los del sector servicios o los profesionales. Además, el comer menos carne tiene que ver con un mejor nivel de estudios, aunque no, sorprendentemente, con mayores índices de renta, lo cual indica la presencia de un factor cultural. Esto nos conduce a un interesante giro en nuestra forma de abordar el tema de la carne y su ausencia. Sin duda, es cierto que hacerse vegetariano, en ausencia de otros factores, puede mejorar la propia esperanza de vida. Sin embargo, precisamente porque hay otros elementos que varían, el mandamiento de ser vegetariano no es algo que todos podamos seguir con igual facilidad. Entre gran parte de la población del norte globalizado y las pautas de alimentación sostenibles se alza todo un abanico de obstáculos sociales.
Estudios realizados en California, por ejemplo, ya nos han indicado la relación directa existente entre el tiempo que se emplea en ir a trabajar y el nivel de obesidad. Sabemos que los pobres tienen menos posibilidades de vivir cerca de su lugar de trabajo que los ricos. También sabemos que el 14% de las comidas rápidas que se consumen en Estados Unidos -ricas en carne animal- se come en los coches. Esto no surge de una especial afición nacional por la utilización de los vehículos como restaurantes, sino del hecho de que la única posibilidad que tienen muchos pobres de Estados Unidos de hacer una de sus comidas es cuando se desplazan de un empleo a otro. Además, es mucho más difícil ser vegetariano cuando no se tiene acceso a frutas y verduras frescas. En Estados Unidos, si vives en un barrio pobre, puedes verte afectado por las "líneas rojas del supermercado", es decir, por un fenómeno cuyo nombre procede de su similitud con las prácticas bancarias, en las que se trazan líneas rojas en los mapas locales para señalar las zonas en las que el banco no va a conceder créditos. Las líneas rojas de los supermercados son iguales, pero con la comida. Cada vez es más frecuente en la geografía estadounidense que los barrios de pocos ingresos tengan muchísimas menos posibilidades de contar con mercados de productos frescos, y que sean mucho más proclives a tener restaurantes de comida rápida y autoservicios de horarios muy prolongados. El proceso de concentración de los supermercados implica que en Boston, desde 1970, han cerrado más de la mitad de las 50 grandes cadenas de esos establecimientos, mientras que en el condado de Los Ángeles el descenso ha sido de casi el 50%, al tiempo que los mercados se circunscriben a los barrios acomodados. En consecuencia, no elegimos con libertad. Y los ciudadanos más pobres son los que encuentran obstáculos más insalvables para elegir una dieta saludable. En el sur globalizado, la población es de facto vegetariana, simplemente por razones de renta. En el norte, el vegetarianismo es una prerrogativa de la clase media. ¿Qué cambios serían precisos, por tanto, para que todos los habitantes del norte globalizado avanzáramos hacia una dieta sostenible? Para empezar, deberíamos prescindir de la idea de que hay una fórmula mágica. Ninguna medida podrá librarnos del marasmo cultural y de clase que empuja a los más pobres a tener hábitos alimentarios poco sostenibles. Para avanzar hacia una alimentación sostenible es importante deshacerse de las concepciones que reducen la dieta a una elección individual. Más bien se necesita un abanico de políticas, que van desde el fomento de los mercados de fruta y verduras frescas en las zonas más deprimidas hasta el incremento del número de viviendas públicas en emplazamientos más cercanos a los lugares de trabajo, pasando por la construcción de ciudades transitables a pie y con espacios verdes, la implantación de sueldos mínimos respetables, la reducción de las jornadas laborales, y la inversión de cantidades importantes en educación y sanidad, que sofoquen las injusticias que acompañan nuestras diferencias de acceso a los alimentos.
En suma, es imposible hablar de carne en Estados Unidos o en otros países sin hablar de clase. Y no tendremos una alimentación sostenible hasta que abordemos el asunto con seriedad.
Raj Patel es autor de Stuffed and Starved: Markets, Power and the Hidden Battle for the World Food System [Repletos y hambrientos: los mercados, el poder y la oculta batalla por el sistema alimentario mundial]. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.
Tal vez una de las noticias de este verano ha sido la detención de Radovan Karadzic, tanto por la propia personalidad del personaje como por la voluntad expresada por el nuevo gobierno serbio de superar el conflicto que ha desangrado a la antigua Yugoslavia. Quedan algunas cosas que poner en claro y entregar a algún otro criminal de guerra, pero sin duda Karadzic era la imagen de la violencia serbia ejercida en Bosnia y Croacia en la guerra de los años 90, el hombre mas temido y odiado a pesar de su formación de médico psiquiatra.
La anécdota que cuenta la escritora Slavenka Drakulic en el cerco de Sarajevo, en donde ofrece disparar sobre la ciudad a un invitado ruso le retrata.
Karadzic, ¿un criminal diferente?
SLAVENKA DRAKULIC
Reconozcámoslo, Radovan Karadzic es diferente. Para empezar, tiene un aspecto distinto a todos ellos, los fornidos y grasientos políticos de los Balcanes, los generales rechonchos y sin afeitar, los delincuentes comunes de ojos astutos, los taxistas convertidos en policías secretos. Karadzic es un hombre alto y robusto, de barbilla enérgica y ojos grandes. Su cabello canoso, largo y alborotado, le hace parecer más una estrella de rock que un político. Es fácil imaginarlo en el escenario con un micrófono en la mano, cosa que hacía con frecuencia, aunque no como estrella de rock. Posee carisma y un estilo personal.
Su juicio por genocidio contribuirá a saber la verdad sobre la guerra. Su captura obligará a los serbios a reconocer lo que ocurrió en la guerra
La historia de su vida -un individuo nacido en una pequeña aldea de Montenegro que llegó a Sarajevo, a la universidad, a la fama como poeta y, por último, a la presidencia de la República Serbia, por no hablar de su fama mundial como uno de los criminales de guerra más buscados- es seguramente material para una película. Una combinación del personaje tradicional del hajduk (ladrón) y el guslar, el poeta que recita poesía épica mientras se acompaña con un instrumento de cuerda: ¿existe alguna otra figura tan interesante como él entre las que solemos ver a diario en nuestros televisores? Karadzic es una especie de Doctor Poeta y Míster Criminal. Porque no hay duda de que es un criminal de guerra, y llegó a serlo por pura vanidad. Todos sus logros no le bastaban, quería el poder. La vanidad en sí no es un crimen, siempre que no le empuje a uno a una posición en la que pueda ordenar -y lo haga- el exterminio de casi 8.000 hombres musulmanes en Srebrenica en 1995, por no mencionar más que una cosa.
Todos estos años, cada vez que pensaba en Radovan Karadzic, no podía quitarme una imagen de la cabeza. Pertenece a un documental rodado durante el sitio de Sarajevo: estamos en Pale, una colina sobre Sarajevo desde la que el Ejército de la República Serbia bombardeaba la ciudad. Karadzic llega con un invitado, el poeta ruso Edvard Limonov. La Sarajevo sitiada se extiende a sus pies, en el valle, y se puede ver con claridad cada edificio, cada calle, cada árbol. Una posición ideal para disparar, podría decirse. Vestido con un abrigo negro, con un echarpe sobre el cuello porque es invierno, ofrece a su invitado y colega poeta, cortésmente y con una sonrisa, un "regalo especial" digno de un rey, de alguien que manda sobre la vida y la muerte. Ofrece a Limonov que intente disparar con una ametralladora dirigida contra la ciudad. Porque sí, como diversión. Prueba, le dice con chulería, como si estuviera retándole. Como en las películas, cuando un rey ofrece su arma a su invitado para que dispare contra los animales salvajes. Salvo que en una ciudad sitiada viven personas, no animales.
Limonov acepta el reto, se arrodilla detrás de una ametralladora y dispara. Todo el mundo está encantado, este hombre es uno de ellos, exactamente como ellos. A pesar de ser poeta, no es un blandengue. Como su propio poeta serbio, ha demostrado que es un hombre de verdad. Como si en los Balcanes ser poeta, o ser psiquiatra, o intelectual, no contase para nada. Después, los dos beben sljivovica con los soldados y comen cerdo asado, sin preguntarse ni por un instante si Limonov ha alcanzado a alguien o no.
Pero yo, después de ver el documental, sí me pregunté si Limonov había matado o herido a alguien. ¿Cómo era posible que intelectuales y poetas y psiquiatras como Karadzic hicieran algo así? Me costó tiempo comprender que ésa es una pregunta equivocada. Es una pregunta equivocada porque da por sentado que unos individuos que se supone que son más listos -los más cultos, los sofisticados, artistas, ¡por Dios!- tienen unos criterios morales más elevados que los demás, la gente corriente. Y, sin embargo, vemos todo el tiempo que, en cuestión de ética y moral, no son diferentes que nosotros.
Lo he visto cuando trabajaba en mis libros sobre criminales de guerra sometidos a juicio en La Haya. "No harían daño ni a una mosca". Los criminales de guerra proceden de todos los estratos sociales. Son profesores, escritores o mecánicos, camareros, empleados de banca o campesinos.
Existe la tentación de llamar a los criminales de guerra como Radovan Karadzic, Ratko Mladic y Slobodan Milosevic "monstruos" porque es la forma más fácil de no tener presente la terrible idea de que también nosotros seríamos capaces de cometer u ordenar atrocidades. Pero no hay monstruos. Nosotros, la gente corriente, nos hacemos esas cosas unos a otros, seamos poetas o carteros. Los seres humanos tienen la capacidad de hacer tanto el bien como el mal. Ahora bien, también tienen la facultad de elegir. Radovan Karadzic escogió el poder y tener poder en tiempo de guerra podía costarle un precio muy alto, que ahora tendrá que pagar.
En los fragmentos de vídeo que emitió la BBC para acompañar la noticia de la detención de Karadzic volví a ver los rostros de Franjo Tudjman, Alia Izetbegovic, Slobodan Milosevic, Zeljko Raznatovic-Arkan... Hoy todos están muertos, y parece que fue ayer cuando decidían nuestro destino. La generación joven en Serbia, los chicos nacidos, por ejemplo, a partir de 1990, quizá ni saben quiénes eran esos señores de la guerra. Con la detención de Karadzic, tienen la oportunidad de aprender esa parte de su historia. Uno de los aspectos más problemáticos de los 13 años transcurridos desde los acuerdos de Dayton es que Serbia (junto con Croacia, Bosnia y Kosovo) fue el país que menos afrontó su papel en las guerras de los Balcanes. Los serbios viven sin reconocer lo que pasó. Aseguran que no fueron más que víctimas. Es verdad que fueron víctimas de la política de nacionalismo y guerra de Milosevic y del bombardeo de Estados Unidos en 1999. Pero eso no les absuelve de haber elegido tres veces al propio Milosevic, ni de haber vitoreado a los carros de combate serbios, ni de haber apoyado al partido fascista de Seselj, ni de haber dado la espalda a Europa y el mundo.
La captura de Karadzic es para ellos una oportunidad de comenzar una nueva página (aunque no en blanco). Habrá euforia en el extranjero y llamarán valiente al nuevo Gobierno de Serbia, pero los ciudadanos serbios deben ver que se trata también de una oportunidad para ellos. Los políticos importantes murieron hace mucho, hay varios criminales de guerra detenidos, y ahora son las personas las que deben examinar su propia vida y su aportación a la política de los últimos 20 años.
Tal vez la principal consecuencia de esta detención tardía sea otra: el juicio de Karadzic contribuirá a saber la verdad sobre las guerras. Independientemente de las controversias políticas sobre el Tribunal Penal Internacional de La Haya, en cada juicio sale a la luz parte de la verdad. Y lo que más necesita la gente de Belgrado, Zagreb, Sarajevo y Prístina es la verdad. Sabemos que sin verdad no hay justicia. Pero, en el caso de estas guerras, sin la justicia no hay verdad.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
Slavenka Drakulic es escritora croata y autora de No matarían ni una mosca.
Escribía Jose Angel Valente en 1965 ("La Universidad española: su ocaso y restauración. Revista de Occidente), "La universidad española no entra en decadencia, como se lee a veces, a fines del siglo XVIII, pues su franca deterioración institucional y técnica había empezado un siglo antes. En efecto, al dar cuenta del largo período crepuscular de nuestras instituciones universitarias, recuerda don Alberto Jimenez que en 1650 no había en Salamanca ingún alumno matriculado en matemáticas, y ninguno en matemáticas ni en cirugía en el último años del siglo XVII. La fijación de nuestras universidades en el modelo teológico mediaval y en el aparato escolástico, contra el cual sigue debatiendose aún con éxito relativo la minoría ilustrada del siglo XVIII, cierra el paso a la ciencia experimental y con ella a los fundamentos del mundo moderno. El retraso de la anatomía y la cirugía parece deberse en buena parte al prejuicio de sacrilegio respecto a la disección de cadáveres, todavía muy aguado en el siglo XVIII (...)
La situación no es comparable a la de otros paises de Europa, sobre todo ya entrado el siglo XIX, especialmente las universidades alemanas, como Halle, Gotinga o Berlín y las inglesas de Oxford, Cambridge y la escocesa de Edimburgo...
La Universidad española entra, en cambio, en lo mas agudo del proceso de decadencia de la institución. En 1772, Salamanca sigue excluyendo de sus planes de estudio a Newton, Descartes y Bacon. A mediados del mismo siglo, el sistema ptolemaico es aún el comúnmente aceptado (con ilustres excepciones, entre las que figura en principalisimo lugar el Padre Feijoo); Copernico y Galileo cuentan con la hostilidad general como contrarios a las Escrituras. En 1757, el doctor Andrés Piquer todavía se veía obligado a polemizar con un clérigo valenciano acerca de la posibilidad de que los ángeles transportasen hombres por vía aérea de Madrid a Lisboa, y trataba de trazar con grandes precauciones las fronteras entre la teología y la física..."
Muy interesante y sobre todo instructiva la conferencia-charla que nos dirigió el profesor Miguel Arbizu la pasada semana, tanto que el programa previsto solo se cumplió en parte, por lo que previsiblemente tendremos oportunidad de continuar en otra ocasion y retomar asuntos tan interesantes como el origen de la vida y la evolución del genero Homo a través del registro paleontológico. Desde el año pasado hemos tenido ocasión de asistir a charlas sobre distintas materias, comenzando por la impartida por el doctor Carlos Ponte, Jefe del Servicio de la UVI del Hospital Central de Asturias, sobre la propuesta de derecho a morir dignamente y la controversia creada en los hospitales de Madrid. Ya en febrero de este año, accedió a darnos una charla sobre el origen de España y la batalla de Covadonga, el catedratico de Historia Mediaval de la Universidad de Oviedo, Juan Ignacio Ruiz de la Peña, recien nombrado por entonces Presidente del RIDEA. En abril nos visita Amaro González de Mesa, ex Embajador de España, que además de una cercana relación familiar con un contertulio es un excelente conversador y contador de anécdotas referidas a su intensa vida diplomática en los paises mas diversos.
Para continuar con el ciclo de conferencias, están previstas varias antes de final de año, después del parón veraniego, no sin antes hacer la excursión aplazada al escenario de la última batalla de la guerra civil en Asturias, en la sierra del Mazucu, en Llanes, que recorreremos con un guia local, experto en la cuestión.
Un amigo y compañero de aventura cultureta está empeñado en tener exito, mucho éxito, para lo que se aplica con denuedo y ha descubierto que un especialista en el asunto como Frank Sinatra tenia razón cuando dijo aquello de "Para tener éxito hay que tener amigos; pero para tener mucho éxito hay que tener enemigos", sin embargo si es cierto que hay que escoger bien a los enemigos porque te acabas pareciendo a ellos, en su caso ha escogido fatal porque deben ser los mas tontos del pueblo y están empeñados inutilmente en hacernos participes a los demás de su desazón y falta de cariño, y espero que nuestro socio, y amigo, se parezca mas a si mismo, sin excesos, y menos a los otros...
Continuando con la serie de conferencias programadas, mas o menos, por el quinto aniversario de esta Tertulia verborreica y comilona, ha aceptado dirigirnos una charla el profesor titular de Paleotologia de la Universidad de Oviedo Miguel Arbizu que tratará sobre el origen de la vida y la evolución del género Homo, un interesante recorrido por los nuevos descubrimientos de la presencia de las diferentes subespecies del hombre prehistorico en le registro paleontologico. Ni que decir tiene que nuestro contertulios en el exilio, a falta de medios técnicos para retransmitir on line la conferencia pueden participar a través de preguntas y comentarios sobre el particular, teniendo en cuenta que se va a abordar asuntos tales como la evolución psiquica y su capacidad artistica, así como las preferencias culinarias de nuestros comunes antepasados, tal como ya adelantó Alvaro Cunqueiro a finales del siglo pasado sobre las aficiones marisqueiras de los antiguos pobladores de Galicia, extendido como ahora sabemos a toda la cornisa cantábrica.
Nuestros abuelos marisqueaban. Alvaro Cunqueiro
Que el gallego marisqueaba desde los días prehistóricos, se sabe por los concheiros, los montones de conchas que se encontraron, y encuentran, desde Bares a las islas Cíes. Aquel antepasado nuestro, del que quizá no llevemos mucha sangre en las venas, pero tenemos en común ese lazo de parentesco no muy bien estudiado, que está formado, en parte, por el hombre como sujeto pirandelliano, entrando en la escena y saliendo él mismo y a la vez diferente, en parte por vivir una misma tierra, bajo un mismo cielo y nubes, al abrigo de los mismos valles y en las mismas riberas, orilla de los mismos ríos, parentesco por el paisaje, del que ya entrevió secretos el francés Gaston Bachelard; digo que aquel antepasado nuestro que hacía los concheiros, los kjiokenmöddings de los prehistoriadores, sería uno de los primeros hombres del mundo que osó comer lo que tenía dentro un monstruo de poderosas pinzas agresoras como una gran centolla, o un bogavante que levanta la cabeza, vikingo oteador vestido de azul. En los concheiros hay conchas de ostras, de almejas, de vieiras, de croques, restos de caparazones y de grandes patas de centollas o de bueyes de mar. Nuestro antepasado marisqueaba.
Alberto Einstein dejó dicho : "Si mi teoria de la Relatividad es exacta, los alemanes dirán que soy aleman y los franceses que soy ciudadano del mundo. Pero si no, los franceses dirán que soy alemán, y los alemanes que soy judio." Algo por estilo le ha pasado ahora cuando se ha descubierto una carta escrito un año antes de morir y dirigida a un amigo en la que califica a las religiones como "supersticiones infantiles" y la palabra Dios "la expresión y el producto de la debilidad humana, la Biblia una colección de honorables, pero aun así primitivas leyendas que son, no obstante, bastante infantiles...". Los que habían creido ver en el sabio una vertiente religiosa cuando contradecía a Max Born con aquello de que "Tú crees en el Dios que juega a los dados, y yo en la ley y el orden absolutos en un mundo que objetivamente existe", ahora le tachan de ateo militante, y vuelven a equivocarse.
La Excepción religiosa española. Nicole Muchnik
Cuenta Avraham Burg, ex presidente de la Knesset, el Parlamento israelí: "Mi padre enseñaba el Talmud con la kipá. Pero, cuando enseñaba historia, se la quitaba. Con ello señalaba la separación física entre lo sagrado y lo laico". Hay muchas definiciones de la laicidad, pero ésta es tan buena como cualquiera. Lo cual no permite deducir que Israel sea un modelo de democracia laica.
España no puede afrontar ningún fundamentalismo sin convertirse de veras en un Estado laicoLos obispos avalan la actitud casi golpista de una radio y también hacen política directamente. Considerando Europa desde el punto de vista histórico, hay que reconocer que el hecho religioso forma parte de los cimientos de nuestras sociedades. Con una salvedad, aunque importante: en estos cimientos no están sólo las creencias cristianas, sino también la judía y la musulmana, aunque en menor medida.
Siendo así, es incontestable que todas las conquistas de la modernidad democrática se han logrado contra las iglesias y no con ni gracias a ellas: el principio democrático contra la autoridad de derecho divino; la libertad de pensar y de debatir contra el dogma; la igualdad de sexos contra la ley de todas las iglesias y los usos y costumbres que de ello derivaron; el desarrollo de la ciencia y el estudio de la naturaleza, en particular de la medicina, contra los tabúes religiosos hostiles a toda experimentación; la tolerancia general contra la intolerancia hacia otros cultos o hacia diferencias dentro del mismo culto, por no hablar de las convicciones agnósticas o ateas.
Hoy día, todas las leyes de carácter liberalizador e igualitario, como las que regulan los derechos a la contracepción, al aborto y al matrimonio entre individuos que consienten libremente, así como el derecho a una muerte digna, se han logrado o se logran en reñida lucha contra todas las iglesias. Es lícito concluir que una buena enseñanza de las religiones sería sin duda útil a la causa de la libertad de conciencia, una libertad que, curiosamente, aún hoy es necesario defender con la máxima vigilancia.
Es un hecho, por otra parte, que las democracias europeas son cada vez más multirreligiosas. Ningún Estado europeo puede referirse a una sola religión común como argamasa social. Al contrario, las sociedades democráticas modernas sólo pueden organizarse en base a valores universales nacidos de la ética, como la justicia, la igualdad y la libertad de conciencia. Este conjunto de valores lleva directamente a la autonomía de la esfera política y social de la esfera religiosa, en la cual lo sobrenatural y la fe cierran todo posible debate. En cambio, la democracia pretende dar a cada uno la posibilidad de dar libremente un sentido a su propia vida.
La condición mínima para que una sociedad sea democrática es el reconocimiento de la libertad de expresión y el respeto a las opiniones ajenas. ¿Gozan de esta libertad los ateos en España? Recientemente, mientras el alcalde de Toledo -ciudad de un Estado aconfesional según la Constitución- consagraba el Ayuntamiento de la ciudad a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, un encuentro de Ateos Españoles era considerado como "una mancha" para el buen nombre de esa ciudad.
Para tomar como ejemplo el caso francés, el primer artículo de su Constitución define el Estado como una república indivisible, laica, democrática y social. Y, según una ley de 1905, "la república asegura la libertad de conciencia y garantiza el libre ejercicio de los cultos", al tiempo que "no reconoce, ni paga ni subvenciona culto alguno". Lo que significa que la religión es una institución que goza de plena libertad en cuanto a su funcionamiento interno. Sus principios, creencias y leyes jamás serán combatidos, pero la libertad de conciencia, tal como la libertad de culto, forma parte de las libertades públicas garantizadas por el Estado. De ello nace la institución del Estado civil. En realidad siempre se ha considerado implícitamente que la laicidad es la garantía de los derechos humanos o, por lo menos, que es el marco legislativo neutro más propicio para la aplicación de estos derechos.
España alberga hoy una multitud de confesiones o convicciones diferentes, entre las cuales la protestante y la musulmana reúnen ya tres millones de personas, a las que habría que añadir budistas, judíos, no creyentes y ateos. Dicho sea de paso, el ateísmo está considerado aquí más bien como "ausencia de convicción".
La Constitución de 1978 (10.2) se refiere explícitamente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos en todos sus extremos y, en particular, a la referencia a la Declaración de 1948 sobre la libertad de conciencia que vale la pena citar: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia". En 1981, Naciones Unidas juzgó oportuno volver al asunto: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión". ¿Puede progresarse hacia el respeto de estos valores sin la laicidad?
La Constitución española es aconfesional y ofrece un espacio neutro para todos. Entonces, ¿dónde está el problema?, ¿cuál es la excepción española comparada con la mayor parte de las democracias laicas occidentales? Es la financiación, no generosa sino pródiga, de la Iglesia católica por el Estado, entre exenciones fiscales, ayudas económicas y subvenciones a los centros escolares concertados. Es el que toda alusión a la laicidad sea considerada blasfema.
El problema -la excepción- es también el que las altas autoridades de la Iglesia católica se pronuncien políticamente sobre las decisiones gubernamentales y den consignas de voto. Es el que los obispos bajen a la calle para manifestarse políticamente contra un Gobierno elegido democráticamente por la mayoría de los ciudadanos. Es el que escuelas construidas para ser públicas se conviertan por arte de magia en escuelas privadas o concertadas. Es el que los presidentes de Gobierno y los ministros de este Estado aconfesional juren o prometan el acatamiento a la Constitución ante la Biblia y un crucifijo.
Y también es el que la Conferencia Episcopal financie -¿con el dinero del Estado?- y apruebe los planteamientos casi golpistas de una radio nacional, portavoz de una ultraderecha que cabalga alegremente sobre el lema de que España se rompe, y practica una estrategia de la tensión en lugar de lo que debería ser el papel de una iglesia: ayudar al consenso.
Y así, cuando la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, anuncia la intención gubernamental de revisar la Ley de Libertad Religiosa durante la actual legislatura, la reacción de ciertos comentaristas especializados en la deformación y el insulto en una radio que en Gran Bretaña "llevarían a los tribunales y tendría difícil defensa", según Paul Preston, sea la de deducir, sin vergüenza, que "excluir las convicciones religiosas del ámbito público es como mutilar la condición humana".
Tranquilos, no es para tanto. Por una parte, uno puede preguntarse con qué derecho las iglesias -en este caso, la católica- se erigen en los únicos defensores de la condición humana. Y, por otra parte, no parece que la condición humana haya sufrido mucho históricamente al pasar de la ciega obediencia a los diktats, abusivamente cambiantes, de la denominada "ley de Dios", al libre ejercicio de la conciencia.
En todo caso, no es respetando lo que también podría llamarse "costumbres" como una sociedad democrática puede hacer frente con pleno derecho a los fundamentalismos de todo signo que constituyen uno de los problemas importantes de nuestro tiempo.
"Un tipo le preguntó de madrugada a Ernie como le gustaban las mujeres. Ernie le miró y dijo: sobre todo, amigo mio, me gustan vivas". No es este un tema recurrente en esta tertulia ya casi vacacional, el de las mujeres no el de los vivos, y probablemente hay que ponerle solución.
Mientras, entre crisis y futbol, si no es lo mismo, se cuelan dos debates que tiene a la lengua como protagonista, por un lado la plataforma de intelectuales por la defensa de la "Lengua de todos", es decir la del Imperio, amenazadas, según dicen, por las lenguas vernáculas, que se han hecho co-oficiales en algunas comunidades. Y por otro, mas cercano, la "expulsión" de la enseñanza del asturiano en la Universidad de Oviedo, por obra y gracia de los votos del departamento de Filología, que han mostrado de esta manera el rechazo a la manipulación politica que desde el propio decanato y la Academia de Llingua, todo-uno inseparable, se ha hecho repetidamente.
Ilustran ambas controversias un articulo del filósofo y filólogo Agustín García Calvo, el creador de conceptos como "las masas de individuos" y cuya obra poetica cantaron Amancio Prada y Chicho Sanchez Ferlosio, que no se si nos pone algo en claro pero al menos no lo intenta.
La Lengua, señores... Agustin Garcia Calvo
Señores: la lengua no es de nadie; esa máquina de maravillosa complejidad que ustedes mismos usan, "con la cual suele el pueblo fablar a su vezino", no es de nadie; no ya la lengua común, que no aparece en la realidad más que como lenguas de Babel, pero ni siquiera una de esas lenguas o idiomas es de nadie, y no hay académico ni emperador que pueda mandar en su maquinaria, ni cambiar por decreto ni la más menuda regla, por ejemplo, de oposiciones entre fonemas y neutralización combinatoria de oposiciones que en ella rijan. El idioma, máquina maravillosa, desconocida y libre, no es de nadieLa escritura, la cultura, la organización gubernativa, la escolar, las leyes, las opiniones, ésas sí que tienen dueño; y el dueño es el de siempre: el jefe, sus secretarios, sus sacerdotes, la persona que se cree que sabe lo que dice.Y ésos ya se sabe lo que quieren o necesitan: quieren ordenar el mundo, el mapa, las poblaciones; es el juego terrible de niños grandes, malcriados y simplones, que ha venido arrasando tierras y torturando gentes desde el comienzo de la Historia, en nombre del Ideal; y así siguen queriendo, por ejemplo, que España sea una, que los Estados Unidos sean uno, que Cataluña sea una, que Euskal Herria o Galicia sean una cada una... Da lo mismo: el caso es someter al ideal a todos, dentro de las fronteras que les toquen: que todos sean uno.
Por medio de la escritura y de la escuela, el Poder ha utilizado una y otra vez las lenguas o idiomas para ese fin: tomando en bloque una variedad simplificada del idioma correspondiente, y sin entrar para nada a la maquinaria de la lengua, ha logrado por ley (pero siempre a través de la escuela y la escritura) imponer hasta cierto punto un idioma uniforme dentro de las lindes que los avatares de la Historia le hayan repartido a esa forma de Poder; así impuso Roma en el vasto territorio del Imperio la unidad lingüística, para apenas un par de siglos, mientras los pueblos volvían a hacer de las suyas y deshacían el latín en dialectos innumerables; y hazañas parecidas se han dado luego, en territorios más o menos amplios, como, por ejemplo, la conversión del hebreo, una lengua muerta, en idioma, relativamente uniforme, del Estado de Israel.
En aquello que iba siendo Europa hace unos ocho siglos, los hombres cultos, que hablaban diferentes idiomas o dialectos como lengua cotidiana, trataron de mantener, y mantuvieron durante unos cinco siglos, una lengua común, el latín resucitado por escrito, no sólo para las disputas escolares y científicas, sino también para los tratos internacionales. Pero ya, entre tanto, los Estados modernos, el Español, el Francés, el Inglés, se habían establecido, y preferían volver a repetir, cada cual en su ámbito propio, la empresa del Imperio: la unificación de los varios idiomas y dialectos bajo el mismo ideal; una lengua una para el Estado uno; y en la misma idea les han seguido todas las naciones de cuño estatal, chiquitas o mayores, que tratan de dividirse el mapamundi.
Cierto que el que una lengua, relativamente uniforme, ocupe vastos espacios, tiene sus ventajas, no sólo para los trámites comerciales y administrativos, sino para que, por ejemplo, esta andanada contra los tratantes de lenguas le llegue a más gente que si la escribiera en sayagués; pero la cuenta de lo que con eso gana la denuncia de la mentira en contra de lo que gana la difusión de la mentira, ¿quién, señores, me ayudará a echar esa cuenta?
En fin, lo que el Poder, nacional, autonómico, universal, quiere hacer con las lenguas y la gente, eso cualquiera, si se deja sentir, lo sabe. Algo de vergüenza da que hombres doctos y esclarecidos confundan en un trance como éste los manejos unificatorios de una u otra administración con la máquina, desconocida y libre, de la lengua. Pero tampoco eso debe extrañarnos demasiado, sabiendo y sufriendo, como sufrimos, lo que es la condición de la Cultura y la de la Persona.
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Agustín García Calvo es catedrático emérito de Filología Clásica de la Universidad Complutense de Madrid